20 PREGUNTAS

DANIEL MELINGO: NO SOY DE AQU NI SOY DE ALL

Por Micaela Ortelli | Fotos Ignacio Snchez

Entró al rock con un clarinete y al tango con un atuendo rockero. Unos ya lo olvidaron y otros aún lo ignoran, dice, pero no es verdad. Melingo tiene disco nuevo, gusta en Europa y juega en la Argentina con canciones interesantes. 20 preguntas con el ex Abuelos, Los Twist y Charly García, que hoy todos conocen como el "Linyera". 

 

Alguien vio a Daniel Melingo tocando el clarinete en el subte y le sacó una foto. Melingo mira en su teléfono al chico de bermudas y cresta de rulos y dice: Soy yo. Levanta la vista y las cejas desteñidas, gruesas como dedos, quedan al abrigo de sus ojos dorados. La sonrisa es macabra. Cuando la usa para decir se mudó enfrente de casa en referencia a su eterno cómplice Fernando Samalea, además, tiene un brillo infantil. La voz gastada de sus tangos histriones es lo que más atrae a los europeos. Hace doce años que su obra se edita también en Francia, donde grabó con Gotan Project y el popularísimo Renaud el tema La Jungla por la liberación de Ingrid Bentancourt. En noviembre presentará su nuevo álbum Anda en el teatro del siglo XIX Bouffes du Nord de París, que hasta hace poco dirigía la leyenda Peter Brook. Era el escenario de la ciudad donde ansiaba actuar Melingó, como le dicen allá.

Antes que la voz, su pasaporte fue el clarinete. Un instrumento liviano, cómodo para hacer dedo; y versátil, que pudo infiltrar en el jazz y hasta en la música indígena. Melingo lo cambió por un bandoneón del que no logró sacar sonido. Es una historia ya contada: hijo de familia tanguera, estudiante del conservatorio que también vivía el rock, se fue a Brasil en los años de dictadura. Melingo integró la primera formación de Los Abuelos de la Nada y Los Twist, y la banda de el maestro durante Yendo de la Cama al Living y Piano Bar. En España formó la banda de psicodelia latina Lions In Love, donde cantaba una chica y tocaba el saxo Willy Crook. Un grupo que iba a ver Pedro Almodóvar. Desde 1997 se dedica al tango y la música de películas. Actuó en una ficción documental autobiográfica, en la última película de Luis Ortega, y encarna al padre de Gilda en la recién terminada No me arrepiento de este amor. Hoy lo llaman El Linyera por el personaje de su disco anterior. La gorra antigua que se saca para estas fotos era del padre del fan que se la regaló. Un chico de patillas lo reconoce y pide una foto con una cámara pocket. Melingo, el rockero oculto, el tanguero maldito. Atardece en Colegiales y ese fuego sobre la chapa parece suyo.

1. ¿Creés que habrías soportado ser una estrella? 

Es un poco incómodo. Bastante. Yo lo veo porque tengo amigos mucho más visibles que yo. A mí cada tanto alguno me saluda por la calle, pero tengo amigos que viven en una burbuja porque es problemático salir. Ya desde que se levantan viven en un conflicto. Cuando te sacan del anonimato, es jodido. Tenés que estar mentalizado y convivir con eso. Charly, por ejemplo. No podés salir a la calle con Charly porque se le cuelgan. O Pipo (Cipolatti). Si a Pipo lo parás acá pasan los coches y le tocan bocina. La gente para, te volvés loco. Yo de alguna manera escapo de eso. En su momento escapé de estar adelante en una banda, siempre me corrí. Después me hice solista, pero siempre guardado, porque cuido eso, el anonimato. La gente te ve en un póster y te agarra como si fueras el disco.

2. ¿No te imaginás que tu música pueda llegar a ser más popular? 

Es bastante popular. Yo así estoy bien; no necesito más. Se escucha lo que se necesita, por algo son las cosas. A mí me cuadra mucho esa idea de que el tango para los porteños es como el cubito para el esquimal: es algo que no llama mucho la atención. Acá no nos damos cuenta. Al tango lo palpás y le das dimensión alejado del terruño. Le das un valor completamente diferente y personal.

