ENTREVISTA

BONADEO, EL SEOR OLMPICO

Por Toms Rodrguez Ansorena

El periodista que más conoce de Juegos Olímpicos, en una agradable conversación con un ojo puesto en Río 2016 y otro en el realismo mágico de la dirigencia deportiva argentina. Una carrera de seriedad profesional al borde del orsai: el entrevistador estrella de la nueva Televisión Pública también sabe qué se siente cruzar la calle Pavón arriba de un elefante.

 

Es lunes y los que apagaron la tele antes de ver la evitable ceremonia de coronación de Chile, se acaban de enterar de que Messi ha renunciado a la Selección. En los grupos de WhatsApp proliferan los memes que se burlan de la puntería de Higuaín y en los muros de Facebook se atiborran los gritos de indignación con los lesionados que llevó Martino, el cansancio incomprensible del Kun Agero, el encaprichado e inconducente dribbleo de Di María. Sobresale un sentimiento de hermandad, sin embargo, con el dolor de Leo. Nadie, excepto algún comentarista con berretín de transgresor, podía sentirse defraudado, indignado ni mucho menos reivindicado por aquel triste penal que se fue por arriba del travesaño. La Argentina asiste al pesadamente anual ritual de perder una final y se martiriza con aquello de prefiero irme en primera ronda.

Bonadeo habla con PLAYBOY en este lunes intensamente futbolístico y, previsiblemente, matiza. Se enoja, enfatiza, cuestiona. Pero ordena. Compara. Prioriza. Explica. Bonadeo pone las cosas en su lugar, opera una cierta exasperación de la racionalidad. Allí está buena parte del estilo del periodista que cada cuatro años nos explica que una patada con giro en taekwondo vale 3 puntos si es al tronco y cuatro si es a la cabeza; que informa que no es habitual que un corredor gane tanto en los 1500 y los 800 metros llanos; que ilustra con anécdotas como la de la canadiense Sylvie Frachette (a quien le dieron una medalla retroactiva por un fallo injusto) los lógicos problemas a la hora de puntuar una performance de nado sincronizado. En agosto, Gonzalo Bonadeo volverá a transmitir los Juegos Olímpicos. Eso que, pese a lo expuesto, es su gran pasión. Así se llama el libro que acaba de publicar, su primer libro, Pasión olímpica, donde combina su experiencia con las historias más sorprendentes y los secretos mejor guardados de los Juegos, como reza el subtítulo. En el primer prólogo, Javier Mascherano (medallista de oro en Atenas 2004 y Beijing 2008) lo llama Señor Olímpico y le agradece haberle transmitido en su infancia televisiva los valores del olimpismo. Y en el segundo, su padre, el periodista deportivo Diego Bonadeo no duda en acordar que en lo suyo es el mejor.

Pero aunque no parezca poco, hay más en la vida profesional de Bonadeo. En mayo inició su ciclo semanal de entrevistas en la nueva Televisión Pública de la gestión Cambiemos, El buscador en red, donde ya ha entrevistado a Mario Pergolini y Jorge Lanata, entre otros. Los domingos conduce #Bonadeo en TyC Sports, la misma pantalla donde comandará la transmisión de los Juegos y donde ha transcurrido buena parte de su trayectoria televisiva, donde es inevitable mencionar Orsai a la medianoche, su recordado programa con Roberto Pettinato. Todas las tardes conduce, también, Arqueros, ilusionistas y goleadores, junto a Ezequiel Fernández Moores, Ariel Scher y Guido Bercovich en radio AM 750. De ese trajín cotidiano regresa todos los días a su casa en Martínez, donde lo esperan su mujer, sus cinco hijos y un archivo en DVD y VHS que envidiaría cualquier museo de la historia del deporte. En esa casa nos habla ahora sobre lo urgente, que es el fútbol.

No hace falta que lo diga Messi para saber lo que pasa en la AFA. Pero es bueno que lo diga Messi, o Mascherano, porque legitima. Y pasa en todos los deportes. Hay infinidad de deportistas que me cuentan cosas que son aberrantes en sus federaciones pero, hasta que ellos no las cuentan, siempre es la palabra de los dirigentes contra la del periodista. Cuando el deportista habla, como hablaron los del básket, vuela todo por el aire. Pensá que vivimos en un país donde hubo casos de, por lo menos, manoseo de menores de edad cuyos padres no denunciaron porque si no, a la chica la sacan del equipo. Este es el país en el que vivimos.

