PINK FLOYD

CERDOS, PERROS Y OVEJAS: 40 AOS DE ANIMALS

Este viernes, el grupo argentino The End dará un concierto especial en el Teatro Coliseo con motivo de los 40 años de Animals, aquel disco emblemático de Pink Floyd.

En 1977 salieron a la venta Never Mind the Bollocks de los Sex Pistols y el disco debut homónimo de The Clash mientras que Iggy Poparrancaba su carrera solista con The Idiot. Bowie (junto a Brian Eno) editó Low y Queen rompió todos los charts con "We Will Rock You", el hit de News Of The World. En Argentina aparecía Películas, el segundo álbum de La máquina de hacer pájaros de Charly García y Spinetta editaba A 18 del sol, su primer trabajo solista luego de la disolución de Invisible. Sin embargo, en ventas le fue mejor a la banda de sonido de Fiebre de sábado por la noche encabezada por los Bee Gees, a propósito de lo cual un año después entre otros motivos-, la revista el Expreso Imaginario le tiró un tomatazo a John Travolta en su portada.

El final de la década del 70 fue tan prolífico como traumático para el rock, que ya se había convertido en una institución, tenía sus propios detractores y disparaba casi para cualquier lado. El rock progresivo había perdido ya su influencia y el pop parecía adueñarse de cualquier gesto. En ese contexto, y a diez años de la salida de su primer álbum (The Piper at The Gates of Dawn), Pink Floyd editaba el décimo: Animals, un disco rockero y crudo que está entre los mejores registros de una de las mejores bandas de la historia.

 

 

El disco llegaba cuatro años después del boom de The Dark Side of the Moon y dos después de Wish You Were Here, un álbum con méritos suficientes como para soportar el prestigio y la fama conseguidos. Animalsveía la luz bajo la ansiosa espera de los fans, el público en general y la prensa, cuyo consenso sobre la genialidad de Floyd era casi unánime. Es una época en la que la banda entra en unos conflictos existenciales, a nivel de qué lugar ocupaban ellos en la sociedad y la cultura. Eran rebeldes en algunas opiniones y de repente se encontraban ellos en las situaciones que criticaban. Esto tiene que ver con un tema de crecimiento económico, un estilo de vida y lujos que se empezaron a permitir, dice Hernán Simó, tecladista de The End, el grupo que homenajea a Pink Floyd desde mediados de los 90 y que este viernes hará lo propio con Animals en el Teatro Coliseo. 

Inspirado en Rebelión en la granja, Roger Waters ideó un concepto bajo el cual agrupar una serie de canciones que venían de épocas anteriores. Pero si en la alegoría de George Orwell se criticaba al estalinismo, el disco de Floyd era un testimonio furibundo contra el capitalismo y la restauración conservadora que ya se insinuaba y se confirmaría poco después durante el gobierno de Margaret Thatcher. Animals marcó el inicio del dominio compositivo (y hasta económico) de Waters sobre la banda y es en este disco donde la política ingresa en la lírica floydiana tanto o más literalmente que en The Wall, el disco siguiente, de 1979.

Animals comienza y termina con una canción acústica, "Pigs on The Wing", cuyas partes funcionan como prólogo y epílogo de las tres piezas centrales: "Dogs" (perros), "Pigs (cerdos): Thee Different Ones" y "Sheep" (ovejas). "Dogs" es la versión final de una composición anterior de David Gilmour y letra de Waters que se llamaba Youve Got to be Crazy, y que es probablemente la pieza más destacada del disco. Es la única en la que Gilmour canta la parte principal y tiene uno de los mejores solos de aquel guitarrista excepcional. Los perros son, según se desprende de la letra, las fuerzas de choque del sistema, guardianes y garantes del cruel mundo de los negocios que atacan en el momento justo. A continuación, "Pigs" es aún más agresiva. Los cerdos son los verdaderos mandamases y en su reino son ridículos, una charada. En ese tema se destaca una guitarra rabiosa de Waters, unos pasajes de Gilmour con un bajo fretless y los teclados de Richard Wright, quien ya se sentía algo afuera de la banda durante la grabación del disco, cosa que terminó de suceder en The Wall. Su aporte es fundamental en "Sheep", dedicada a las ovejas, el resto de la sociedad, embrutecido ganado según la alegoría de Waters.

Nosotros tuvimos la suerte de tocar con músicos de la era posterior de Pink Floyd, como Guy Pratt, y nos contaban que fue un disco con muchísimo trabajo de edición de cintas, dice Simó. Ellos venían de grabar en Abbey Road con muy buenos equipos y ahora estaban con un estudio propio que habían construido ellos, Britannia Row. Lo que buscaban era estar horas y horas ensayando, improvisando en los estudios. Y grababan casi todo. Así que muchos de los temas están editados con cinta, lo cual de hecho se nota en las grabaciones. A nivel personal y como banda, es un disco que nos gusta mucho, por su sonido crudo, que para tocar en vivo es más amigable. Discos más producidos como A Momentary Lapse of Reason, son más difíciles de tocar.

Como ya lo ha hecho tantas veces con otros discos en el Gran Rex y el Luna Park, The End rescatará este viernes los sonidos y ambientes de aquel extraordinario disco que ya cumplió 40 años, siguiendo un guión que les ha funcionado bien: respetar las partes de partitura e improvisar las partes claramente improvisadas. Sumado a un cuidado extremo en escenografía e iluminación, el show de The End consigue un respetuoso y rico homenaje al grupo inglés.