ACTIVISTA, REBELDE, CONO

AO A AO, LA VIDA Y OBRA DE HUGH M. HEFNER

En 1953, el fundador de Playboy se animó a publicar una sofisticada revista para hombres que se convirtió en un imperio global y que seis décadas después continúa siendo una de las marcas más reconocibles del mundo. Lanzada en los conservadores Estados Unidos de posguerra, la revista de Hefner fue un punto sobresaliente de la revolución sexual que estaba comenzando. Su lucha por los derechos civiles, su talento periodístico y su desprejuiciada vida privada lo convirtieron en una de las personalidades más importantes del siglo XX.

 

 

 

En 1948, el biólogo Alfred C. Kinsey publicó El comportamiento sexual del varón, un estudio sobre la sexualidad de los norteamericanos que despertó tanta indignación como fanatismo entre sus lectores. Hugh Hefner estaba en el segundo grupo. El estudio de Kinsey confirmaba, por un lado, la centralidad del sexo en la experiencia de los humanos y por otro, la profunda hipocresía de la sociedad norteamericana del Estado de bienestar posguerra: había mucho más (y mucha más variedad de) sexo de lo que se aparentaba. Si bien Hefner leyó con pasión ese libro -y se lo hizo notar a todo el que se le cruzara por entonces-, los valores de liberación y exploración sexual por los que predicaba no lo blindaron de la experiencia más devastadora de toda su vida: apenas unos días después de la Navidad de 1948, su prometida y novia con quien había perdido la virginidad, Millie Williams, le confesó que lo había engañado con el profesor de gimnasia de la escuela donde trabajaba. Algunos años después, esa paliza emocional surtiría efectos impredecibles. Ese hombre iba, entre otras cosas, a cambiar para siempre la sexualidad de Occidente.

Hugh Marston Hefner nació en Chicago el 9 de abril de 1926, primero de los dos hijos de Glenn y Grace Hefner, oriundos de Nebraska y miembros de la iglesia metodista. Ambos habían sido maestros de escuela en su ciudad de origen y una vez instalados en Chicago, Glenn fue empleado contable y Grace trabajó para el servicio social de su iglesia, hasta que fue mamá. Su formación victoriana y profundo compromiso religioso no impidieron que la educación de Hugh y Keith, su hermano menor, fuera ligeramente progresista para su época, impulsada por el buen pasar económico de la familia (aún en tiempos de la Gran Depresión), el alejamiento del sistema familiar provinciano y la vocación educadora de Grace. Suscripta a la revista Padres desde su primer embarazo, se ocupó de actualizarse respecto de las últimas tendencias en psicología, salud infantil e, incuso, educación sexual. No es casualidad que cuando Hugh reunió los legendarios 8000 dólares para imprimir el primer número de Playboy en 1953, su madre, pese al desdén de su padre, haya sido una de las principales aportantes.

Hugh demostró rápidamente que sobresalía entre los demás, lo cual le trajo algunos problemas. Su mente está por delante de su desenvolvimiento social, afirmó un psicólogo que detectó su elevado coeficiente intelectual y lo ayudó a superar sus problemas de sociabilidad. Y aquello dio resultados. En el último año de la escuela secundaria, Hef (su apodo favorito) fue elegido presidente del consejo estudiantil y estuvo en el podio de las votaciones de sus compañeros como el más popular, cómico de la clase, mejor orador, mejor bailarín, más artístico y con más chances de triunfar. Luego de graduarse ingresó al ejército, un año antes de que cesaran las hostilidades en Europa con la caída de Hitler y las bombas de Hiroshima y Nagasaki, que dieron por concluida la Segunda Guerra Mundial. Durante sus dos años de servicio forjó sus habilidades como caricaturista publicando regularmente en el periódico del ejército. En 1946, cuando ingresó a la Universidad de Illinois para estudiar psicología, continuó desarrollando aquella vocación en la revista humorística Shaft. Una vez salido de la universidad, comenzó a trabajar para la Compañía de Cartón de Chicago por 45 dólares semanales. Para el momento en que los reportes de Kinsey habían llegado a su vida y su enrarecido matrimonio cobraba realidad, Hefner era un joven de veintipocos años desencantado con el mundo.

Ese panorama parecía encontrar una salida en enero de 1951, cuando consiguió un prometedor trabajo como redactor en su adorada revista Esquire por 60 dólares semanales. Pero fue una rotunda decepción. Horarios que cumplir, pautas esquematizadas y poco margen para la innovación le mostraron una faceta de la industria editorial que no esperaba. En 1952 nació su hija Christie y al no conseguir un aumento de 5 dólares, al año siguiente decidió renunciar. El motor que parecía alimentar sus deseos por aquella época era el sexo. Hefner era un ávido consumidor de Stag Films (películas pornográficas clandestinas), promovía juegos como el strip poker entre sus amigos, experimentaba el sexo con parejas amigas en cama compartida e incluso intentó intercambiar parejas con su hermano: en un confuso episodio, él intimó con su cuñada pero Millie decidió no avanzar con Keith. Poco a poco fue intensificando su sexualidad extramatrimonial y una luz fue asomando al final del túnel: él quería otra vida.

A fines de 1952, Hefner había organizado junto a un amigo un reencuentro con sus compañeros de la secundaria que le levantó el ánimo y lo devolvió a sus años más felices y creativos. Meses después, parado en un puente sobre el río Chicago una fría tarde de invierno, decidió que su vida debía cambiar de rumbo. Tenía que hacer algo propio. Y profundamente nuevo.

