SUPERCAMPEONES

AS DEL FTBOL

Por Mariano Ojeda

Yoichi Takahashi, el creador de Supercampeones, estuvo en Argentina y recordó su visita al Mundial de 1978, que lo inspiró para crear la serie animada de fútbol más icónica de todos los tiempos.

 

La selección argentina de fútbol se encuentra hace varios años en el ojo de la tormenta. Criticada por las tres finales perdidas entre el Mundial de Brasil 2014 y la Copa América 2016, cada año que pasa se recuerda con mayor cariño el último campeonato continental obtenido en julio de 1993. Meses antes de aquella coronación, en Telefe se estrenó Supercampeones, la serie japonesa éxito en su país que en Argentina capturó a toda una generación de jovencitos que nacieron y/o crecieron en la etapa más gloriosa del fútbol argentino. El creador de este icónico animé pasó recientemente por Argentina para cerrar una historia que comenzó en el Mundial del 78 y que sentó las bases para crear al futbolista más grande de la televisión (animada).

Todavía no he visto nada, llegué hace cinco horas, confesó Yoichi Takahashi en su primer encuentro con la prensa al pisar suelo argentino. Y se notaba. Lejos de la fantasía de prolijidad extrema que poseen los nipones, Takahashi estaba algo desaliñado, pero contento. Con pasos cortos y lentos, algo expectante, llegó hasta el pabellón ocre de La Rural donde se llevaba a cabo la cuarta edición del festival Comicópolis, que lo tenía a él como una de sus principales atracciones. Se sentó, pidió agua, y dejó entrever una sensación de satisfacción por poder descansar sus piernas.

Tenía puesta una camisa blanca con un corbatín negro que finalizaba en el cuello rodeando el mismo, unos lentes con marcos negros y un pantalón jogging con un corte símil cargo. Siempre en un tono bajo, mirando sus manos y con algo de timidez, confesó: Toda mi historia con el fútbol empezó en el año 78, en mi visita a la Argentina para ver el Mundial y a la selección de Kempes. Casi 40 años después, la referencia obligada del país albiceleste y el fútbol intergaláctico se llama Lionel Messi, con quien Takahashi se deshace en elogios y expectativas: Uno de los incentivos más fuertes para realizar el viaje es ver a la Selección Argentina contra Venezuela. El japonés tenía reservadas cuatro butacas en la platea baja San Martín del mismo Estadio Monumental donde el mencionado Matador y Daniel Bertoni convirtieron esos goles desprolijísimos, trabados, épicos contra la naranja mecánica holandesa. Esta vez, el partido de las Eliminatorias finalizó en un tímido y decepcionante 1-1 y la Selección Nacional quedó en posición de repechaje para clasificar al Mundial, pese al deseo del japonés: Quiero ver ganar a la Selección (argentina) y a Messi. El dibujante, confeso fan del Barcelona, admira el juego de Lionel tanto como el de Iniesta, su compañero en el club catalán.

 

 

 

Kyaputen Tsubasa, o Captain Tsubasa, debutó en 1981 en la revista japonesa Shonen Jump. Se trataba de la historia de un joven, zora Tsubasa, que soñaba con convertirse en el mejor jugador de fútbol del mundo. Y lo lograría, de alguna forma, pero con el nombre cambiado: los argentinos y los televidentes por fuera de Japón lo conocimos como Oliver Atom, en la serie de tevé animada que comenzó a producirse en 1983 y que acompañó toneladas de merienda en los años 90. Necesitaba hacer algo con la emoción que me había generado el Mundial del 78. En aquella época, era un deporte conocido mundialmente salvo en Japón. No había interés. Así fue como comencé, con la necesidad de expresar algo que se había despertado en mí, dice Takahashi.

Mirado a la distancia, el fútbol que jugaba Oliver Atom en el Niupi era menottista: destreza individual, vértigo, traslado extendido y elegancia. En esas canchas kilométricas donde se podía correr y saltar casi sin límites, donde la pelota doblaba violando cualquier ley física y las recuperaciones de pelota sucedían sin ninguna verosimilitud operaba la dinámica de lo impensado: es un fútbol al que los estudiosos y tacticistas le vieron muchas fallas, demasiado riesgo.

Por supuesto que aquellas discusiones estaban ausentes en el Japón de Takahashi, aún cuando en 1979 allí se disputó el campeonato juvenil que ganó el equipo de Menotti con Maradona y Ramón Díaz quebrando todas las defensas. Hasta Francia 98, la Selección nipona no había podido disputar ni un partido en mundiales. Y Takahashi se siente un poco responsable del crecimiento del deporte en su país: Desde el lanzamiento de Supercampeones, la pasión por el fútbol tomó bastante de mi obra. No puedo asegurar ser el máximo responsable, pero me siento parte de esa formación.

La primera serie, la que emitó Telefe, cuenta con 128 episodios. Años más tarde, se estrenó una nueva temporada con capítulos nuevos donde todos los protagonistas debían enfrentar sus primeros compromisos internacionales. Para el mundial de Corea-Japón 2002, donde los locales llegaron a los octavos de final, hubo una temporada especial, y se espera una nueva el año que viene, cuando se esté disputando el Mundial de Rusia.

Pero no solo al fútbol apuntó Takahashi, quien realizó otras obras dedicadas al atletismo, béisbol y fútbol otra vez con Hungry Heart: Wild Striker, que pese a no tener el éxito de su obra clave, llegó a transmitirse en gran parte del globo por la señal Animax con Puma como sponsor oficial.

De respuesta corta y con flashes de simpatía extrema, el artista quincuagenario ríe con la comparación entre esas dos grandes rivalidades de la historia del deporte: Linonel Messi/Cristiano Ronaldo y Oliver Atom/Steve Hyuga. Estoy de acuerdo con ese análisis, dice. El envidioso, talentoso, competitivo y tenaz Steve Hyuga es el eterno rival del esforzado y genial Oliver, quien lo vencerá en reiteradas ocasiones. Pero el personaje favorito de Takahashi no es ninguno de ellos, ni siquiera el arquero Benji Price o el delantero Tom Misaki, sino Bruce Harper, modesto defensor y amigo incondicional de Oliver, un verdadero luchador.

El paso de Takahashi por la Argentina dejó algunas definiciones políticas (todos estamos en peligro, dijo, respecto de las bravuconeadas del líder norcoreano, Kim Jong-Un) pero, sobre todo, culturales. Supercampeones, con el antecedente de Robotech en Canal 9 a mediados de los 80, fue la punta de lanza de un conjunto de animés que enamorarían a niños y adolescentes argentinos: los Caballeros del Zodíaco por ¡ATC! y Dragon Ball por Magic Kids, ambos en 1995, el suelo sembrado para Sailor Moon, Pokémon y un largo etcétera. Supercampeones fue la puerta de entrada a un mundo tan interesante como difícil de consumir allá en los 90 y el primer animé de muchos. Algunos todavía sueñan con las piruetas de los Koriotto, el gigante Borgini, el tiro de remate de Oliver y Juan Díaz, el Maradona del animé.