ARCHIVO: DONALD TRUMP

DONALD TRUMP, EL CANDIDATO QUE CORRE POR DERECHA A LA FAMILIA BUSH

Por Glenn Plaskin | Fotos Randy ORourke

En 1990, el multimillonario que hoy gasta millones en su campaña para presidente de los Estados Unidos no tenía ningún interés en sentarse a dirigir la Casa Blanca. Para Trump, el poder estaba en otro lado. Un año antes, su principal referente político, el presidente Ronald Reagan, había sido sucedido en el cargo por su vice, George Bush padre. Con la caída del muro de Berlín, el capitalismo experimentaba en aquel momento otra de sus grandes olas de expansión. Y el mundo se globalizaba al mismo ritmo que firmaba las bases y condiciones de la sociedad de consumo. Japón inundaba el mercado norteamericano con sus autos compactos, y Gorbachov convencía a sus camaradas del partido Comunista que la historia ya había terminado. Donald Trump surfeó esa ola como nadie y supo convertirse en un héroe de la clase capitalista. A los 43 años ya había diversificado su negocio inmobiliario en distintas ramas y territorios, ya había coescrito su primer bestseller y ya había hecho de su nombre una marca tan escandalosa como seductora.

Hoy, Donald Trump es uno de los principales candidatos a suceder a Barack Obama en la Oficina oval. Sus expresiones sobre la inmigración y la población latina, además de sus opiniones sobre la pena de muerte, las minorías sexuales, la situación en Medio Oriente, y otros puntos más, son preocupantes. Con solo imaginar que, de ser presidente, amurallaría la frontera con México, se puede tener una idea. Donald Trump parece haberse convertido en una caricatura de lo peor de los Estados Unidos. Por eso conviene rastrear en sus ideas, sus obsesiones, su historia.

En esta amable -pero punzante, y hasta irónica- conversación, dice la publicación de marzo de 1990, el multimillonario más llamativo de la década de los 80 habla sobre el arte de negociar, la autopromoción, algunos temas mundiales y cuánto es suficiente.

 

No ha dormido en 48 horas. A las seis de la mañana, posando en lo alto de la joya revestida en bronce de su imperio, la Torre Trump, está inclinado sobre un escritorio de jacarandá brasilero enorme, escudriñando hojas de cálculo.

Sin insomnio, sin preocupaciones constantes.

Las presiones, presume, mientras toma una Coca helada, no alteran mi sueño, un promedio de cuatro horas por noche. Me gusta lanzar bolas al aire, y duermo como un bebé. Tres horas más tarde, el mariscal rubio anuncia, con su desparpajo natural, su oferta de siete mil millones y medio de dólares paracomprasla aerolínea principal de la nación, American. Con la solidez de su oferta de 120 dólares por acción, el valor de la acción subió de 16 a 99 dólares. El multimillonario de 43 años de edad sonríe ampliamente, y aguarda a que las acciones que ya poseía en American, aumenten su valor.

Una semana después, cuando el mercado cae 190 puntos, él retira su oferta, quizás de manera temporal. Y a pesar de los informes que insinúan que su incursión era solo cartón pintado, un ardid para agitar sus acciones, Trump mira al vacío: No. Lo quiero.

Así es. Si es lo mejor y está a la venta, el estómago de Donald Trump comienza a gruñir.

El mismo estómago que capturó el yate chapado en oro y ónix del financiero saudí en problemas Adnan Khashoggi, por apenas 29.000.000 de dólares, y que ahora vale 100.000.000 de dólares. Después compróel Easter Shuttle por 365.000.000 de dólares y lo transformó de la noche a la mañana en el Trump Shuttle, con cabinas confortables y azafatas usando lana virgen y perlas.

Un año antes, había compradoel Hotel Plaza por 400.000.000 de dólares y ahora lo está restaurando amorosamente sin cambiarle el nombre. Las mejoras serán supervisadas por la señora checa del reino Trump, Ivana, una exesquiadora olímpica y modelo.

En casa, Ivana preside el triplex de la Torre Trump de más de 100 habitaciones, que hasta hace poco tenía 50 (Más espacio en el placar, bromea ella). Trump, orgulloso del cuarto de mármol color salmón de la Torre Trump, dice: Comprétoda la maldita montaña! Nunca se ha visto ese color. Ivana lo sugirió porque hace que las personas se vean mejor.

La pareja también posee una casa de campo, de 47 habitaciones y un terreno de 4 hectáreas en Greenwich, Connecticut, y la bien publicitada propiedad de 118 habitaciones Mar-a-Lago de Marjorie Merriweather Post en Palm Beach. El tiempo de viaje, que dificultaba el descanso de la familia, pudieron agilizarlo con un jet 727 y un helicóptero militar Puma hecho en Francia.

Tanta ostentación, a pesar de un catálogo de caridades y buenas acciones destinadas a niños enfermos, previsiblemente ha dado lugar a un gran número de francotiradores. La revista Spy, la publicación mensual de rumores de Nueva York, alegremente lleva a cabo una venganza contra los Trump, comparándolos con los monstruos que concibió Charles Dickens. Time publicó en tapa un artículo sobre la decadencia de Atlantic City e inculpó a Trump por ayudar a crear una ciudad plagada de delitos. En el lado noroeste de la ciudad, las personas de Manhattan lo atacan por su deseo de construir un enorme complejo, Trump City, con un rascacielos de 150 pisos; un colaborador cercano del alcalde Ed Koch llama a Trump el más arrogante HdP que alguna vez haya pisado la tierra.

Cosas que pasan. Ser joven, rubio y multimillonario.