3. Vos decís que en el tango conjugás todas las músicas que te interesan. 

Claro. Porque el tango hizo lo mismo que el rock, y que hace ahora el hip hop, que mezcla todo. Son grandes movimientos en los que podés mezclar todo el mosaico cultural que tenés. Más en Buenos Aires, donde somos un crisol de razas y culturas. A mí me parece que es posible darle forma a todo eso desde el tango. Igual, yo soy bastante paria. Me especializo en hacer cosas fuera del tiempo y el lugar en el que deben hacerse. Es a pesar mío. A mí los del tango no me consideran y los del rock ya me olvidaron. No estoy en ningún lado. Eso para algunos es una ventaja y, para otros, una desventaja. Todo tiene sus pros y sus contras.

4. Cuando sacaste Tangos Bajos en el 97 en el rock empezaba la moda de las bengalas. ¿Cómo te ubicás respecto de ese rock que se futbolizó? 

Toda la música se futbolizó, ¿qué significa que el rock se futbolizó? Las canciones de los Twist las cantaba la hinchada de San Lorenzo, la de Boca. Es normal, si es música popular... Es una manera de relacionarse. Las culturas populares se van de un lado para el otro. La murga agarra una melodía y le cambia la letra para una crítica social, es así. La cultura popular es una gran sopa.

5. ¿Te parece que hay algún discurso importante hoy en el rock? 

¿Y por qué tienen que decir cosas importantes los rockeros? Uno tiene que hacer su trabajo, las cosas importantes son para Dios. No sé. El hombre, la mujer, somos todos importantes digamos o no digamos nada. ¿Es un mandato decir algo importante? Es una ficción decir cosas importantes. Podés encontrar algo importante en la metáfora, que ni siquiera el que la escribió quiso decir. La verdad es tan relativa. Y, aparte, es personal. Lo que te sirve a vos no me sirve a mí. A veces en la cultura popular todos coinciden, pero es todo tan subjetivo.

 

 

6. ¿Qué fue lo primero que grabaste? 

Me enteré hace poco, que me regalaron un disco del año 76, de un compañero de cuando yo estudiaba composición en la UCA. Se llama Ricardo Dalfarra; se ve que tuvo un contrato en un sello nacional y grabó un disco de música instrumental: yo fui de sesionista, grabé clarinete. Entre los sesionistas estaban Bernardo Baraj, Domingo Cura, todos los sesionistas de la década del 70. Así que lo primero que grabé fue eso, hace 40 años. Después vino la segunda camada, que yo pensaba que era la primera. Fue La Fuente con Coco Romero y Uki, Fontova Trío, todo al final de los 70. Y ya en el 81 lo conocí a Miguel Abuelo y es una historia un poco más conocida.

7. ¿Cómo era estudiar en la UCA en esos años? 

Qué se yo, fue una época muy oscura; no sé si empezar la nota así. Vayamos más arriba, fue una época de mierda.

8. ¿La capa negra de la portada de Anda a dónde te lleva? ¿por qué te pusiste eso? 

A mí no me lleva a ningún lado. Es para que lo lleve al que la vea, así que me tenés que decir vos a dónde te lleva.

9. Una persona con una capa negra está presumiblemente ocultándose de algo, pero a la vez, el disco es súper expresivo y abierto. 

Exacto. Sí, a mí me gusta mucho la contradicción como método, el contraste. Es algo que yo trabajo mucho porque es una manera de llamar la atención. Con el contraste vos disparás algo. Y en la música, en el cine, en la literatura, vos necesitás llamar la atención para que el otro se meta en la situación. Es una manera de trabajar, el contraste.

10. Y de confundir también, al no ser algo servido, simple de interpretar. 

Bueno, eso es relativo, cada cual se confunde solo. Pero, justamente, donde no hay misterio no hay atractivo. Si vos sabés todo y me preguntás y yo te contesto y vos ya sabías lo que te iba a contestar, ahí cagamos; hay cero misterio, no hay ningún interés. Tiene que haber algo que ni el que lo hace tiene que saber qué es. Quizás yo puedo hacer reinterpretaciones de lo que a mí me parece que hice, pero no tiene por qué tener un sentido. Alguna parte tiene que ser un sinsentido. La estética es eso, muchas veces tiene un asidero estético, armónico, y bueno, a vos te dispara tal cosa y para mí tiene otro sentido. Yo busco un poco eso, no hay un mensaje encriptado fundamentalista. No hay un lenguaje entre líneas. Hay todo un misterio que es el que tiene que haber, el que todos tenemos, sobre la vida. A nosotros nos gustaría saber más de lo que pasa, por qué estamos acá, por qué tenemos que hacer lo que hacemos, pero es lo que nos mueve. El misterio es lo que nos hace despertarnos todos los días. Sin misterio, te morís.

