20P: FACUNDO CONTE

EL PRNCIPE DEL VOLEY ARGENTINO

Por Sergio Stuart | Fotos Nacho Snchez

No es fácil portar ese apellido en el mundo del vóley argentino, pero Facundo Conte ha podido ganarse su nombre propio. La figura del seleccionado nacionalen una conversación íntima frente al gran desafío olímpico de Río 2016.

 

Con tanto grandulón de 30 años viviendo con los padres esta introducción puede no ser autorreferencial o sí-, a veces sorprenden esos otros que emprenden la aventura de arreglárselas solos con apenas edad para sacar el registro.

A este último grupo pertenece Facundo Conte, quien a los 18 dejó la casita de los viejos para comenzar una vida nómada. Sus padres no lo impidieron, el vóley siempre fue su segundo hogar. Papá Hugo es uno de los mejores jugadores de la historia del vóley mundial y mamá, Sonia Escher, jugó durante más de 10 años para el seleccionado nacional. El camino de Facundo indicaba que su nomadismo no se debería a la falta de pago de algún alquiler, sino a una exitosa carrera en el circuito mundial del vóley, rotando de país en país. Naturalmente, se inició en la Argentina, en GEBA; luego jugó seis años en Italia, uno en Rusia y tres en Polonia, todos lugares donde el vóley es cosa seria. Sin embargo, el opuesto o receptor-punta acaba de dejar el SKRA Be#322;chatow polaco, con el que logró seis títulos, para arreglar con un equipo de ¡China! Sí, China, un destino no habitual para una figura del vóley mundial. Aunque, atentos: no hay actividad o deporte en el que el gigante del Oriente no intente ser potencia. Será cuestión de tiempo.

Conte es parte del seleccionado que tiene como objetivo ser protagonista en los Juegos Olímpicos de Río: buscar una medalla. Sin embargo, mientras sus compañeros giraban por el mundo con la Liga Mundial, logrando exitosos resultados como las victorias por 3-2 ante Francia -defensor del título- y 3-0 a Rusia -vigente campeón olímpico-, Facu debió quedarse en el país aquejado por una lesión en el hombro derecho que amenazaba con afectar su herramienta más importante de trabajo: sin brazo, no hay partidos. Y sin Conte, la ilusión disminuye. Por eso, el cuerpo técnico que dirige Julio Velasco decidió preservarlo y Facundo se quedó todo julio entrenándose y haciendo fisioterapia en Buenos Aires. Al menos no tiene que andar arriesgando las papilas gustativas como el resto del plantel en, por ejemplo, Irán, donde cuentan que les sirvieron un arroz que parecía inofensivo, pero que el solo probarlo ameritaba un llamado a los bomberos. No. La comida de Conte no pica. Porque hace seis años que Facundo se cocina. Aunque lejos está de ser un espigado Francis Mallmann, más bien, como decía el personaje de Olmedo, se la rebusca bastante

Me gusta cocinar camarones al wok. Me divierte, pero no es que sepa mucho de cocina. Por necesidad, cada vez me estoy metiendo un poco más. Cuando vengo a la Argentina, casi nada, porque vivo a asado y empanadas. Siempre que te juntás con la familia o amigos, hay comida.

-Ponele que tenés que agasajar a un dirigente que te acaba de contratar. ¿Qué le cocinarías?

-Lo llevo a cenar afuera, olvidate

Gastronomía aparte, con una pregunta fuera de programa, las 20 que vienen a continuación abordarán la vida y las ilusiones de uno de los 200 y tantos atletas que, cuando esta revista esté en la calle, ya estarán representando a la celeste y blanca en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

 

1. Desde los 18 años vivís afuera por el vóley. ¿Qué se extraña más? 

Estar con la gente que quiero comiendo un asado. No lo podés hacer afuera. Es un ritual hermoso, momentos muy lindos.

 

2. ¿Te perdiste muchas cosas por eso? 