El emprendedor más abrumador desde los Astors, Vanderbilts y Whitneys, Donald Trump, ha hecho que su arte del acuerdo funcione no solo para hacer dinerosino también para aplastar adversarios.

Ejemplo: Merv Griffin. Diez meses después de que Griffin compróla compañía Resorts International de Trump por 365.000.000 de dólares, por la que Trump había pagado 101.000.000 de dólares el año anterior, se encontró con una papa caliente. No solo había heredado una deuda del casino del hotel de 925.000.000 de dólares sino que tuvo que informar de manera vergonzosa las primeras pérdidas por 46.000.000 de dólares. Ahora se habla de una posible bancarrota y un posible juicio contra Trump.

Mirando más allá de la apertura de su Taj Mahal de mil millones de dólares en Atlantic City el próximo mes, Trump tiene mucho que considerar. Existen rumores de que construirá casinos en Nevada y de que comprará Tiffany, la cadena NBC, el Daily News de Nueva York o el Hotel Waldorf(Tengo que tener el Waldorf, murmura en el teléfono. No puedo dormir sin él.) ¿Y la Presidencia? No, eso implica una elección, y está claro que Trump no es tan paciente. ¡Demasiado para hacer!

El joven de los miles de millones de dólares nació en el exclusivo vecindario de Jamaica Estates, en Queens, Nueva York, el 14 de junio de 1946. Hijo de un apenas millonario constructor, Fred Trump, quien había acumulado su fortuna de 20.000.000 de dólares construyendo casas y departamentos de bajo y mediano costo en Brooklyn y Queens.

Entre los cinco pequeños Trumps, solo Donald parecía tener pasión por los ladrillos, yendo a las construcciones con su padre (quien nos dirigía a todos nosotros con una voluntad de acero) y mostrándole a su hermano menor, Robert, ahora un V.P de bajo perfil en la organización Trump, quién era el jefe en esa casa de 23 habitaciones.

A la edad de ocho años, el pequeño Donald le pidió prestados a Robert sus preciados bloques de juguetes, los pegó convirtiéndolos en un gigantesco rascacielos y nunca se los devolvió.

Su padre, que insistía en la importancia de saber cómo hacer dinero, consideraba a Donald duro y salvaje. Lo envió a la Academia Militar de Nueva York en Cornwall-on-Hudson y, algunos dicen, le infundió para siempre un sentido constante de insuficiencia que alimentó la ambición del chico. Siguieron dos años en Fordham y dos años en la Universidad de Pennsylvania, la Wharton School of Finance, y luego trabajó unos pocos años con viviendas para clase media. Hasta que a los 28 años, Trump dio el golpe que lo catapultó. Observando los números tambaleantes de Manhattan, se aferró a la bancarrota de la compañía ferroviaria Penn Central como su boleto a los buenos tiempos. Con habilidad, escogió opciones para los terrenos del ferrocarril sobre el río Hudson, ahora el sitio del Centro de Convenciones de Nueva York, y de su Hotel Commodorede 59 años, ahora el Grand Hyatt.

El golpe maestro fue persuadir a los banqueros para que le prestaran 80.000.000 de dólares y hablar con los políticos para que le otorgasen una reducción de 120.000.000 de dólares en los impuestos. Persuasión, publicidad y desparpajo han definido el estilo Trump, unido a una técnica de dirección meticulosa.

En 1979, a la edad de 33 años, le sacó de las manos al viejo Bonwit Teller el sitio de la Quinta avenida por 20.000.000 de dólares, y ganó 140.000.000 de dólares en reducción de impuestos. Tres años más tarde, terminó la Torre Trump, una asombrosa construcción de 68 pisos que hoy atrae a 100.000 visitantes por día, y cuenta con residentes como Johnny Carson y Steven Spielberg.

Habiendo amasado una fortuna que su padre jamás soñó (cuenta con una reserva de efectivo de 900.000.000 de dólares; un géiser de 50.000.000 de dólares por semana que proviene de sus hoteles-casinos y activos que se cree ascienden a 3.7 mil millones de dólares), Trump pronto se sintió tan fascinado por crear mística como por crear dinero. Así nació su libro Trump: The Art of the Deal, escrito con Tony Schwartz, el cual se mantuvo en el puesto número uno de la lista de los más vendidos del New York Times más tiempo que cualquier otro libro de negocios desde Iacocca. Y así también nacieron su juego de mesa llamado, sí, adivinaron, Trump (resultó ser un fracaso); su próximo programa de TV, adivinaron de nuevo, Trump Card; y la carrera de bicicletas denominada Tour de Trump, la cual, como él señala, seguramente le gana a su antiguo nombre, Tour de Jersey.

La visión es mi mejor activo, dice sin una pizca de modestia. Yo sé lo que vende y sé lo que la gente quiere.

A lo largo del camino, Trump incluso encontró tiempo para asistir a los juegos Olímpicos de Montreal de 1976, casarse con su pareja, Ivana Zelnicek (quien se ha dedicado a nunca parecer mayor de 29 años), y producir sus pequeños Trumps, Donald Jr. de 12, Ivanka, ocho, y Eric, seis.

A pesar de la buena fortuna que parece haber dirigido los movimientos de los negocios de Trump, él y su familia no han escapado al lado más oscuro de la vida. Mientras sus hermanas Maryanne, jueza federal en Nueva Jersey, y Elizabeth, asistente administrativa de Chase Manhattan, ya han encontrado sus nichos, el hermano más grande de Trump, Fred, que odiaba el negocio de los bienes raíces, se convirtió en piloto aeronáutico, se dio a la bebida y murió alcohólico en 1981 a la edad de 43 años. Yo trabajo, no me preocupo y me protejo tan bien como cualquiera puede hacerlo. Pero al final, todos terminamos yendo a pasturas más verdes, espero, dice hoy.