 

PLAYBOY: ¿En el hockey?

Gonzalo Bonadeo: No, en el atletismo. Aparte de lo del hockey. Pasó en el Mundial de juveniles hace tres años. Yo lo he hablado con (el ex Secretario de Deportes de la Nación, Claudio) Morresi, con el Comité Olímpico Argentino, y la persona que estaba metida en el tema fue suspendida informalmente un tiempo porque era la mano derecha del presidente de la confederación. Y sigue ahí dando vueltas. Yo puedo dar nombres de una chica, pero ¿qué derecho tengo yo a exponerla si sus propios padres no lo denuncian? Es muy difícil mentalizar a un deportista para ponerle límites a un dirigente cuando el dirigente es un señor feudal.

 

PLAYBOY: ¿Qué pasa en la Argentina para que este escenario que describís tenga sin embargo los resultados deportivos que tiene?

Bonadeo: A mí la ecuación me da superavitaria en todo sentido. Porque en los rubros que vos quieras, la Argentina es deficitaria: no es una potencia económica, no es una potencia en educación, no es una potencia en salud, no es una potencia en Derechos Humanos, no es una potencia en seguridad. Y no es una potencia en infraestructura deportiva. Pero Emanuel Ginóbili, Facundo Conte (vóley), Juan Martín del Potro, Lionel Messi, son todos de súper élite. ¡Luciana Aymar! Argentina hizo lo imposible para que Luciana Aymar no fuera Luciana Aymar. Se venía a dedo con Ayelén Stepnik desde Rosario y ya era Leona. A dedo, ¿entendés? Y ves dirigentes deportivos, especialmente en el fútbol, que tienen todos autos modelo 2017 y departamentos en Puerto Madero. Entonces, evidentemente, hay un modelo que no cierra. El rugby fue tercero en el mundial 2007 y estuvo a horas de que desapareciera el seleccionado un mes antes. No puede ser. No puede ser que esos dirigentes no hayan desaparecido inmediatamente después de eso. Y bueno, es así, permanentemente. El deportista es un exponente atípico de este país.

 

PLAYBOY: Volviendo al fútbol, la gran explosión que se produjo tras la muerte de Julio Grondona incluso en la FIFA- habla, entre otras cosas, de la paz interna que había antes. ¿Cómo analizás eso?

Bonadeo: No era una paz interna. Es un poco como eso de, con Néstor esto no pasaba. ¿Ahora resulta que para los opositores, Kirchner era un capo? ¿Mucho mejor que Cristina? La verdad, es sanata; estamos tratando de pegarle al presente reivindicando algo del pasado. Con el último Grondona, la Argentina tuvo cuatro entrenadores en cinco años: Basile, Maradona, Batista y Sabella. Cualquier persona en su sano juicio, y basta con averiguar, sabe que Diego no arranca antes de las 5 de la tarde. Es cierto, Grondona la piloteaba, más o menos zafábamos.

 

PLAYBOY: Pero más allá de la Selección, me refiero a lo institucional y a ese gran dilema al que nos enfrentamos ahora con la Superliga.

Bonadeo: Sí, pero yo creo que es lo mismo que la política doméstica. Cristina ganando se transformaba en un paraguas con todos debajo de ella. El kirchnerismo, perdiendo, se convierte en una minoría, porque todos se creen que pueden aspirar al trono. Un poco eso pasa con la AFA. El gran pecado de los que quieren renovar la AFA es que ninguno de ellos se plantó frente a Grondona. Ahí hay gente valiosa. Pero fijate qué tan perverso es este tema que (el presidente de Boca, Daniel) Angelici, que votó en contra de Tinelli en la famosa elección del 38-38, ahora es el más tinellista de todos con la cuestión de la Superliga. ¿Cuál es tu plan? Si te pasaste de bando sólo por un interés comercial, me estás cagando. Tanto la Superliga como la renovación estructural de la AFA son temas menores comparados con el problema profundo del fútbol, que es la violencia. Si nosotros en este momento queremos ir a una plaza, al cine, a comer, a un bingo, a un telo, podemos ir. Al fútbol, no. ¿Y después decís que es el deporte más popular? Entonces, el entramado violento no está mal solo por una cuestión moral, sino también por un tema comercial, que es de lo que hablan estos tipos. La Superliga va a generar 3 mil millones de pesos la verdad, quiero ver los cheques. Va a ser muy difícil llegar a esa guita con un torneo que además genera muy poco atractivo la mayoría de los 15 partidos. Vos has tenido, de los 15 partidos de la fecha en el torneo de los 30 equipos, 11 debajo de los 5 puntos de rating. Con eso no vivís.

