PERFIL

EL RENACENTISTA

Por Pablo Corso - Fotos Ignacio Snchez

Enrique Piñeyro es médico, piloto de aviones, director de cine documental y de ficción, actor, activista político, entusiasta de la cocina experimental y monologuista teatral. No hay lugar más seguro sobre la Tierra que un avión, dice quien mejor denunció el descontrol aéreo argentino.

 

En una calle discreta de Vicente López, dentro de un edificio con aires de fortaleza y detrás de una sala con un despliegue de iMacs que haría sonrojar a George Lucas, espera Roberto Canaletti. La figura tamaño natural del improbable sucesor de Enrique Sdrech era una joda y quedó: un poco naif, un poco maléfica. El hombre del chalequito es una pieza central en la continuación de El rati horror show (2010), que Enrique Piñeyro tiene casi terminada pero con pocas perspectivas de estreno; no le ve lugar en las salas argentinas. Como en todo lo que hace, el sistema no le cierra.

 

Después de mostrarnos el ensañamiento policial, mediático y judicial sobre Fernando Carrera (atropelló y mató a tres personas, presuntamente inconsciente, después de que una brigada lo baleara al confundirlo con un ladrón), Piñeyro volvió a las fuentes que lo hicieron una figura pública. Si en Whisky Romeo Zulu (2004) y Fuerza Aérea Sociedad Anónima (2006) nos asustó mostrando a los (ir)responsables de los aviones y su regulación, ahora quiere tranquilizarnos. El stand up Volar es humano, aterrizar es divino, que ya completó cuatro temporadas, viene con un mensaje novedoso para la imagen que el piloto venía proyectando sobre nosotros: no sean giles, volar es lo mejor.

 

Cuando terminaban las funciones de Whisky en el Village Recoleta y se encendían las luces, los espectadores se encontraban con una sorpresa: el director listo para responder más preguntas. A veces el diálogo duraba más tiempo que la película. Lo que más me gusta del cine es la charla después, pensó. Tengo que encontrar la forma de tenerla pero sin hacer una película, que tarda dos años y es un gastadero de plata infernal. Entonces se puso un smoking, pidió que le fabricaran un tiranosaurio de su altura para que le hiciera de copiloto y empezó a decir cosas como esta: Hay gente que toma aviones separados para no dejar huerfanitos a los hijos. Y van al aeropuerto en el mismo remís, que es adonde se van a matar.

 

 

 

¿Cómo pensaste el show? 

Quería poner un simulador y reproducir accidentes que tuvieran interés para explicar cómo empezaron a impactar en la aviación, que siempre se actualiza reformulando el aprendizaje y la operación. Yo estoy muy asociado a meter miedo a volar. Asusto porque hablo de corrupción, política y aviones. Pero cuando hablo sólo de aviones, soy lo más tranquilizador del mundo. Los autos matan 1,2 millones de personas por año. Y el avión, que mata 348, te da pánico. El tiburón, 10. Pero nadie filma Holocausto en el remís; todos filman con tiburones y aviones.

 

¿Querés racionalizar las reacciones irracionales que provoca volar? 

Estoy tratando de suprimirlas. ¡Chicos, es ridículo! ¡Paren! De verdad, no hay lugar más seguro sobre la Tierra que un avión. Un tren, un auto, un monopatín, una bicicleta, un caballo y el caracol de agua dulce matan muchísima más gente.

 

¿Qué es lo que más disfrutás sobre el escenario? 

Ese contacto con el público. La adrenalina más real del mundo es la de los aviones. Si algo sale mal, te la das y chau. Pero la segunda son estas situaciones terrestres. Es todo en tiempo real, no supervisado, sin toma dos. Lo que está pasando, está pasando ahí.

 

***

 

A Piñeyro le fascina la complejidad de la interacción entre el hombre y la máquina; la necesidad de mantenerse agudo, veloz y preciso en la toma de decisiones. Cuando le contó que quería ser piloto, su padre -con quien se adivina una relación difícil- le dijo que estaba desperdiciando su inteligencia. A su madre le divertía; de hecho, estaba orgullosa. Todo terminó con el accidente de LAPA (El 31 de agosto de 1999 en Aeroparque, con 65 víctimas). Piñeyro había renunciado hacía dos meses, después de informar sobre 268 fallas y negligencias: vuelos sin radar, motores toqueteados en lugar de arreglados. Cuando se apagó el fuego mediático, publicó lo que sabía y algo se quebró para siempre.

