20 PREGUNTAS

DEBORAH DE CORRAL

Por Alejandro Lingenti | Fotos por Ivn Belustegui

Desde su salto a la fama con El Rayo, donde impuso un estilo emblemático de los años 90, nunca dejó de marcar tendencia. Luego desacar su segundo disco, Piel, y convertida en una referente de la gastronomía televisiva, Deborah nos cuenta su vida.

 

Si hay algo que a Deborah De Corral le ha sobrado siempre es decisión. Cuando tenía apenas 16 años, despegó de su casa a bordo de una incipiente carrera de modelo que ella identifica hoy como el puntapié inicial de un desarrollo profesional que la fue transformando en una auténtica todoterreno. En el farragoso mundo de la televisión, primero ganó fama como la joven conductora fashion, inquieta y atrevida de El Rayo, el hiperkinético ciclo producido por Mario Pergolini y Diego Guebel que salió al cruce de la rigidez de los magazines de esa época, y más tarde se reconvirtió como especialista en asuntos culinarios, primero en el canal de cable El Gourmet, con Algo de mí, y ahora mismo con Fuego, placeres terrenales, emitido por Telefe. En el no menos complicado mundo de la música, viene forjando su propio camino desde 2011, cuando editó su álbum debut como solista, Nunca o una eternidad, después de una experiencia conjunta con Charly Alberti que tuvo como resultado un disco poco conocido (Plum, de 1995) y una ruptura amorosa que, según el baterista de Soda Stereo, estuvo íntimamente relacionada con el alto estrés que implicó producirlo. Después, Deborah también aportó coros en un disco de Gustavo Cerati y formó una banda llamada Imperfectos, con Ezequiel Araujo. Y ahora acaba de lanzar su segundo álbum, Piel, grabado en Los Ángeles y nacido, cuenta ella, de una serie de experimentos más bien elementales con sintetizadores que se fue agenciando en los últimos años. Una persona decidida suele tenerse confianza. Y De Corral cree con firmeza en sus nuevas canciones. Dice, notoriamente convencida, que ha evolucionado y que su nuevo repertorio es una prueba evidente de ese paso adelante: Le dediqué mucho tiempo a la música, y eso obviamente ayuda. Mi voz está mucho mejor, por ejemplo -señala-. Aproveché que en Estados Unidos hay muy buenos maestros y corregí un montón de cosas cuando canto. A medida que te autoafirmás, que creés más en vos, vas avanzando más rápido. Y con este disco me está pasando eso: estoy feliz con los temas que compuse, con la voz, con los arreglos, con la producción. Me gusta mucho cómo quedó todo. Andariega por naturaleza, se ha asentado en Miami con su pareja, un argentino que vive hace mucho en los Estados Unidos, pero también pasa parte del año en Chile y parte en Argentina. Su lugar preferido, sin embargo, es México: Me gusta mucho -explica-. No necesariamente el DF, que puede ser un poco denso, pero México me parece, en líneas generales, un lugar muy especial del mundo. Por muchas razones: la cocina, la geografía, la energía de la gente... Es un país al que siempre quiero volver. Es como ese plato que siempre querés volver a comer. Me gustan Oaxaca, la costa del Pacífico, la del Atlántico, Chiapas... Amo México como a ningún otro lugar de los que conozco. En términos musicales, su favoritismo ancla mucho más lejos, en la frialdad de un país nórdico, Islandia, la tierra de Bjrk: Si tengo que pensar en un disco que me dejó una marca imborrable, elijo Debut. No necesariamente porque me parezca el mejor disco de la historia, pero sí por la importancia que tuvo para mí. Me marcó el rumbo. No me refiero a lo estilístico, porque está claro que mi música es muy diferente, pero me generó una apertura mental impresionante, me hizo creer que todo era posible. La primera vez que lo escuché dije Guau, ¿qué coño es esto? ¡Qué lindo! ¡Qué genial!. Me mató. Y lo que se viene tiene que ver, al menos en términos territoriales, con un mapa mucho más conocido: el objetivo central de Deborah en este 2017 es recorrer la Argentina con las canciones de Piel en la valija. Probar suerte una vez más, como a los 16, sin mucha red y con la decisión -de nuevo, bien afirmada- como principal fortaleza.

