ENTREVISTA

ARIEL WINOGRAD, ENTRETENIMIENTO PERMITIDO

Por Hernn Panessi | Fotos Ignacio Snchez

Miembro destacado de la generación de cineastas que cambiaron al cine argentino de comedia, Ariel Winograd está en un gran momento. Su última película fuePermitidos y marcó el debut cinematográfico de Lali Espósito. Qué hay detrás de este fanático de Hollywood que quiere hacernos reír.

 

Me encantaría filmar alguna comedia en Hollywood, me encantaría hacer una de esas películas con Adam Sandler que filman en Hooters y comen en Kentucky Fried Chicken, sentencia del otro lado del teléfono una voz de ultratumba. Me encantaría, al menos una vez, poder hacer una película en inglés ojalá algún día se cumpla mi deseo y si no seguiré siendo un Cara de Queso. Quien habla es Ariel Winograd, uno de los principales directores del no tan- nuevo cine de comedia argentino. Mientras habla, se encuentra vacacionando con su familia en Miami, Estados Unidos. Hace un año y medio que no paraba ni una semana, apunta por WhatsApp.

En la última década, Winograd se convirtió en uno de los apellidos más destacados de la comedia de nuestra época. Su nombre evoca no solo un tono particular (cierta tensión adolescente, una incomodidad natural y absurda a la vez, el ojo puesto en la Nueva Comedia Norteamericana) sino a pensar en actores en concreto (caso Martín Piroyansky, Pablo Rago, Guillermo Arengo, Alan Sabbagh o, tal vez más ocultos, como su fetiche por Iair Said o los tributos a Liniers). Winograd, de 38 años, dirigió cinco películas: Cara de Queso: Mi Primer Ghetto, Mi Primera Boda, Vino para Robar, Sin Hijos y su más reciente largometraje, Permitidos, con protagónico de Lali Espósito (en su debut como primera actriz en cine) y Piroyansky, lo dicho, un clásico de sus elencos.

 

 


A sus 16 años, cuando Winograd estudiaba en la Escuela ORT, tuvo que hacer un ejercicio: rodar un corto de suspenso. Para ese entonces, había visto y flasheado con Delicatessen, película francesa de humor negro dirigida por Jean-Pierre Jeunet. Hizo un cortito llamado El último grito donde un carnicero mataba gente y, cada tres segundos, desde el montaje, aparecía un plano de El Grito de Eduard Munch con un zoom-in. Quedó tan choto que resultó gracioso, recuerda más de dos décadas después. Él había querido filmar un drama. Me terminó saliendo una comedia, es que es algo que tengo adentro: me divierte hacer reír, comenta. Su siguiente corto, 100% Lana, fue deliberadamente de comedia. Todos mis siguientes cortometrajes tuvieron enanos, dice y ríe.

Cuando era chico, no la pasó del todo bien. Sus compañeros de colegio lo maltrataban: sufrió bullying antes del bullying. Le decían Cara de Queso, a sus 13 años. Eso lo marcó para siempre, al punto de que le rendiría un tributo redentor con su primera película, que terminaría llamándose así. Parece estar signado que toda comedia tenga detrás una tragedia. Y, en muchos casos, como el de esta historia, la comedia puede ser un buen mecanismo de defensa. La pasé como el orto y siempre voy a ser un Cara de Queso en ese punto. Tal vez, si no la hubiera pasado mal, Winograd no hubiera hecho todo lo que hizo. Cuando sos un poco jetón, cuando no tenés todo, cuando no tenés todas las herramientas, tratás de crear un superpoder más divertido para poder sobrevivir, se sincera.

El cine de Winograd busca hacer reír. La comedia es un muy buen disparador para contar historias que pueden ser muy dramáticas pero, por sobre todas las cosas, a mí me interesa divertir. Su obsesión es la sonrisa de los demás. A veces me siento como el payaso triste de Marrone, sigue. Ahora, diez años después de Cara de Queso, luego de años de trabajar en ella, únicamente le llegan guiones y propuestas ligadas a este género. Es la forma que más cómoda me sienta para contar historias. La comedia es el lugar donde Wino disfruta pararse.