 

¿Seguís volando por tu cuenta? 

Muy poco. Quiero volver a habilitarme en el 737. Obviamente la posibilidad de inserción laboral es complicada. Las empresas suelen desconfiar de alguien con acceso a la prensa, que además no le divierte a la superioridad. Cuando me fui de LAPA, hice una entrevista en Aerolíneas. Duré 45 segundos. Estaba re contento porque pensé que iba a durar 20.

 

¿Cómo ves el panorama de low costs y la gestión de Aerolíneas? 

La invasión de low costs me parece bastante atroz. No consolidaron Aerolíneas, que pasó de ser un trofeo de guerra de Iberia, a un trofeo residual de Marsans, a un trofeo político utilizado como unidad básica por (Mariano) Recalde. Ahora la maltratan con una competencia totalmente desleal, que va a recibir rutas troncales y redituables. Y que Aerolíneas vaya a Catamarca, que se ocupe de integrar el país.

 

 

¿LAPA era una low cost? 

¡LAPA era una low cost! Ya vimos la película. En Santiago de Compostela ví cómo los pasajeros de Ryanair bajaban del avión, iban atrás a la bodega, chapaban la valija y cruzaban toda la plataforma así. Los accidentes de plataforma existen: los camiones se llevan puesta gente, los pasajeros se caen de los aviones, a veces se meten atrás de un motor Bueno, nos jugamos. Lo de LAPA fue eso. Nos jugamos.

A las 5:30 del 28 de abril de 2001, los peones de la estancia El Socorro, en el partido bonaerense de Roque Pérez, escucharon un motor que se apagaba y volvía a encenderse con dificultad. Después escucharon una explosión. Los diez pasajeros del Cessna Grand Caravan que viajaban de San Fernando a El Calafate murieron en el acto. Entre ellos estaba Agostino Rocca, dueño de la avioneta, titular de la Organización Techint y primo de Enrique Piñeyro. No habían pasado dos años de la tragedia de LAPA; faltaban dos para el estreno de Whisky Romeo Zulu, que desnudó la impunidad detrás del accidente.

 

Piñeyro, un entrevistado locuaz, dice poco sobre esto. Que Rocca era un primo muy abierto en la rama. Que el episodio lo afectó mal, como cualquier pérdida familiar, pero no influyó en en sus pasos posteriores porque ya tenía una larga historia en la aviación. Que fue solo un accidente, con un costo de involucramiento personal y afectivo muchísimo más alto que cualquier otro. Que no lo investigó, porque hubiera sido como el cirujano que opera a sus hijos (Techint sí envió peritos).

 

El piloto siempre luce imperturbable. Un día antes de esta charla, Horacio Verbitsky publicó que su madre, fallecida 40 días atrás y prima del CEO de Techint Paolo Rocca, era la segunda persona que más capitales había blanqueado -6.900 millones de pesos- en el gobierno de Mauricio Macri.

 

¿Tenías esa información? 

Sí, la tenía. Fue una larga pelea para mí, sobre todo con un abogado bastante complicado del Grupo, que la aconsejó muy mal. Siempre tuve una posición muy contraria: declaré y pagué el 35% de impuesto por cada dólar, peso y rublo que recibí. La familia se ve involucrada en un manejo empresario complicado, una línea de fideicomisos y estructuras bizarras que viene bajando desde generaciones y nunca entendí. Cuando sos hijo, es muy difícil que nadie piense que no tenés nada que ver. Pero la realidad es esa. Los hijos no pueden hacerse cargo de la conducta de los padres. Supongo que lo que finalmente llevó a mi madre a sincerarse fue la larga batalla con este sujeto, que siempre estuvo en pro de los grises. Es un tema triste, sobre todo porque se acaba de morir.