 

1. ¿Cuál fue tu primer contacto importante con la música? 

Cantar en el coro del colegio. Definitivamente. Ahí me di cuenta de que no sólo cantaba bien y era afinada, sino también de que me querían en un grupo y servía para algo. Toda una revelación, porque yo empecé cantando sola frente al espejo, como cualquier nena. Todas las nenas en algún momento quieren ser cantantes o actrices. Después hay que ver... Iba a una escuela privada de San Fernando, en donde nací y me crié.

2. ¿Tuviste una infancia feliz? 

Sí, totalmente. Muy feliz. No hubo demasiados exabruptos en mi niñez. Era una chica bastante nerd y tímida, pero alegre. Me iba muy bien en el colegio y tenía un buen grupo de amigas y amigos, porque era un colegio privado pero mixto por suerte, nada de esas boludeces católicas de los nenes con los nenes y las nenas con las nenas.

3. ¿Por qué te fuiste tan joven de tu casa? 

Por inquieta, supongo.

4. ¿Tenés buena relación con tu familia? 

Súper buena. Ahora somos una especie de matriarcado: quedamos todas minas. No nos vemos tanto porque yo ando de un lado para el otro, pero nos llevamos bien y nos queremos mucho. Mi madre me crió como un ser independiente, lo cual agradezco, aunque ella ahora quiás esté puteando porque no la llamo tan seguido. Pero bueno, si me criaste asi, ¡jodete! (risas). Somos afectuosos y muy unidos, pero no somos los Campanelli.

5. ¿Con tu viejo cómo te llevabas? 

Supe poco y nada de él. Murió en la década del 90. Pero él nunca tuvo mucho interés en mí y, por ende, yo tampoco en él. No es nada muy dramático para mí. No es que me enrosqué y me agarró la locura de odiar a todos los hombres por eso. Mi vieja hizo mucho para que pudiera evitar eso y para que no sufriera con ese vacío. Y a partir de esa experiencia empecé a cortar muy pronto con lo que me hace mal. No duro mucho peleada con alguien, por más mal que me haya hecho. En todo caso, lo ignoro. Cargarse con mala energía no sirve para nada. Pero tengo habilidad para cortar las malas energías. Tanto las propias como las de los demás.

6. ¿Qué es lo que valorás especialmente en un hombre? 

Que sea hombre, que sea buen pibe, que se la banque, que esté bien parado. Prefiero ser sincera y no zafar diciendo: la buena onda, el sentido del humor, o cosas de ese tipo, que son lugares comunes. Eso me gusta, obvio. Pero para eso tengo a mis amigos.

7. ¿Qué cosas te enojan y cómo sos cuando estás enojada? 

Si no me conocés, por ahí no notás que estoy enojada. Soy más bien fría y distante. De alguna manera, diría que muy zen. Yo evito la confrontación, incluso al punto de considerarme un poco cagona. Normalmente estoy de muy buen humor, me río, me muevo... Así que si me ves quieta, cuidate (ríe). Y lo que me enoja mucho es poco. La indolencia me ofusca particularmente.

8. ¿Sos más planificadora y cerebral o más intuitiva? 

Un poco las dos cosas. Depende de la situación. Mantengo un cierto equilibrio.

9. ¿Te considerás ingenua? 

No me considero una persona ingenua. De niña, obviamente sí. Pero hoy ya no. Sí espero siempre lo mejor de los demás y soy bienintencionada. Soy alegre, para nada pesimista o paranoica. Pero ingenua, no.

10. ¿Te interesa el feminismo? 

No especialmente. Me considero una mujer fuerte, libre e independiente. Obviamente que acuerdo con muchos de los preceptos del feminismo, pero no comulgo con toda otra parte, sobre todo con la más combativa.