 

PLAYBOY: Quizás ahí la discusión central es cómo se reparten esos fondos.

Bonadeo: Pero esos fondos son volátiles también. Los clubes, sobre todos los más grandes, tienen un gran botín del que adueñarse y no quieren hacerlo, y es el de los negocios de los barras. River, desde cuartos de final en adelante, en la última Copa Sudamericana, hizo más guita con la venta de entradas que con los derechos de televisión. Si vos hacés la cuenta de las entradas que les dan a los barras, los espacios que tenés que reservar por culpa de los barras, la seguridad privada, la policía, el merchandaising, venta de jugadores, que en muchos casos hay participación de ellos... Es mucha, mucha guita. Y que es tuya, es de tu club. Tengo 6 mil socios que no pagan, ¿qué hacés? Yo no digo que sea tan fácil, no soy un valiente. No me gustaría tener un barra en la puerta de mi casa. Pero hay que tomar una decisión. Yo se lo pregunté a Angelici: Daniel, si yo ahora voy a tu bingo y te meo una máquina, ¿qué hacés?-; Te pego una patada en el culo y no entrás más-;- ¿y por qué en el club no?. Porque además el club no es tuyo, sos su presidente, tenés una responsabilidad mayor.

 

PLAYBOY: En el caso específico de Angelici, ¿a qué atribuís esa falta de decisión?

Bonadeo: Hay un combo de cosas. Hay temor, hay complicidades, hay situaciones de rehenazgo, a veces. Pero consentido, porque los tipos creen que pueden disponer de los barras y manejarlos. El ejemplo claro es el del Panadero Díaz. Ese día yo llegué a la cancha 5 horas antes, y 5 horas antes vi el delivery de las banderas. Esa noche, Boca tuvo cuatro zonas liberadas, no una. No asumir que son un poder paralelo

 

PLAYBOY: Pero entonces no es temor sino complicidad.

Bonadeo: Yo entiendo que sí, pero yo pongo el temor entre las posibilidades porque no quiero mandar a alguien a hacer algo a lo que yo no me animaría.

 

PLAYBOY: El fantasma de Cantero

Bonadeo: Claro, pero Cantero, con todo lo bueno que intentó hacer en Independiente, cometió un par de errores. Hizo todo para quemarse solo. Él tomó un par de decisiones polémicas al final de su gestión, que son las que lo hacen pelearse con (su jefa de Seguridad) Florencia Arietto, que es levantarles el derecho de admisión a un grupo de barras. Javier me cuenta que hay un periodista que, además de apretarlo todo el tiempo, se le ofreció para ser candidato en lugar suyo: a mí garpame 200 lucas por mes y yo te gano la elección. Javier, si vos me contaste que en la primera reunión que tuviste con los funcionarios de la Provincia de Buenos Aires, Casal, Ministro de Seguridad de Scioli, te dijo Cantero, déjese de joder con los barras. No me lo cuentes a mí, hacelo público. Javier está con sus quilombos, pobre. Se jugó la vida solo con su voluntad. No es para cualquiera. DOnofrio me lo admite públicamente, mi gran fracaso es el tema de la barra brava. Lo que nunca va a admitir, entiendo yo, es que hay gente que forma parte de su estructura política que está vinculada con los barras y que hace negocios con los barras.

 

PLAYBOY: Angelici siempre dijo que el Estado debe ocuparse. Ahora que está del mismo lado, digamos, ¿cambia la ecuación?

Bonadeo: Si me preguntás a mí, la responsabilidad es de los clubes. Porque puertas adentro, sos vos. Yo puedo pedirle al comisario de mi barrio que se haga cargo, pero si tengo diez narcos viviendo en el fondo de mi casa, la culpa es mía. ¿Qué querés que te diga?

 

 

 

PLAYBOY: ¿Cómo surgió El buscador?

Bonadeo: Por charlas con Hernán Lombardi y después, con Horacio Levin. Horacio me hizo debutar en televisión de aire cuando él produjo el US Open del año 89. Y fue mutando la propuesta, hasta que vino la chance de hacer entrevistas no deportivas, y me contaron el formato, me pareció que estaba bueno. Y es un desafío. Yo desconfío no es que desconfío, a mí, los medios públicos, me dan culpa, digamos.