Para revisar sus posturas actuales, enviamos al entrevistador estrella del Daily News de Nueva York Glenn Plaskin a hablar con él. Esta entrevista había estado ya en proceso por mucho tiempo, incluyendo dos comienzos anteriores. Pero Plaskin finalmente logró que Trump se sentara varias veces con él, en un período de 16 semanas aproximadamente. Su informe:

En nuestra primera sesión en la Torre Trump, después de haber sido registrados visualmente por una tropa de guardaespaldas altos, entré en el santuario. Allí estaba Donald Trump, como estaría en la mayoría de nuestros encuentros, desplomado detrás de su escritorio color canela, sentado un poco hacia abajo en la silla, cortando sus uñas. `Pienso mejor de esta manera, dijo con cara de póquer.

Con el correr de las semanas, descubrí que me gustaba perforar esos ojos caídos con cambios rápidos de tema, buscando la sorpresa. A menudo él me eludía con respuestas ensayadas, pero pasamos suficiente tiempo juntos como para entrar en territorio nuevo. Cuando le pregunté por su postura frente al aborto, frunció el ceño, hizo una mueca y me pidió que apagara el grabador. Él en realidad no tenía una opinión, ¿cuál era la mía? Ese fue un momento muy humano.

 

Siempre ha habido exhibición de la riqueza y siempre habrá, hasta que llegue la depresión, algo que siempre sucede. Y, dejame decir, la exhibición es algo bueno. Les muestra a las personas que se puede ser exitoso.

 

Para supervisar su oficina como si fuera un show de vaudeville bien administrado, su asistente ejecutiva Norma Foerderer entraba con otra tapa de revista enmarcada en dorado para colgar en la pared, o con una cheesecake. Trump respondería las llamadas durante nuestra entrevista, nunca por más de unos minutos, que invariablemente terminaban con: `Está bien, sos la/el mejor. Luego, su secretaria Rhona Graff entraba, cargando pequeños papelitos amarillos que anunciaban las llamadas que aguardaban: el financista Adnan Khashoggi preguntando si podían almorzar; un ejecutivo de un hotel negociando para vender otro gran hotel Para cuando llamó la Duquesa Fergie para pedirle prestado su nuevo helicóptero y Don Johnson para pedir su yate, yo ya estaba mareado.

Para escapar de todo eso, comenzamos nuestra primera sesión sobrevolando el East River en un helicóptero Dark Vader, de cobalto. Donald Trump estaba atado con cuero gris topo, mostrando su imperio debajo.

Playboy: No se te conoce por ser tímido para promocionarte; comencemos jugando un juego. La Torre Trump es ________? 

Trump: El edificio residencial más fino del mundo.

Playboy: El Taj Mahal en Atlantic City va a ser ___________? 

Trump: El hotel-casino más espectacular del mundo.

Playboy: Y Trump Shuttle será ___________? 

Trump: Fácilmente el servicio número uno de Washington a Boston.

Playboy: Tus ventas de departamentos son ______________? 

Trump: Las mejores. La Torre Trump y Trump Parc tienen el setenta por ciento de las mejores ventas por metro cuadrado en Nueva York.

Playboy: ¿Por qué? 

Trump: Simple. Las personas saben que están entrando en un edificio en donde no se malgasta, en donde el nivel de los materiales y las terminaciones serán los mejores, en donde la ubicación será la mejor. Muchos inversores europeos y japoneses literalmente les ordenan a sus subordinados que compren departamentos sólo en edificios Trump. Un inversor japonés me pagó veinte millones de dólares por siete departamentos que está uniendo en uno solo.

 

Me gusta la historia del hijo del minero. El minero se enferma de los pulmones, su hijo también y después su hijo. Si yo fuera el hijo del minero, dejo las malditas minas. Pero la mayoría de las personas no tienen imaginación para dejar su mina. No tienen eso.

 

Playboy: Está bien. Pero ahora estamos comenzando una nueva década. ¿Qué respondés cuando la gente te llama ostentoso, egocéntrico y símbolo codicioso de la década de los años ochenta? 

Trump: Es poco probable que yo les agrade a los hombres ricos, pero al hombre trabajador le agrado porque sabe que trabajé duro y no heredé lo que he construido. Me hice a mí mismo; tengo el derecho de hacer lo que quiera con eso.

Playboy: Con tanta pobreza en las calles, ¿no te averguenza alardear con tu fortuna? 

Trump: Siempre ha habido una exhibición de la riqueza y siempre habrá, hasta que llegue la depresión, cosa que también siempre sucede. Y dejame decirte, la exhibición es algo bueno. Les muestra a las personas que se puede ser exitoso. Te puede mostrar una forma de vida. Dinastía lo hizo en la televisión. Es importante que las personas aspiren a ser exitosos. La única manera de hacerlo es mirando a alguien que lo sea.

Playboy: Y para vos, sentarte cómodamente en las ciento ochenta habitaciones de tu mansión de Palm Beach 

Trump: La gente entiende que la casa en Florida es un negocio. La uso muy de vez en cuando. Sería feliz en un departamento de una habitación.

Playboy: ¡Vamos! 

Trump: Lo digo en serio; las casas, los aviones y el bote son sólo inversiones.

Playboy: ¿Qué te atrae de toda esa ostentación? 