11. Vos tuviste resuelto que la música iba a ser tu camino para atravesar las cosas. 

No te creas que es tan fácil. Para todos los que aparentemente tenemos un lenguaje, también es conflictivo. Vos porque yo no te lo cuento, pero no sabés si para mí es conflictivo o no eso; lo das por tácito. Vos, de alguna manera, proyectás lo que te pasa a vos en mí. Pero todos lo hacemos. Vos hacés un dibujito y a mí me dispara algo y le busco una problemática y te interfiero con eso. Es mi problemática, es rollo mío. Pero el dibujito me tiene que disparar algo. Ahí está la magia del arte. Yo te puedo hablar media hora de los métodos, pero hay otra magia que está subyacente, que no es tan explícita.

12. ¿Fue conflictivo para vos crecer? 

Siempre. La vida es un conflicto, desde que nos arrancan de ahí.

13. ¿Nunca fuiste tímido? 

Sí, soy muy tímido, por eso a veces quedás como antipático, porque no sabés cómo manejarte con la gente. Pero en el escenario no. Si en una reunión tengo que tocar una canción, me muero; pero en el escenario creé una química que, para mí, es mi lugar donde todo vale; entro en una burbuja. Te da una cierta impunidad el escenario, la impunidad de que te fueron a ver a vos, quizás. Yo me la intento bancar solo porque es mi perfil así, los invitados en vivo me desconcentran; yo hago un show en el que no hablo. Yo me concentro y es como una hora y media de delirio con las canciones. Me parece que en el show te la tenés que bancar solo, no invitar amigos para minimizar las balas, pareciera. Son maneras.

14. ¿Cómo reaparecen en tu vida canciones tan viejas? 

Las tengo en la cabeza. Y a la hora de hacer un disco voy probando diferentes canciones, haciendo prueba y error y desechando las que no cubren la estética que estoy trabajando. Cada disco tiene una estética sonora, una orquestación, una línea. Entonces las que me van quedando ajenas entre sí las voy descartando. En este disco me tomé el trabajo de bucear un poco en el pasado, en autores que me gustan mucho. Sol tropical, por ejemplo. La versión original es del año 34, que grabó Carlos Gardel en una película. Y siempre me gustó esa canción, desde chico, justamente porque me parece muy curioso que Carlos Gardel fuera uno de los que le dio forma al tango canción sin ser argentino. Él se encargó de darle forma al tango canción utilizando diferentes ritmos. Y se ve acá, en este caso. En esa época ya tenía un juego mucho menos esquemático. El tango canción podía ser una rumba, un fox-trot, una canción más folklórica; todo era tango canción y todo lo cantaba Gardel. Entonces me pareció interesante poner esta paleta de ritmos. Todo el disco gira un poco en el barroco, incluso se refleja en la tapa. Barroco por no decir rococó, bien cargado. Generalmente, yo tengo un tono más blanco y negro, pero este disco tiene mucho color, muchos ritmos.

15. ¿Querías hacer algo con más color después de Linyera? 

Sí. Por ningún motivo en especial. Primero voy descartando lo que no voy a usar y después le voy dando forma. Yo no sé a dónde voy cuando grabo un disco; lo voy encontrando en el camino, y después llego a la conclusión cuando lo termino. Pero justamente yo me tengo que ir sorprendiendo a mí mismo, tengo que ir haciendo un camino que no era el que me había imaginado. Para que queden diez canciones, barajo entre veinte y treinta. Este disco empezó con el armado de unas canciones que después fueron mutando. Fue cambiando de piel en el momento de la hechura, siempre me pasa eso.

