ENTREVISTA

DANIEL HADAD, DE C5N A SU PASIN POR VOLAR

Por Diego Gualda | Fotos Ignacio Snchez

Una conversación amable con el hombre que creó Infobae, C5N y Radio 10 sobre el periodismo, el poder, las decisiones trascendentales y su pasión por los helicópteros.

@diegogualda

 

Si Página/12 y Rock and Pop sintetizaron una fisonomía de lo nuevo entre los medios tradicionales durante los años 90, Infobae, Radio 10 y, un poco después, C5N, hicieron lo propio en la década siguiente. Los medios que creó Daniel Hadad tuvieron un ojo puesto en el despliegue tecnológico y otro en una convicción conservadora: el argentino medio es de derecha. Y la fórmula, no hace falta decirlo, fue exitosa. Pese a eso y debido a motivos que todavía se reserva (gente que jugó muy sucio), vendió todo al Grupo Indalo de Cristóbal López en 2012.Y si bien quedó afuera del espectro radioeléctrico, conservó Infobae y un capital (un know how, una fortuna, un entramado de relaciones) capaz de redefinir el mercado de medios si se decidiera a salir de shopping. Daniel Hadad, el mismo que vio la primera luz televisiva de la mano de Bernardo Neustadt y condujo el recordado Después de hora en plena debacle del 2001, está a la expectativa de lo que sucederá luego de este 2016 de crisis. Está tranquilo en sus oficinas de Palermo. Espera. 

 

A lo largo de su extensa carrera, se lo ha acusado de muchas cosas. Pero jamás de no tener la camisa más absolutamente perfecta del condado. Nadie se atrevería a tanto. Varias anécdotas giran en torno a quien compró Azul TV en 2002, le devolvió el nombre de Canal 9 inmediatamente y se lo vendió en 2007 al enigmático Remigio Ángel González. Pero hay dos en particular que lo retratan con una luz quizás desconocida para un público mayor que lo conoció en la radio, y para un público joven que quizás no haya conocido al Hadad de bigotes casi castrenses que fuera reemplazo de Neustadt y partenaire de Marcelo Longobardi, entre otros hitos de un currículum extenso y variopinto.

La primera de estas historias lo coloca en la exclusiva sastrería Brioni de New York, un lugar que visita de manera recurrente. Desde hace años está enamorado de un traje, pero nunca se lo compra. Dicen sus amigos que, aún sentado sobre la montaña de dinero que le dejó la venta de su grupo de medios a Cristóbal López, no deja de ser el hijo del turco, criado en una Floresta mítica y arrabalera donde tuvo que aprender a boxear para ser respetado. Alguien que se enamora de un traje de cinco mil dólares que claramente podría pagar- pero que prefiere trajes más modestos, oscuros y sobrios, sobre camisas tan blancas que encandilan.

Tiene sus rasgos de bon-vivant, por supuesto. Un caserón sobre la playa en Punta del Este. Viajes a Estados Unidos, por placer y por negocios, en forma constante. Una camioneta lo suficientemente grande y lo suficientemente importada como para que quepa toda su familia. Y un helicóptero. Que él mismo pilotea.La otra anécdota que explica cómo funciona el cerebro de Daniel Hadad data de su juventud. Cuentan en ciertos círculos, entre rondas de whisky Jura Prophecy que, cuando era aún periodista de gráfica en la desaparecida revista Somos, lo enviaron a hacer una nota al conurbano. Viajando en el remise de la editorial por una avenida importante, notó que las distancias entre un quiosco y otro eran demasiado largas para caminar y comentó en voz alta, para sorpresa del fotógrafo que lo acompañaba: el que ponga un quiosco entre medio de estos dos, se llena de plata, porque agarra a todo un barrio que está desatendido.

Esa misma lógica la de ocupar el nicho vacante lo llevaría a crear dos emisoras de radio cuyas historias, seguramente, en un futuro no muy lejano, se enseñen en las universidades: la primera FM de puro rock nacional (su propio slogan) y una AM ubicada en ese páramo ideológico que nadie admite habitar, la derecha.Si una idea de Daniel Hadad parece, para el ojo inexperto, profundamente estúpida, seguro habrá de ser ese quiosco en el lugar exacto. Una fórmula de éxito.