Trump: Tengo casinos ostentosos porque la gente lo espera. La ostentación funciona en Atlantic City, incluso al Hotel Plaza se le ha devuelto la elegancia original del año 1907. No uso la ostentación en todos los casos. Y en mis edificios residenciales, a veces uso algo, que está un nivel por debajo de la ostentación.

Playboy: Entonces, ¿qué significan realmente el yate, la torre de bronce, los casinos para vos? 

Trump: Utilería para el show.

Playboy: ¿Y qué es el show? 

Trump: El show es Trump y las funciones están agotadas en todas partes. Me he divertido haciéndolo y seguiré divirtiéndome, y pienso que la mayoría de las personas lo disfrutan.

Playboy: ¿Creés que los que te odian están celosos? 

Trump: Pueden sentir lo que sea, pero la gran mayoría cava más profundo.

Playboy: Calvin Klein, que no tiene ni una fracción de tu riqueza, a menudo dice que se siente culpable de la suya. ¿A vos te sucede lo mismo? 

Trump: No es predominante, pero la tengo.

Playboy: No sonás para nada culposo. 

Trump: Tengo un sentimiento de culpa. Vivo bien y me gusta, pero sé que muchas otras personas no viven bien. Tengo conciencia social. Estoy comenzando una fundación; dono mucho dinero y creo que la gente respeta eso. El hecho de que yo haya construido esta empresa por mí mismo, las personas trabajadoras lo respetan; pero a las personas que están en niveles superiores no les gusta. Les gustaría que fuera suya.

Playboy: ¿Te considerás codicioso? 

Trump: No creo que yo sea codicioso. Si lo fuera, no donaría a caridades. Dirijo la Wollman Skating Rink en Nueva York por nada y doné los derechos de mi libro. Doy millones a la caridad cada año.

 

 

 

Playboy: ¿Qué hacés para estar en contacto con tus empleados? 

Trump: Inspecciono la sala de la Torre Trump cada mañana. Entro es perfecta; todo brilla. Bajo y provoco un escándalo en el buen sentido porque quiero que todo esté absolutamente inmaculado. Soy práctico. Me llevo muy bien con los porteros y las mucamas del Plaza y del Grand Hyatt. Algunas personas brillantes me han preguntado por qué hablo con los porteros y las mucamas. No puedo ni siquiera creer la pregunta. Esas son las personas que hacen que esto funcione si yo les agrado, trabajarán mejor y además, pago bien.

Playboy: Perdiste algunos empleados valiosos en un reciente accidente de helicóptero. 

Trump: Sí. Perdí no solo jugadores claves, brillantes para mi empresa sino también verdaderos amigos, y no podía creerlo. Primero, estaba impresionado, llamé a sus esposas, hice que todo siguiera funcionando Mi propio sentido del optimismo y la vida se vio disminuido. Nunca me di cuenta de qué manera las muertes fuera de la familia pueden tener un efecto tan profundo en mí.

Playboy: ¿Qué pensás de la gente rica en general? 

Trump: Las personas ricas son grandes sobrevivientes y, por naturaleza, caen en dos categorías: aquellos que han heredado y aquellos que han construido. Aquellos que han heredado y han decidido no hacer nada por lo general son muy tímidos, temerosos de perder lo que tienen, y ¿quién puede culparlos? Otros toman riesgos y producen mucho más o van a la quiebra.

Playboy: ¿Qué clase de satisfacción sentís después de hacer un trato? 

Trump: Me encanta el proceso creativo. Hago lo que hago por puro disfrute. Nadie lo hace mejor. Hay belleza al hacer un gran trato. Es mi tela. Y a mí me gusta pintarla. Me gusta contar la historia del hijo del minero. El minero se enferma de los pulmones, su hijo también y después el hijo de su hijo. Si yo hubiera sido el hijo del minero, habría dejado las malditas minas. Pero la mayoría de las personas no tienen imaginación, o lo que sea, para dejar su mina. No tienen eso.

Playboy: ¿Qué es eso? 

Trump: Eso es la habilidad para convertirte en un emprendedor, un gran atleta, un gran escritor. O naciste con eso o no. La habilidad puede ser pulida, perfeccionada o ignorada. El día en que Jack Nicklaus vino a este mundo, tenía más habilidad innata para jugar al golf que cualquier otra persona.

Playboy: Obviamente tenés mucha confianza en vos mismo, ¿cuán lejos estás dispuesto a llevar a tus adversarios en una negociación? 

Trump: Demandaré cualquier cosa que pueda obtener. Cuando uno está haciendo un negocio, lleva a las personas al punto de quebrarlas sin que se quiebren, al máximo punto que sus cabezas pueden soportar, sin quebrarlos. Ese es el signo de un buen empresario: alguien más los llevaría quince pasos más allá de su punto de quiebre.

Playboy: ¿Qué pasa si tu presión resulta en la pérdida del negocio? 

Trump: Entonces lo empujé demasiado lejos. Habré cometido un error. Pero yo no lo hago. Yo presiono hasta el máximo de lo que esa persona puede soportar y obtengo un mejor trato que él.

Playboy: Cuando crecías en Queens, tu papá era un duro supervisor. Se ha dicho que tu papá te infundió un gran sentido de la insuficiencia. ¿Es verdad? 

Trump: Eso es ciento por ciento erróneo. Siempre fui aceptado por mi padre. Él adoraba a Donald Trump y siempre lo he sabido. Pero sí quería probarles a mi padre y a otras personas que yo tenía la habilidad de ser exitoso por mi cuenta.

Playboy: A menudo has dicho que tu padre te hizo trabajar cuando eras adolescente y te enseñó el valor del dinero. 

