ESTILO

BONVIRUNNERS

Por Joe Fernndez

Correr no es más una tortura.

 

La gente pasa y mira incrédula. Se da media vuelta y vuelve a mirar. Parece contradictorio que ese grupo de deportistas que hasta hace unos minutos corrían dando vueltas a la plaza como en estado de trance, sean los mismos que están hidratándose con unas heladas botellas de cerveza. Todos los que no hacen deporte tienen la idea de que el deportista desayuna avena, almuerza un pollo con ensalada y le entrega su cuerpo única y exclusivamente al estado físico.

Felizmente, hoy el disfrute es parte constitutiva de la vida, tanto o más que el entrenamiento. Es cada vez más habitual que los grupos de entrenamiento terminen sus rutinas con un rico budín, una chocotorta o incluso cervezas agazapadas en el hielo de una heladera de playa escondidas entre colchonetas y sogas para saltar: el disfrute y la vida sana se han dado la mano en un pacto maravilloso.

Muchos han encontrado en el running un grupo de pertenencia, la posibilidad de compartir intereses y placeres con compañeros que le ponen el mismo esmero a las pasadas de 1000 metros como a delegar las tareas para el asado que haremos el domingo en la quinta de Hernán. Todo tiene que ver con lo mismo: con el placer, con lo sensorial, con compartir un momento inolvidable, ya sea una llegada en un 10K o unos riñoncitos a la provenzal.

Los bonvirunners han llegado para quedarse y ya nadie se avergenza de decir que corre para poder darse una panzada de achuras o para probar los nuevos vinos que provienen del Valle de Uco, y son muchos los que, a la hora de pensar en un destino de vacaciones, optan por un lugar que unifique lindos paisajes, rica gastronomía y alguna carrera para despuntar el vicio.

El ser humano va lentamente dejando de lado esa idea arcaica de que la vida debe ser sacrificio y sufrimiento como nos enseñaron nuestros abuelos y que el trabajo es la prioridad absoluta: que el ocio debe darnos culpa. Hoy estamos en un período en el cual los momentos de esparcimiento se disfrutan con vehemenecia.

Hoy, todo lo que hacemos, lo hacemos por placer. Desde la comida, que antes era una forma de subsistir y hoy se ha convertido en un disfrute permanente; hasta el entrenamiento, que antes era la forma de llevar adelante una vida sana y ahora se busca para despertar las feromonas que nos produce correr, hacer crossfit, boxeo, pilates, natación o simplemente salir a caminar.

¿A quién se le hubiera ocurrido, décadas atrás, renunciar a su trabajo porque no se divierte? A las nuevas generaciones no les parece obligatorio pasarla mal en un lugar en donde hay que cumplir órdenes y hacer que las cosas funcionen. Hoy la gente quiere saber qué beneficios tiene, qué tipo de obra social los cubre, qué cantidad de días de vacaciones extra pueden tener y en cuánto tiempo van a poder pedir un aumento o un cambio de puesto. Hoy, todo pasa por el disfrute. La vida es un ratito, estamos acá para pasarla bien. Se acabaron esos patrones absurdos de trabajar toda la vida para empezar a disfrutar a los 70 años.

Los bonvirunners son bonvivants tiempo completo. Por eso prefieren las carreras de 10K o 21K y no una maratón de 42, donde el desgaste físico y mental es total. Ellos necesitan sentir que todo lo que hacen les brinda placer. Correr, comer, beber, viajar y compartir momentos con amigos y, obviamente, en redes sociales. Sus cuentas de Instagram alternan fotos de carreras con platos de comidas gourmet y algún buen vino. Pasarla bien y ser feliz en esta vida moderna cabe en una foto con buen filtro. La única trampa es convertirse en una simple portada de Facebook, hacer las cosas por el qué dirán, medirlas por el entorno que puntúa nuestro éxito con un like. Debemos correr, comer, beber y disfrutar porque nuestras convicciones nos lo piden, no para intentar ser el chico o la chica de tapa. A disfrutar el hoy que el mañana es incierto y la carrera que más importa es la que corremos nosotros contra nuestros desafíos personales.