PERFIL

CLEARWATER REVIVAL

Por Sergio Stuart | Fotos Ignacio Snchez

Entre la elegancia desgarbada de un corredor de Carrozas de Fuego y aquella sonrisa irreprimible, la estampa de Santiago Lange coronado campeón olímpico junto con Cecilia Carranza es una postal que se incorpora a la memorabilia del deporte argentino con una singluaridad que por trillada no deja de admirar: su humildad. El hombre que venció al cáncer y que se entiende nada menos que con el agua y el viento no sólo ha conseguido todo lo que uno de su especie habría querido conseguir, sino que quiere más.


Casa!!!

Tan simple como fácil de entender es el mensaje que Santiago Lange escribió en su estado y teléfono de WhatsApp el 29 de agosto. El medallista de oro argentino en pareja con Cecilia Carranza -pareja olímpica, se aclara, aunque más de uno pensó que estaban de novios, según informó el regatista más exitoso de la Argentina-, con quien compartió el bote de la clase Nacra 17 que se impuso en los Juegos Olímpicos echaba el ancla en su San Isidro natal. Porque un hombre que recorre los mares y ríos, que hasta supo vivir literalmente sobre el agua, también necesita afirmar de vez en cuando sus raíces en la tierra. Sin embargo, ni siquiera en estos días, a casi dos meses de aquel logro, lo dejan volver a su vida habitual, esa que se emparenta con el bajo perfil, el ejemplo silencioso. Lange sigue dando notas y yendo a eventos. Botó un barco y asistió a la premiación de un torneo de polo. Tan lejos de los caballos está su hábitat. Pero es la que ahora le toca, la que agradece con una sonrisa, siempre con una sonrisa.

No sé si llamarlo fama. Es un momento único, relindo, porque la gente me está brindando un cariño enorme y mucha alegría. Me reconocen por los valores más que por la medalla de oro. Hay muy poco cholulaje. Más que fama siento que estoy viviendo un momento muy especial, reconoce con un tono colorado en sus mejillas.

Hijo de Enrique y Ana María, niño prodigio de la vela, a los 8 años ya andaba suelto entre los cabos, la botavara y las crucetas, palabras ajenas al diccionario del pibe/piba estándar, pero que ya ese nene de ojitos claros adoptaba con más naturalidad que algunos conceptos de Matemática y Lengua.

En el San Juan El Precursor, colegio típico de San Isidro, mientras sus compañeros de secundario jugaban al fútbol o se repartían entre el CASI y el SIC adivinando los piques caprichosos de la pelota de rugby, un larguirucho Santiago vivía a pleno una pasión silenciosa, solitaria y forjadora de carácter, que en cada instante pone a prueba la determinación para resolver problemas y encarar tempestades. Siempre estuve arriba del barco, nunca me alejé del agua. La verdad es que me gusta mucho navegar, estuve hipnotizado con eso y me dediqué al 100 %.

Lange comenzó su carrera deportiva en Optimist, la categoría base de cualquier aspirante a timonel, la de niños, adolescentes y pesos-mosca. A los 15 años, este virginiano del 22/9/61 ya era campeón nacional de la especialidad representando al Yacht Club Argentino de San Fernando. A los 18, ya se había puesto la camiseta del Náutico de San Isidro, su otra casa, quizá la más regular, cuyas puertas atraviesa casi diariamente desde hace 33 años.

Era divertido eso de subir a los barcos, sentir el viento y el sol en la cara. La adolescencia ideal para quien se mueve como pez en el agua. Sin embargo, todo termina al fin. Papá Enrique lanzó el ultimátum. Tenía 19. Yo quería seguir navegando, pero mi viejo me dijo que no, que tenía que estudiar una carrera. Y elegí una que estuviera muy relacionada a lo que hacía. Y así fue que Lange viajó a Southampton, Inglaterra, donde se recibió de arquitecto naval. Terminé ahí -explica- porque acá en la Argentina no había una carrera tan específica. Me especialicé en barcos de placer y de regatas. Allí estuve tres años y medio. Al toque empecé a laburar de eso porque en Inglaterra te dan el título después de tener experiencia laboral.