Trump: Mi padre nunca me hizo trabajar. Me gustaba trabajar durante el verano. No entiendo a estos adolescentes que se sientan en casa y miran televisión todo el día. ¿Dónde está el apetito por la competencia? El trabajo estaba en mis genes.

Playboy: Aún así, tu papá fue un duro hijo de puta, ¿no es cierto? 

Trump: Él era un padre fuerte, estricto, un tipo al que no le gustaban las tonterías, pero nunca me pegó. No era lo que nos decía, tampoco. Él gobernaba a través de la conducta, no de la espada. Y él nunca me asustó o me intimidó.

Playboy: Para tu hermano más grande, Fred, que murió de una falla al corazón debido al alcoholismo, fue más difícil con tu padre, ¿no es cierto? 

Trump: Un mismo medio ambiente tendrá distintos efectos en distintos niños. Nuestro ambiente familiar, la competencia, era negativa para Fred. No fue fácil para él crecer en un ambiente tan duro, y yo creo que eso causó estragos en él. Yo era muy cercano a él y fue muy triste cuando murió la situación más dura que he vivido

Playboy: ¿Qué aprendiste de esa experiencia? 

Trump: [Hace una pausa] Nadie me había preguntado eso antes. Pero su muerte afectó todo lo que vino después constantemente pienso que nunca le agradecí realmente. Él fue el primer Trump varón, y yo inconscientemente observaba sus movimientos.

Playboy: ¿Y la lección? 

Trump: Vi a personas tomar ventaja de Fred y la lección que aprendí fue siempre mantener la guardia al ciento por ciento. Él no lo hizo. Él no sentía que había una razón para eso, lo cual es un error fatal en la vida. La gente es demasiado confiada. Y yo soy muy desconfiado. Estudio mucho a las personas todo el tiempo, automáticamente; esa es mi forma de vida, para mejor o peor.

Playboy: ¿Por qué? 

Trump: Soy muy escéptico sobre las personas; eso se llama autopreservación en el trabajo. Disfruto de hacerles pruebas a mis amigos Todo en la vida para mí es un juego psicológico, una serie de desafíos que uno enfrenta o no. Siempre estoy probando a las personas que trabajan para mí.

Playboy: ¿Cómo? 

Trump: Envío gente a mis vendedores para probar su honestidad al ofrecerles viajes y otras cosas. Me he sorprendido de que algunas personas que poco probablemente aceptarían un viaje por parte de un contratista lo hicieran y algunas que probablemente lo harían no lo hicieron. Uno nunca sabe hasta que hace la prueba; el ser humano es interesante en ese sentido. Para mí, la amistad puede realmente ponerse a prueba en los momentos difíciles. Yo instintivamente no confío en mucha gente. No es algo negativo en mi vida sino positivo. Playboy no estaría hablando conmigo hoy si yo no fuera un cínico. Aprendí eso de Fred, y le debo mucho

Playboy: ¿Qué papel juega el ego puro en el momento de hacer un trato y el disfrute de la publicidad? 

Trump: Toda persona exitosa tiene un gran ego.

Playboy: ¿Toda persona exitosa? ¿La Madre Teresa? ¿Jesús? 

Trump: Egos más grandes de lo que podrías entender. No hay nada de malo con el ego. La gente necesita ego, las naciones enteras necesitan ego. Yo creo que nuestro país necesita más ego, porque está siendo engañado por nuestros llamado aliados; es decir, Japón, Alemania Occidental, Arabia Saudita, Corea del Sur, etc. Ellos le han quitado literalmente el ego a este país, porque ellos dirigen la máquina de dinero más grande que existe y todavía está sobre nuestras espaldas. Sus productos son mejores porque tienen demasiado subsidio. Nosotros, los norteamericanos, recibimos burlas de todo el mundo por perder ciento cincuenta mil millones de dólares año tras año por defender naciones ricas por nada, naciones que serían borradas en quince minutos si no fuera por nosotros. Nuestros aliados están ganando millones exprimiéndonos a nosotros.

Playboy: ¿Qué sentís frente a la supremacía de la economía de Japón? 

Trump: Japón recibe casi el setenta por ciento de su petróleo del Golfo Pérsico, depende de que los barcos sean guiados de regreso a casa por nuestros destructores, barcos de batalla, helicópteros y hombres especializados. Los japoneses navegan a casa, en donde usan el petróleo en las fábricas y así pueden dejar fuera de competencia a General Motors, Chrysler y Ford. Están abiertamente perjudicándonos. ¿Por qué no nos pagan? Los japoneses nos engatusan, se inclinan ante nosotros, nos dicen lo grande que somos y después nos roban. Estamos perdiendo cientos de miles de millones de dólares por año mientras ellos se ríen de nuestra estupidez. Los japoneses tienen a sus mejores científicos haciendo automóviles y videograbadoras y nosotros tenemos a nuestros mejores científicos haciendo misiles para poder defendernos de Japón. ¿Por qué no nos reembolsan nuestros gastos? Los americanos recibimos burlas de todo el mundo por defender a naciones ricas que serían borradas en quince minutos si no fuera por nosotros. Nuestros aliados están ganando millones exprimiéndonos.

Playboy: ¿Te oponés a que los japoneses compren propiedades en los Estados Unidos? 