PLAYBOY: ¿Creés, como Adrián Paenza, que laburar en la TV Pública es laburar para Macri?

Bonadeo: Ni en pedo, no. Como tampoco creo que Paenza haya laburado para Menem en el Mundial 90, ni para Magnetto en el 95, cuando estaba el codificado. A mí me dio siempre un cierto temor entiendo que alguien tiene que hacer los medios públicos. Es una buena etapa para hacerlo, como en casi todos los gobiernos: en el comienzo. Vamos a ver cómo responde éste frente al primer sofocón. Sabemos que ante el primer quilombo más o menos denso, la presión sobre los medios suele ser bastante fuerte. Uno labura yo tengo arriba siempre la camiseta que corresponde y abajo, la mía.

 

PLAYBOY: ¿Pero no tuviste la duda? ¿Qué pasa si tengo que entrevistar a Rodríguez Larreta?, ¿algo así?

Bonadeo: No, no. La tuve con Sofovich, cuando me propuso laburar en el noticiero de ATC, y yo le dije: no puedo laburar en el noticiero de Menem. Vos decí lo que tengas ganas, me dijo. Y mi sorpresa final fue cuando me puso una guita desmesurada. Eso me asustó del todo. Y me negué, directamente. En línea con lo de Paenza, me negué también a la Radio Nacional de Kirchner. Pude ser funcionario de Néstor, y no lo fui.

PLAYBOY: ¿Es cierto que Néstor te ofreció ser Secretario de Deportes?

Bonadeo: En realidad él no me lo ofreció, yo nunca lo conocí. Pero me estaba esperando para asumir. Me lo ofrecieron Alberto Fernández y (el ex vocero presidencial) Miguel Núñez. El primer Secretario de Deportes del kirchnerismo iba a ser el Pato Fillol, y por eso me llaman. Para ayudarlo. Porque el Pato tenía que encontrarse con la prensa y quería estar al resguardo porque el fútbol lo maneja, pero el resto, no. Entonces un día nos encontramos en la Casa Rosada con Núñez y el Pato. Al día siguiente, me llama Núñez y me dice Grondona le dijo al Pato que no se meta Kircher. Que ni en pedo se fuera a laburar con el Gobierno, que siguiera laburando con él en la AFA. Y después, me dice: Néstor quiere que seas vos. No me jodas, boludo, ¿estás en pedo?, empezamos a hablar, a discutir, tuvimos reuniones. Y cuando me estaban convenciendo, yo no sé muy bien por qué, yo estaba empezando un divorcio muy enquilombado, estaba quemado de la cabeza. Y el día de la asunción, estaban mi viejo, Gillespi y Guillermo Montenegro en la Casa Rosada. Y un rato antes le mandé un mensaje a Núñez y le dije: mirá, te insisto, mañana hablamos y más adelante vemos. Pero no puedo verle la cara a Néstor por primera vez y decirle sí, juro, es una locura. Y Néstor -mirá vos la paradoja-, lo que quería era un neutralizador de Scioli dentro de la Secretaría de Deportes, donde Scioli ejercía hasta ese momento. Yo nunca había tenido relación con Scioli e incluso yo había hecho algunas objeciones a su carrera deportiva.

 

PLAYBOY: Cuando googleás a Gonzalo Bonadeo, en los primeros puestos aparecés en un video de un informe del Día D de Lanata en los 90 sobre Scioli

Bonadeo: Mirá, el sábado previo al ballotage, la única persona cercana a Scioli con la que tengo trato, me manda un mensaje: hola, amigo, ¿cómo estás? Están haciendo campaña con vos. Y me manda el video de una charla que tuve con Pablo Marchetti hace poco. Lo único bueno es que eso yo lo había dicho 20 años atrás.

 

PLAYBOY ¿Ya lo invitaste a Tinelli al programa?

Bonadeo: Ni se lo propuse. Porque además se nos superponen los horarios, lo conozco, lo quiero, él me quiere a mí. Hay cosas que no hay que pedir.

 

PLAYBOY: ¿Cómo era laburar con Tinelli como un par?

