ESPECIAL ENTREVISTAS

CHARLY GARCA

Por Jorge Lanata | Fotos Nora Lezano y Sebastin Arpesella

La primera entrevista del segundo desembarco de PLAYBOY en el país, en diciembre de 2005, fue con una de las mentes más geniales, sensibles, agudas y reventadas del siglo XX argentino. Jorge Lanata indagaba en la relación de Charly con el sonido desde su primer recuerdo, la canzonetta italiana Torna Sorrento; en sus rollos con la guita y el prestigio; en sus locuras; en su reivindicación del pasado, que bien condensaba su célebre Say no more. La astucia de García chispea a lo largo de una conversación donde a veces hay complicidad; a veces, desconfianza y a veces simple arrogancia: Charly estaba ya al borde de su caída más feroz, la que le deparó esa rehabilitación de la mano insospechada de Palito Ortega. El hombre que compuso varias de las mejores canciones de este país, en otra performance inolvidable.

 

Camina como un pato con problemas de columna. Tiene traje blanco y sombrero al tono y, al presentarse, se inclina levemente hacia adelante antes de decir, en medio de una reverencia:

-Io sono Giovanni María Catalán Belmonte.

Cada vez que lo ve, cada vez que Alberto Sordi aparece en la pantalla con su disfraz de dandy, Charly García suelta una risa ahogada, como un graznido.

-¡Mirá, mirá! -dice Charly, señalando la pantalla, como un chico.

Y allá va Giovanni María Catalán Belmonte en su Rolls Royce blanco atravesando calles oscuras que evocan paraísos de la droga: Vía Tailandia, Vía Indonesia, Vía Birmania. Sordi murmura: está buscando Vía Camboya. Dobla en una esquina equivocada y termina bajo el monumento a Mussolini, donde escucha los gritos de un desesperado:

-¡¡Aiuto!! ¡¡Aiuto!!

A Sordi no se le mueve un pelo. Baja, atildado, del Rolls, camina hacia el herido y le extiende la mano:

-Giovanni Maria Catalán Belmonte... -se presenta.

Charly se despatarra en su cama y murmura algo ininteligible. Después, dice:

-Estos tanos son unos genios, ¡son re-grossos!

La película se llama I nuovi mostri (dirigida en el 77 por Monicelli, Risi y Scola) y el de Sordi es uno de los doce o trece capítulos. En los próximos diez minutos, Catalán Belmonte recorrerá hospitales sin nadie que acepte al moribundo. Una dulce monjita le informará que no atienden doppo de undici, unos enfermeros que juegan a las cartas le explicarán que el ospedale está lleno de turistas holandeses y, por razones obvias, lo rechazarán en el ospedale militare: el herido es civil. Lo que se dice una historia argentina.

-¡¡Non siento piu la gamba!! -grita el herido en un llanto, y Charly apaga.

-Bueno, ¿vamos?

Él está tirado en su cama y yo, en una silla incómoda, en el borde. Toda la casa está pintada. Y cuando digo toda quiero decir exactamente eso: toda, menos la cocina y una parte del living. Todo lo demás evoca aquel aviso de pintura que ahora me parece un documental. La parte del living que se salvó de los graffittis es simplemente roja o casi bordó, y la cocina está descascarada y por ella se accede a la casa ya que la puerta del frente está rota. En el cuarto hay una pantalla plana, varios equipos de audio, cables que se enroscan en casi todos lados y un anaquel casi vacío, con un par de botellas en el estante más alto. Todas las personas con las que me cruzo antes de entrar en el cuarto (y son varias) me repiten: Charly está bien, y ponen el pulgar en alto.

García viene de tocar en el Faena con una propuesta insólita: el público lo escucha a través de auriculares. Me pregunto si habrá encontrado el sonido perfecto.

-Bueno, vamos -le digo.

 

PLAYBOY: ¿Qué te pasa con el sonido?

García: Generalmente, para un músico, el éxtasis auditivo e interpretativo se logra en un estudio de grabación. Yo ya hace tiempo que eliminé al sonidista; está Marcos, que viene a hacer monitoreo, pero cada uno chupa en un canal y todos escuchamos lo mismo: el público, los músicos, todos. Con los monitores, la música se desmembra y lo que es la creación original se desvirtúa: cada uno escucha lo que quiere. Si no, encima de los monitores, tenés que los cables pasan por una consola, de esa consola van a otra, cargan ruidos, la calidad de los parlantes es dudosa... Y a eso, agregale el lugar, los lugares...

