TECH

DESBORDE CELULAR

Por Ricardo Sametband

La batalla entre el tamaño de la pantalla (¿cómo la hacemos más grande?) y el del dispositivo (¿cómo lo hacemos más pequeño?) está siendo resuelta por los teléfonos sin borde (o edgeless). En la punta de ese camino está el futuro de los smartphones: ¿llegará el día en el que solo portemos una pantalla?

 

El teléfono celular tal como lo conocemos cumple 10 años. Es decir: el smartphone entendido como ese rectángulo negro con bordes de plástico o metal, un diseño que definió el iPhone y que no ha cambiado demasiado desde entonces, más allá del tamaño.

Pero en los últimos dos años se hizo bien evidente un fenómeno que, en rigor, lleva ya un tiempo en proceso: la aparición de teléfonos en los que ese rectángulo negro llega, cuando se ilumina, al borde mismo del equipo. Son pantallas sin marco; sin esa frontera negra que tienen todas las pantallas, sean de teléfono, tableta, televisor o computadora. En estos últimos casos, el plástico que los rodea es el que esconde esa parte de la pantalla que no es pantalla, que no muestra nada; es donde, históricamente, iban los componentes que dan vida al display.

Hoy eso cambió, cortesía de algunas compañías, particularmente Sharp, la histórica firma japonesa que el año pasado fue comprada por Foxconn, el gigante chino que fabrica el iPhone para Apple. En todos los casos se trata de lo mismo: alguien entendió que reducir ese marco, ese borde negro, hasta eliminarlo casi por completo, permitía insertar una pantalla más grande en un espacio de igual tamaño.

Volvamos al iPhone original: tenía una pantalla de 3,5 pulgadas, que hoy resulta simpática por lo pequeña; muchos teléfonos tienen hoy una pantalla que tiene casi el doble de tamaño. Y entre estos equipos se destacan tres, que son la cabeza de lanza de algo que veremos con mucha mayor frecuencia en los próximos años, y que busca lograr que el frente del teléfono sea solo pantalla, y nada más; de hecho, sobre estos dispositivos se hace un cálculo de qué porcentaje del frente del teléfono es pantalla, y cuánto se desperdicia en otros elementos: un marco de color, el sensor de huellas dactilares, la cámara frontal, etcétera.

En el caso del bellísimo Xiaomi Mi Mix, por ejemplo, la pantalla ocupa el 84 % del frente; apenas si hay un marco (2 mm) y deja solo una zona en la base para la cámara frontal, el apoyo de la mano y parte de los circuitos. El resultado: una pantalla de 6,4 pulgadas en un equipo que tiene un volumen similar al de un iPhone 7 Plus (con pantalla de 5,5 pulgadas; ocupa el 67 % del frente del teléfono).

LG y Samsung van por una vía similar, pero con un diseño más tradicional, que deja dos bordes mínimos en el extremo superior e inferior y una pantalla enorme en el medio. Así son el LG G6 y el Samsung Galaxy S8, con pantallas de 5,7 y 5,8 en cuerpos que tienen el mismo tamaño que los modelos anteriores (LG G5 y Galaxy S7, que tienen pantallas notoriamente más pequeñas). La idea es la misma: más contenido en el mismo espacio.

Pero esto no está limitado a los teléfonos. Dell, por ejemplo, tiene su nueva línea de notebooks XPS 15 con un concepto similar: usar una pantalla de 15,6 pulgadas en una computadora portátil del tamaño de una de 14, gracias a un panel que casi no tiene marco. En febrero de este año Philips (como antes Acer, HP, Lenovo y ViewSonic, entre otros) presentó un monitor para PC que casi no tiene bordes: el 245C7QJSB ofrece 24 pulgadas de tamaño y un marco de 2,4 mm. Junto con los avances en tecnología para hacer las pantallas más delgadas y flexibles, la apuesta última es lograr algo que termine pareciéndose a una foto impresa: delgado, flexible, con información hasta el borde mismo. Pero animado, interactivo, de altísima resolución. Es el futuro, pero no está tan lejano.