FTBOL

CAMBALACHE FUTBOLERO

Por Romn Iucht| Fotos AFP

Soloen la AFA podía ser posible. Solo allí 38 + 38 podía dar como resultado 75. Votos pegados, recuento informal, papeles amontonados como en un juego infantil. Si alguien supuso que no había ni la más mínima posibilidad de que en el armado de esa arquitectura precaria algo pudiera salir mal y subestimó las leyes de Murphy, entonces la soberbia le dio un cachetazo infernal y la realidad lo pasó por encima.

Nadie ni nada podrá hacernos olvidar del papelón del 3D. Del bochorno al que la sospechada, desprolija y escasamente representativa dirigencia del fútbol argentino se sometió durante un par de horas confirmando que todo lo que sale de sus entrañas tiene un olor nauseabundo y goza de un descrédito como quizás ninguna otra entidad tenga.

Las caras de desconcierto, sorpresa y desasosiego de todos aquellos que fueron actores directos o de reparto de esa nefasta puesta en escena no podrán olvidarse jamás. Traiciones, amenazas, hastío y un fastidio evidente que emanaba de los rostros fatigados de Segura y Tinelli serán siempre las imágenes de un momento tan esperado como escandaloso. Como si Julio Grondona hubiera dejado una especie de maldición post mortem, la escasa gimnasia de los dirigentes para poner en práctica el acto democrático confirmó que la maquinaria que estuvo detenida y archivada durante treinta y cinco años no goza de buena salud.

Del lado del tinellismo aseguraban tener los votos suficientes e incluso alguno de sobra. Del lado del oficialismo que conduce Segura, los leales se juntaron en un hotel de Ezeiza conformando una tropa de 41 dirigentes. Ambos suponían que habían persuadido a un número que los consagraría como presidente. Pero el fútbol tiene su lógica propia y dentro de ella está el cambio de timón, la voltereta mágica en el aire y la modificación de principios de acuerdo a la conveniencia. Si el conductor más famoso de la televisión argentina imaginaba que la elección sería una mera formalidad, un paseo por la alfombra roja de Ezeiza para salir inmaculado y ganador, el acto fallido de la elección fue como un bautismo que los dinosaurios de la calle Viamonte le dieron para que comprenda que el barro forma parte de su hábitat y que si quiere quedarse con el sillón, tendrá que enchastrarse como cualquiera. La vieja guardia dirigencial no tolera que Tinelli utilice su poder mediático para desacreditarlos. No le perdonan que jamás asista a las tradicionales reuniones de los martes, aunque todos acepten que su escasa duración y la intrascendencia de los temas del día confirman que lo importante se resuelve en cualquier otro lado menos en el Comité Ejecutivo.

Se conformará una comisión normalizadora con integrantes de las dos facciones. Segura continuará en el poder por el primer semestre de 2016 y luego, se dice, daría las hurras. Luego de luchar a brazo partido por quedarse con el premio mayor, solo algo superador permitiría entender el por qué de su resignación. Ese lugar se llama Conmebol. Del otro lado, Tinelli tiene varios meses para repensar estrategias, construir alianzas desde el contacto directo y no desde un plasma de cuarenta pulgadas y, sobre todo, convencerse de que sea cual fuere el contrincante de la futura elección, nada le será sencillo. La dirigencia de la AFA cuida sus espacios de poder, es resistente a los cambios y se mueve como si se tratara de una cofradía.

 

LAS ESCANDALOSAS ELECCIONES EN LA ASOCIACIÓN DE FÚTBOL ARGENTINO RATIFICARON LA PRESUNCIÓN DE QUE ALLÍ ESTABA TODO MAL. ESPERANZAS INÚTILES, CUENTAS INSÓLITAS. DALE NOMÁS, DALE QUE VA.

 

Estadios con pésima infraestructura, canchas del ascenso sin las condiciones mínimas de seguridad para los jugadores, negociación de los contratos con Fútbol para Todos y con los sponsors, apuntalamiento de la marca Messi asociada al Seleccionado Argentino, aislamiento de las barras bravas, capacitación de la policía para la seguridad de los partidos, clubes endeudados con canilla libre para seguir contratando jugadores por cifras millonarias son solo algunos de los problemas que la nueva gestión deberá intentar solucionar en el corto o mediano plazo. Por ahora, transición será la palabrita de moda.

El fútbol argentino se merece un futuro mejor y sobre todas las cosas transparencia y credibilidad para salir del cambalache. Con gente honesta y con la matemática como aliada para, a partir de lo que ocurra en un cuarto oscuro, poder tener las cuentas claras.