Un montón. Es ese sacrificio que los deportistas estamos dispuestos a hacer desde siempre. Porque yo, por ejemplo, no fui al viaje de egresados con mis compañeros de secundaria. Con el club tenía partidos sábados o domingos; o entrenamientos en la semana. O viajes con el seleccionado. Era una etapa complicada. Son cosas que hacías con buena cara a pesar de que a veces molestaba. Sin embargo, puedo decir que la vida que tengo no la cambio por nada. Y no es todo color de rosa: paso mucho tiempo solo, me aburro mucho. Ya van como diez años viviendo en el exterior. Lo que te llena es que estás haciendo algo que te gusta. Yo elegiría vivir acá, pero por lo que hago y el nivel que quiero conseguir, estoy allá.

 

 

 

3. Imagino que con tantas idas y venidas, hasta debe ser complicado tener pareja. 

Es la historia de mi vida, una cuestión muy complicada. Ahora estoy saliendo con alguien, pero es difícil. Yo vengo acá tres meses al año. Imaginate conocer a alguien, irse al toque a Polonia; es un salto grande. Para nadie es fácil si le digo: dejá todo y vení. Yo tampoco estoy dispuesto a generarle ese sacrificio a otra persona con tan poco tiempo para poder elegir.

 

4. ¿Intentaste con parejas afuera? 

Tuve, sí. También fue difícil y me costaba cuando venía a la Argentina.

 

Estoy orgullosísimo del apellido que llevo. Tuve la suerte de que por eso, hoy soy lo que soy. Mis viejos jugaban al vóley, eran muy apasionados. Pero jamás me forzaron a jugarlo.

 

5. Te vas a jugar al Shanghai Tang Dinasty. China no es una potencia en el vóley. ¿Tanta plata hay? 

Ja, ja. No fue una decisión económica. En el vóley tampoco hay números como los que se manejan en el básquet o el fútbol. En principio, necesitaba un cambio, no estaba cómodo a pesar de que en Polonia era titular y tanto en el plantel como en el cuerpo técnico la mitad estaba integrada por argentinos e italianos, y la pasaba bien. A nivel humano estaba muy bien, pero había otras situaciones que ya no toleraba. Después de haber vivido mucho tiempo en Italia y Rusia, además de Polonia, me llamó mucho la atención la posibilidad de poder irme a un lugar donde se juegue un campeonato más corto, cuatro meses en vez de ocho. Eso me va a dar mucho tiempo para descansar. Los últimos ocho años fueron difíciles, muy intensos, hasta con operaciones de por medio. Para conseguir un buen nivel se necesita entrenar y jugar mucho, y el cuerpo ahora se está quejando.

 

6. ¿Te seduce vivir en China? 

Estoy contento que voy a jugar a China. Y contentísimo que voy a vivir en Shanghai. Me han dicho que es una ciudad increíble, nunca estuve allá. Después de vivir en una ciudad tan chica en Polonia, me seduce mucho la idea de ir a Shanghai y vivir en un país totalmente diferente a lo que conozco. Eso y la menor cantidad de tiempo del campeonato fueron determinantes para decidirme.

 

7. A los 26 años, ¿pensás en qué vas a hacer cuando dejes el vóley? 

Sinceramente no me lo planteo hoy porque la vorágine de la carrera deportiva es fuerte, muy intensa. Estoy disfrutando mucho de lo que estoy haciendo. Dios quiera que me falten otros diez años de carrera. Por eso no estoy pensando en lo que haga después. Soy bastante agradecido de vivir el día a día.

 

8. Se supone que nadie está en contra de la paz en el mundo y el amor, pero no es común encontrar a alguien conocido que en las redes sociales escriba las consignas en ese sentido que escribís vos. ¿Es por algo en especial? ¿Participás en alguna organización? 

Creo que es una cuestión de principios, básicamente. Creo en eso, y espero que todos algún día podamos vivir tranquilos y en armonía. Compartí equipo con muchísimas personas de países muy diferentes. Y la verdad es que no entiendo el porqué de odiarnos entre nosotros. Tenemos que vivir todos juntos, más todavía por cómo estamos comunicados en el mundo. Estoy absolutamente en contra de las rivalidades políticas y religiosas que lleven a los extremos: hagamos el amor, no la guerra.