Siente admiración por Judd Apatow, cineasta y productor norteamericano de niñez atribulada: allí hubo divorcios, llantos y ausencias. Apatow es responsable de Vírgen a los 40 y Ligeramente Embarazada, entre otras, además de ser el productor de Super Cool, El Reportero: La leyenda de Ron Burgundy y de gemas de culto como Freaks and Geeks o The Ben Stiller Show. Me parece un maestro total, dice. Cada vez que Winograd tiene que aportar una referencia, el mundo de Apatow se le presenta en forma nítida, inmediata: es un poco su proyección, su gran sueño. También rescata a Mike Judge, el creador de Beavis and Butt-Head, director de Office Space (Es una de mis comedias favoritas) y de la serie Silicon Valley (El capítulo final de la primera temporada debería estudiarse en las escuelas de cine).

Winograd trabaja haciendo cine pero también ve muchísimo: consume, fagocita y tributa. Cuando no está filmando o produciendo publicidades, Wino está encerrando mirando horas y horas de material. Otras de sus películas favoritas son El Cantante de Bodas de Frank Coraci (Aunque Coraci no me parece un muy buen director) y Searching for Sugar Man (Es un documental que he visto varias veces, lamentablemente su director se mató y nadie sabe por qué). ¿Su obra maestra? South Park: Bigger, Longer Uncut (Me parece un peliculón, así, directamente). Y sorprende: Todo el mundo debería ver Frozen, es un clásico generacional que se adelantó, ahí Disney logró generar un clásico en una época de remakes y refritos sin tener que hacer Toy Story 9 o Cars 14.

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Alguna vez, en una visita a la Argentina, Winograd compartió una cena con el mismísimo Matt Groening, el creador de Los Simpsons. Fue uno de los momentos más lindos de mi vida, recuerda. Wino recibió un llamado con una invitación: Está Groening en la Argentina y vamos a cenar con él. Sucede que Groening está casado con la argentina Agustina Picasso, del trío de arte Mondongo. Y su puente fue la madrina de su hija, la directora de cine Inés Braun, mejor amiga de Agustina. Ahí comieron y bebieron junto con el cráneo detrás de la serie de televisión más importante de occidente. Hice reír a Groening dos veces, fanfarronea. Le pasó sus películas y Groening le dio una devolución: se había reído mucho con Cara de Queso y Mi Primera Boda. Lógicamente, Winograd se sintió completo: Listo, ya está, no me importa más nada. Con el tiempo, mantuvieron una cordial relación, Matt le envió unos dibujos y hasta llegó a decirle algo que jamás olvidará: Tenés muy buena voz para un personaje. No hay noche en que Winograd no sueñe con ese llamado.

Como el humor está en todos lados, Wino nose sonroja admitiendo una de sus máximas pasiones: Ricardo Fort. Era una persona que tenía mucho humor, no lo supimos entender, confiesa. Y es curioso porque el humor local que le interesa no está ligado al cine ni la televisión, sino que está vinculado a cosas más bien oscilantes. Fort representó la cultura trash y llenó todo de una pátina de exacerbación for export. Lo sabemos: Fort vivió cada minuto al máximo. Creo que fue un tipo que se inventó, que se construyó, es como un superhéroe argentino, resume. Ese producto de millonario al que no le importa nada lo trae de los Estados Unidos y en Argentina no existía. Tal vez no existía por pudor. Al día de la fecha, Winograd sigue entrando a YouTube para ver sus videos y reírse con su humor. En el fondo, Fort se estaba cagando de la risa.

¿Qué te pasa con el humor en Internet?

Me gusta mucho lo que pasa en Internet. A veces un tuit de Migue Granados me hace reír más que una película entera. Creo que Twitter es un gran diario que se llenó de humoristas. Twitter es comedia pura. Hay algo ahí que se está gestando y no importa para dónde va. Hoy me causa mucha gracia gente que está ahí. La televisión de aire no me gusta ni me representa.

¿Sos familiar de Jacobo Winograd?

¡Qué hijo de puta! ¡Ojalá! Lo conocí en una fiesta después de la avant premiere de Cara de Queso. Fuimos a un lugar bajonero en Santa Fe y Callao a las 4 y media de la mañana. Me acerqué y le mostré mi DNI. Lo banco mucho, lo banco a muerte. Me dijo: Vení, acompañame. Abrió el baúl de su Audi y tenía 350 libros de su biografía no autorizada. Y me lo firmó: Para un tocayo de apellido, Jacobo Winograd. Un genio.

