CSAR MILLN

CSAR MILLN, EL ENCANTADOR DE HUMANOS

Por Pablo Corso | Fotos Cesar's Way

La historia de César Millán merecía ser contada: cómo un hombre cuya vida valía dos dólares terminó siendo el mejor amigo del mejor amigo del hombre.

 

Perros agresivos y perros temerosos. Perros que se adueñan de los amos y no saben jugar con los hijos. Perros con la mirada de Lucifer, que giran sobre su eje y se alimentan a base de corpiños. Perros que persiguen luces. Perros que persiguen sombras. Perros que ponen amistades en peligro y amenazan con desintegrar familias. Perros -y humanos- que no paran de sufrir. Hasta que aparece César Millán, el hombre que le debe a México todo lo que es y a Estados Unidos todo en lo que se convirtió.

Mamá, me voy, le dijo a María Teresa el 23 de diciembre de 1990, tres meses después de cumplir los 21. Pero mañana es Navidad, intentó contenerlo ella. Su padre Felipe supo que no habría marcha atrás. Le dio un abrazo y cien dólares: los ahorros de su vida. Antes de subirse a la camioneta que lo sacaría de Sinaloa, César pensó en el pasado. En la casa de adobe, en la infancia sin juguetes, en las madrugadas buscando agua y leña. En las cargadas de los compañeros, que le decían el perrero y se alejaban por miedo a las pulgas. Casi un lugar común.

También pensó en la granja de Mazatlán, donde su abuelo Teodoro cuidaba las vacas del patrón mientras le enseñaba a ser un líder de manada asertivo, tranquilo y silencioso. Venir de un lugar donde se aprende haciendo me hizo muy bueno para observar y entender las cosas de forma empírica, reflexiona en su casa de Los Ángeles, recién llegado de una gira por Asia. También aprendí a ganarme la confianza y la lealtad de la gente, a motivarla.

Cuando se bajó en Tijuana, empezó a explorar lugares y horarios para cruzar. Se dio cuenta de que lo esperaba el infierno: Morir en la frontera es más fácil que pasarla. Y no vas a morir por los americanos, sino por los carteles que la controlan. Si tenía demasiada hambre, dejaba que lo atrapara la Migra. Los agentes le daban un sándwich y una coca antes de devolverlo a la frontera. Un día, se coló en un grupo que intentaba pasar en medio de una tormenta feroz. La corriente se llevó a los viejos y a las embarazadas.

La oportunidad apareció dos semanas después de su llegada, cuando vio un hueco reciente, el rastro del éxito ajeno. De la nada, apareció un coyote alto y sucio, que le dijo por cien dólares, te cruzo. Atravesaron una autopista, corrieron al lado de un muro y se metieron en un túnel. El coyote lo obligó a esperar adentro. César creyó que lo mataría ahí, pero le estaba buscando un taxi. Embarrado y con la cara tapada, subió al auto y arrancó su segunda vida.

 

Sueño americano 

En San Diego consiguió cartón, vivió abajo de una autopista y trabajó de lavaplatos. Almorzaba dos hot dogs por 99 centavos y tenía un solo deseo: ser el mejor adiestrador del mundo. Cuando entró en una peluquería canina, confirmó sus sospechas de que en Estados Unidos tenían otra plataforma para relacionarse con los perros, con un respeto y un cariño mucho mayores que en México. La leyenda dice que los primeros clientes se sorprendían con su actitud calma ante los canes más indóciles.

Después de un mes construyendo su reputación, César se compró un jean, una camisa y un pasaje a Los Ángeles. Lavó autos y limpió perreras. Mientras diagramaba su servicio de rehabilitación para casos extremos, se empezaba a fijar sobre el horizonte californiano la postal de un mexicano petiso, musculoso y sonriente que caminaba jaurías sin correa por la avenida Sentinel. Su primera clienta famosa fue Jada Pinkett, futura esposa de Will Smith, que no conseguía dominar a Rocco, un husky sin demasiados papeles. Él lo logró y ella le pagó un año de inglés. Después lo recomendó a Mark Zuckerberg, Oprah Winfrey, Nicolas Cage y Scarlett Johansson. Los famosos tienen la tendencia de contratar a los mejores -dice sin falsa humildad-. Entonces, pasé a ser ese latino que los americanos buscaban, el que sabía trabajar con perros fuertes y agresivos.