PLAYBOY: Son una porquería.

García: Sí, y de este modo eliminamos todo eso. Además, podemos tocar en embajadas, palacios de cristal, roperos, es otra historia. Lo más alucinante es cuando te sacás los auriculares y no escuchás nada. Yo me acuerdo cuando estábamos en la pensión de Aráoz, donde vivía con María Rosa Yorio... No teníamos parlantes, guardábamos los equipos debajo de la cama y teníamos un Audinac y auriculares. Con eso escuchábamos El lado oscuro de la luna... En la parte de los relojes, salté hasta el techo.

PLAYBOY: Es curioso, porque mientras los grupos nuevos transformaron todo en una especie de karaoke fierita, vos proponés que te escuchen con auriculares, de a uno, con un sonido más puro.

García: Esa zona futbolera en la que todo el mundo canta... Say no more es un poco decirle a la gente: Callate, escuchá. Entonces, primero, la música sola... Es mejor. Segundo, nos ahorramos la parafernalia de los veinte mil parlantes, los quinientos millones de plomos, los doscientos cincuenta mil... En cambio, así: pi, pi, pip... Y listo. Yo pienso registrar esto, porque propone otra cosa... Imaginate Woodstock con auriculares. Es un viaje para adentro.

PLAYBOY: ¿Cuál es el primer sonido del que te acordás?

García: La cajita de música que tocaba Torna Sorrento y que le habían regalado a mi papá. Fue la primera cosa que toqué en el piano cuando me probaron. Fui a un piano y eso fue lo primero que toqué. Para ra ra ra... Acá se llama Giácomo Capelletini. Era de nácar y tenía una bailarina que salía y daba vueltas. Pensá que ahora hay partos con música de Say no more. Sin ir más lejos, Julieta Ortega está en el estudio y está por parir y escucha lo que estoy haciendo.

PLAYBOY: Y está estudiado que los bebés lo reciben.

García: Pero ¡más bien que lo reciben! Después, que no se quejen...

PLAYBOY: ¿Y qué estarás buscando vos ahora, con eso de volver al sonido pleno, al sonido en sí?

García: Porque quiero caminar por la calle solo. Quiero tocar cuando se me dé la gana. No necesito poner una fábrica de parlantes y músicos que se lleven toda la plata. Eso, a los únicos que les conviene es a los empresarios y a los grupos que tocan mal, porque el mal sonido empareja todo. Ahora hacen grupos de quince personas, con peluqueros... Es un delirio. La vida natural no tiene sub woofer. Yo pretendo tocar música; ahora parece que todos tocaran demos. El otro día, en lo de Palito rescaté un tema que yo había hecho para que lo tocara la banda de mi hijo y no pasó nada. Entonces, lo toqué allá, en medio del campo, con los grillitos, el arroyo, y parecía Led Zeppelin, la onda era completamente diferente. Y me recagué de frío, pero quedó muy lindo. Y después fui adentro y lo mejoré. Creo mucho en Borges, por ejemplo, que se la pasaba corrigiendo.

PLAYBOY: ¿No sentís que lo estás matando cuando corregís?

García: Cuando uno empieza, pone toda la carne al asador. Después elige más, se vuelve más discreto. Para mí... No hay ninguna regla, es decir: más es menos, menos es más. Lo que veo es que la generación... de mi hijo, por ejemplo, la tiene muy poco clara en cuanto a lo que es la música, el sonido... Ahora, la gente quiere hacer discos para tener fans, y no al revés.

PLAYBOY: Eso es así en todo.

García: Se ha perdido hasta el sonido... Buscar la batería....

PLAYBOY: Es que no leen música, ¿tu pibe lee música?

García: Debería leer, pero no. Lo que pasa es que todo suena como un demo, ahora.

PLAYBOY: Todo suena como un borrador.

García: Como un borrador. Porque hay un arte, o una artesanía, necesario; ponele como quieras. Y ahora, ¿viste?, a veces me pasa con pendejos, que les digo: Está saturando y me lo niegan, como si yo no hubiera hecho ningún disco. Yo les digo: Ey, muchachos, vayan y toquen en los bares. Yo empecé teniendo cinco fans; después, veinte; después, cien; y después grabé un disco. Ahora te preguntan: ¿Y vos qué hacés?. Hago discos. ¿Y cuántos vendés?. Quince mil. ¿Y cuántos hiciste?. Quince mil.