Bonadeo: Hay algo sintomático ahí. En la foto del partido de fútbol que jugábamos, hay un quiebre. Durante un año, Marcelo siempre estaba a un costado. Último, colado. Y después, obviamente, pasa a ser él, y el resto alrededor.

 

PLAYBOY: ¿Cuándo te diste cuenta de que era distinto?

Bonadeo: A la vuelta de unas vacaciones del segundo año de Ritmo de la noche. Ahí dije llegó el astro, no era más Marcelo. No había forma de frenar todo ese monstruo. Quizás por mi experiencia con el deporte, soy muy respetuoso de los procesos psicológicos de las personas que tienen un gran salto de repente, tanto de popularidad como de guita. Ya no hay más subte, bondi, taxi; no hay más departamento; no hay más vacaciones haciendo cálculos; no hay más minas que ir a buscar un viernes. Los tiempos ya eran diferentes, había menos tiempo para hablar. Es como si hablaras con un ministro, es lo mismo. Y ya empezás a tratar con otra gente, te llaman otras personas. Y ya no comés fideos en un departamento de dos ambientes frente al CASI. Ya es otra cosa diferente.

 

PLAYBOY: ¿Y antes de ese salto, no había nada que dijera este es distinto?

Bonadeo: No lo sé, yo te diría que sí, pero después, cuando veo algo del Videomatch del primer año, digo, esto no puede ser. Una cosa muy lenta, muy aburrida, era una televisión espantosa. ¿Pero sabés dónde me di cuenta de que estaba pasando algo? Nosotros estábamos haciendo el programa en el segundo subsuelo del canal. Un estudio muy chiquito, pegado a uno muy grande que usaba Neustadt, que venía antes de nosotros, creo que los lunes y los martes. Y a partir de mitad de año, no había lunes o martes que no terminara el programa de Neustadt y que todos los políticos que estaban con él, vinieran al estudio nuestro a ver a Marcelo. Más allá de los contenidos, que te pueden gustar más o menos, Marcelo mirá, yo sé lo que es estar un domingo a las 9 de la noche, llegando a Constitución vestido de futbolista para jugar al fútbol. Y era todo lo que hacía, y me pagaban. Una estupidez total. Yo sé que era muy básico. Yo crucé Pavón arriba de un elefante, lo hice, y no me arrepiento de nada. Al contrario, fue una escuela. El día que yo dejo de laburar con él, fui la última charla de todas las que tuvo ese día, que fueron todas muy difíciles. Y le dije, no tengo nada para darte y vos no tenés nada para mí. Y ahí quedó, fue un buen recuerdo. Yo creo que fui el único que no participó después de los reencuentros, y claramente no por él. Ahí hubo gente que me pareció muy chota y no tengo ganas de cruzármela.

 

PLAYBOY: ¿Por qué?

Bonadeo: No tengo ganas de compartir un ámbito. Gente que creía que era Olmedo, de verdad, tipos que manejaban variables de joder al de al lado para congraciarse con Marcelo. ¿Sabés lo que era? En las últimas noches, Marcelo se sentaba en la isla de edición frente a una pila enorme de cassettes con las notas de todos, ¿no? y no sólo descartaba la mitad de lo que había ahí, sino que la gran batalla era ver el tape de quién había elegido primero. Y festejaban. Y vos decís, boludo, qué pequeño es esto. Por eso, a los flacos que me hablan de rating, les digo: yo tuve 40 puntos durante dos años, todos los domingos, sí, disfrazado de zapallo, en elefante, con Ricky Maravilla, arriba de los hombros pero eran 40 puntos.

PLAYBOY: ¿Qué decía tu viejo de todo eso?

Bonadeo: Siempre puteaba. Pero también estuvo en el piso, un día del padre si no me equivoco. Mi viejo a veces no mide lo que él genera en gente que por ahí cuestiona. Es muy difícil también entender yo eso lo comprendo- que tipos que a vos te parecen muy chotos haciendo de periodistas, te elogian a vos en alguna medida porque están elogiando eso que ellos no pueden ser. Y hay que agradecer eso. Porque por ahí son tipos que no pueden hacer otra cosa. Entonces, hay que bajar el nivel de soberbia que tenemos y eso, un poco pasaba. Le pasó con Fantino una vuelta, que vino a casa, hace muchos años. Ah, ¿viene Fantino? ¿Ese que hace publicidad de crema de enjuague? porque Alejandro tenía el pelo muy largo y rubio. Y terminó la cena y estaba fascinado con Ale. Claro, porque además Alejandro, de campo, de pueblo, se lo metió en el bolsillo en cinco minutos.

