SURREALISMO SALVADOREO

EL MUNDO ERTICO DE SALVADOR DAL

Fotos Pompeo Posar

En 1974, Playboy contrató a Dalí para crear las imágenes que mostramos a continuación. El genio del surrealismo se divirtió a lo grande y estampó su personalísimo sello.

Era verano cuando la comitiva de Playboy llegó a la deliciosa costa de Cadaqués, la punta más oriental de toda España, sobre el catalán Mar Mediterráneo. Junto a Pompeo Posar, un histórico fotógrafo de la revista (1921-2004), viajaban cinco hermosas playmates. En Cadaqués, los esperaba, en su casa, el maestro del surrealismo, Salvador Dalí. Posar fue conducido hacia un trono, al costado de una psicina. Dalí se levantó, ofreció su mano, y comenzó a gritar ¡Mariposa! ¡Mariposa!. Perplejo, Posar devolvió el saludo, y se sumó a su anfitrión en un dueto gritón, tomados de la mano, saltando y cantando alegremente, ¡Mariposa! ¡Mariposa!. La sesión fue prolija y bizarra al mismo tiempo. Cuando Dalí salía de su casa, su manada de adoradores y discípulos se reverenciaban, coreando, maestro, maestro. Los correspondía con un saludo imperial y bajaba a trabajar.

 

Dalí preparó cada toma, basándose en sus bosquejos preliminares, dando órdenes de supervisor. Los pobladores de Cadaqués se habían congregado sobre las colinas aledañas: se había corrido la voz de que algo especial sucedía en la casa del maestro. Fue un evento singular, tanto para los vecinos como para Playboy. Cuando le preguntaron a Dalí qué significaban esas composiciones, él respondió: el sentido de mi trabajo está motivado por el dinero. Lo que hice para Playboy es muy bueno, y los honorarios, acordes a la tarea.

Diez años antes de esta excursión, en julio de 1964, se publicó una entrevista con el extravagante y excéntrico gran visir del surrealismo, tal como se lo presentaba. Dalí abría a Playboy las puertas de su extraño mundo, ése donde conviven relojes líquidos con rinocerontes. Y explicaba algunas de las claves de su trabajo: en la Antigua Grecia, no existía la introspección, no había Freud, no había cristianismo. Agregándole cajones, es posible mirar adentro de la Venus de Milo, dentro de su alma: Dalí crea una versión freudiana y cristiana de la civilización griega. Como Riquelme, Dalí habla en tercera persona. Hace gala de su extraordinariedad. De su locura: Dalí se levanta todas las mañanas a las 6 para hacer pis, y en ese preciso momento, ese momento de orina, entiendo todo con una tremenda lucidez. Es un momento divino para conocer todo con más claridad. Una mañana, mientras hacía pis, estuve seguro de que la máquina de pensamiento de Dalí una silla mecedora de la que cuelgan, atados con cuerdas, unos pequeños cubiletes llenos de leche caliente-, había prefigurado la invención de la cibernética. () Pero mi máquina nunca fue construida, porque no me interesa la electrónica, es solo una loca idea.

 

La locura fue un tema en esa, por momentos, incoherente conversación: Un psiquiatra de París trabajó durante siete años para determinar si Dalí estaba loco. Luego de muchas conversaciones, estableció que Dalí posee uno de los cerebros mejor organizados que alguna vez haya visto. Dijo que mi cerebro tenía las características de una estructura paranoica delirante. Lo que sucede es que esa estructura es absolutamente creativa, la mejor especie de locura. La real diferenencia entreun loco y Dalí es que Dalí no es patológico. Pero incluso en una patología paranoica delirante, existe un contacto con la realidad. Por ejemplo: un hombre piensa que su familia quiere envenenar su comida. Su presunción fundamental, por supuesto, es falsa: nadie quiere matarlo. Pero como ha empezado a ver todo con minuciosidad, de esta obsesión fantasiosa surge una cantidad asombrosa de percepciones de la verdad. Descubre mucha realidad.

 

En las imágenes de Dalí para Playboy se destacan los icónicos huevos, que Dalí había dispuesto por toda su casa y que hoy son un atractivo para los turistas que visitan Cadaqués. Los huevos son objetos recurrentes en su obra, y están relacionados a los recuerdos que Dalí decía tener de su paso por el vientre materno. De allí, además, proviene esta especie de pulsión extravagante: El Dr. Rumaguere de París el que probó que Dalí no estaba loco- explica las razones de esta necesidad de que todo el mundo le preste atención a Dalí. Él dice que Dalí posee un complejo sublime, el complejo de los Dioscuros: Cástor y Pólux. En la mitología griega, Zeus fue convertido en cisne e hizo el amor con Leda. De esta relación, Leda parió dos huevos, uno divino; y otro, mortal, ordinario. En el huevo divino estaban Pólux y Helena (de Troya). El Doctor Rumaguere descubrió que Pólux y Helena eran Dalí y Madame Dalí. En el otro huevo, hay dos personas corrientes, mortales, Clitemnestra y Cástor. Cástor, el hermano mortal de Pólux, es la efigie mortal de Dalí, quien es en realidad mi hermano, quien murió de Meningitis a sus siete años, tres años antes de que Dalí naciera. Su nombre era Salvador, y a mí me pusieron, también, Salvador. Ése es mi gran trauma, la mayor tragedia de mi vida, pero también mi mayor virtud. Desde que nací, mi familia me habló toda mi vida, en todo momento, sobre el otro Salvador. Nunca me hablaron a mí, le hablaban a él. Eso se convirtió en una gran obsesión. Creí que mi cuerpo y mi alma eran parte de mi hermano, el Salvador mortal. Y aquel fue el comienzo de mis excentricidades, la fuente de mi exhibicionismo. Debo poner pan sobre mi cabeza, dejarme este bigote, hacer todo lo que hago, para que todos sepan que el Salvador verdadero soy yo, y que estoy vivo. A través de este exhibicionismo, como Pólux, me he vuelto inmortal, mientras que el otro Salvador ha muerto. Por eso, son tan importantes los huevos en mi vida.

 

Sea cual sea el dinero que Playboy le haya pagado a este personaje, podemos acordar que valió la pena.