 

Cuando lo entrevistó el LA Times, ya entrenaba a 30 en simultáneo. Quería más. Le contó a la periodista su sueño de tener un programa. Al día siguiente, una fila de productores lo esperaba en su casa. El encantador de perros fue un éxito de nueve temporadas (2004-2012) en National Geographic, con hits como el uso de cintas de correr, el aporte de su mejor amigo -el pitbull Daddy- y las apariciones de sus hijos André y Calvin. En el medio, César consiguió la ansiada ciudadanía, pero acusó dos golpes de knockaut: la muerte de Daddy y la separación de su mujer, Ilusión. Adelgazó, se deprimió y tomó un frasco de pastillas. Pero el suicidio también falló. Cuando dejó de victimizarse, de culpar a Dios y al mundo, se dio otra oportunidad. Rehízo su vida y conoció a la actriz Jahira Dar. Este año, enunció su proposal mientras sonaban violines sobre la Acrópolis de Atenas.

 

Somos nosotros 

César se salvó a sí mismo aplicando los principios que usa con los perros: ejercicio, disciplina y afecto. Una fórmula que se potencia en César 911 (jueves a las 22.30 en Nat Geo Wild), donde mide niveles de energía, interpreta lenguajes corporales -la intensidad en los ojos, la dirección de las orejas-, y domina con maestría el arte de chasquidos y chistidos. El bicho simplemente se rinde a sus pies. El cambio asoma en el living del amo y se concreta en el valle de Santa Clarita. El Centro de Psicología Canina es un rancho con pileta, juegos y pista de obstáculos, más una familia ampliada de chanchos, gallinas y una llama: Lorenzo Llama.

Antes que nada y antes que nadie, César opera sobre el humano. Viaja al inconsciente, a lo que hace sin darse cuenta y sigue potenciando. Enseña a tocar, a recuperar el espacio y a administrar las emociones. Personas y animales deben saber que hay un líder y q ue su palabra es ley. Tu perro quiere que le digas qué comportamiento se espera de él, recuerda. El problema somos nosotros y la forma en que lo queremos amar. Si lo tratamos como un par, lo frustramos. Sus necesidades quedan afuera de la ecuación y entonces tenemos un animal ansioso, agresivo e inseguro, que hace sus propias reglas.

Porque el perro también es un espejo. Ayuda a entender comportamientos y a transformar relaciones. Cuando César trata a un Vizsla de caza que muerde todo lo que se mueve, le revela a sus amos con sobrepeso que tienen un atleta en casa. Les pone un personal trainer y deja una conclusión demoledora: Ustedes compraron un perro por la vida que quieren y todavía no tienen. Cuando a la dueña de un chihuahua poseído dejan de morderla, entiende que su problema era mostrarse temerosa. Me di cuenta de que no es él; soy yo, dice entre lágrimas.

Siempre hay lágrimas.

- Todo el mundo busca la felicidad, la estabilidad y la armonía. En nuestro corazón, en nuestra cabeza y en nuestro espíritu, siempre queremos lo bueno. No puede nomás existir lo malo. Por eso es que existen Dios y el Diablo. Yo soy el típico inmigrante que viene de familias pobres, pero he logrado algo que todo el mundo quiere lograr. Es bonito oír estas historias.

Veinticinco años y 3.000 perros después de dejar su casa, César le sumó rentabilidad a su sueño americano. En un mercado que parece no tener límites, vende accesorios, libros, revistas, DVDs y cursos de entrenamiento, a 5.950 dólares por pareja interracial. También gira por el mundo tratando casos en vivo, produce un nuevo programa con André (mostrarán animales heroicos a lo largo de Estados Unidos) y no descuida una fundación que rescata y rehabilita a los abusados y abandonados.

Mientras tanto, lleva una militancia discreta por las causas del homo sapiens. El año pasado tuiteó una foto que lo mostraba sosteniendo un cartel que decía Will work for a dream (trabajaré por un sueño) y se sumó a una campaña para que los inmigrantes indocumentados cuenten sus historias. Al escuchar la pregunta obvia -qué le genera la posibilidad de que Donald Trump llegue a la Casa Blanca-, César suspira.

- Simplemente es una persona sin vergenza, que dice lo que siente. Si construye una pared, pues olvídate, el mexicano seguirá haciendo túneles. Pero necesitamos más fuerza política, todavía no estamos unidos como deberíamos. Tanto Trump como la Hillary le van a entrar a los latinos. Hay que seguir luchando, hay que seguir siendo latino. Y adaptarse, que es lo que mejor hacemos.