Si bien Lange reconoce que no se ha nutrido de grandes referentes (sí de gente que admiro mucho, aunque fui haciendo camino a medida que me tocó), el haberse encontrado con Germán Frers, un artista del diseño de barcos, lo iluminó. Igual que cuando trabajó en el astillero de los hermanos Mariani, competencia mano a mano de las fábricas más encumbradas del mundo. Dato que avala semejante elogio: en 2007 le dieron vida al Bribón, una embarcación de más de un millón de dólares que manejó Juan Carlos, el rey de España, en la Med Cup, regata líder hasta el 2011. Geppetto con Pinocho, un poroto al lado de tal emprendimiento.

Las venas azules de los mares también contaron con Lange en la dinámica de sus fluidos. Más allá de los mundiales en los que participó, el arquitecto naval entró en la elite de la vela al ser parte de la Copa América (la crme dela crme de este deporte) y la Volvo Ocean Race, una vuelta al mundo en la que se deja el físico -literalmente- en el intento por recorrer 37.000 millas náuticas (70.000 kilómetros) durante nueve meses. Santiago fue el jefe de guardia y timonel del Telefónica Negro, uno de los ocho imponentes barcos que compitieron en ese maratón interminable de desafíos en los siete mares, en los cuales sus tripulantes se mueven y trepan con la agilidad de los monos. También probó las mieles de la realeza, como cuando manejó los destinos del Azar du Puig, el barco de la Infanta Cristina en la Copa del rey, la NBA de la vela.

 

Cuando el jardín es un río

Lange vivió buenas y malas. Con la capacidad de transformar la cal en arena por fuerza propia o ayuda externa. Santiago recuerda cuando debió cambiar los ladrillos por la madera. En el 2002 vivía dentro de una embarcación francesa de 1937 que le prestó un amigo. Tenía de todo ese hogar flotante: dos habitaciones con cinco camas, baño, cocina, música y TV. ¿Un romántico? Para nada. La coyuntura generó que Santiago debiera mudarse a un barco en el Río de La Plata. ¿Bohemio? No, fue 100 % por necesidad. Me separé justo cuando estaba terminando de construir mi casa y no tenía un mango, así que caí ahí, es su confesión sincera. Ese plato, sin embargo, supo a un sabor agradable. Lo lindo fue que la pasé espectacular... ¡La pasamos espectacular! Estaba con mis hijos, fue una linda etapa, recuerda con alegría. Yago (tenía 13 años), los mellizos Theo y Borja (8) y Klaus (6) disfrutaban esa aventura. Independientemente de la realidad sentimental de sus padres, ese era un cuento escrito a la medida de cuatro chicos que, como su abuelo y su papá, compartían el amor por el líquido elemento y sus derivados.

Mi viejo, no sé, ahí ya hago agua, juega con las palabras Lange al hablar sobre por qué Enrique se dedicó a la vela. Don Lange fue representante olímpico argentino en Helsinki 52, toda una premonición para la continuidad del apellido en la competencia que encierran los anillos multicolores del olimpismo.

Pero casi, casi, la medalla de oro se festeja con una caravana en La Cibeles en lugar de las calles de San Isidro...

La campaña olímpica de Santiago comenzó en Seúl 88, tres años después de su primer campeonato mundial, en clase Snipe. Corrió en Corea del Sur casi por casualidad, porque se abrió un cupo en Soiling. Con el tiempo, tanto lo poseyó el espíritu olímpico que ya participó en seis Juegos, igualando el récord de Juan Curcuchet, también oro, pero en Pekín 2008.

Por falta de apoyo, en el 91, Lange se fue a vivir (cuatro años) a España, país que rápidamente lo adoptó y le ofreció defender sus colores. En ese momento, resultaba imposible competir con las potencias, y acá en la Argentina era muy difícil progresar. Y como yo tenía tanto deseo de participar en los Juegos Olímpicos, tuve la posibilidad de competir para España. Y me apoyaban a fondo. Pero por suerte vino la cervecería Quilmes y me ayudó para que pudiera volver a correr para Argentina.

En Atlanta 96, nuevamente flameó la celeste y blanca dentro de su corazón. Igual que en Sídney 2000. Ya previo a su cuarta campaña, lejos de los padecimientos anteriores, en dupla con Camau Espínola lograron montar una estructura muy profesional para encarar la cita de Atenas 2004. Con entrenador, preparador físico, profesor de yoga, encargado de logística más jefa de prensa, la dupla se subió al tornado para ganar su primer bronce (en Tornado), metal que repitió cuatro años después en Pekín. El momento cúlmine de esta historia sucedió hace apenas un par de meses en el club Marina da Gloria, en las aguas de la Bahía de Guanabara, frente al Pan de Azúcar con el oro en Nacra 17 junto con Cecilia Carranza.