 

PLAYBOY: Tu perfil es extraño en este sentido: al mismo tiempo que un cultor de la profesionalidad, un tipo que sabe, hiciste cosas heterodoxas. Pienso sobre todo en Orsai. ¿Cómo conservaste esa seriedad?

Bonadeo: Me animó mucho lo que te contaba de Marcelo. Yo en el año 91 me voy de La Nación, pero no por laburar con Tinelli. En La Nación no querían que yo relatara tenis. Algo muy loco: nada podría querer hoy un medio gráfico más que el tipo que escribe de tenis sea un tipo más o menos conocido. Y no era que no les gustaba cómo relataba tenis. Es más, Bartolomé Mitre, dueño del diario, me había mandado una nota de felicitación. Querían exclusividad, bueno, dame la guita, les dije. Y me terminé yendo. Para colmo, no me querían indemnizar. Tuve una agarrada: se me enojaron mal porque yo usé la carta de Mitre como argumento, y hasta lo cité como testigo en el juicio.

PLAYBOY: ¿Y fue?

Bonadeo: No, me pagó (ríe).

 

PLAYBOY: ¿Cómo nació Orsai?

Bonadeo: En un momento me llama Carlos DElía para reemplazar a Julián Weich en 360 TV en el verano, en Canal 13. Y en ese interín, había un móvil en la costa que lo hacía Petti y lo asistían Willy Crook y Gillespi disfrazados de pájaros. Ahí empezó el vínculo y a alguien se le ocurrió ¿y si los juntamos?.

 

PLAYBOY: Dijiste que nunca te llevaste bien con Pettinato.

Bonadeo: No, claro. Después, sí, pero quizás el secreto fue no llevarnos bien. A mí siempre me divirtió el humor de Pettinato y el de Gillespi. Y él, evidentemente, valoraba mucho que yo me subiera al bondi de lo histriónico sin ninguna duda. Y después, son esas cosas que van pasando. Vos imaginate. Llevamos dos meses de Orsai y sale una nota al Negro Ávila, dueño del canal, en El Gráfico, matándolo a Pettinato: yo no puedo soportar que haya un tipo contando cuentos verdes a la medianoche en mi canal de deportes. Y poco después, en un cumpleaños de Maradona en el Soul Café, que tocaron Charly y Calamaro para Diego, estaba Petti. Y en un momento lo veo a Petti arrodillado al borde de la mesa del Negro Ávila pidiéndole disculpas, gastándolo. Memorable. Pero, sí, hasta las 12 menos un minuto no hablábamos, no teníamos trato, pero en el momento del aire fluía todo. Y estuvo buenísimo.

 

PLAYBOY: ¿Cómo empieza tu relación con los Juegos Olímpicos?

Bonadeo: En el 68, mi viejo fue a cubrir los Juegos Olímpicos de México, ése es mi primer recuerdo de un Juego Olímpico. En el 72, lo acompañé a Canal 7 bastante seguido; en el 76, laburé, de pinche, juntánto cables, etc. Y ya en el 84 empecé a escribir en el diario. En el 92 laburé para Telefe, desde Buenos Aires. Y el primero al que fui, fue Atlanta 96. Mi gran fantasía era regalarme a mí lo que no había visto nunca: un juego olímpico, 12 o 13 horas por día en la Argentina. Recién ahora estoy viendo lo que hice yo en ese momento, las barbaridades que hacía. Había mucho entusiasmo, mucha audacia, pero también mucha ignorancia.

 

PLAYBOY: Poco Google

Bonadeo: Imaginate que el primer día de los Juegos se cae IBM, que era el sistema de información central, y sponsor. Porque además, IBM era de Atlanta, un papelón gigante. Así que estuvimos en bolas un largo rato. En el lugar estábamos Canal 13, TN y nosotros, un cuarto chiquitísimo, todos juntos. Yo tenía una mesita, un micrófono de mano, papeles, un monitor de mierda, una locura. Algo demencial.

 

PLAYBOY: Este es el sexto de tu carrera. ¿Qué expectativas te genera Río?