PLAYBOY: Eso también pasa en todo. Lo primero que se pregunta es cuánto vendió, cuánto midió, cuántos fueron... Nadie te dice si fue bueno o fue una bosta.

García: Mi compañía... Bah, la compañía EMI, a la que yo le tengo un gran respeto por los Beatles y demás... Le digo al presidente: Si hago el mejor disco del mundo y no vende nada, ¿lo publicás?. No. Por otro lado, hay también un tufillo alternativesque... Para mí, alternativo quiere decir casi bueno. ¿Alternativo a qué? No sé. Alternativo es casi bueno. Ahora imitan a Radiohead porque no les da la cabeza para imitar a los Beatles. Imitan algo que es una derivación de la derivación, está todo pim pim pim pim pun. ¿Tenés la anécdota del pibe que tocaba con mi hijo, que Pappo le rompió la cara de una piña? Ok, estuvo exageradísimo, pero en un punto tenía razón.

PLAYBOY: ¿Qué pasó?

García: Estábamos ahí y Pappo dice algo de un disco o no sé qué que se llamaba Alive, y lo dice así, como se escribe, alive. Y el pibe le dice: Se dice alaiv, Pappo. Pappo lo miró, se metió la mano en el bolsillo, le dio cincuenta pesos y le dijo: Es para el hospital, pibe, y lo surtió. ¡Aguante los bornes!

PLAYBOY: ¿Qué música te conmueve, realmente?

García: Puede ser un rocanrol de aquellos, puede ser algo de Eric Satie... Puede ser una superlinda canción... Me conmueve lo que está hecho con amor. Lo que está hecho porque hay que hacerlo así, por la fashion, a lo que venga, sin estudiar... No sé cómo pueden hacer música sin estudiar. Yo, a los nueve años, era profesor de piano, escribí una canción que cuarenta y cinco años después me va a grabar Palito Ortega. No estoy diciendo que necesariamente hay que ir a la academia de música, pero sí estudiar y practicar, practicar. Acá, las banditas nuevas, si no tienen show, no tocan, ni componen si no tienen que grabar. No creo que siempre toda la culpa sea de las compañías grabadoras. Hay muchos músicos que son pretenciosos y avaros.

PLAYBOY: A lo mejor no son músicos, sino que trabajan de eso. ¿Vos podrías dejar de tocar?

García: No.

PLAYBOY: ¿Vos tocás solo para grabar?

García: Yo toco todo el día. Es que la música es lo mío, es como Maradona cuando juega al fútbol. Últimamente, estamos tapados de fierita, rock fierita... Y... Se piensan que los Rolling Stones son pobres. Esto a mí no me re-pre-sen-ta... ¡Esto no me representa! Palermo Hollywood, que está lleno de seudorockeros, es un atraso mental total, snob... Se quejaban de Méndez... Es mucho peor... Fierita, fierita, y se cuelgan de la guitarra y se miran al espejo... ¡Y no saben tocar Satisfaction, man! Están los que te dicen: Yo puedo tocar sólo mis temas, para no influenciarme. Mentira, ¡no podés tocar temas de otro porque no los sacás!

PLAYBOY: ¿Qué pensás que se perdió? ¿Qué pasó? ¿Lo pudrió todo el mercado? Porque también había mercado antes...

García: No, no es eso. Yo creo que todo se perdió: la música, el fútbol, la pintura, la memoria, y apareció la globala... Eso, la Internet, que todo el mundo se conoce y qué sé yo. Es superpromiscuo, yo no tengo ni quiero. No puede ser que la gente se haga millonaria por un chip. Vas a un estudio de grabación y, salvo yo, que tengo a Marquitos, ¡el técnico tiene una pantalla! No te mira a vos, ¡está mirando la pantalla! Bueno, si es así el asunto... Prefiero ser una orquesta clásica. A veces, siento que tengo que ir a tocar para darle de comer a cuarenta personas a las que les importa un carajo lo que yo hago. Ahora cualquiera se la cree, ¡cualquiera se la cree! Y son amateurs.

PLAYBOY: ¿Qué tenés, melancolía de Grinbank?