 

PLAYBOY: Radio 10 era una radio... ¿de derecha?

Daniel Hadad: De centro-derecha, conservadora. Cuando nació Radio 10, todo el mundo me decía que era un disparate. Era 1999, la AM se extinguía. Mitre, Continental y Rivadavia tenían el 60% del share. Pero entendimos qué radio teníamos que hacer a través de un gráfico que dividía a la población entre poder adquisitivo e ideología de izquierda o derecha. Así nos dimos cuenta que, si podíamos captar la atención de la franja media (un poquito del medio hacia arriba, un poquito del medio hacia abajo) y del centro hacia la derecha, había un 25% del share. Si lográbamos ese número, éramos primeros y así estructuramos la radio. Fue una decisión de mercado.

PLAYBOY: ¿Sos un hombre de derecha?

Hadad: He hecho radios de distintos tipos y no necesariamente me identifico con cada una de ellas. Te diría que me identifico en un 50% con aquel mensaje de Radio 10 del año 2000. No soy un conservador de derecha, soy un libertario anárquico. Me molesta el exceso de Estado, el exceso de autoridad. Creo muchísimo en el artículo 19 de la Constitución Nacional (N. del E: Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe). Si no fuera libertario, sería un liberal decimonónico. El discurso de Radio 10 tenía cosas que me gustaban y cosas que no, pero reconozco que era un medio exitoso.

PLAYBOY: ¿Y la Mega? ¿Cómo surgió?

Hadad: Hicimos un estudio de mercado y la gente decía que no había una radio de rock nacional. A los tres meses, Mega estaba primera. Me gusta el rock nacional. Tampoco sé si me gusta todo el rock nacional. Me gusta Serú Girán, me gustaba mucho Porsuigieco, me gusta Alejandro Lerner; y hay bandas de rock nacional que nunca me gustaron. Pero no hago una radio para poner la música que me gusta. Para eso, la descargo de iTunes o la escucho en Spotify.

PLAYBOY: ¿Qué música escuchás?

Hadad: Soy un enamorado de Sinatra. Me gusta mucho Rod Stewart. Sigo siendo un perdido admirador de Los Beatles. Me gusta mucho Vivaldi. Disfruto mucho Mendelsohn. Me gusta mucho Mozart. Y, si quiero tener recuerdos de mi adolescencia, escucho Serú Girán, que me trae muchos recuerdos de mis últimos días en el colegio secundario.

PLAYBOY: Discutamos un mito: ¿te apretaron para que vendieras tus medios en 2012?

Hadad: Es una larga historia que voy a terminar de contar en muy poquito tiempo. En septiembre u octubre de este año voy a publicar un libro donde cuento mis últimos treinta años y ahí cuento lo de la venta. No fue una salida feliz. Le reconozco mucho mérito a Clarín por haber podido resistir. Obviamente, mis espaldas fueron más chicas, yo no era un conglomerado de medios, no tenía nada detrás mío. Hubo gente que jugó de una manera absolutamente sucia. Resistí todo lo que pude y un día no resistí más. Pero bueno, el tiempo todo lo corrige.

PLAYBOY: ¿No extrañás lo que vendiste?

Hadad: En algunos momentos, sí y en muchos otros, no. Cuando hay un hecho que es noticia televisiva extraño estar en el control guiando la transmisión. Encima, cuando lo veo en cualquier canal, no puedo evitar encontrarle los defectos; algo propio del ojo de un obsesivo. Fui a la cena de los Martín Fierro y no podía parar de preguntarme, por ejemplo, por qué no tenían un dron o dos volando dentro del salón, dando vueltas por encima de las mesas. Imagino muchas cosas, cada medio que hice nació de mi imaginación. Sigo imaginando cosas y preguntándome ¿por qué no está eso en los medios?. En esos momentos extraño. Pero la mayor parte del tiempo siento que estoy trabajando con un medio maravilloso, que tiene mucho de lo que tienen otros formatos que ya tuve.

