ARCHIVO: DAVID BOWIE

CMO CONQUISTAR AL MUNDO

Por Cameron Crowe

En 1976, un jovencísimo y desconfiado Cameron Crowe entrevistó a David Bowie en su casa de Los Ángeles, adonde había llegado pocos años antes para dar comienzo a sus desconcertantes años de "Duque Blanco". Irónico, engreído, genial, Bowiemuestra aquí su costado más deliberadamente provocador. Y sin embargo no empaña su extraordinaria lucidez, su creatividad, su singularidad. "Multifacético" se ha dicho ya suficientemente sobre su persona y su obra. Digamos mejor que la elaborada superficialidad, su inevitable profundidad, su lógica de contradicción y su vocación rupturista, hacenque no exista un número razonable de parámetros sobre los cuales acercarse a todo lo que es -fue- Bowie. A propósito de su triste muerte, aquí, una manera de recordarlo.

 

 

 

Alguna vez fue un desaliñado cantante folk de cabello color miel. Después, el líder vanidoso de una banda pop del estilo de los Beatles, The Buzz. Después, un cantante de baladas obstinadamente bisexual. Más tarde, un guitarrista andrógino de cabello colorado corto respaldado por una banda llamada Spiders from Mars. Después fue un cantante soul. Un actor de cine... y finalmente, un artista al estilo Sinatra, conservador. David Bowie, se puede decir, haría cualquier cosa para lograr algo. Y ahora que ha triunfado, hará cualquier cosa para mantenerse. A los 29 años, David Bowie (nacido David Jones en Brixton, Inglaterra) es mucho más que otra estrella de rock. Es un manipulador mediático auto inventado que no conoce ni de tacto ni de intimidación. Hay un solo objetivo en su carrera bizarramente ecléctica: la atención. Sin ella seguramente se marchitaría y moriría. Delante de una multitud, si fuera posible. En abril de 1975, Bowie llamativamente anunció que había dejado el rock. "Ya me he sacudido", es lo que dijo. "Es un callejón sin salida. No habrá más discos de rock and roll o giras. Lo último que quiero ser es un maldito cantante de rock inútil". Era la segunda vez que hacía ese anuncio. Primero había anunciado su retiro del rock durante un bis en un recital al aire libre en Londres, en 1973, después del cual lanzó Diamond Dogs y realizó una gira de tres meses por Estados Unidos. Esta vez Bowie se tragó su adiós de manera más espectacular. En noviembre pasado, coordinó una entrevista por satélite, desde su casa en Los Ángeles, con el anfitrión de uno de los talk shows más populares de Inglaterra, Russell Harty, para explicar que tenía un nuevo álbum de rock, Station to Station. Es más, pronto se embarcaría, por seis meses, en una serie de conciertos a nivel mundial. El gobierno de España, mientras tanto, pidió con urgencia el satélite para anunciar al mundo que el Generalísimo Franco había muerto. Bowie, un chico malo como siempre, se negó. No es el hombre más amado de la industria de la música. Aun así dejó su huella. Cuando apareció por primera vez en un escenario norteamericano, en 1972, cargaba al guitarrista en la espalda, estaba maquillado y vestía ropa femenina. Enseguida creó un nuevo género, el glam rock, que terminó con la inocencia del rock. Mick Jagger y The Rolling Stones, Elton John, Alice Cooper, Todd Rundgren, Lou Reed y una hueste de bandas rutilantes como Queen, Roxy Music, Slade, T. Rex y Cockney Rebel hicieron lo mismo. Una vez que Bowie conquistó a todos en su primera gira por Estados Unidos, no pasó mucho tiempo antes de que su LP del momento sobre un semidiós rockero condenado, The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, saltara a la cima del ranking. Sus tres álbumes anteriores, todos cadáveres, comenzaron a vender alocadamente. La prensa empezó a proclamar a Bowie como el próximo Gran Suceso que todos habíamos estado esperando desde los Beatles. Así de rápido, después atacó al fenómeno. Parecía haber algo acerca de la triunfal causa bisexual de Bowie que no era muy... sana. Los músicos y críticos se unieron para rebelarse contra la decadencia de Bowie. Pero él ya había asumido una nueva apariencia, igualmente ridícula, soul-disco. Repentinamente, el rockero duro, homosexual y delicado estaba cambiando y ahora hacía rhythm-and-blues. Y funcionó. Bowie acumuló dos éxitos, Young Americans y Fame. Después vino la máxima aceptación: se convirtió en uno de los muy pocos blancos alguna vez invitados a aparecer en Soul Train. Para dar cabida a la amplia base de su éxito, desde entonces Bowie asumió la postura del viejo y gran artista, y se vistió de pantalones negros formales, y chaleco con camisa blanca. Ahora, en su año más importante, el alguna vez rey/reina reluciente del rock amenaza con mantener su promesa por primera vez. Siempre ha dicho que es una genuina estrella de cine, y su actuación en la recientemente estrenada The Man Who Fell to Earth recibió un generoso elogio: la elección de Bowie para interpretar el papel del título, fue según The New York Times, "inspirada". "Bowie realiza una actuación extraordinaria." Nos imaginamos que era momento de ponerse al día con la cruzada de Bowie, como él lo define, "para dominar al mundo".