Trump: Tengo un gran respeto por los japoneses y tengo a muchos de ellos en mi lista de amigos. Pero, si uno quiere abrir en negocio en Japón, buena suerte. Es casi imposible. Y los japoneses pueden comprar nuestros edificios, nuestras firmas de Wall Street, y casi nada puede detenerlos. De hecho, hacer una oferta por un edificio en Nueva York es un acto inútil, porque los japoneses van a pagar más de lo que vale sólo para jodernos. Ellos quieren ser los dueños de Manhattan. Les doy mucho crédito a los japoneses y a sus líderes, porque ellos han hecho que nuestros líderes se vean de segunda categoría. Por supuesto, no son sólo los japoneses o los europeos, los árabes, los kuwaitís nos pasan por encima.

Playboy: Has publicado avisos de página completa en muchos de los periódicos más importantes, que no sólo tienen que ver con el comercio exterior de los Estados Unidos sino también haciendo un llamamiento a la pena de muerte. ¿Por qué? 

Trump: Porque detesto ver que este país se vaya al infierno. El mundo entero se burla de nosotros. Para poder recuperar la ley y el orden en nuestras ciudades, necesitamos la pena de muerte y que la policía recupere su autoridad. Recibí cincuenta mil cartas positivas sobre el aviso de la pena de muerte, recibí diez negativas o apenas negativas.

Playboy: ¿Creés en el ojo por ojo? 

Trump: Cuando un hombre o una mujer matan a sangre fría, él o ella deben pagar. Esto pone un ejemplo. Nadie puede argumentar que la pena de muerte no es disuasiva. O se recuperará prontamente o nuestra sociedad va a pudrirse. Y se está pudriendo.

Playboy: Para un hombre que se preocupa tanto por nuestras ciudades derrumbadas, algunos dirían que has hecho poco por la desmoronada Atlantic City, además de extraer cincuenta millones de dólares por semana del bolsillo de los turistas. 

Trump: Los funcionarios elegidos tienen esa responsabilidad. Odiaría pensar que esas personas me culpan a mí por los problemas del mundo. Aun así las personas se me acercan y me dicen: ¿Por qué permitís que haya gente sin hogar en las ciudades? como si yo controlara la situación. Yo no soy alguien que busque un puesto.

Playboy: Esperá. ¿No te parece que con toda tu influencia en Atlantic City vos podrías hacer más para combatir el delito y la corrupción y devolverle algo a la comunidad? 

Trump: Bueno, el delito y la prostitución aumentan, y los gobernantes de Atlantic City tienen muchos problemas con la ley, hay muchos problemas allí, no hay dudas sobre eso. Pero hay muchísimo dinero que se destina a viviendas que salen de las ganancias de los casinos.

Como alguien que dirige hoteles, todo lo que yo puedo hacer, cuando me dedico a eso, es dirigir los mejores lugares, ganar la mayor cantidad de dinero posible, que a su vez sale para pagar impuestos. Yo contribuyo con millones cada año con varias caridades. Finalmente, por ley, no se me permite tener influencia en el Gobierno; pero si se aprobara la legislación que me permitiera involucrarme más, sería feliz de hacerlo. Y si puedo despertar al gobierno de Atlantic City, habré brindado un gran servicio.

Playboy: Te sugirieron construir un hotel de lujo en Moscú hace unos años. ¿Cómo fue tu viaje a Moscú? 

Trump: No fue mucho después de que el avión coreano fuera derribado en Rusia. Ahí estoy yo en mi avión cuando mi piloto anuncia: Ahora estamos volando sobre la Unión Soviética, y yo pienso: ¿Qué mierda estoy haciendo acá? Miro por la ventanilla y veo dos aviones de combate rusos después descubrí que nos estaban guiando. Yo había insistido en llevar dos coroneles rusos conmigo en el avión, me sentí más seguro, y mi piloto no habla muy bien ruso, lo cual es una forma suave de decirlo, y yo no quería problemas con la comunicación por radio.

Playboy: Una vez en Moscú, ¿cómo fueron las negociaciones? 

Trump: Les dije: Muchachos, ustedes tienen un problema de base. En lo que concierne a los inmuebles, es imposible obtener un título de una propiedad rusa, ya que el gobierno es el dueño de todo. ¿Qué tipo de financiamiento van a conseguir ustedes para una construcción en la que la tierra le pertenece a la madre patria?

Ellos me dijeron: No hay problema, Sr. Trump. Vamos a conseguir acuerdos de usufructo. Yo dije: Yo quiero posesión, no usufructo. Se les ocurrió una solución: Sr. Trump, nosotros conformamos un comité con diez personas, de las cuales siete son rusas y tres son sus representantes, y todos los problemas serán resueltos de esta manera. Me dije a mí mismo: Mierda, siete a tres, ¿estamos lidiando con el mundo de las fantasías acá?.

Playboy: ¿Qué otras impresiones te causó la Unión Soviética? 

Trump: No me impresionó demasiado. Su sistema es un desastre. Lo que se ve allí pronto es una revolución; los signos están en todas partes con demostraciones y piquetes. Rusia está fuera de control y sus líderes lo saben. Ese es mi problema con Gorbachov. No tiene una mano lo suficientemente dura.

Playboy: ¿Querés decir mano dura como en China? 

Trump: Cuando los estudiantes inundaron la plaza Tiananmen, el gobierno chino casi la vuela. Después se enviciaron, fue horrible, pero terminaron con eso con firmeza. Eso demuestra el poder de la firmeza. Nuestro país ahora es considerado débil está siendo escupido por el resto del mundo.

Playboy: ¿Por qué Gorbachov no tiene la mano lo suficientemente firme? 