García: No, no tengo melancolía de Grinbank porque él me hizo firmar un papel en blanco y me cagó todo. Y Pelo Aprile también. O sea que melancolía, no. A mí, Grinbank me arruinó... Mirá dónde vivo... ¡Me robó todo! Él era pinche mío, lo sacamos de Miramar... Repartía panfletos... Por eso, cuando me ve, se pone colorado, verde como un tomate.

PLAYBOY: ¿Esta casa es tuya?

García: Esta casa y el quinto piso son lo único que tengo.

PLAYBOY: ¿Cuánta guita llegaste a hacer?

García: Mirá, todo lo que hice con Serú Girán me lo robaron mi mamá y Grinbank. ¿Vos viste cómo vive Fito Páez? ¿Por qué no le preguntás a él cómo hizo la plata?

PLAYBOY: Bueno... Fito, en su momento, vendió muchos discos.

García: ¿Y yo no?

PLAYBOY: Vos también.

García: Y desde antes.

PLAYBOY: ¿A vos te curraron más que a él? ¿Eso decís?

García: ¡Más bien! Y también que hay gente que transa... Say no more.

PLAYBOY: Seguís con un rollo con Fito, ¿no?

García: Hace discos con canciones mías, pone a Susana Giménez (que es amiga mía) en la tapa, va a lo de Faena a cada rato, vive en Libertador entre Canning y Salguero... Más snob no se puede ser. Preguntale a Sabina por Fito... Le pido que se corra de lo de Faena porque yo necesito tocar y no se va, y está tocando Revolución, un tema mío. Llega un momento en que tanto tributo... Tribute yourself, man. Y esto lo digo con el mayor de los cariños, pero había una canción que decía: Vivo en Libertador, entre Canning y Salguero... La cantaba un conjunto cheto, tipo Isidoro Cañones... Se llamaban Los Fitotronic... ¿Sabés lo que lo cagó, pobre Fito, el teatro...?

 

 

 

Todas las paredes de García están pintadas por él, garabateadas, dibujadas. En el living hay un pentagrama con los compases de un tango al lado de una postal enviada por Yoko Ono. En el cuarto, frases ilegibles, dibujos, say no more y una lista que parece la lista de prioridades de una agenda. Son diez renglones numerados, pero algunos resultan ininteligibles y García se niega a traducirlos. Acá, los que se pueden leer: 

1) El loro causto el holocausto del loro. 

3) Mucho cacique y poco indio. 

4) Vender el quinto (piso). 

7) Embarazar a Florencia. 

8) Ver a Máxima. 

10) No se puede. 

 

 

 

PLAYBOY: ¿Cómo estás?

García: ¿Yo, cómo estoy?

PLAYBOY: Sí.

García: Bien. Todavía puedo cantar mis canciones... Preguntale a cualquiera cómo estoy.

PLAYBOY: Te pregunto a vos, porque quiero que me digas...

García: ¿Cómo estoy?

PLAYBOY: Cincuenta y cuatro, ¿no?

García: Cinco y cuatro da nueve. Y fijate vos que el tema que le compuse a mi mamá a los nueve lo grabo con Palito Ortega a los cincuenta y cuatro. Corazón de hormigón. ¿Querés escucharlo? Yo, si tengo algo bueno, es que soy un genio esperando. Alguien que hace un tema a los nueve años y espera tanto para grabarlo... Eso es un artista.

Entra música en la escena. Canta Palito Ortega:

Tu corazón 

parece de hormigón, 

por eso a ti te digo: 

ablanda tu corazón. 

García: Mi hermano Enrique... ¿Lo conociste a Enrique?

PLAYBOY: No. (García me lo pregunta porque durante años trabajé con sus otros dos hermanos, Josi y Dany, quienes formaron parte del equipo creativo del programa Día D).

García: Enrique también le había hecho un tema; se llamaba Mamá castreta.

PLAYBOY: Y con tu vieja, ¿qué pasó?

García: Hace treinta años que no me veo.

PLAYBOY: Y con Dany y Josi tampoco.

García: Bueno, ellos tampoco se preocupan mucho.

PLAYBOY: ¿Fue después de la muerte de Enrique todo eso? (Enrique murió en un accidente automovilístico).

García: La anunciada muerte de Enrique. El rock no era para él. Bueno, whatever, mi familia me internó dos veces... Me internaron una vez, ok. Pero la segunda, ¿para qué? Para quedarse con los departamentos y vivir a costa mía.

PLAYBOY: ¿Tu viejo?

