JUEGOS

DE LA GUERRA VENIMOS Y HACIA LA GUERRA VAMOS

Por John Robertson | Playboy USA

Con el lanzamiento de Call of Duty: Infinite Warfare y de Battlefield 1, el universo de los videojuegos tiene dos nuevas municiones que apuntan a reformular nuestra concepción sobre la guerra animada y, con efecto espejo, sobre la de la vida real. Combates del pasado, del presente y del futuro en dos flamantesperlitas para gamers. 

Te acoplás a un asteroide que orbita peligrosamente cerca del sol. Estás ahí para investigar un asentamiento en la roca, dispuesto para extraer -en el espacio exterior- los recursos que los humanos ya agotaron hace tiempo, conduciendo la Tierra a su extinción. Los residentes del asentamiento no están muy contentos por tu presencia; ya declararon su deseo de independencia de su planeta natal con su deseo insaciable por oro y minerales. Los recursos son tan limitados en ese lugar como lo eran en la Tierra, y obtenerlos es mucho más importante que crear alianzas con otros seres humanos.

Mientras que Call of Duty: Infinite Warfare, lanzado este mes por Activision, está seteado en el futuro, Battlefield 1 -la otra gran novedad del año en materia de juegos de un solo tirador, creada por Electronic Arts- se desarrolla en las trincheras de la Gran Guerra. Ambos títulos exponen las raíces de algunos de los problemas geopolíticos más complejos del presente. ISIS puede sostener la cuestión ideológica en los titulares, pero desde el conflicto sirio a las guerras de las drogas en México, pasando por la disputa en el mar de la China Meridional, el control de los recursos es un eje fundamental: siempre está ahí, al acecho detrás de la retórica y activando la maquinaria bélica. El campo de guerra y la tecnología pueden cambiar, pero la motivación humana raramente lo hace.

Los pilotos de los jets de combate van a apuntar hacia arriba, anuncia el director de la narrativa de Infinite Warfare, Taylor Kurosaki. No están apuntando al cielo; están apuntando más allá de los confines de la atmósfera y nos están diciendo que el próximo escenario de la guerra trasciende a la Tierra. Y concluye: Puedo ver el futuro de Infinite Warfare como uno plausible.

De regreso en suelo terrestre, el petróleo es una preocupación central de Battlefield 1, con un foco particular puesto en los límites nacionales que implican la abundancia del recurso para algunos y su inexistencia para otros.

 

La Primera Guerra Mundial no se peleó solo en las trincheras asegura Lars Gustavsson, el director de diseño del juego-. Tratamos de retratar diferentes locaciones: las esperadas, a lo largo del Frente Occidental, pero también los Alpes italianos y la batalla por el petróleo en el Medio Oriente. La construcción de acorazados por parte del Imperio Británico significó que de pronto hubiera una necesidad de petróleo para alimentar las máquinas de guerra. Y eso desembocó en quelos británicos y el Imperio Otomano se enfrentaran.

Battlefield 1 muestra cómo la creación de vehículos y armas dependientes del petróleo signaron el final del calvario de la caballería y de la artillería operada por hombres. Si montaras un caballo que luego fuera derribado por un tanque o te dispusieras a contemplar la trayectoria de una granada bien lanzada, experimentarías la sensación de inutilidad de los ejércitos que todavía estaban sujetos a viejos armamentos y, también, esa suerte de excitación narcótica que genera descubrir y usar herramientas avanzadas. En ese entonces, como ahora, aquellos que tenían el control sobre los recursos para crear nuevas tecnologías dominaban el campo de batalla y, por extensión, el mundo.

Dejando de lado la política, ambos juegos tienen sus highlights: Infinite Warfare entrega impresionantes jugadas preparadas en conjunto con el manejo de armas en gravedad cero, mientras que Battlefield 1 tiene una enorme variedad de opciones de combate. Los gamers discutirán cuál puede consagrarse como el rey del género, pero lo cierto es que estos juegos mejoran si son consumidos en simultáneo. Si querés una postal vívida del mundo actual, una explicación de cómo llegamos hasta acá y a dónde, quizás, llegaremos en un futuro, este es un buen punto de partida.