Playboy: Comencemos por la única pregunta que siempre parece esquivar: ¿Cuánto de su bisexualidad es verdad y cuánto es un artilugio?

Bowie: Es verdad, soy bisexual. Pero no puedo negar que he usado eso muy bien. Creo que es lo mejor que me ha pasado. Divertido, también.

Playboy: ¿Por qué dice que es lo mejor que le ha pasado?

Bowie: Bueno, por un lado, he tenido mujeres tratando de llevarme hacia el otro lado nuevamente: "Vamos David, no es tan malo. Te mostraré." O mejor aún: "Te mostraremos." Siempre me hago el tonto. Por otro lado, estoy seguro de que ustedes quieren saber de la otra parte también. Cuando tenía 14 años, el sexo de pronto se volvió importante para mí. No interesaba realmente con quién o qué estaba, siempre que fuera una experiencia sexual. Así que llevé a casa a un chico muy lindo de mi clase en la escuela y tuvimos sexo en mi cama. Y eso fue todo. Mi primer pensamiento fue: "Bueno, si alguna vez me envían a la cárcel ya sé cómo ser feliz".

Playboy: Aun así el hecho es que nunca se lo vio con un amante masculino. ¿Por qué? Bowie: Dios mío, dejé de ser una reina hace bastante tiempo. Durante un tiempo era 50 -50; y ahora el único momento en que me tiento es cuando voy a Japón. Hay tantos chicos jóvenes lindos ahí. ¿Chicos jóvenes? No tan jóvenes. Alrededor de 18 ó 19 años. Tienen una mentalidad maravillosa. Son todas reinas hasta los 25 años. Después se convierten en samurai, se casan y tienen miles de hijos. Me encanta.

Playboy: ¿Por qué, en un momento en que nadie más se hubiera atrevido a aludir a eso, usted eligió explotar su bisexualidad?

Bowie: Diría que Estados Unidos me llevó a eso. Alguien me preguntó en una entrevista -creo que en el 71- si era gay. Dije: "No, soy bisexual". El hombre no tenía idea de lo que el término significaba. Se lo expliqué. Se publicó todo y así es como comenzó. Es muy nostálgico ahora, ¿no es cierto? El 71 fue un buen año. El sexo todavía era sorprendente. Todos querían ver al fenómeno. Pero eran muy ignorantes sobre lo que estaba haciendo. Se hablaba poco de bisexualidad y del poder gay antes de que yo llegara. Inconscientemente, yo traje todo eso. Nunca escuché la palabra gay cuando vine por primera vez a Estados Unidos. Se necesitó un poco de exposición y algunos rumores pesados sobre mí antes de que los gays dijeran: "Repudiamos a David Bowie". Y lo hicieron. Por supuesto. Ellos sabían que yo no era aquello por lo que luchaban. Nadie entendía la manera europea de vestir y adoptar la pose andrógina asexual. La gente gritaba: "¡Lleva maquillaje y se viste con cosas que parecen vestidos!" Sin embargo, no fui el primero en publicitar la bisexualidad.

Playboy: ¿Quién fue?

Bowie: Dean. James Dean lo hizo, muy sutilmente y muy bien. Tengo cierto conocimiento al respecto. Dean era como yo. Elizabeth Taylor me lo dijo una vez. Dean era calculador. No era descuidado. No era el rebelde que mostraba con tanto éxito. No quería morir. Pero sí creía en la premisa de ir a los extremos, sólo para agregar algo más profundo a la personalidad. James Dean resumió lo que hoy en día es tan respetable, el buscavidas masculino. Eso era parte de su increíble magnetismo. Saben que él era... un prostituto. Solía parar en Times Square para ganar dinero para poder ir a lo de Lee Strasberg y aprender cómo ser Marlon Brando. Tenía una reputación un poco sórdida. Lo admiro inmensamente, por si tienen alguna pregunta sobre si tengo o no tengo héroes.