 

Entendimos qué radio teníamos que hacer a través de un gráfico que dividía a la población entre poder adquisitivo e ideología. Si podíamos captar la atención de la franja media económica y del centro ideológico hacia la derecha, había un 25% del share. Y si lográbamos ese número, éramos primeros. Fue una decisión de mercado.

 

PLAYBOY: ¿Cómo te trata el poder?

Hadad: No estoy en una etapa de la vida en que tener relaciones con el poder me tiente o me conmueva. Estoy llegando a mis 55 años y muchas veces ya no tengo ganas de conocer alguna gente, salvo que me tienten por lo intelectual. Hace cuatro años le dedico muchas horas por día durante todos los días a Infobae y es un medio que aprendió a vivir de una manera absolutamente independiente, con la relación exacta que hay que tener con el poder de turno: no muy cercana, pero con suficientes contactos que sean la base de la información. Así que no sé cómo me trata el poder, pero tampoco necesito que me trate. Reconozco que, hace veinticinco o treinta años, la primera vez que me invitaron a la Casa de Gobierno, sentí esa sensación... la primera vez que le das la mano a un presidente, te impresiona. Después te das cuenta de que los presidentes son señores de carne y hueso, que tienen los mismos temores que tiene uno, a veces no duermen, a veces les cuesta ir de cuerpo, son completamente humanos.

PLAYBOY: Además, seguro hay una cuestión generacional. El presidente es más o menos de tu edad.

Hadad: Y eso hace que te impresione todavía menos. La mayoría de los ministros son más jóvenes que yo y me provocan ese pero yo a este chico lo conozco hace años. La gobernadora de la provincia de Buenos Aires me parece un caso de estudio maravilloso. Una imagen como pocas veces he visto. Una capacidad de seducción, de convencimiento, de credibilidad pocas veces vista. Si la mantiene, su techo está muy alto. Va a depender mucho de su gestión, por supuesto, pero uno la ve y dice esta chica porque, al lado mío, es una chica y se admira. A los veinticinco o treinta años, el presidente era un señor mayor. Hoy ya no.

PLAYBOY: ¿Y tu relación con la política en el pasado?

Hadad: En la facultad presidí el centro de estudiantes y militaba en algo así como la UPAU (N. del E: agrupación universitaria de la UCeDé), que en la Universidad Católica no había. Digamos que era de corte liberal. En la UCA había dos categorías y ninguna de las dos estaba a la izquierda. Estaban los liberales y los nacionalistas. En esa época descubrí a Friedrich Von Hayek y leí La rebelión de Atlas de Ayn Rand.

PLAYBOY: Sos empresario de medios, conviviste con todos los gobiernos del menemismo para acá...

Hadad: La Argentina es un país donde no hay un solo día aburrido. Esto no es Bélgica. Acá todo el tiempo estás en conflicto con casi todo. Los ministerios te enloquecen, los gremios ponen su cuota, más la competencia, más las crisis económicas cíclicas que nos toca vivir... Tengo amigos que viven en el exterior y todo el tiempo me preguntan por qué me quedo. Supongo que es porque este es el lugar en el que nací. Podemos enojarnos con la gente que queremos y con el país pasa lo mismo: te enojás con la Argentina, pero igual la querés. La gente se enamora de este país. Se enoja, pero se vuelve a enamorar. Todos nos hemos peleado alguna vez con nuestros grandes amores. Te pasás una semana sin hablarte y después volvés, porque hay amor. Igual, el país muchas veces me provoca ganas de decirle por favor, no hagas nada por mi, no me des una mano; sacame el pie de encima.

 

 

 

PLAYBOY: ¿Cuántos años de matrimonio llevás?

Hadad: Este año cumplo treinta. Me enamoré de mi mujer de muy chico, yo tenía veintiuno y ella tenía veinte. Me enamoré de una manera desaforada. A los veintitrés gané una pequeña beca para ir a Estados Unidos yo no conocía, no había ido nunca y la quería tanto que no me quería ir. Nos casamos ni bien terminamos la universidad. Hace treinta años no era común que los jóvenes vivieran juntos sin casarse. El matrimonio es una institución difícil e imperfecta, pero la vida nos enseñó a conocernos. Me encanta de Viviana que la veo y sé lo que está pensando. Termina una película y sé si le gustó o no sin preguntarle. A esta altura es un proyecto de vida. Tenemos cuatro hijos. Ya no compro una casa o planeo un viaje en función de mis gustos personales. Ahora pienso para toda la familia. No tengo el auto que me gustaría tener, tengo un auto donde quepamos todos. Los chicos están grandes, vamos un poco apretados.