Trump: Yo predigo que va a ser derrocado, porque ha mostrado una debilidad extraordinaria. De pronto, por primera vez, hay huelga de mineros e incendios en todas partes, lo cual finalmente conducirá a una revolución violenta. Así y todo Gorbachov se lleva el crédito por ser un líder maravilloso, y deberíamos seguir dándole crédito, porque él está destrozando a la Unión Soviética. Pero esta ventaja que está dando va a terminar costándoles a él y a todos sus amigos lo que más aprecian: sus trabajos.

Playboy: Además de la negociación por inmuebles, te reuniste con funcionarios de alto nivel para negociar potenciales acciones con ellos; ¿cómo te cayeron? 

Trump: Por lo general, estos tipos son mucho más duros y más inteligentes que nuestros representantes. Nosotros tenemos personas en este país que son iguales de inteligentes, pero desafortunadamente, no son elegidos para ocupar cargos públicos. Todavía estamos sufriendo la pérdida de respeto que se remonta al gobierno de Carter, cuando los helicópteros se chocaban unos con otros en Irán. Ese fue el emblema de Carter. Ahí estaba él, sacado de una carrera, necesitando oxígeno. No quiero que a mi Presidente lo saquen del curso de una carrera. No quiero que mi Presidente aterrice en suelo austríaco y se caiga de las escaleras del avión. Algunos de nuestros presidentes han sido increíbles desastres. Necesitamos ser duros.

 

Si alguna vez compitiera por la presidencia, lo haría mejor como Demócrata que como Republicano, y no porque yo sea más liberal, porque soy conservador. Pero el trabajador me elegiría. Le agrado.

 

Playboy: Una de tus palabras favoritas: duro (tough, en inglés). ¿Cómo la definís? 

Trump: Duro es ser mentalmente capaz de ganar batallas contra un oponente y hacerlo con una sonrisa. Duro es ganar sistemáticamente.

Playboy: A veces sonás como un candidato a Presidente animando a los votantes. 

Trump: No quiero la Presidencia. Voy a ayudar a muchas personas con mi fundación, y para mí, el pasto no siempre es más verde.

Playboy: Pero si el pasto alguna vez sí luciera más verde, ¿con qué partido político creés que te sentirías más a gusto? 

Trump: Si alguna vez compitiera por la presidencia, lo haría mejor como Demócrata que como Republicano, y eso no es porque yo sea más liberal, porque soy conservador. Pero el trabajador me elegiría. Le agrado. Cuando camino por la calle, los taxistas empiezan a gritarme por las ventanillas.

Playboy: Otro juego: ¿Qué es lo primero que harías como Presidente al entrar a la Oficina Oval? 

Trump: Muchas cosas. La dureza en la actitud prevalecería. Sacaría un impuesto para cada Mercedes-Benz que ande en nuestro país y sobre todos los productos japoneses, y tendríamos maravillosos aliados nuevamente.

Playboy: ¿Creés que George Bush es suave? 

Trump: Me gusta mucho George Bush, lo apoyo y siempre lo voy a hacer. Pero no estoy de acuerdo con él cuando habla de una Norteamérica más amable, más gentil. Creo que si este país se vuelve más amable y gentil, literalmente va a dejar de existir.

Playboy: ¿Cuál sería la posición del Presidente Trump sobre el delito? 

Trump: Veo los valores de este país en la manera en que se tolera el delito, cuando la gente tiene miedo de decir: quiero la pena de muerte. Bueno, yo la quiero. ¿A dónde ha ido a parar este país cuando se supone que no podés llevar a la tumba al hijo de puta que robó, golpeó, asesinó y arrojó a una mujer de noventa años de un edificio? ¿A dónde ha ido este país?

Playboy: ¿Cuáles serían algunas de las visiones a largo plazo que tendría el Presiente Trump? 

Trump: Yo pienso en el futuro pero me niego a pintarlo. Todo puede suceder. Pero a menudo pienso en una guerra nuclear.

Playboy: ¿Guerra nuclear? 

Trump: Siempre he pensado sobre este asunto de la guerra nuclear; es un elemento muy importante en mi proceso de pensamiento. Es la peor catástrofe, el mayor problema que tiene el mundo, y nadie se está enfocando en los principios básicos de esto. Es como una enfermedad. La gente no cree que se vaya a enfermar hasta que sucede. Nadie quiere hablar de eso. Yo creo que la mayor de todas las estupideces es que la gente crea que nunca va a pasar, porque todos saben cuán destructiva puede ser, entonces nadie usa armas. Qué mierda.

Playboy: ¿Algo de ese pensamiento confuso existe en la oficina Trump? 

Trump: En un nivel mucho más bajo, nunca contrataría a una persona que piense de esa manera, porque no tiene sentido común para nada. Vive en un mundo de fantasía. Es como pensar que el Titanic no se puede hundir. Demasiados países tienen armamento nuclear; nadie sabe hacia dónde apuntan, qué botón hay que apretar para lanzarlos. La bomba que Harry Truman dejó caer en Hiroshima era un juguete comparada con las de ahora. Tenemos miles de armas que apuntan a nosotros y nadie ni siquiera sabe si van a ir en la dirección correcta. Nunca han sido probadas. Estos idiotas que están a cargo no saben cómo pintar una pared, y confiamos en ellos para disparar misiles nucleares a Moscú. ¿Qué sucede si no van hacia allí? ¿Qué sucede si nuestros sistemas de computación no funcionan? Es un caos total.

Playboy: Esperá. Si vos creés que el público comparte estas opiniones, y que vos podrías hacer el trabajo, ¿por qué no considerar postularte para presidente?  

Trump: Yo haría el trabajo tan bien o mejor que cualquier otra persona. Es mi esperanza que George Bush pueda hacer un gran trabajo.

Playboy: ¿No querés ser presidente de manera categórica? 