 

11. ¿Cómo creés que sos como amiga? 

Soy muy leal. Y muy presente cuando hace falta. No soy tan fan de la vida social, soy más bien solitaria, así que no soy la amiga con la que vas a tomar un café o con la que salís de joda todo el tiempo. Pero si me necesitás, no importa lo que esté haciendo, yo suelto todo y estoy. Esa es la clase de amiga que soy.

12. ¿Pensás en la vejez?  

No puntualmente. Indirectamente sí, todo el tiempo. Es la carrera contra los años, contra la muerte, que está presente en todos nuestros actos. Siento que hay que hacer todo muy velozmente porque el tiempo es tirano y pasa cada vez más rápido. Un poco por cómo vivimos hoy y otro poco porque efectivamente, a medida que sos más grande, todo se acelera. Yo no lo creía cuando era más chica y escuchaba a la gente grande que me lo decía, pero lamento informarles a los jóvenes que es la pura verdad.

13. ¿Qué es lo primero que ponés en el bolso cuando salís de viaje? 

Se me ocurren cosas muy básicas. Bombachas, por ejemplo (ríe). Soy bastante práctica para viajar, no llevo muchas boludeces. En todo caso, encuentro cosas cuando estoy de viaje, pero no salgo con el bolso cargado.

14. ¿Estás muy pendiente del look? 

Solo cuando trabajo. Y muy a regañadientes.

15. ¿Extrañás algo de la vida de modelo? ¿Es tan superficial como se dice? 

No, ni en pedo. ¡Qué fiaca todo eso! Igual ya lo dejé hace mucho. Picoteo cada tanto, si aparece una campaña que me me divierte, pero no mucho, la verdad. Ya lo veo como una paja total. Respecto a la superficialidad, creo que hay de todo. En líneas generales, sí. Es un ambiente bastante bobo. Imagen y comercio... Pero las excepciones no son pocas. Es un mundo que en algún momento me hinchó las pelotas. Por suerte tuve la posibilidad de diversificarme y hacer otras cosas. También admito que tengo mucho que agradecerle al modelaje porque fue mi trampolín para hacer otras cosas, ojo.

16. ¿Tenés una comida favorita? 

Ésta es muy difícil... Como si me preguntaran por una banda o un disco favoritos. Durante mi infancia, milanesa napolitana. Con fritas, por supuesto. Y ahora, los tacos. Me gusta mucho la comida mexicana.

17. ¿Cuál es el plato que mejor te sale? 

Me sale bastante bien todo lo que cocino.

18. ¿Te gusta el alcohol? 

Me gusta, pero no me fascina. No tomo todos los días de la semana. Tomo vino en las comidas, eso sí. Pero no tomo bebidas blancas, ni siquiera cuando salgo.

19. ¿Tuviste buenas o malas experiencias con las drogas? 

Primero quiero decir que estoy a favor del consumo controlado. Me parece que la marihuana es relativamente inofensiva, siempre y cuando no sea un hábito constante que te transforme en un lumpen de la vida. Pero ayuda a relajar nervios y ansiedades, e incluso calma algunos dolores físicos. Por lo demás, creo que depende de cada uno. Hay algunas drogas que enfatizan los peores costados de nuestra personalidad, así que obviamente lo mejor es evitarlas por completo. Pero otras ayudan a la apertura espiritual o emocional. Hablo de las más naturales, como los hongos. No soy muy fan de lo sintético. Soy más del flower power, digamos. Y como buena chica de los 90, probé prácticamente todo, sería una idiotez negarlo. Pero bueno, una va descartando (ríe).

20. Volvamos a temas profesionales. ¿Pensás en poner tu propio restaurante? 

No por ahora. Todos los amigos que tienen un resturante me dicen que no lo haga. Y sé que es un consejo genuino, porque es un rubro muy sacrificado. Y si bien yo soy trabajadora, prefiero mantener el polirrubro y tomarme mis tiempos de descanso. Es más: el polirrubro y el tiempo de descanso son dos de los pilares de mi existencia.