TELE

EN TU PANTALLA HAY UN GOL

Por Federico Lisica y Jos Esses | Ilustracin por Federico Calandria

De las épocas intimistas de Fútbol de Primera a los goles secuestrados. Del codificado a la injerencia del Estado. Un repaso por la historia de las transmisiones futbolísticas hasta el enigma del presente.

Solo, de traje y corbata, en un living, con una botella de Black Jack en la mesa ratona. Así se lo veía a Enrique Macaya Márquez en las primeras escenografías de Fútbol de Primera en 1985. Antes de eso, la televisación del torneo argentino se remonta a un blanco y negro insondable, con goles perdidos en el archivo y partidos transmitidos a una cámara. Si bien el primer partido televisado data de 1951 (un empate entre River y San Lorenzo), el desembarco del empresario Carlos Ávila en ATC significó el año cero del fútbol catódico. Macaya no parecía emocionarse con los partidos de la máxima categoría, era más bien un entendido, casi un sommelier. El discurso de la pasión, del aguante, llegaría después. En la época de los torneos largos, ver fútbol por tele era un momento íntimo, esperado. Por eso el whisky, la comodidad del sillón. La única persona con la que Macaya interactuaba en el piso era con un periodista que traía los adelantos de El Gráfico y mostraba cuál iba a ser la tapa. Ni siquiera Mauro Viale, el principal relator, se asomaba al bulo de Enrique. El único toque de modernidad era la canción de Vangelis compuesta para el film Blade Runner. 

Fútbol de Primera le dedicaba la mitad, o más, de su duración al partido de algún equipo grande, del resto se veían los goles y alguna jugada llamativa. Las estadísticas se reducían a la tabla de posiciones, goleadores, promedios y la siguiente fecha. ¿Acaso hace falta algo más? Las jornadas fueron dosificándose, primero los viernes por la noche. Después llegaron los Aperturas y los Clausuras, el codificado y ahí, con la explosión del cable, se empezó a llenar el living de Macaya. ¡Había partidos todos los días! La fecha local se extendió como nunca, incluyendo inventos llamados Clásico del Domingo o Partido Final, los lunes, en Ferro o Deportivo Español, generalmente, ambos clubes, por cierto, lejos ya de sus mejores campañas.

En el mercado negro circulaban los pitutos que permitían acceder a 90 minutos en vivo, los bares avisaban en hojas pegadas con cinta scotch a sus ventanas: Hay codificado. Las reglas variaban según la zona del país, en algunas provincias se veía la fecha casi entera, en otras había que pagar para que se habilitaran señales como TyC Max. Por otra parte, como Fútbol de Primera tenía la potestad sobre la primera emisión de los goles, se pergeñaron algunas invenciones, cuanto menos, risueñas. La más recordada fue la de Fútbol No Pares por Canal 9 (2002); la semana previa a su estreno, calentó la pantalla anunciando que iban a pasar los goles antes que el envío que por entonces iba por Canal 13. La recreación de las jugadas a partir de programas de computación, con un diseño, definición y movilidad más cercanos a la Commodore 128 que al Winning Eleven, fue tomada con sarcasmo. Por una cuestión técnica, los tantos se hacían solo con la zurda pero, eso sí, en los estadios había vallas publicitarias de Aerolíneas Argentinas y Car One. Hasta su productor ejecutivo, Fernando Tribuno, tuvo que salir a defender la intentona. Hoy por hoy, pensar que se podía llegar a violar el contrato más conocido de la Argentina es una locura. La promo no fue un engaño: se trata de generar expectativa para producir luego este shock y este golpe. Tribuno señalaba que el contrato entre AFA y TYC Sports no estipulaba qué hacer con las réplicas y su conductor Quique Sacco agregaba: Me gustó la definición de Olé del programa como un aperitivo interesante mientras llegan los goles de carne y hueso.