Playboy: Gracias. ¿Qué puede decir de su pose vestido de mujer en la tapa del álbum The Man Who Sold the World?

Bowie: Divertido. Y nunca me creerán, era una parodia de Gabriel Rossetti. Un poco torcido, obviamente. Así que cuando me dijeron que se estaba formando un culto de travestis detrás de mí dije: "Bien, no trato de explicarlo, nadie se va a molestar en tratar de entenderlo". Yo voy a seguir tocando, absolutamente nada me puede atravesar. Gracias a la sed de todos por tener un escándalo, miren lo importante que es People, me dieron una oportunidad. Todos los diarios escribían notas sobre lo enfermo que era, sobre cómo estaba colaborando para acabar con el arte verdadero. Mientras tanto, llenaban todo el espacio que podían dedicarles a los artistas verdaderos. Ese es un indicativo de cuán apremiante es la demanda que impuso esa cantidad de artículos infames sobre qué color iba a ser mi cabello la semana siguiente. Quiero saber por qué malgastaron tanto tiempo, esfuerzo y papel en mi ropa y en mi imagen. ¿Por qué? Porque yo era peligroso. Lo que le siguió a eso, ahora que decidí hablar más, aunque sólo con ustedes, fue: "¿Cómo se atreve a tener tanto ego?" Eso era peligroso para algunas personas. ¿Vale la pena que se hable de mí, como ser humano? Realmente creo que sí. Tengo que seguir con la convicción de que también soy mi propio instrumento. La única manera en la que puedo ser efectivo como persona es ser así de odiosamente arrogante y franco con mi punto de vista. Esa es mi manera de ser. Creo en mí mismo con suma sinceridad.

Playboy: ¿Pero no tiene problemas para que los demás le crean? Como por ejemplo, con sus publicitadas despedidas del negocio del espectáculo. Se ha retirado dos veces jurando que ya no tenía más nada que ver con el rock and roll. Sin embargo, acaba de terminar una gira mundial de seis meses promocionando su último álbum, Station to Station. ¿Cómo explica estas contradicciones?

Bowie: Es fácil, miento. Nada más importa, excepto lo que estoy haciendo en el momento. No puedo seguir con atención todo lo que digo. No me importa. Ni siquiera puedo recordar cuánto creo y cuánto no. El punto es llegar a ser la persona que uno llega a ser. No tengo la clave de dónde voy a estar en un año. Un loco delirante, un vendedor de flores o un dictador, algún tipo de reverendo, no lo sé. Eso es lo que evita que me aburra.

Playboy: ¿Qué más hace para no aburrirse?

Bowie: Cualquier cosa

Playboy: ¿Drogas, por ejemplo?

Bowie: ¿En qué año estamos? ¿Setenta y seis? Creo que he golpeado las puertas del cielo durante aproximadamente once años. El único tipo de drogas que uso, sin embargo, son las que me mantienen trabajando por más tiempo. No me involucro con algo pesado desde el 68. Tuve un romance con la heroína en ese entonces pero fue sólo por el misterio y el enigma de probarla. Nunca la disfruté realmente. Me gustan las drogas que te elevan. Lo he dicho muchas veces. Odio caer, cuando no me puedo levantar y cosas por el estilo. Me parece una pérdida de tiempo. Odio los bajones y las drogas que te producen eso, como la marihuana. Detesto dormir. Preferiría mantenerme levantado, trabajando, todo el tiempo. Me vuelve loco que no se pueda hacer nada contra el sueño o el resfrío común.

Playboy: ¿Recuerda la primera vez que se drogó?