Bonadeo: Desde que terminó Londres que venimos pensando en Río. Y este es el primer Juego Olímpico en el que van a estar todos: la TV Pública, ESPN, Fox. Y es estimulante, algo para no quedarse. Saber que si te dormís, te cagan a palos. Entonces, en las pequeñas cosas, nosotros, por ejemplo vamos a empezar el domingo previo a la ceremonia inaugural, con un programa desde uno de los miradores en la favela de Río, que es de donde mejor se ve la ciudad. El segundo día van a ser 8 horas en vivo y ya cuando empiecen los Juegos, 16 todos los días.

 

PLAYBOY: ¿Qué opinás de la inversión en estadios e infraestructura para la realización de los Juegos?

Bonadeo: Mirá, la Villa olímpica es cero costo público. La cancha de golf, lo mismo. Buena parte de la infraestructura proviene de fondos privados. ¿Curros? Y... yo no te puedo asegurar que no haya curros. Lo del Mundial fue elocuente. Hay algo, sin embargo, muy cínico y muy mágico al mismo tiempo. Las miserias son antes y después de la competición. Una vez que empieza, se te borra del cerebro. Pero desde el rigor te diría que jamás podría haber un Juego Olímpico en una ciudad como Río. Lo que sí te puedo decir es que hago el aguante frente al prejuicio de los sudacas no lo pueden hacer. Cuando Pau Gasol empezó a hablar, y otro dijo no sé qué del virus del SICA las chances de que te emboque un mosquito con SICA son las mismas a las que te emboque ISIS en Europa. No podés controlar a un mosquito y no podés controlar a un flaco que se inmola. Pero volviendo al tema, desde ese mismo rigor debería decirte que no habría que invertir un centavo en deporte en la Argentina, porque a la vuelta de mi casa la gente se está inundando.

 

PLAYBOY: ¿Qué te parece el nuevo esquema de Fútbol para Todos?

Bonadeo: Para mí, tendría que haber desaparecido FPT a ver, mañana Racing echa al técnico y la indemnización cuesta más guita que la creación de un campeón olímpico. ¿Por qué tengo que sostener con mis impuestos al deporte más popular de la Argentina y al de mayor capacidad de financiamiento? No hay ningún partido de casi ningún deporte que venda tantas entradas como el peor partido de la Primera División de fútbol. ¿Y yo financio a estos tipos? El Gobierno anterior lo usó para hacer propaganda; algo carísimo y en definitiva, estéril. ¿Pero ahora? Es una cosa perversa y ahí hay yo no debo hablar de (el actual director de FPT) Fernando Marín, porque tuve un juicio con él, pero no tengo por qué imaginármelo resolviendo el tema. Y me parece muy mal que, si El trece y Telefe se quedaban contentos si les dabas a River y a Boca, se hayan quedado con Boca, River, Racing, Independiente y San Lorenzo. La guita que recibe AFA, que son dos mil palos por año, sabemos que 120 por torneo, es decir, 240 por año, el 10 % más o menos, lo ponen América, El trece y Telefe. ¿Por qué el canal del Estado, que es el socio que pone el 90 % restante, transmite los peores partidos? ¿Me estás jodiendo? Es una locura.

 

PLAYBOY: ¿Lo votaste a Macri?

Bonadeo: Sí, yo no puedo votar por Scioli de ninguna manera. Más allá de lo que me parezca bien o mal, para mí, son dos Macris. Yo le creo algunas buenas intenciones y entiendo que a veces son muy arbitrarios con esa presunta visión ultrafachista que nos quieren vender. Pero cuando se acerca al fútbol, ahí, yo lo veo más vulnerable que en otros lugares. Porque entiendo que es innecesario. Yo comprendo el dolor, la desmesura de los aumentos de las tarifas. Pero no deja de ser un acto de gobierno. Lo que hace con el fútbol es algo innecesario. No hace falta y se expone a una situación conflictiva en tanto Moyano esté en la AFA. Si mañana Moyano maneja la AFA definitivamente, tiene muchas herramientas para parar el país en dos áreas muy sensibles: los camiones y el fútbol. Tomá distancia de eso, porque además se contradice con tus propias prioridades. Vos necesitás cloacas en el conurbano, no partidos de fútbol en prime time de televisión de aire. Garantizala, si querés. Porque además, está claro que los clubes no usan la plata para lo que tienen que usarla. No creo que Macri esté del todo convencido de que los clubes no deben usarla para comprar jugadores. Porque él mismo lo vivió como presidente del club, más allá de su presunta austeridad. Entonces, a mí me gustaría que el fútbol se la banque solo.