No había ni un resquicio librado al azar por quienes poseían los derechos de transmisión. Para competir con la radio y con las ligas europeas, los domingos se filmaban las tribunas mientras un relator contaba lo que iba pasando. Si bien Fútbol de Primera se seguía emitiendo, con entrevistados, animaciones y aperturas con calidad fílmica, nada quedaba de la intimidad de sus comienzos. Su productora, TyC, había ido creciendo en sus negocios como los múltiples brazos, ojos y piernas de los dioses hindúes (nada se le escapaba, ni las estáticas, ni las boleterías). También aparecieron los nuevos torneos continentales: la Supercopa, la Copa Mercosur, Merconorte, la Conmebol, hasta llegar a la actual Copa Sudamericana, que parece haberse instalado, todos con cobertura en vivo. De estos cambios en las transmisiones televisivas ninguno fue tan inesperado como la irrupción de Fútbol Para Todos (FPT).

Aquí llegó FPT

El 20 de Agosto de 2009, en el complejo de Ezeiza, se realizó el anuncio de FPT. Sentados en una mesa, en el escenario, los protagonistas esperaban instrucciones. La Presidenta estaba en el medio, entre Diego (de estricta ropa deportiva) y Don Julio Grondona. Apareció un colaborador con una carpeta y la fue paseando para que la firmaran. Con la formalidad consumada, Grondona tomó el micrófono. Se escuchaban algunos chiflidos y Cristina pedía, con la mano, que pararan. Todos sabemos que esta oportunidad será irrepetible, que no la podemos dejar pasar. Somos testigos del hecho institucional más importante que ha vivido esta asociación, dijo. Mientras las pantallas pasaban goles y flameaban las banderas de las agrupaciones, llegó la hora de los regalos. Banderín enmarcado de la AFA, medalla y camiseta de la Selección (con el nombre, sin número) para la Presidenta. Diego sonreía, Aníbal Fernández aplaudía, ella pasaba al micrófono y dejaba una de sus frases menos felices: El fútbol es un negocio extraordinario que no necesita ser subsidiado sino simplemente tener oportunidad de participar en las ganancias que él mismo produce (...). Que solamente el que pueda pagar, pueda mirar un partido de fútbol. Que, además, te secuestren los goles hasta el domingo, aunque pagues igual, como te secuestran la palabra o te secuestran las imágenes, como antes secuestraron y desaparecieron 30 mil argentinos. Yo no quiero una sociedad de secuestros, ni de personas, ni de palabras, ni de imágenes, ni de ideas. Quiero una sociedad cada día más libre.

Cuando empezó FPT, 24 horas después, eran muchos los puntos que faltaban aclarar: la ruptura del contrato anterior con Televisión Satelital Codificada, el acuerdo inicial por 600 millones con el Estado, la venta de derechos, la transmisión en vivo por varios canales a la vez y el incipiente soporte online. Las críticas de distintos partidos opositores al FPT, las dudas que despertaron sus balances económicos, que se anunciara que iba a ser redituable (lo cual nunca sucedió), el costo y el uso ideológico de los spots, el nivel de sus profesionales, el horario programado para algunos partidos: casi todo fue puesto en tela de juicio en los años que siguieron, como cualquier otra medida del último gobierno.

El FPT se convirtió en una variable política, igual que con los planes sociales o la cancelación de la deuda con el FMI, a los candidatos a presidente les preguntaban si lo mantendrían en caso de llegar a Balcarce 50. De hecho, fue una de las promesas de Mauricio Macri en campaña antes de arribar a la Rosada. Seguiría pero sin política, sostuvo Macri. ¿Sirve recordar que el trampolín para la política del actual Jefe de Estado tuvo bastante que ver con uno de los dos clubes más importantes del país?