 

9. Revisando tu Twitter encuentro que tenés dos clubes de fans. La Banda de Facu y El heredero. ¿Qué se siente? Más allá de que seas una figura pública, no sos un artista. Es raro, ¿no? 

No sé Sí, es raro. Pero el poder llegar así a una o más personas que se interesen tanto en lo que hacés, es hermoso. Es la devolución de lo que nosotros hacemos. Yo siempre trato de devolver a eso lo más que pueda: fotos, autógrafos Siempre trato de estar muy disponible; es una forma de devolver el cariño que muestra mucha gente, es impresionante.

 

 

 

10. ¿Te acordás de alguna situación puntual al respecto? 

Después de un partido en Polonia, una chica me mostró una foto con un tatuaje que se había hecho ¡igual al mío! Me quedé helado. Creo que es algo fuerte porque por más que es una frase en la que alguien puede inspirarse o sentirse así, que lo haya hecho a partir de algo mío me emociona, está buenísimo. Por eso, trato de devolver todo lo que puedo. Más allá de lo que hacemos en la cancha, el cómo llegamos a la gente también es importante.

 

11. ¿Qué dice tu tatuaje? 

Theres no cant, wont or impossible: No existe un no puedo, un no será o un imposible.

 

12. Imposible era no jugar al vóley con una familia en la que todos lo jugaban. ¿Alguna vez te pesó el hecho de ser el hijo de uno de los históricos de este deporte en el mundo? 

Yo estoy orgullosísimo de llevar el apellido que llevo. Tuve la suerte de que por eso hoy soy lo que soy. Mi viejo y mi vieja jugaban al vóley, eran muy apasionados. Pero jamás me forzaron a jugarlo. De hecho, hice muchos deportes, como fútbol, natación, handball. Elegí el vóley por una decisión natural, porque me gustaba y me hacía sentir más cosas.

 

13. De chico, ¿te molestaba compartir a tu papá? Cuando se le acercaban para pedirle autógrafos, sacarle una foto 

Es el día de hoy que caminamos por la calle y le piden fotos a mi viejo. Crecí con eso y no tengo ningún problema. Hoy tenemos una diferencia: yo soy Facundo y él es Hugo, yo soy su hijo, soy Facundo. Cuando era más chico, me jodía por la situación de intereses o de agresión para un pibe de 12, 13, 14 años que va a jugar para divertirse. Era bastante molesto, incluso hasta pensé en dejar de jugar.

 

14. ¿Por qué? ¿Se esperaba mucho de vos por el apellido? 

Lo de esperar más de mí, no, porque yo siempre estuve tranquilo con eso. Siempre traté de hacer lo mejor que pude. Además, en esa época, básicamente lo importante era divertirse, y hoy no sé si es así. Yo estoy conforme con lo que soy, hoy quiero ser el mejor. Lo importante es siempre dar el máximo, no quedarme con nada. No es una sensación agradable pensar en qué habría pasado si Parece de casete, pero cuando entro a la cancha, siempre dejo todo, no importa qué haya que jugar.

 

Cuando iba a entrenar, yo era el más chico, y entonces no me pasaban la pelota. Y eso me jodía. Un día, mi viejo me llevó a entrenar y me cayeron diez pelotas seguidas.

 

15. ¿Y qué era, entonces? 

Me pasaba que cuando iba a entrenar, yo era el más chico, y entonces no me pasaban la pelota. Y eso me jodía. Un día, mi viejo me llevó a entrenar y me cayeron diez pelotas seguidas. No me gustaba, me hacía sentir incómodo. Yo jugaba como ellos, mi objetivo era ése, divertirme. Pero bueno, inflé un poco el pecho para hacer una coraza y le metí para adelante, quizá siendo agrandado, comportándome de esa manera. Esa era mi personalidad. Al principio era más forrito en la cancha, pero después encontré mi forma de jugar. Creo que todavía lo tengo adentro, y a veces soy de esa manera, pero también soy tranquilo. Depende de las situaciones. Lo único que me interesa es ganar.