Bowie: ¿Con marihuana? Había consumido muchas pastillas desde que era chico. Trece o catorce años. Pero la primera vez que me drogué con marihuana fue con John Paul Jones de Led Zeppelin hace muchos, muchos años, cuando él todavía era bajista en los discos de Herman's Hermits. Habíamos estado hablando con Ramblin' Jack Elliott, y Jones y me dijo: "Vení que te voy a dar marihuana". Lo pensé y dije: "Claro, voy a probar". Fuimos a su departamento; tenía una habitación enorme vacía, excepto por un órgano Hammond gigante, justo al lado de la estación de policía. Había consumido cocaína antes, pero nunca marihuana. No sé por qué se dio en ese orden, probablemente porque conocía a algunos marinos mercantes que la traían de los muelles. Me drogaba con ellos. Y ellos detestaban la marihuana. Así que observé asombrado mientras Jonesy enrollaba tres cigarrillos. Y nos drogamos los tres. Me levantó mucho y me dio mucha hambre. Me comí dos panes. Después sonó el teléfono. Jonesy dijo: "Atendelo". Así que bajé las escaleras para contestar el teléfono y me fui a caminar por la calle. Nunca regresé. Me fascinaron las grietas en el pavimento.

Playboy: ¿Se drogó con ácido alguna vez?

Bowie: Tres veces. Fue muy colorido, pero creo que mi propia imaginación era más rica. Naturalmente. Y más significativa para mí. El ácido sólo conecta a la gente con su propia imaginación. Yo ya la tenía. No era nada nuevo para mí. Sólo me dio muchos colores. Luces y cosas por el estilo. "Oh, mirá. Veo a Dios en la ventana". ¿Y qué? Nunca necesité ácido para hacer música.

Playboy: ¿Cuánto han afectado las drogas su música?

Bowie: La música es una extensión de mi ser, por lo tanto la pregunta sería "¿Qué me han hecho las drogas a mí?" Creo que me arruinaron. De una manera agradable y disfruté bastante viendo cómo me arruinaban.

Playboy: ¿Alguna vez tuvo problemas para decidir cuál es el verdadero Bowie?

Bowie: He aprendido a fluir conmigo mismo. Honestamente no sé dónde está el verdadero David Jones. El ser famoso ayuda a posponer el problema de descubrirse a uno mismo. En serio. Esa es la razón principal por la que siempre quise ser aceptado, por la que he luchado tanto para utilizar mi cerebro de una manera artística. Quiero dejar una huella. En mis primeros trabajos me hice camino con meras pretensiones. Me considero responsable de toda una nueva escuela de pretensiosos, ellos saben quiénes son. ¿No es así Elton? Sólo bromeaba. No, no es así. ¿Ven lo que digo? Esa fue una declaración profundamente pretenciosa. Verdadera o no, apuesto a que la van a publicar. Muéstrenle a alguien algo donde se haya aplicado un análisis intelectual o un pensamiento analítico y bostezará. Pero algo pretencioso te mantiene cautivado. Es lo único que asombra. Sorprende tanto como lo que hizo Dylan hace catorce años. Tanto como asombraba el sexo hace muchos años.

Playboy: ¿Está diciendo que el sexo ya no es asombroso?

Bowie: Ah, bueno, perdón. El sexo nunca ha sido asombroso, lo era la gente que lo practicaba. Gente sorprendente practicando sexo. Ahora a nadie le importa. Todos lo hacen con todos. Lo único que asombra hoy en día es el extremo. Como yo hablando de más, masturbándome. A menos que hagas eso, nadie te presta atención. No por mucho tiempo. Tenés que golpearlos en la cabeza.

Playboy: ¿Es esa la fórmula de Bowie para el éxito?

Bowie: Siempre ha sido así. Nunca cambió. Por ejemplo, lo que yo hice con mi Ziggy Stardust fue crear un cantante de rock and roll de plástico totalmente creíble, mucho mejor de lo que los Monkees podrían fabricar. Quiero decir que mi rockero de plástico era mucho más plástico que el de cualquiera. Y eso era lo que se necesitaba en ese momento. Y todavía lo es. La mayoría de la gente aún quiere que sus ídolos y dioses sean superficiales, como juguetes baratos. ¿Por qué creen que los adolescentes son como son? Andan juntos como hormigas, mascan chicle y pasan rápidamente de un cierto estilo de ropa a otro; eso es todo lo profundo que desean llegar. No sorprende que Ziggy fuera un éxito tan grande.

Playboy: ¿Es por eso que dice que se convirtió en Ziggy en algún punto?

Bowie: Sin siquiera pensarlo. Primero, sólo asumí ese personaje sobre el escenario. Después todos comenzaron a tratarme a mí como trataban a Ziggy: como si yo fuera el próximo Gran Suceso, como si yo moviera a las masas. Me convencí de que era un mesías. Muy alarmante. Me desperté bastante rápido.