PLAYBOY: Dicen que de joven boxeabas. Pero ahora hacés yoga. ¿Qué pasó entre el Hadad boxeador y el Hadad yogui?

Hadad: Lo primero que pasó fue el manguito rotador: un músculo que todos tenemos en el hombro. Lo tengo lesionado del lado izquierdo y hace que no pueda estirar tanto la trompada de ese lado, por eso tuve que dejar de boxear. Pero fueron varias cosas, en realidad. Algunas físicas, otras... espirituales, si es que existe eso. El yoga me enseñó a respirar de otra manera. De donde vengo yo, la fuerza es un valor imprescindible. Me crié en Floresta, viví hasta los diecisiete años en los monoblocks frente a la estación. Jugaba al fútbol en el Parque Avellaneda y si no me agarraba a las trompadas una vez por semana, era día por medio. Iba a la Federación Argentina de Box, la vida me llevaba a boxear, no tenía otro camino. Con el paso del tiempo, empecé a poner toda esa energía más en positivo. El yoga me ayudó mucho. Hago una hora de yoga y me siento nuevo, en armonía. Si existe algo que se llama madurez, creo que se parece a esto.

PLAYBOY: En tu época de más popularidad en la tele, boxeabas, ¿verdad?

Hadad: Boxeaba más que nunca. A veces veo videos míos de esa época y no me reconozco. Ese señor que está ahí no tiene nada que ver con ese señor que está ahora acá. Era muy chico. Empecé a conducir mi primer programa de televisión a los veintiocho o veintinueve años. A esa edad tuve la oportunidad de reemplazar a Neustadt. Era una época en que le decía que sí a todo lo que me proponían, hoy ya tardo un poco más. Son los pecados de juventud que cura el tiempo. ¡Esos bigotes! Hoy me veo y me pregunto: ¿cómo pudiste usar bigote?. Creo que lo hacía para parecer más grande, necesitaba sentirme más grande.

PLAYBOY: No volviste a hacer televisión ni radio. ¿Te volviste tímido con los años?

Hadad: Antes era más extrovertido, ya no. Me pasa en todo, no solo en lo profesional. Pero además, con el paso del tiempo, uno se vuelve más exigente. Uno se pregunta: ¿tengo algo interesante para contar? Hoy, entre hablar y leer, prefiero leer. Hace veinticinco años estaba muy convencido de que tenía muchas cosas para contarle a la gente, para explicarle. Hoy siento que no tengo algo que realmente pueda aportarles. Es mucho más lo que tengo por aprender.

 

Los medios ya no compiten entre sí. Infobae no compite ni contra Clarín, ni contra La Nación, ni contra Perfil. Más bien todos ellos juntos creen, apenas, competir contra Facebook, el gran depredador de los medios tradicionales.

 

PLAYBOY: ¿Cómo es el diario del futuro?

Hadad: Nada en el mundo está cambiando tan vertiginosamente como la comunicación. Un vuelo de Buenos Aires a New York tarda lo mismo desde hace treinta o cuarenta años. Las operaciones a corazón abierto sin dudas que se hacen con más tecnologías, pero las técnicas siguen siendo las mismas que cuando empezaron. En cambio, en los últimos diez años, en la comunicación, no solo aparecieron sentencias de muerte para viejos medios, sino que aparecieron nuevos elementos que hacen que no sepamos cómo van a ser los medios en el mediano plazo. Hace diez años, nadie imaginaba Periscope, Instagram, Snapchat. Hace diez años, recién nacía Facebook como un experimento universitario, y hoy es el gran competidor en materia de comunicación. Los medios ya no compiten entre sí. Infobae no compite ni contra Clarín, ni contra La Nación, ni contra Perfil. Más bien todos ellos juntos creen, apenas, competir contra Facebook, el gran depredador de los medios tradicionales.