Trump: No quiero ser Presidente. Estoy ciento por ciento seguro. Cambiaría de idea solo si viera que este país continúa yéndose a los caños.

Playboy: Una de tus figuras políticas menos favorita fue el alcalde Ed Koch de Nueva York. Él te llamó cerdo y vos, idiota. ¿Por qué creés que perdió la elección? 

Trump: Perdió su toque con la gente. Se volvió arrogante. No solo descartó a sus amigos sino que también cometió una estupidez al criticarlos brutalmente. La corrupción fue un mero síntoma de lo que le estaba sucediendo: se había vuelto extremadamente desagradable, falto de espíritu y muy vicioso, un ser humano extremadamente desleal.

Cuando sus amigos, como Bess Myerson, y otros estaban en problemas, él parecía abandonarlos automáticamente, casi antes de saber qué habían hecho mal. Él sólo podía pensar en sí mismo, no en la ciudad. Eso fue tonto: el único que no sabía que su gobierno se desmoronaba alrededor de él era él. El poder corrompe.

Playboy: Probablemente vos tengas más poder que el que Koch tenía como alcalde. Y obtenés más poder todo el tiempo. ¿Cómo te corrompe el poder a vos? 

Trump: Creo que el poder a veces corrompe, a veces tiene que ser agregado.

Playboy: ¿Qué significa el matrimonio para vos? ¿Es monógamo? 

Trump: No tengo que responder eso. Nunca hablo de mi esposa, lo cual es una de las ventajas de no ser un político. Mi matrimonio es y debería ser una cuestión personal.

Playboy: ¿Pero disfrutás el coqueteo? 

Trump: Creo que todo hombre disfruta del coqueteo, y si él dijera que no, estaría mintiendo o sería un político intentando obtener cuatro votos extras. Creo que a todo el mundo le gusta saber que tiene una buena respuesta. Especialmente cuando llegás a determinado estrato en el que aparece el ego y un alto nivel de éxito, es importante. A la gente le gusta la idea de que otras personas responden bien a ellas.

Playboy: Mencionaste antes que uno tiene que nacer con eso. ¿Suponés que tus hijos heredaron eso de vos? 

Trump: Estadísticamente, mis hijos tienen una muy mala oportunidad. Los hijos de personas exitosas por lo general, tienen muchos problemas, no son exitosos. No tienen la magia correcta. Uno nunca lo sabe hasta que lo ponen a prueba. Pero lo hago bien con mis hijos.

Playboy: ¿Creés que tendrán que logralo? 

Trump: Me encantaría que estuvieran en el negocio conmigo, pero noventa y cinco por ciento de esos chicos fallan en un negocio grande sofisticado. Se necesita confianza, inteligencia, magia. Si alguna de estas características falta, no lo lográs.

Playboy: Siempre dijiste que vos te ganaste, no lo heredaste, tu imperio, que la adversidad y las dificultades te hicieron más fuerte. ¿Qué tipo de adversidad pueden experimentar tus hijos? 

Trump: Creo mucho en los genes, que mis hijos pueden criarse sin adversidades y responder bien si tienen los genes. Tengo un amigo que es extraordinariamente inteligente. Pero nunca tuvo éxito, porque no soportaba la presión. Estaba comprando una casa y eso literalmente lo mataba, un hombre de cuarenta años con un I.Q. probablemente de ciento noventa. Me llamó un día por enésima vez, preocupado por su hipoteca y yo estaba sentado en mi silla y pensaba: aquí estoy yo, comprando la aerolínea, el Hotel Plaza, y no pierdo ni un minuto de sueño por eso. Esos son los genes.

Playboy: Incluso con buenos genes, ¿cómo pueden tus hijos sentir que están a la altura de lo que vos has logrado? 

Trump: No entiendo por qué tendrán que hacerlo. Yo sería más feliz si ellos pudieran preservar más que construir. Yo no busco tener como hijo a un mejor negociante, aunque seguramente me gustaría que todo ande de manera maravillosa cuando yo ya no esté. Sería más feliz si mi hijo se convirtiera en un gran gerente más que en un gran emprendedor. Y cuando un candidato pase a buscar a mi hija por la Torre Trump en unos años y vea el living, ¿cómo se sentirá cuando la invite a salir e intente impresionarla con su departamento de un ambiente?

Playboy: Parecés muy placentero y encantador durante las entrevistas, y aun así todo el tiempo hablás de la dureza. ¿Estás actuando para nosotros? 

Trump: Creo que todo el mundo tiene que tener algún sistema de filtro. Yo soy muy justo y he tenido a las mismas personas trabajando conmigo durante años. Rara vez alguien me ha dejado. Pero cuando alguien trata de darme un golpe, cuando van detrás de mi trasero, lo devuelvo mucho más fuerte de lo que me golpearon en primer lugar. Si alguien intenta mandonearme, esa persona va a pagar un precio. Como dije, yo estudio a las personas y en cada negociación, peso cuán duro debería ser. Puedo ser un asesino o un tipo agradable. Uno tiene que ser todo. Tiene que ser fuerte. Tiene que ser dulce. Tiene que ser impiadoso, y no creo que nada pueda aprenderse. O lo tenés o no. Y es por eso que la mayoría de los niños pueden sacarse A en la escuela, pero fallar en la vida.

Playboy: Mientras seguís haciendo más tratos, mientras acumulás más y más, hay una pregunta central que surge sobre Donald Trump: ¿Cuánto es suficiente? 

Trump: Siempre y cuando disfrute de lo que estoy haciendo sin sentirme aburrido o cansado... el límite es el cielo.

 

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