MSICA

CHICK COREA: EL CRCULO VIRTUOSO

Por Eduardo Minutella

La última superestrella del jazz viene a la Argentina junto al baterista Steve Gadd para presentar el disco que grabaron juntos.

 

"Estoy muy contento por llevar mi nueva banda a la Argentina, dice Chick Corea con el módico entusiasmo para las entrevistas esperable en un músico que ya lleva cinco décadas en los primeros planos de la escena internacional y ha grabado más de cien discos a su nombre. El pianista y compositor nacido en Massachusetts, quien volverá a presentarse en Buenos Aires el 24 de octubre, acaso sea uno de los pocos instrumentistas de la generación post-Bill Evans cuyo nombre resulta reconocible incluso para quienes no son amantes de jazz. Multipremiado, hiperactivo y artífice de una carrera a menudo desconcertante, Corea llega al país para presentar su nuevo proyecto, que co-lidera con el célebre baterista Steve Gadd: Steve y yo tenemos una hermosa relación de colaboración musical desde los años sesenta. De alguna manera crecimos juntos, e hicimos música juntos en muchas situaciones diferentes. En particular, grabamos mucho a fines de los setenta, discos como My Spanish Heart, The Leprechaun, Mad Hatter, Friends.

Al igual que ocurría con Miles Davis, con quien tocó en un puñado de discos a fines de los sesenta entre ellos el discutido pero relevante Bitches Brew, los grupos de Corea siempre fueron plataforma para la proyección de la carrera de músicos que, a la larga, se convirtieron en solistas reconocidos. En esta nueva banda, Steve y yo renovamos nuestro entendimiento musical junto a un gran conjunto de músicos muy creativos: Luisito Quintero en percusión, Carlitos Del Puerto en bajo, Lionel Loueke en guitarra y Steve Wilson en saxos y flauta. Con ellos grabamos un nuevo álbum, Chinese Butterfly, que será lanzado en febrero. En Buenos Aires presentaremos una combinación de este nuevo material con las canciones que grabamos con Steve en los años setenta.

La vitalidad de Corea parece desmentir que haya nacido en junio de 1941 y que sus primeros escarceos con el instrumento se realizaran cuando todavía no se habían extinguido las llamas de la Segunda Guerra Mundial. Aunque su apellido nos hace pensar en las tierras de Kim Ki-duk, o acaso en las de Kim Jong-un, Chick nació en el seno de una familia ítalo-española que lo bautizó Armando Anthony Corea. Hijo de un trompetista abocado al dixieland un estilo ya anacrónico en la década del cincuenta, el pequeño Chick comenzó a interesarse por el bebop, que por entonces cultivaban Charlie Parker y Dizzy Gillespie, y halló en pianistas como Bud Powell y el virtuoso Art Tatum a sus primeros héroes musicales. A comienzos de los años sesenta comenzó a tocar en combos más orientados al latin, como los que dirigían por entonces Willie Bobo y Mongo Santamaría, pero pronto comenzó a acompañar a músicos más troncales del jazz, como el saxofonista Stan Getz. El salto llegó en 1966, cuando fue fichado por Atlantic para grabar como líder. Sus registros iniciales, Tones for Joan's Bones, Inner Space y, muy especialmente, Now He Sings, Now He Sobs, le ganaron la admiración de sus colegas y el interés de Miles Davis. Pero el entusiasmo de Chick pareció decaer momentáneamente cuando se enteró de que con Miles tendría que tocar el por entonces novedoso Fender Rhodes: Pensé que había sido convocado para tocar el piano y de pronto me encontré con ese juguete, declaró más de una vez. A pesar de eso, aquella decisión involuntaria lo constituyó en pionero en el desarrollo del lenguaje eléctrico del jazz, que alternó en las décadas siguientes con grabaciones acústicas y exploraciones más vanguardistas.

El eclecticismo, un rasgo característico de la obra de Corea, le ha ganado públicos muy diversos, pero a menudo también le ha cobrado numerosos seguidores. Así, ha habido Coreas para todos los gustos, desde el avant-garde de sus colaboraciones con Anthony Braxton, hasta el jazzrockero de Return to Forever, pasando a veces demasiado deprisa por el hard-bop, el latin-jazz, la fusión eléctrica, la revisión de los standards o los coqueteos con la música española, e incluso en síntesis no siempre felices de todo aquello. Como si lo moviese, principalmente, la voracidad por tocar, más allá de las etiquetas. Me siento muy afortunado de tener tantos amigos talentosos. Tocar con ellos es, para mí, la alegría de vivir, dice al respecto.