PLAYBOY: ¿Es para tanto? ¿Facebook va a matar al portal de noticias?

Hadad: Facebook tiene, en todo el mundo, 1.650 millones de usuarios con un promedio de lectura diaria de cincuenta minutos. No hay medio online que te retenga cincuenta minutos. Infobae, que es el medio argentino con mejor retención y que duplica al segundo está en casi quince minutos. Además, está difícil a nivel económico.

PLAYBOY: ¿Por qué?

Hadad: Por cada dólar de publicidad invertida en medios digitales, 86 centavos se los llevan entre Facebook y Google. Los catorce centavos restantes, a repartir entre millones de medios digitales. No sé si el panorama es sombrío para los diarios. Pero los diarios como tal son un objeto en extinción. Va a haber que ser muy imaginativo para descubrir cómo se hacen empresas que banquen al medio de comunicación. Aunque no ganen, al menos que no pierdan. En el futuro, nadie va a poder hacerse rico con un medio de comunicación. Igual esto no sería un problema, el problema sería cómo se paga de manera independiente el periodismo.

PLAYBOY: Más allá de Facebook, ¿realmente los medios dejaron de competir entre sí?

Hadad: Se compite por otro lado. Se compite por la primicia, por el enfoque, por la mejor foto. Se compite por el contenido. De hecho, Clarín, La Nación, Perfil e Infobae se unieron en una única empresa para vender publicidad programática, el segmento por donde Facebook y Google nos estaban sacando la plata que necesitamos para pagar sueldos.

PLAYBOY: Si no hay perspectiva de ganar, ¿quién va a querer invertir en el periodismo?

Hadad: Los locos que aman el periodismo, únicamente.

PLAYBOY: ¿Cómo ves a Clarín? ¿Es un monstruo? ¿Clarín miente?

Hadad: Clarín es un medio absolutamente profesional y lo más valioso que tienen es su equipo de periodistas. Tienen un staff muy atractivo, que dan valor agregado.

 

 

 

PLAYBOY: Piloteás helicópteros, pero ahora además estás muy entusiasmado con los drones. Hay un chiste en el ambiente periodístico que dice: te doy hasta que Infobae deje de mostrar las noticias desde un dron. ¿De dónde viene esta obsesión con las cosas que vuelan?

Hadad: En 1996 hice casi 500 mil kilómetros en avión. Fue el peor año de mi vida. Pasó de todo. Trabajaba mucho, hacía un progama que se llamaba El primero de la semana y viajaba todo el tiempo a hacer notas. En el 97, un día tenía que ir a Montevideo y, arriba del avión, me agarró un ataque de desesperación, de paren el avión, paren el avión y me bajé. Nunca había tenido miedo a volar y, una semana después, me pasó exactamente lo mismo. Estuve seis meses sin poder subirme a un avión. En ese momento tendría que haberme psicoanalizado, porque algo estaba pasando en mi subconsciente, pero me curé ese miedo irracional y estúpido a volar de una forma muy poco ortodoxa: por sugerencia de un amigo, hice el curso de piloto de avión. Y me empezó a gustar. Hasta que alguien me dijo: el día que vueles en helicóptero no te subís más a un avión. Así que hice el curso de piloto de helicóptero y reconozco que pocas cosas me dan tanto placer como volar en helicóptero. Es el único momento en el que no podés hacer ninguna otra cosa. No hay teléfono, nada que te interrumpa. Tenés las cuatro extremidades ocupadas. Con los pies atendés los pedales del rotor de cola. Con la mano derecha, el cíclico. Con la mano izquierda, el colectivo. Con los ojos estás mirando todo alrededor, pero también todo tu tablero. Tenés un microfonito en la boca y en los auriculares escuchás la torre de control. Estás haciendo todo al mismo tiempo y eso te exige estar cien por ciento enfocado. Es un placer único. Después, con el tiempo, le encontré el uso periodístico.

PLAYBOY: Fue muy característico de C5N y luego de Infobae, ¿verdad?

