TEATRO

ALEJANDRO TANTANIAN Y LOS CLSICOS DEL FUTURO

Por Alejandro Lingenti

Su gestión al frente del Teatro Nacional Cervantes refleja buena parte de su trayectoria, pero sobre todo renueva el aire del teatro oficial de la Ciudad de Buenos Aires.

 

Todavía falta para que termine 2017. Pero ya está claro que a la hora de hacer el balance de los hechos culturales más relevantes de la temporada, la gestión de Alejandro Tantanian en el Teatro Cervantes estará entre lo más destacado. Al menos desde el punto de vista artístico, que es su responsabilidad principal desde abril del año pasado. Con las premisas claras de hacerse eco de las problemáticas del presente y tender un puente entre lo contemporáneo y la tradición, Tantanian configuró una programación variada y atractiva que les abrió las puertas a artistas de la escena alternativa (Ignacio Sánchez Mestre, Mariana Chaud, Laura Paredes) y no le escapó a la discusión política, nudo central del ciclo de conferencias performáticas Territorios en conflicto, orientado a llamar la atención sobre el revés de la trama del desarrollo económico: la prepotencia de la agroindustria, los intereses ocultos detrás de la modernización de una comuna porteña y la entrega de la Patagonia a magnates extranjeros, entre otros asuntos.

El fenómeno más visible fue sin dudas el estreno de La terquedad, cierre de la monumental heptalogía basada en la obra de una gran figura de la pintura flamenca (El Bosco) que creó Rafael Spregelburd. Una obra compleja y fascinante que agotó entradas en casi todas las funciones de la sala principal (800 butacas) a pesar de su duración inusual (más de tres horas). Pero no debería pasarse por alto el estreno de dos obras de Copi (Eva Perón y El homosexual o la dificultad de poder expresarse), un autor talentoso, revulsivo e históricamente relegado por el teatro oficial argentino, con otro detalle provocativo, la participación del chileno Benjamín Vicuña, una figura de la televisión, en un ámbito que normalmente ha estado vedado para ese tipo de perfil.

Todo esto que viene sucediendo fue el fruto de nueve meses de trabajo previo muy fuerte, explica Tantanian, dramaturgo y director de vasta trayectoria que fue parte de El Periférico de Objetos, un colectivo de investigación teatral revolucionario. Pusimos el foco en la programación, pero también en la identidad marcaria y la comunicación. Yo siento que como director del Cervantes tengo que reflejar aquello que me construye como creador que soy. Y yo soy alguien que le debe mucho a una enorme tradición. Mi educación sentimental y artística se forjó en el Teatro San Martín. Después, tuve la suerte de trabajar con El Periférico de Objetos y de viajar mucho, algo que siempre fomenta el aprendizaje. Pero le debo mi formación al teatro público, aún cuando me peleaba con algunas de las las cosas que veía. Y el Teatro San Martín de los 80 y los 90 era un lugar muy imantado, al que daban ganas de pertenecer, una meca a la que muchos artistas querían llegar. Tenía un altísimo grado de pertenencia con la comunidad teatral. Eso es fundamental para un teatro público y es lo que pretendemos para el Cervantes.

Uno de los ejes de la política curatorial del equipo de asesores que armó Tantanian para optimizar su trabajo (Ariel Farace, Oria Puppo, Carlos Gamerro, Gabriela Massuh, Ruben Szuchmacher) es el diálogo entre la producción actual y la rica tradición del teatro argentino, pero no desde un lugar arqueológico, museístico, de rémora o visita al pasado, sino como una tensión que se puede palpar en el presente; una de las obligaciones de un teatro público es visualizar los clásicos del futuro.

La nave insignia de su gestión es hasta hoy La terquedad, que el director del TNA define como un texto realmente titánico que, además, cierra un trabajo de casi veinte años y que increíblemente esperó diez para ser estrenado. Es un texto que solo puede ser representado en el teatro oficial porque ni el circuito independiente ni el comercial lo pueden amparar. No hay una sola claudicación en la conformación del elenco. De hecho, es una especie de Patrón Vázquez (compañía fundada hace años por Spregelburd) ampliado. Son actores que vienen del mismo palo, y eso termina construyendo una identidad, una personalidad, algo que explica su gran suceso.

Otro de los focos de Tantanian en el Cervantes fue el máximo aprovechamiento de los recursos disponibles (el Cervantes tiene hoy 400 empleados). No sobra presupuesto, asegura el director, entonces es necesario exprimir integralmente lo que hay. Estamos haciendo una administración cautelosa, muy cuidada -señala-. Con el presupuesto que tenemos se puede hacer una programación de excelencia como la que estamos haciendo. Nos hace falta un cuerpo técnico más grande, eso sí, porque estamos estirando la grilla del teatro al cien por cien. Algunos de los trabajadores del Cervantes sienten una sobreexigencia y eso trae dificultades internas. Pero a nadie se le pide más de lo que corresponde de acuerdo al lugar que ocupa, eso es seguro. Haría falta también más logística para armar mejor las giras por todo el país. Gestionar un teatro público te puede asesinar si no estás bien preparado. A veces, esos lugares se transforman en una maquinaria perversa que fomenta el ellos y nosotros. Hay gente que siente que le está prestando el teatro a unos artistuchos de morondanga. Yo ya lo viví en el San Martín y es horrible. Entonces me importa especialmente que los que llegan del teatro independiente para hacer sus primeras armas en el teatro oficial no vivan una experiencia traumática en el Cervantes. Estoy muy atento a eso.

El otro acontecimiento artístico de esta nueva etapa del Cervantes que Tantanian subraya es el Integral Pavlovsky, una experiencia inédita de revalorización del gran dramaturgo y director argentino fallecido en 2015 que incluyó la lectura completa de sus treinta y tres obras en todo el edificio del teatro, ubicado en Libertad y Avenida Córdoba. Fue impresionante lo que pasó -sostiene-. El Cervantes debe ser también un lugar de circulación de saberes y experiencias, y esa acción inicial fue nuestra Ars Poética. Una especie de toma del edificio en la que se reivindicó la importancia de alguien que hasta el momento no parecía un autor nacional, si revisamos cuál fue la presencia de su obra en espacios públicos. Vinieron más de 90 lectores -entre ellos artistas como Ricardo Bartís, María Onetto, Leonor Manso, Víctor Laplace y Cristina Banegas-, desde el mediodía hasta la medianoche. Y se leyó en salas, en los pasillos, en los talleres... Hasta pusimos un bar. Fue una fiesta parecida a aquellas que se hacían en los 80 en Babilonia, como La Erótica.

Los habitués del teatro tendrán pronto otro motivo para celebrar: finalmente, después de muchísimo tiempo, se han retirado los andamios de protección que rodean la hermosa fachada del edificio, inaugurado en 1921. Ya se colocó el obrador definitivo y en los próximos dieciséis meses se terminarán los trabajos en el frente y la terraza.

En medio de tanta actividad, Tantanian no abandona la idea de mantener algunos de sus proyectos más personales. El 12 de agosto se reestrena en el Paseo La Plaza un espectáculo escrito por Santiago Loza que él dirige, Todas las canciones de amor, protagonizado por Marilú Marini. Y el año que viene hará un montaje propio en el Cervantes. Me quiero dar el gusto de estrenar una obra en este teatro, donde nunca había podido dirigir hasta ahora. No tengo por qué reprimírmelo. Entre otras cosas, me contrataron para el Cervantes por mi trayectoria como director.