Algunos de los mejores discos de Corea fueron grabados para el sello muniqués ECM, creado y dirigido por el mítico productor alemán Manfred Eicher: Siento una gran admiración por Manfred y por lo que hizo con ECM, y espero que podamos volver a trabajar juntos en alguna oportunidad. La cuestión, a veces, se dificulta. El productor alemán no es tan afecto a los instrumentos electrónicos. Y en lo que respecta a la accesibilidad del material, la negativa de Eicher a incorporar el valioso catálogo del sello que dirige a las plataformas de streaming, como Spotify, hace que hitos importantes de la carerra de Chick, como su grabación temprana con el grupo Circle, los dos volúmenes de Piano Improvisations, el camarístico Crystal Silence (a dúo con Gary Burton), Trio Music (con Miroslav Vitous y Roy Haynes) y el primer álbum bajo el sello Return to Forever (muy probablemente el mejor de la agrupación), solo sean accesibles a través de sus sucesivas reediciones en CD o en vinilo.

En mayo de 1985, el pianista participó de un encuentro inesperado para buena parte del público del jazz: un concierto a cuatro manos con Keith Jarrett. Por entonces, Keith, que había abandonado el exitoso formato de cuarteto que con tanto éxito había desarrollado en los setenta, tocaba menos música propia, y se abocaba a la reelaboración de los standards junto a Gary Peacock y Jack DeJohnette. Chick, en cambio, continuaba explorando profusamente las posibilidades del jazz eléctrico y se adentraba en la fusión con la Electric Band. Se trataba del primer encuentro entre ambos desde que abandonaran el grupo de Miles Davis. Para entonces, los lenguajes que exploraban parecían muy alejados entre sí, pero hallaron un punto de encuentro en la música de Mozart, un compositor predilecto de ambos. El concierto, que se llevó a cabo en Japón, dejó una imagen inolvidable en la mirada cómplice y la sonrisa satisfecha que se dedican inmediatamente después del acorde final.

Los diálogos musicales con otros colegas han sido centrales en la trayectoria de Corea, que registra numerosas grabaciones y conciertos a dúo con músicos como el flautista Steve Kujala, los pianistas Herbie Hancock, Hiromi Uehara y Stefano Bollani, el cantante Bobby McFerrin, el malogrado pianista clásico Nicolas Economou, y el virtuoso del banjo Béla Fleck, además de su fecunda y recurrente colaboración con el vibrafonista Gary Burton. Son demasiados los músicos y compositores que me han inspirado a lo largo de los años. Muchos más de los que se podrían mencionar en una entrevista, dice Corea, quien no gusta de hacer comparaciones entre el pasado y el futuro del género y descree de las lecturas apocalípticas: Siempre estoy abierto a recibir música nueva y creativa, y es muchísima la que se está produciendo en estos días.

En cambio, cuando de asuntos extramusicales se trata, el pianista se muestra más reticente a hablar. Consultado sobre la manera en la que la conformación multiétnica y plurinacional de su banda es casi una antítesis del ideario imaginado por la administración Trump para los Estados Unidos, prefiere no opinar. Otro tema sobre el que suele consultársele es su acercamiento a la cienciología, que, según ha manifestado en otras entrevistas, le ayudó entre otras cosas a permanecer alejado de las drogas en un ambiente muchas veces propenso a ellas. Desde muy joven, Corea ha colaborado con el movimiento religioso creado por el por el escritor de ciencia ficción L. Ron Hubbard. En 1971, incluso, tituló uno de sus mejores álbumes con la sigla A.R.C., que constituye el triángulo de los principios básicos de la cienciología: afinidad, realidad y comunicación, y en 1982 participó de Space Jazz, la grabación conducida por Hubbard que acompañaba el lanzamiento de su novela Battlefield Earth.

Chick ya perdió la cuenta sobre la cantidad de visitas que realizó a la Argentina y conoce bien al público local, al que hasta ha dedicado algunos tangos, como los que escribió en memoria de su padre Armando y de su madre Ana. En 1996, incluso participó en el homenaje a Astor Piazzolla que se realizó en el Teatro Gran Rex. No es su único vínculo musical con nuestro país: ¡Martha Argerich es una de mis pianistas favoritas!, se entusiasma de nuevo mientras recuerda The Meeting, la grabación que realizo a dúo con Friedrich Gulda, el extraordinario y excéntrico músico austríaco que fuera maestro de la pianista argentina. Y el círculo virtuoso parece cerrarse. A veces pasa.