MSICA

BEBER CON MODERACIN

Por Hernn Panessi | Fotos por Ignacio Snchez

Con Babasónicos y Bersuit Vergarabat a la cabeza, la edición tucumana del Budweiser Made For Music logró sintetizar una una noche rockera y familiera a la vez.

 

Si no discutís con la realidad, te ponés viejo, desliza Adrián Dárgelos, líder de Babasónicos. En octubre del año pasado dieron un show en el Teatro Colón y todavía andan extáticos. ¿Hay alguien que esté dispuesto a hacer algo así?, redobla. Esta noche, Babasónicos y Bersuit Vergarabat tocarán para más de 30.000 personas en Yerba Buena, municipio situado al oeste de San Martín de Tucumán. No hay caravanas, ni criaturas inverosímiles, ni peregrinaciones sagradas: este es un show para toda la familia. Aquí, el sonido se eyecta de la gira Budweiser Made For Music, en la que referentes de la música nacional comparten escenario con artistas locales emergentes. ¿La entrada? Cada cinco chapitas de cerveza, un ticket.

Mientras, los Bersuit Vergarabat se acomodan a los cambios (a la conocida salida de Gustavo Cordera se le suma el éxodo del guitarrista Osky Righi, quien se fue a La Rayada, banda de Romina Gaetani) y develan ideas sobre la situación actual del país (Hay una gran desigualdad y se está notando mucho la diferencia entre ricos y pobres) y sus 30 años de carrera (En este tiempo la gente nos agradeció las canciones). Entretanto, en las postrimerías del escenario, al compás de un humito, un puestero da vuelta un chori con la mano y un taxista saca una foto de lejos, bien lejos. Suena Ala delta de Divididos y el taxista comenta encholulado: Tremendo escenario se mandaron, eh.

Buenas noches, Tucumán, gritan los de la Bersuit. Así las cosas, en la carpa VIP de Budweiser, el locutor Tucu López comparte sanguchitos y chistes con el músico y actor Benjamín Amadeo. Por ahí va la modelo Sofía Jujuy Jiménez, y la prensa local se desespera. Al costado, en una de las mesas donde se posan celebridades vernáculas, una promotora con el pelo más lindo y liso y suave que Marcela Kloosterboer en una publicidad de shampoo, llena de botellas frías una frapera con hielo. ¡Cuuumbia!, invitan desde afuera los de pijama a rayas. El sonido suena fuerte, re fuerte, más que fuerte. Arranca Yo tomo y los tucumanos se vuelven locos. ¿Cómo dice, Tucumán? Y ellos responden: Tooomo. La faena sigue con Perro amor explota (temazo, apura un periodista porteño mientras masculla con sus dientes de león un pedazo de carne de un novillo que apenas nació). No sé ustedes pero yo tengo un pedo salvador, agita Daniel Suárez, uno de los cantantes de Bersuit. El estimulante del público es el rock and roll. Más tarde, durante el estribillo de El tiempo no para, un asistente hace un gesto: ¿Estamos sonando bien? Y están sonando bien.

¿Y? ¿Qué nota nos sacamos?, interroga el mismo sonidista a Playboy.

El miércoles 5 de mayo fue aplicada la ley del 2x1, que más tarde sería revocada. De los labios de Bersuit Vergarabat: No los queremos cerca. Si están afuera, cierren las puertas. Ni olvido ni perdón. Ni odio le dedicamos. Desde los asistentes, un cántico: Hay que saltar, hay que saltar, el que no salta: es militar. En la antesala de Porteño de ley, aprovechan para bajar más línea: Ojo con los psicópatas, algunos están en el poder. Pero esta es la fiesta de la gente linda. Históricamente, Bersuit se ha caracterizado por hacer manifiesta su postura política, por comprometerse con la realidad. Luego, un tendal de hits: El viejo de arriba, Sr. Cobranza, La argentinidad al palo, Se viene y un cierre a todo culo con La bolsa, esa letra que conoce hasta el pánfilo de los criollos. ¡Devolvé la bolsa!. La saben todos. Hay aplausos.

El tiempo nos da distancia para molestar, agita sentado Dárgelos, mientras pide que le saquen de la mesa tantas gorras esponsoreadas. Desde el primer disco de Babasónicos (Pasto, 1991) han pasado más de 25 años de carrera y aún siguen manteniendo su actitud iconoclasta: Si no discutís la contingencia, te ponés viejo. Por ahí, el tecladista Diego Tuñón aprovecha para leer la escena musical actual: Las bandas con más éxito son las menos originales. Se suma Panza, baterista: El mercado digital no es inocente. Está recontra manipulado por algoritmos. Las marcas manipulan el gusto y vos crées que ese gusto es tuyo.

Ya en el escenario, un drone sobrevuela el asunto y Dárgelos lo mira con desdén. Arrancan el show con Natural, justamente de su primer disco. En el borde lateral del campo, Benjamín Amadeo se asoma con una cerveza y un asistente le echa Flit: Con cerveza, no. Benjamín hace un ademán cordial y se raja hacia la carpa. Este es esencialmente un show ATP. Lo organiza una cerveza. No se vende ni se muestra cerveza. Aún resuena tibio el eco de la tragedia del show de El Indio Solari en Olavarría. Sigue Irresponsables, Su ciervo y El loco. Se suma otro drone, la gente enloquece. A Dárgelos no le gusta nada. Sigue Putita, Impuesto de fe, Sin mi diablo y una versión espacial de Letra chica.

Un nene en silla de ruedas besa a su madre, como agradeciéndole el momento. Una fanática desesperada carajea a los de seguridad diciéndole que ella es fotógrafa, que tiene que pasar: no es fotógrafa y pasó. Un jovencísimo periodista de rock resuelve un must: No los había visto nunca en vivo, son buenos, eh. Por caso, una reflexión que viene a cuento: Babasónicos es de esas bandas que cierran grietas a base de buenas canciones. Llega una versión country de Soy rock. Redondean con Zumba, Yoli, Viva Satana y el griterío es ensordecedor. Gracias por esta noche, agradece Adrián Dárgelos. Rápidamente afloran los bises.

¿Cuánto vale un rato más? ¿Cuánto, Tucumán?, le pregunta Dárgelos en Los burócratas del amor a las 30.000 personas que pudieron entrar y a otros tantos que, sin canjes ni VIP, se quedaron afuera pero ahí están: queriendo un ratito de música a cambio de cinco chapitas de cerveza.