Hadad: El primer helicóptero lo compré para Canal 9. Ese me lo quedé y me lo llevé a C5N. Un día tuvo un accidente y dije nunca más un helicóptero, pero con el tiempo me di cuenta de que es como no comprar un auto porque alguien se mata en un accidente. Ahora aparecieron estos chiches que me deslumbran: me compré un dron, empecé a jugar y terminé encontrándole un uso periodístico. Es más económico y menos riesgoso.

PLAYBOY: ¿Qué te queda por hacer?

Hadad: No sé si tengo una bucket list. Hay lugares del mundo que no conozco. Nunca estuve en China, por ejemplo. Pero no lo tengo pensado. Mi vida nunca tuvo un plan de vuelo.

PLAYBOY: ¿Y como periodista hay algo que no hayas hecho?

Hadad: Cuando veo la película Spotlight y la investigación que hizo el Boston Globe me da una sana envidia que hicieran una investigación que puso al descubierto la pedofilia de la iglesia católica de Boston. No es una historia que haya derrocado un gobierno, pero puso al descubierto cosas horribles. Un caso como Watergate, por ejemplo, no te genera el asco que te da que un señor se aproveche de la religión para violar a un chico. Me encantaría que un medio mío hiciera una nota de ese grado de trascendencia.

PLAYBOY: Fuiste famoso por tener canales de televisión y radios, pero los medios gráficos no fueron tu fuerte. ¿Por qué?

Hadad: Tuve diarios y revistas. Una revista que se llamó La primera, que duró un par de años, y el diario BAE. Pero el papel nunca fue mi amante. Todo lo que me hace perder inmediatez en el periodismo me hace mal. Soy muy ansioso. Tener que depender de que alguien me imprima algo y de que alguien lo distribuya me hace mal. Me siento más cómodo sin depender de esos intermediarios.

PLAYBOY: ¿Volverías a tener un canal de televisión?

Hadad: A veces pienso que, si tuviera un canal de televisión, sería uno solo de noticias. Para mí, C5N fue una revolución, pero creo que hay lugar para otra. Hay poca competencia en la televisión. La comunicación siempre fue como un gran anfiteatro donde uno estaba en el centro y todos alrededor escuchaban. ¿Uno que emite y un montón de receptores pasivos? Las nuevas tecnologías terminaron con eso. Por eso la próxima revolución pasaría porque la televisión sea mucho más interactiva. Vivimos en un enjambre digital donde las audiencias dejaron de existir. Ya no hay receptores, hay receptores-emisores. Me cuesta entender cómo no hay canales que aprovechen eso. Hoy, un canal de noticias no se hace con seis móviles, se hace con quinientas personas que tengan Periscope. La televisión debería entender ese modelo. Aún hay espacio para volver a sacudir la estantería. No sé si hoy tengo todas las ganas. Hay días que sí, hay días que no.

 

Me curé ese miedo irracional y estúpido a volar de una forma muy poco ortodoxa: por sugerencia de un amigo, hice el curso de piloto de avión. Y me empezó a gustar. Hasta que alguien me dijo: el día que vueles en helicóptero no te subís más a un avión.

 

PLAYBOY: El mercado de los medios sigue preguntándose cuándo vas a salir de shopping, a comprarte un canal o dos.

Hadad: Creo que este no es el año. Es complejo, es un año de crisis. Pero seguramente lo que venga después sea mejor y ahí haya una oportunidad.

PLAYBOY:¿Vamos a salir fortalecidos de esta crisis?

Hadad: Ojalá. Siento que es una de las últimas oportunidades que tiene la Argentina.

PLAYBOY: Es fuerte eso de última oportunidad. Si fracasa este gobierno, ¿se viene la desintegración nacional?

Hadad: No creo que sea eso, pero sí sería un retroceso enorme. Me da la sensación de que lo que se está jugando este gobierno excede al gobierno mismo. Es hasta un tema regional. Venimos de una década donde América Latina tuvo un toque autoritario importante. Por eso es tan importante lo que está pasando en Argentina y es tan importante que nos vaya bien. Nos están mirando, somos un referente para la región. La responsabilidad es enorme y excede a este grupo de jóvenes bonitos.