 

***

Entre 1992 y 2012 el Innocence Project estadounidense liberó a 292 personas encarceladas por crímenes que no habían cometido. La organización parecía hecha a medida de Piñeyro, un paria aristocrático obsesionado con las injusticias de las redes estatales y la perversión de las tramas privadas. Después del estreno de El rati y la liberación de Carrera, su productora Aquafilms empezó a recibir una lluvia de pedidos de ayuda con causas similares. Asesorado por Manuel Garrido (ex director de Investigaciones de la Oficina Anticorrupción) y Marcelo Saín (ex interventor de la Policía de Seguridad Aeroportuaria), el cineasta abrió el capítulo argentino de una organización que ya está en más de una docena de países.

 

Ahora mismo el foco está en esclarecer el crimen de las francesas Cassandre Bouvier y Houria Moumni, cuyos cuerpos aparecieron en la quebrada de San Lorenzo (Salta) el 29 de julio del 2011. Piñeyro y Jean-Michel Bouvier, el padre de Cassandre, están convencidos de que hay un inocente preso: Santos Clemente Vera, un hombre pobre que vivía cerca de la zona del crimen, condenado a perpetua en el marco de una causa que parece haber desviado su mirada de una presunta fiesta de hijos del poder. Innocence Project llevó el caso a la Corte Suprema: plantea que Vera no fue identificado como responsable y reclama la aparición de muestras biológicas extraídas a las víctimas durante la autopsia. Encarcelar a un inocente es como asesinar otra vez a mi hija, dijo en octubre Bouvier, que se encontró con Piñeyro y Vera en una cárcel salteña. Fue muy desgarrador acompañarlo -dice el cineasta-. En general, una vez que la policía les dice a los familiares de las víctimas es ese, cuesta un perú hacerles cambiar de opinión. Se agarran de eso para elaborar su duelo y andá a explicarles que la causa está armada. En cambio, este hombre hizo un trabajo interno muy fuerte para poder tomar partido de esa manera tan comprometida.

 

Para saciar el hambre renacentista, Piñeyro está intensificando su actividad en la cocina, la única actividad que hizo con continuidad desde los siete años. Cuando el visitante sube las escaleras de la productora puede vislumbrar una cocina profesional donde se manipulan brotes verdes y máquinas de envasado al vacío.

 

¿Qué estás proyectando? 

Yo quería algo muy simple: una cocina experimental equipada, cuatro mesas en el garage y decir: Estamos probando cosas, así que paguen 150 mangos. Si sale mal, la pizza la pagamos nosotros. Se fue transformando en algo mucho más grande, de la mano de Julian Díaz, alma máter del 878 y Florería Atlántico, que ahora tiene el bar Los Galgos. Me divertía que la cocina estuviera en el centro, con una barra alrededor. Todo expuesto, sin cuarta pared.

 

¿Lo tuyo es retratar la argentinidad? 

Sí, porque habiendo nacido en Génova me siento más argentino todavía. Es un país de inmigrantes, reproduje el viaje de nuestra argentinidad. Vine a los tres meses y soy argentino por opción. Podría ser presidente; tienen suerte de que no quiera. Siento que tengo un amor muy comprometido por la Argentina. Digo las cosas que no me gustan porque no me gusta que pasen en mi país. Es un tema que me apasiona desde todos lo costados: el fútbol, el mate o por qué, teniendo la mejor carne del mundo, vamos y la chamuscamos arriba de la parrilla.

 

¿El argentino conspira contra sí mismo? 

¡Claro! Es como si no hubiera un piso de convivencia arreglado. Ponele que estamos con tormenta en el radar y sos el copiloto. El comandante te dice: La vamos a pasar por la izquierda. Vos mirás y decís nos va a revolear a patadas, ¿no te gusta más por acá? Él vuelve a mirar, hace su análisis e insiste: No, no, la vamos a pasar por izquierda. Vos no soltás los cintos y decís ma sí, ojalá se te rompa todo. Porque su trabajo es tomar las decisiones, escuchando todo para que resulte lo mejor posible. Te atás bien y lo acompañás con el mismo entusiasmo. Nuestro destino está atado al del otro. Estamos en el mismo avión.