 

16. Más allá de la relación padre-hijo, también se puede decir que tuvieron una relación laboral, de entrenador-jugador. Compartieron un reality y te dirigió en Italia. 

Estaba todo bien, siempre estuvo todo bien con mi viejo, todo bárbaro. Lo que hizo siempre fue quitarme presión. El consejo que me sigue dando es disfrutalo y rompela. Estuvo buenísimo el reality, Conjugando. Fue en el 2007. Jugábamos juntos en GEBA, fue increíble. Aunque en ese momento no era muy consciente de lo que significaba, tenía 17 años. Hoy sí lo soy y lo aprecio muchísimo. Después lo tuve dos años como entrenador en Catania y uno más en Bologna. Para mí fueron años importantes. Aparte de que él me entrenara, ambos teníamos que ser muy profesionales, porque él era el entrenador, pero el vestuario era de los jugadores y yo no podía ser el botón del entrenador.

 

 

 

17. ¿Cómo era la relación? 

Yo tenía mis discusiones con él, obvio. Pero siempre supe diferenciar muy bien la casa del equipo. De hecho, era al revés: nos fuimos al otro lado muchas veces. El primer año todavía vivía con ellos; los almuerzos y las cenas eran tensos porque llevábamos todo a casa. A veces, al entrenador lo querés matar. ¡Y yo vivía con él! En el segundo año ya me fui a vivir solo y mejoraron las cosas. Mi vieja y mis hermanos, contentos

 

18. Cómo habrán mejorado que hasta el mismo número que tu viejo usaste: el 7. 

El 7 lo empecé a usar ya cuando era más chico. Mi vieja usaba el 11 y mi viejo el 7, y quería ser el 7. Después, casualmente me empezaron a gustar muchos jugadores que usaban el 7, y me quedó. Nací viendo la camiseta de mi viejo, el 7. Fue una cosa sumamente natural. Llegué a sentir ese número. Al final, que ese número haya sido de mi viejo terminó convirtiéndose en un condimento.

 

19. Se viene una etapa muy importante para ustedes como Selección: los Juegos Olímpicos. Más allá de los objetivos, resulta primordial formar un buen grupo. ¿Cómo podés definirlo? 

El grupo humano es muy bueno. Crecimos prácticamente todos juntos. Se puede decir que hoy hay dos camadas; yo jugué con las dos, y está buenísimo. Obviamente, no hay que ser amigos, sino un equipo, eso es lo más importante. Pero te das cuenta de que es un buen grupo porque la pasamos bien. Son cosas que necesitás. Porque hay muchas partes del año que te la pasás viajando y te vas muy lejos. El año pasado estuvimos como un mes en Japón. Imaginate, 30 días todos juntos en un hotel Fue intenso ver las mismas caras todos los días, no había un lugar adónde escaparse. Y sin embargo, la pasamos muy bien: nos divertíamos entrenando y también afuera de la cancha.

20. Los de Río de Janeiro serán tus segundos Juegos Olímpicos. ¿Qué representan para vos? ¿Cómo está el equipo?
Son el sueño más grande de mi vida y los voy a jugar de esa manera. Lo digo más allá de lo deportivo, sino a nivel humano en cuanto al sentimiento. De Londres 2012 no me fui vacío; creo que no fue un buen torneo y me quedó esa sensación, ese gusto en la boca y no me gustó sentirlo, para nada, me dolió muchísimo. El día después de perder los cuartos de final con Brasil, yo me fui de la Villa. Más de la mitad del equipo se quedó, pero yo estaba sumamente triste y me fui. Ni de estos Juegos Olímpicos ni nunca más me quiero ir con esa sensación adentro. Va más allá del resultado, de que todo lo que hiciste no tuvo sentido. Siendo el objetivo principal que tenemos por delante, siento que hemos mejorado mucho en estos últimos tres años. Puede salir algo bueno si todos logramos jugar a gran nivel y con entrega. Va a ser un lindo torneo.
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