García: Yo soy el último de su estirpe. Mi viejo era un gran tipo, era muy inteligente. Dio mucho más de lo que le dieron. La historia de mi familia está muy mal contada. Mi viejo era arquitecto, matemático, físicoquímico. Mi abuelo construyó el Torreón de Mar del Plata; era hijo de holandeses.

PLAYBOY: ¿Y qué pasó con el apellido?

García: Que mi mamá me lo sacó. Yo no me llamo García Moreno, mi vieja era Moreno. García Lange es mi papá. Mi bronca, mi negación, es con mi mamá, con Josi y Dany, no con la mujer de Enrique. Y quiero mucho a mis sobrinas y a los hijos de Josi.

PLAYBOY: ¿Enrique tocaba con vos?

García: No, él quería ser manager de rock... Y se metió un auto en la cabeza. Cuando murió, mi mamá dijo: Menos mal que fue él y no vos. ¿Eso es una madre?

PLAYBOY: Vos sos el mayor.

García: Sí, él era el del medio; se murieron mi viejo y mi hermano.

PLAYBOY: ¿En el mismo año?

García: A las pocas semanas. Mi papá tenía enfisema. Yo viajé a Brasil con Mercedes (Sosa) para grabar con Milton (Nascimento) Inconsciente colectivo. Cuando lo fui a ver, antes de tomar el avión, le dije: Viejo, me quedo. Y me pidió que no. Me avisaron que se había muerto cuando estaba grabando.

PLAYBOY: ¿Con quién pasás las Fiestas?

García: Lo único que me jode es Navidad, cuando mi pibe se va con la novia. La mejor Navidad la pasé acá abajo, en el quinto piso, con Florencia, que es mi rehén, y Miguelito, mi hijo, mirando las estrellas.

PLAYBOY: Florencia es la piba con la que salías. ¿Siguen?

García: Bueno, ahora es mi rehén. Es mía. Es una larga historia.

PLAYBOY: ¿Pedís rescate?

García: No, la dejo que pasee un poquito.

PLAYBOY: Le soltás la correa.

García: Ahí está.

PLAYBOY: ¿Y no te trae añoranzas una cena familiar?

García: Una cena en familia sería estar con mi hijo y que se llame García Lange y estar con Florencia o con alguien que me guste. Una familia que yo elija. Porque los demás traicionaron a mi viejo.

PLAYBOY: ¿Qué le escribiste a tu viejo?

García: ¿Qué le escribí? ¿Qué canción? No, mirá, mi viejo decía que no había que escribir nunca un poema o un anagrama para nadie, porque lo perdías al instante. Mi viejo era re-grosso, pero se cansó de vivir en un mundo mediocre, lleno de vampiros y sin poesía.

PLAYBOY: Vos decís que te dicen que sos un genio. ¿Vos te creés un genio?

García: Yo no sé exactamente qué es un genio, pero estoy mejor educado y soy más inteligente que la mayoría de las personas que conozco.

PLAYBOY: Y sos más sensible, también.

García: Y, además de que a los nueve años hacía temas, toco todos los instrumentos, qué sé yo... Alguna facilidad tengo.

PLAYBOY: El otro día, leí: Si Garcia hubiera nacido en otro país, sería.... ¿Quién serías?

García: Saddam Hussein. Hacer ese razonamiento es una grasada. Maradona es Maradona porque nació acá y yo, también.

PLAYBOY: Explicame lo que está escrito en la pared, eso de 10) No se puede.

García: Eso le preguntaron a Dalí, cuál era su contribución al arte, y dijo: Comparado con Velázquez y El Greco, una mierda; pero eso es lo que me mantiene vivo.

PLAYBOY: Y vos sentís eso.

García: Sí. Si vos sos el mejor del mundo, te pegás un tiro.

PLAYBOY: Imaginate en tu casa, en tu infancia, cuando se prende la cajita de música y suena Torna Sorrento... ¿Qué más hay, qué hay a tu alrededor?

García: Un tren eléctrico gigante, yo con escarlatina, el tren eléctrico andando por toda la habitación, yo con mi hermano jugando con monstruos prehistóricos hechos de plastilina, bombas, María -mi mucama- oyendo La bien pagá y, después, las dos mucamas que tenía, que hacían que mi vieja se muriera de celos, porque una era Brigitte Bardot y la otra, Sofía Loren.

PLAYBOY: ¿Qué es lo que no se puede?

García: Y... no se puede ser diez.