Playboy: ¿Le preocupa que sus fanáticos lo abandonasen, que no quisieran escuchar a Bowie como un cantante soul?

Bowie: Bueno, deben entender cómo fue mi viaje al comienzo. Nunca he sido un músico.

Playboy: ¿Y qué ha sido?

Bowie: La desgracia es que siempre quise ser director de cine. Y los medios inconscientemente se amalgamaron, así que hacía películas en los discos. Eso crea tu álbum genérico básico, que finalmente se convierte en un caballo de carga lento. Ahora sé que si voy a hacer álbumes, tengo que hacer álbumes que disfrute musicalmente o, si no, sólo hacer la maldita película. Muchos de mis álbumes genéricos, como Aladdin Sane, Ziggy o Diamond Dogs, lo eran en un cincuenta por ciento. Deberían haber sido visuales también. Creo que algunos de los actores más talentosos están metidos en el rock. Creo que un renacimiento en la industria del cine va a surgir desde el rock. No por el rock, sino a pesar de él.

Playboy: Pero usted ha dicho que cree que el rock es deprimente y estéril, incluso nocivo.

Bowie: Es deprimente y estéril y sí, nocivo. Cualquier cosa que conduzca al estancamiento es nociva. Cuando adquiere familiaridad, ya no es rock and roll. Es ruido blanco. Miren la música disco, ese interminable compás atontado. Es verdaderamente peligroso. Yo avancé. El hecho es que soy un artista, no sólo otro aburrido cantante de rock. Tengo una película en exhibición, The Man Who Fell to Earth. Y voy a hacer más, voy a aprovechar las oportunidades. En el momento en que uno sabe que se encuentra sobre terreno seguro, está muerto. Acabado. Se terminó. Lo último que quiero es estar establecido. Quiero ir a la cama cada noche diciendo: "Si no me vuelvo a despertar, ciertamente he vivido mientras estaba vivo".

Playboy: ¿Cómo se convirtió en rockero?

Bowie: ¿La verdad? Estaba quebrado. Me metí en el rock porque era una manera agradable de hacer dinero y de tomarme cuatro o cinco años para descifrar mi próximo movimiento. Yo era pintor antes de eso, estudiaba arte comercial en la Escuela Técnica Bromley. Probé con la publicidad y fue horrible. Lo peor. Pero era bueno con mi pequeño saxo, así que dejé la publicidad y pensé en darle una oportunidad al rock. La pasás bien y generalmente tenés, al menos, dinero suficiente como para vivir. En especial en ese momento. Eran los tiempos del Mod; la ropa linda era la mitad de la batalla.

Playboy: ¿Su esposa, Angela, no tuvo algo que ver con su primer contrato discográfico?

Bowie: Angela y yo nos conocimos porque los dos salíamos con el mismo hombre. Otro de sus novios, un buscador de talentos para Mercury Records, la llevó a un show a The Roundhouse, donde yo, casualmente, estaba tocando. Él me detestó. Y ella pensó que yo era genial. Finalmente lo amenazó con dejarlo si no firmaba conmigo. Así que él firmó conmigo.

Playboy: ¿Y cómo se resolvió la situación del novio mutuo?

Bowie: Me casé con Angela y los dos seguimos viéndolo.

Playboy: ¿Por qué se casó con ella?

Bowie: Porque me di cuenta de que sería una de las pocas mujeres con las que yo sería capaz de vivir por más de una semana. Angela es una persona extraordinariamente agradable a la cual volver. Y para mí siempre lo será. No existe nadie más demandante que yo. No físicamente, sino mentalmente. Soy muy enérgico. Muy intenso en todo lo que hago. Asusto a la mayoría de las personas con las que he convivido.

Playboy: ¿Estaba enamorado de Angela?

Bowie: Nunca he estado enamorado, por decirlo de alguna manera. Estuve enamorado una vez, quizás, y fue una experiencia terrible. Me consumió, me vació, era una enfermedad. Una cosa odiosa. Estar enamorado es algo que engendra un enojo bruto y celos, de todo menos amor, parece. Es un poco como el cristianismo, o cualquier religión, en todo caso.

Playboy: ¿En qué cree?

Bowie: En mí. En la política. En el sexo...

Playboy: Como se puso a usted mismo en primer lugar, ¿se considera un pensador original?