 

 


Con Permitidos, su última película, buscó una incomodidad, un riesgo por fuera de los espacios de confort: Quise también que sea más pelotuda. Ahí, como en la realidad, como en su cine, los personajes tienen matices: lucen reales. Traté de ser más irreverente que en las anteriores, tomar el espíritu de Cara de Queso. Continúa: Quise que no sea tan blanca, el desafío era que los jóvenes de 25 años hablaran como jóvenes de 25 años.

En esta película, Lali y Piroyansky hacen de una joven pareja que lleva algunos años de noviazgo. Les va más o menos bien, son lindos y tienen proyectos en común. Todo sucumbe ante la pregunta: ¿Tenés un permitido?. Permitido: cada uno menciona a un famoso imposible con quien tendría una noche de amor. Por distintas vicisitudes, ambos tendrán encuentros con sus permitidos tensando su propia pareja.

¿Cómo viste a Lali Espósito haciendo comedia?

Es una genia. La vi como una actriz en su lugar. Una persona que se siente muy cómoda, puede moverse sin ningún tipo de dificultad y se anima a todo. Es una mina todoterreno, está todo el tiempo pensando y no le teme al hacer. Entonces, entre toma y toma, fue agarrando las indicaciones que le iba marcando, pero también había mucho trabajo atrás de quién es ese personaje, qué haría y qué no. Todo el tiempo le buscábamos el límite a su personaje. Lo que más deseo es que vean a Lali en la película. La verdad es que fue un honor dirigirla.

¿Qué te gusta de Martín Piroyansky?

Tiene todo lo que me gusta de un actor de comedia. Es desafiante, provocador, creativo y un hincha pelotas. A su vez, es el mejor. Nos entendemos demasiado bien. A veces me dicen que es mi actor fetiche, pero fetiche me suena como a una palabra medio porno. Es el actor con el que más me siento identificado. Es una persona con muchas herramientas y, por sobre todas las cosas, me copa que es judío.

En estos años de trabajar en cine y publicidad, luego del reconocimiento del público y la taquilla (por caso, Sin Hijos fue, junto con Abzurdah, el film más visto de 2015; su publicidad para Telekino, Huevo que chupa fue una de las más celebradas del año), Winograd siente que lo que más aprendió es a escuchar. Y a elegir a la gente con la que trabaja. Uno puede hacer el mejor plano que se le ocurra, pero aprendí a formar una familia con el equipo técnico. Y cuando es familia, con todo lo bueno y con todo lo malo que eso representa, se generan cosas increíbles, incluso en los peores días.

A Winograd le divierte que en sus películas haya alguna cara nueva que sorprenda. En Cara de Queso pululan Julieta Zylberberg, Inés Efrón, Nahuel Pérez Biscayart, Martina Juncadella y el mencionado Piroyansky. En Mi Primera Boda, Iair Said. Y en Sin Hijos, el debut de Guadalupe Manent, la niña. Creo que en Permitidos esto va a pasar con la actriz Maruja Bustamante. Y así como sucede con los films de Guillermo Francella o Ricardo Darín, Wino aspira a que haya otros actores que logren convocar al público. En este caso, Lali es una actriz muy conocida y hay una expectativa grande por ver cómo enamora en el cine, tal como lo hace en sus discos, en la televisión o en todos lados donde va, señala.

¿Qué opinás de las comedias argentinas que llegan al cine?

No llegan muchas. Creo que el año pasado solo estuvo Sin Hijos. Este año estrenó Me casé con un boludo y se viene La última fiesta, que es una película a la que le tengo mucha fe. Todos los que hacemos comedia tenemos una responsabilidad de hacer reír y si hacés una comedia que es chota, perdiste una oportunidad. Me gustaría que haya muchas más. Y me gustaría formar una asociación de directores de comedia argentinos. Creo que seríamos pocos: (Damián) Szifrón, (Juan) Taratuto, (Daniel) Hendler, Ana Katz, (Hernán) Guerschuny no sé quiénes más. Hay que hacer buenas comedias y dejarse de joder.