Conejos y diamantes

Las fotos de las chicas nos garantizarán las primeras vantas pero la revista tiene que ser de calidad, le escribió Hugh Hefner a un colega de Esquire durante la primavera de 1953. Junto a su amigo Eldon Sellers ya se había puesto a buscar financiamiento y se pasaba las madrugadas en la cocina de su departamento bocetando y craneando su nueva revista, a la que llamaría Stag Party. Con ayuda de amigos, familiares y una hipoteca, reunió los 8000 dólares necesarios para montar la empresa e imprimir el primer número. Pronto asomaron dos inconvenientes. El primero, el nombre. La preexistente revista Stag le envió una carta conminándolo a cambiar el nombre de su emprendimiento y en un brainstorming doméstico, Sellers aportó la solución: Playboy, una palabra en desuso que a Hefner le sonaba a los locos años 20 y lo convenció de inmediato. El segundo fue la primera portada. Pero se resolvió por encima de las expectativas: como todo el mundo sabe, fue nada más ni nada menos que Marilyn Monroe.

Todos sabían de su existencia pero nunca nadie había visto esa foto. Marilyn se había fotografiado desnuda antes de saltar a la fama con Eva al desnudo (1950) para un calendario cuyos derechos pertenecían a una compañía de Chicago. Por las políticas conservadoras del correo, el calendario nunca había visto la luz y Hefner terminó comprando los derechos por la ridícula suma de 500 dólares. El primer número de Playboy salió en noviembre de 1953 y vendió más de 50 mil ejemplares a 50 centavos cada una. Para el segundo número, el diseñador gráfico Art Paul tuvo listo el logo del conejo con moño de smoking y las dudas sobre la viabilidad del proyecto se disiparon completamente: Playboy era imparable.

El proyecto estaba claro: traficar material periodístico y literario de alta calidad a través de contenido de alto impacto (las mujeres desnudas). O viceversa. Con un gran sentido de lo aspiracional (un escape al mundo en el que todos quieren vivir), Hefner fue modelando su creación en torno de estos dos polos, a priori contradictorios, que hacían de su revista un producto único y una plataforma estética y discursiva sin igual. En 1956, contrató a Auguste Comte Spectorsky, un destacado periodista y escritor de Nueva York muy vinculado con los círculos literarios e intelectuales de la Costa Este. Él fue clave para que tipos como Ray Bradbury, Charles Beaumont, Jack Kerouac, Arthur C. Clarke, Ronald Dahl o Alberto Moravia escribieran en la revista. Esa lista luego creció a límites impensados (Truman Capote, Norman Mailer, Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Margaret Atwood, solo por nombrar a al gunos) y selló para la historia el prestigio de la revista.

En 1962, además, Playboy inició su celebérrima saga de entrevistas. La primera fue a Miles Davis, y el encargado fue un ignoto periodista negro de nombre Alex Haley quien pasaría a la historia como el autor de Raíces, la famosa novela sobre la esclavitud que luego se convirtió en serie televisiva. Esa entrevista fue un claro mensaje contra el clima de violencia racial que se respiraba en los Estados Unidos de entonces. Pronto aparecieron también Malcolm X y Martin Luther King, dándole aún más fuerza a su mensaje antidiscriminación que, por otra parte, no era nuevo en Hefner. En 1959, el programa de televisión Playboys Penthouse, donde Hef oficiaba de anfitrión de una fiesta en su departamento, negros y blancos circulaban indistintamente, lo cual no era nada habitual para el momento. Ya en 1965, la Fundación Playboy financiaba a activistas e iniciativas por los derechos civiles y promovía la libertad de expresión, el derecho al aborto y la libertad sexual.

Diez años después de haber lanzado su primer número, Playboy vendía más de un millón de ejemplares mensuales y Hefner era una figura pública. En 1963 fue arrestado por el cargo de obscenidad luego de publicar un desnudo de Jayne Mansfield, lo cual agigantó el mito del bonvivant que daba fiestas dionisíacas en su mansión, se codeaba con estrellas y políticos, se acostaba con mil mujeres y luchaba por una sociedad más justa. La derecha norteamericana, algunos grupos religiosos y otros feministas lo denostaban constantemente pero Hefner prosiguió con la incansable construcción de su imperio: clubes, casinos, hoteles, jet privado, productora de cine, festivales de jazz, eventos solidarios. En 1971, Playboy ya cotizaba en bolsa y generaba grandes negocios de representación en países de todo el mundo. El resto es historia más o menos conocida.

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Cuando cumplió 85 años le preguntaron qué le gustaría que dijera su epitafio y él respondió: Cambió los valores sexuales de la sociedad de su tiempo. No sabemos si su tumba (al lado de la de Marilyn Monroe) lleva esa inscripción pero podemos estar seguros de que cumplió con su cometido. Junto con varios otros fenómenos de los años 50 y 60, Playboy desacralizó al sexo y puso a hombres y mujeres haciendo uso de su sexualidad de un modo que no se había hecho hasta entonces. De alguna manera, Hefner inventó la soltería moderna e impulsó el sexo por fuera de la pareja moldeando un paradigma menos represivo y menos hipócrita. Ese fue el principal aporte de Playboy a Occidente, sazonado con un periodismo de altísima calidad que quedará en la historia de lo mejor de la prensa gráfica. Hefner fue uno de los hombres más destacados del siglo XX porque decidió hacer lo que quería y lo hizo. La libertad se parece bastante a eso.