Bowie: No, para nada. Más como un ladrón elegante. El único arte que estudiaré es el material que puedo robar. Creo que mi plagio es efectivo. ¿Por qué crea un artista, de todos modos? Como yo lo veo, si sos un inventor, inventás algo que esperás que la gente use. Yo quiero arte que sea igual de práctico. El arte puede ser una referencia política, una fuerza sexual, cualquier fuerza que quieras, pero debería ser posible de usar. ¿Qué quieren los artistas? ¿Piezas de museo? Cuanto más me roban, más me halagan. Pero he causado mucho descontento, porque expreso mi admiración por otros artistas diciendo: "Sí, usaré eso" o "Sí, usé esto de aquel o de aquella." Mick Jagger, por ejemplo, tiene miedo de entrar en la misma habitación que yo con alguna idea nueva. Sabe que voy a tratar de arrebatarla.

Playboy: A menudo ha dicho que cree fuertemente en el fascismo. Sin embargo también declara que alguna vez se va a postular para Primer Ministro de Inglaterra. ¿Se trata de más manipulación mediática?

Bowie: Dios mío, todo es manipulación mediática. Me encantaría entrar en la política. Algún día lo haré. Me encantaría ser Primer Ministro. Y sí, creo muy fuertemente en el fascismo. La única manera de acelerar el tipo de liberalismo que está suspendido en el aire en este momento es acelerar el progreso de la derecha, una tiranía totalmente dictatorial y acabar de una vez con eso lo antes posible. La gente siempre ha respondido con gran eficiencia bajo un liderazgo de regimiento. Un liberal pierde tiempo diciendo: "Bueno, ¿cuáles son sus ideas?" Muéstrenle qué hacer, por Dios. Si no, no se hace nada. No soporto a las personas que sólo están. La televisión es el fascista más exitoso, no hace falta decirlo. Las estrellas de rock son fascistas. Adolf Hitler fue una de las primeras estrellas de rock.

Playboy: ¿Cómo es eso?

Bowie: Piénselo. Miren alguna de las películas sobre él y vean cómo se movía. Creo que era tan bueno como Jagger. Es asombroso. Y cuando pisaba el escenario, convencía al público. ¡Dios mío! No era político. Era un artista. Usaba la política y la representación teatral y creó eso que gobernó y controló el show durante doce años. El mundo nunca verá algo igual. Él puso en escena un país. Realmente me gustaría ser Primer Ministro pero creo que tendría que armar mi propio país primero. No quiero ser Primer Ministro del viejo país. Tendría que crear el estado en el que deseo vivir. Sueño con comprar compañías y estaciones de televisión, ser el dueño y controlarlas.

Playboy: ¿Todavía está obsesionado, como se dijo alguna vez, con el miedo de ser asesinado sobre el escenario?

Bowie: No. Morí muchas veces sobre el escenario. Y no es tan malo. No. Ya no tengo esa paranoia. He decidido que mi muerte debería ser muy preciosa. Quiero usarla. Me gustaría que mi muerte sea interesante como lo ha sido y lo será mi vida. Y ser asesinado no es una gran despedida para un héroe. El asesinato es la...la humillación. La Gran Humillación. Es el resultado de la filosofía de Wilhelm Reich, nadie podrá ser más de lo que es, con lo que muchos están de acuerdo. La gente no es muy brillante. Dicen que quieren libertad, pero cuando tienen la oportunidad pasan de largo a Nietzsche y eligen a Hitler, porque si él entraba en una habitación a hablar, la música y las luces se encendían en los momentos estratégicos. Era como un concierto de rock. Los jóvenes se excitaban, las mujeres se encendían y los muchachos deseaban estar ellos ahí arriba. Eso para mí es la experiencia del rock.

Playboy: Usted dijo en la revista Rolling Stone que le gustaría usar su música para "dominar el mundo... subliminalmente." ¿Le importaría explicarlo?

Bowie: Creo que la publicidad subliminal es genial. Si no hubiera sido prohibida, habría pasado de la publicidad directamente a la política. Hubiera sido muy bueno en eso. Piénselo, una pantalla vacía que las personas pudieran mirar durante una hora y media y no ver realmente nada pero irse con toda una experiencia en sus cabezas. Por supuesto que después Rolling Stone recibió correo negativo. También le pasó a Dalí en su época. Sabía exactamente lo que estaba haciendo cuando pintaba sus pinturas. Sabía lo que significaban todos los objetos. ¿Debería haberse destruido su obra y haberlo obligado a pintar jarrones de flores? La actitud que dice que el artista debería pintar sólo cosas que el proletariado pueda entender, creo, es la más destructiva. Suena un poco a Hitler visitando museos y rompiendo pinturas modernas, ¿no es cierto? No hay que tener miedo del arte. El rock es solamente rock. La gente lo considera tan sagrado, no debe corromper, en caso de que descubran que realmente gobierna a los jóvenes. Aquellas películas antirock de los años 50 tenían razón. Los discos de rock son peligrosos para la fibra moral. Pero los discos son una cosa del pasado, así que ¿quién sabe?