Todo pasa, hasta el FPT

En definitiva, lo que hasta entonces había sido un amistoso de ping pong entre dos (AFA y sector privado), con el Estado tomando agua al costado, muy tranca, se volvió uno de esos partidos de calcio florentino, en el que todos reparten salvajemente. Y una de las grandes cuestiones, tanto entonces como lo sigue siendo ahora, está vinculada con la distribución de las ganancias. Hay que apuntar a un reparto más socialista, había dicho Julio Grondona en 2009. FPT nunca contó con la publicitada democraticidad del modelo de televisación alemán (el de menor brecha entre clubes, instituciones que deben mostrar sus balances, con índices variables en base a sus logros deportivos), pero tampoco llegó al extremo del español (Barcelona y Real Madrid se llevan casi la mitad de los ingresos). Claro que el argentino contaba con otro actor privilegiado: el Estado. Y las posturas parecieron indeclinables desde el vamos. Los que estuvieron en contra de que no hubiera gasas en los hospitales pero sí para la pelota. Los que denunciaron los negociados del monopolio legitimando la participación estatal.

Desde la asunción de Macri, en poco más de quince meses los cambios han sido drásticos, al punto que hablar de FPT se parece a la época del viejo Canal 7. En los primeros meses de 2015, FPT abrió el juego al resto de las señales abiertas (con la transmisión de los partidos que involucraban a 30 equipos). A su vez, Fernando Marín nueva cabeza del plan- había asegurado que se licitarían las transmisiones para tratar de equilibrar los costos y que la gratuidad del servicio no estaba en duda. A buenos entendedores

En medio, ocurrió el berenjenal de la AFA y la exigencia de la FIFA de normalizar la entidad que incluye la reforma de su estatuto y, por ende, la constitución de sus torneos. A finales de octubre, Fernando De Andreis le puso fecha de defunción al FPT. Desde el 1 de enero no va a existir más, anunció el Secretario General de la Presidencia. En febrero, el gobierno llegó a un acuerdo con la AFA por la rescisión del contrato (que iba hasta 2019) con un resarcimiento de $ 530 millones para las arcas de la institución de la calle Viamonte. El primer torneo de este año necesitó de una inyección de $ 350 millones para que se pusiera en marcha, lo cual demuestra hasta el nivel en que la televisación ha metido la cola en el asunto.

Hasta comienzos de marzo, la empresa española MediaPRO, ESPN y FOX/Turner pelearon por los futuros derechos de transmisión. El día en el que estaba pautada la apertura de los sobres, no se hizo por tecnicismos y la licitación entró en un stand by hasta el cierre de esta edición de PLAYBOY. Algo es seguro: a olvidarse de los nombres de torneos como Eva Perón, Nietos Recuperados, Ramón Carrillo, Crucero General Belgrano, entre otros títulos ligados a personajes y causas populares: la nueva encarnación del torneo llevará el mote de Superliga (como escisión formal del torneo de Primera). Los costos y formas en que se podrán ver los goles aún están en discusión (si el precio lo asumiría el cable básico, un mix con el Premium, la creación de un canal como centro de distribución, todos orillando entre 15 y 20 dólares mensuales). Pero incluso lo referido a contenidos de Interés Público por la ley de medios (26.522) podría significar una pequeña piedra en el zapato de quien se adjudicara la licitación. O, mejor dicho, del botín.

Hay otro dato incontrastable. Si algo dejó la última década son teles por todas partes. Bares, garages, pancherías, kioscos, puestos de flores: en cualquier lado, por más pequeño que sea, habrá alguien mirando la pantalla. Allí donde hay una conexión, seguramente alguien esté mirando fútbol. O tenga pensado hacerlo. El FPT cambió las costumbres, tal vez las profundizó. Hay millones de hinchas en el país que, de viernes a domingo, se clavan un partido atrás de otro (también martes, miércoles y jueves). ¿Quién juega?, pregunta el curioso, nadie sabe contestarle, pero ahí está puesto el partido. Y algún gol siempre cae, como para renovar las ganas de mirar fútbol. Es peligroso decirlo, esto no pretende ser una denuncia, pero tal vez el FPT generó una adicción casi hipnotizante. ¿Habrá algún junkie que vio todos los partidos en estos años? ¿Alguien, acaso, quiere rehabilitarse?

 

*Los autores escribieron el libro Siamo Fuori. Por qué no ganamos un Mundial en los últimos 24 años. Por qué podemos ganar la copa en Brasil. Planeta. 2010.