A los 55 años, mientras mucha gente hace cálculos pensando en cuánto le falta para jubilarse, Santiago realiza cuentas pensando en cuánto falta para Tokio 2020. ¿Irá? ¿No irá? Ya lo está craneando... Hay posibilidades, claro que sí. Estamos pensándolo. Acabamos de tener una reunión para evaluar en qué posición estamos todos los miembros del equipo. Hay que planificar mucho; está la ilusión de seguir, por supuesto, pero hay que pensar para ver cómo se sigue, estar motivado, ilusionado, trabajar mucho y disfrutar el proceso. No es una decisión que se pueda tomar de un día para el otro. Pero seguro que es en Nacra 17 con Cecilia.

Humilde como se ve y se lo nota, esquiva las comparaciones con una gambeta, como si fuera el Maradona de la vela. Pero... ¡es el Maradona de la vela! Ningún otro argentino supo ganar en vela cuatro mundiales, tres medallas olímpicas, dos campeonatos europeos y seis sudamericanos, entre otras hazañas conseguidas. Las comparaciones ya son difíciles, más hacerlas con otro deporte. Aunque es cierto, hice muchas cosas, pude ganar la medalla de oro olímpica, competir en la Volvo; pude estar en la Copa América... Logré hacer todas las variantes de mi deporte y cada una tiene lo suyo. El olimpismo es la esencia, la Volvo es la aventura y la Copa América es la eficiencia más empresarial. Yo soy un privilegiado, uno de los pocos que pudo hacer las tres grandes partes del deporte.

 

El peso del ejemplo

La medalla de oro en Brasil lo puso en la obligación de aceptar la exposición pública en un tema delicado que no quería exponer. Típico de alguien que es ejemplo pero no necesariamente quiere serlo. En el 2015, Lange se operó de cáncer, cuestión que compitió en la interpretación periodística con su logro deportivo. Santiago no se sentía cómodo en su rol de gladiador, de luchador romano/bonaerense que había derrotado a la patología del eufemismo (su sinónimo en los medios suele ser larga enfermedad). Pero, como casi todo en la vida, lo transformó en arena al momento de entender que podía ayudar al prójimo siendo ese modelo de lucha contra el cáncer. Al principio no me gustaba la exposición. Nunca tuve problemas de hablar sobre eso, pero cuando empezó a aparecer en los títulos me costó más. Después de una charla con mi entrenador pude ver que lo que me estaba pasando podía ayudar, y lo veo así porque leo en las redes sociales cómo la gente me habla de eso; también me pasa en la calle. Es muy bonito y por eso lo acepto, hoy no me molesta más.

La frutilla del postre dorado la disfrutó el 16 de agosto con los suyos. Apenas le avisaron que había ganado la medalla en Brasil, Klaus y Yago nadaron para abrazarse con su papá, que lloraba dentro del bote ganador. Mamá Ana María y dos hermanos de Santiago esperaban en la arena para abrazar al campeón. Borja y Theo (viven en Barcelona) también lo aguardaban con los brazos abiertos. Lange gozó del privilegio de compartir esos Juegos con dos de sus hijos, quienes también lograron clasificarse. Eso fue un motor poderoso para encender su motivación.

Es una medalla que no se puede palpar. Primero de todo, yo fui a los Juegos porque Yago y Klaus estaban haciendo un proyecto olímpico, si no ni se me hubiese cruzado por la cabeza. Y segundo, haberlo compartido con ellos, sobre todo viéndolo con los ojos de lo que significan para mí los Juegos Olímpicos, es diferente a cualquiera. Haber estado en la ceremonia, ver cuando se encendió la llama, y hablar de esos valores con ellos, fue todo muy especial. Desde eso hasta compartir un café antes de competir, recibirlos cuando volvían del agua. Son todos momentos inolvidables que hicieron de estos Juegos algo muy especial para mí.

Mientras tanto, Santiago trata de nadar en aguas mansas, reparadoras, termales luego de tanta vorágine. Hoy echó raíces en tierra firme, por fin en casa, hasta que nuevamente le toque zarpar hacia nuevos rumbos. Sean cuales fueren, se descuenta que los encarará con la humildad y determinación de siempre, cualidades que lo han acompañado desde chico hasta transformarse en un hombre y deportista ejemplar.