Playboy: No sabemos muy bien cómo hizo el salto de la publicidad subliminal a anunciar la muerte de la industria discográfica, pero como lo hizo, ¿qué cree que le pasará a la música en el futuro?

Bowie: Regresará a la sensibilidad de la clase trabajadora. Eso me emociona. Suena a textura más que a música. Producir discos de ruido me parece bastante lógico. Mi banda favorita es una alemana que se llama Kraftwerk, que toca música ruidosa para "aumentar la productividad." Me gusta la idea, si tenés que tocar música... Hagamos otra cosa. ¿Quiere escribir una canción?

Playboy: Sí.

Bowie: Muy bien. Vamos a llamarla Audience (público) y va a ser sobre rock. ¿Está bien? Yo digo, "Led Zeppelin es sólido. Te hacen como una pared" (lo escribe). Rápido. Deme el nombre de un artista, alguien del rock.

Playboy: ¿Qué tal Stevie Wonder?

Bowie: Bien. "Stevie Wonder está creciendo y lo aman por sobre todas las cosas" (lo escribe). Es como el chico de oro, todos lo aman. ¿Quién más? Nombre un buen compositor.

Playboy: Joni Mitchell.

Bowie: "Joni Mitchell tiene nuestros corazones" (lo escribe). Los tiene, ¿no es cierto? Muy bien, déjenme agarrar mi guitarra (mira lo que escribió y comienza a tocar y a tararear. Muy bien, aquí vamos (canta). "Led Zeppelin está creciendo. Borrando nuestras mentes/ Nos hacen sentir duros, nos enceguecen/ Hey, Stevie Wonder, ahí, como una pared/ Tan bueno para apoyarse, el más duro de todos..." ¿No es una linda melodía?

Playboy: ¿Es así como escribió Changes?

Bowie: No, pero básicamente así escribí la mayor parte del álbum Diamond Dogs.

Playboy: ¿Qué le pasó a Joni Mitchell?

Bowie: Es buena, no necesita que yo canturree sobre ella. Por supuesto que no hay reglas para mi escritura.

Playboy: Lo vemos.

Bowie: Preguntaron sobre otros rockeros, tienen una canción. No se quejen. No hay respeto ¿Quién es ese comediante? Rodney Dangerfield. No te preocupes, Rodney. El arte nuevo siempre es silbado. Abuchearon a la Mona Lisa.

Playboy: ¿Siente que ha sacado ventaja con el correr de los años?

Bowie: No saqué ventaja. Saqué utilidad.

Playboy: ¿Sugiere que no ha hecho todo lo que debería?

Bowie: ¿Qué, con respecto al dinero? Ah, no, no hicimos nada. Todo lo que he hecho es generar un impacto y un cambio, que por supuesto vale mucho. Siempre me lo digo a mí mismo. Lo mejor que hay para decir es que éste es un negocio de rock and roll arquetípico. Lean las noticias de los Beatles, los Stones y muchos de otros grandes artistas y mezclen eso; es una imagen bastante precisa de mi negocio. John Lennon atravesó por todo eso. John me dijo: "Mantenete en esto. Sobreviví. Vas a atravesar la carrera de obstáculos y van a destrozarte. La clave es llegar al otro lado". En ese momento yo dije algo arrogante como: "Tengo un buen representante. Todo está bien. Soy un artista de los años 70". La última vez que hablé con John le dije que tenía razón. Me habían destrozado.

Playboy: ¿Está usted tan disgustado con la industria de la música como Lennon y Jagger han dicho que lo están?

Bowie: No, no, no. Necesitaba aprender. Uno tiene que cometer errores. Es muy importante equivocarse. Muy, pero muy importante. Si yo me hubiera deslizado a través de la industria, no sería el hombre que soy ahora.

Playboy: La última pregunta. ¿Cree y sostiene todo lo que ha dicho?

Bowie: Todo excepto los comentarios provocativos.