16. Y elegiste que el disco arrancase en la casa de Pugliese. 

Tiene todo un sentido de ser. La primera canción está puesta a manera de apertura de lo que va a pasar. Esa es una partitura inédita de Osvaldo Pugliese que me cedió gentilmente la familia; yo le hice el arreglo que escuchamos. Y la grabación que se escucha antes es el momento en que Luis Alposta, que escribe muchas canciones conmigo, fue invitado por el maestro Pugliese a su casa para que le pusiera letra a ese tango. Y ahí se escucha un piano que es Pugliese. La utilicé a modo de documento, porque todo tiene un concepto documental, un aire que trabajé en la dramaturgia con Vivi Tellas, para darle una continuación al personaje del linyera del disco anterior, para que esto fuera la travesía del linyera. El linyera tiene una obsesión y se va a lo largo del mundo a buscar los orígenes del tango. Entonces despega en esa primera canción, que es de 1987 y se llama Se Vienen los Dos Mil. Y la segunda es la historia verídica de por qué se introdujo el tango en Japón. El Barón Megata ve bailar el tango en París en los años 20, a Rodolfo Valentino, y compra un montón de discos y los lleva a Japón. Así comenzó el tango en Japón. Todo tiene un fundamento documental, pero un look que parece una parodia. Como si lo que contamos fuera mentira, pero es verdad. Tiene algo de histrión, lo mío es muy histrión. Del drama que es el tango hago como una comedia. Como para explicar lo inexplicable, ¿no? Con la comedia desdramatizo el tango porque, si no, tematizás el tema: no sólo cantás una canción triste, sino que lo hacés con música triste, te vestís triste... Entonces yo por eso te hablaba del contraste; para mí es muy importante el contraste. Si algo es muy fuerte, muy dramático, lo tengo que sopesar con algo que parezca en joda, digamos. Es mi manera de ver el equilibrio en una obra.

17. ¿Cómo se trabaja la dramaturgia de un disco? 

Hablando mucho, muchas horas de conversación sobre a dónde se podría ir, armando un imaginario, sacando conclusiones. Eso me ayuda a darle la forma al guión de canciones, aunque las canciones sean de uno y de otro y no tengan nada que ver entre sí. Yo necesito un guión en mi cabeza. Por eso te digo que muchas veces me pongo a trabajar y sobre el trabajo voy viendo qué camino seguir.

18. Y te pidió momentos más extraños, como Volando entre las Nubes o ese final. 

Aunque no parezca, el final son los diez temas en simultáneo. Probamos y quedó genial. Me pareció necesario en este disco, porque vi que estaba todo muy para el lado de la canción chingui chingui, entonces puse toda una cosa contrapesando. Yo generalmente pongo una canción instrumental en los discos; en este puse tres, entonces hay mucha base instrumental, que es lo que a mí me interesa: yo soy cantante ahora, pero básicamente soy músico, y músico de banda de sonido si me preguntás.

19. ¿Qué estás leyendo? 

Estoy releyendo Borges, todos los cuentos de los 30 y 40. También estoy leyendo Kerouac, Los Subterráneos. Nietzsche me gusta mucho. Y biografías. Pero ahora estoy abocado a ordenar un libro a manera de cuadernos de bitácora. Es una vieja idea que tengo y hablé con Francisco Garamona, de Editorial Mansalva, para publicarlos. Es una colección de más de 200 cuadernos que vengo haciendo desde finales de los años 70, en mis viajes a Brasil, para luego continuar toda la época del Ring Club, Los Twist, Lions In Love y veinte años de etapa solista. Son cuadernos con apuntes y dibujos que me acompañan siempre en los viajes, en su mayoría cuadernos Rivadavia lisos, de tapa dura.

20. ¿Ya estás mentalizado en el próximo disco? 

Ya estoy grabando cosas nuevas, componiendo, probando. Porque no es tan rápido el proceso. El proceso de armado para llegar al sonido final que la gente escucha lleva muchos procesos. Composición, darle forma, maquetar, de una manera, de otra; ver si funciona con los otros temas. Generalmente, estoy muchos meses. En este estuve quince. Es, quizás, el álbum con más diseño que tengo. Empecé sin idea de nada. Sabía que tenía que empezar, que es una manera de trabajar, que la inspiración te agarre trabajando. Parece una frase trillada, pero si la inspiración te agarra haciendo nada, hasta que te pongas a trabajar se te pasó la inspiración. Entonces es permanente el laburo, y en el trabajo mismo vas encontrando la cuestión interesante, te va sorprendiendo la tela.

Daniel Melingo presenta Anda el 6 de octubre en el teatro Maipo.