TELEVISIN

GAME OVER

Por Fiorella Sargenti

La serie de HBO se acerca al final y no deja de acumular récords que la posicionan como uno de los productos televisivos más exitosos de todos los tiempos. Es fácil decirlo ahora, en la séptima temporada, cuando solo queda una última a estrenar en 2018 o 2019. Pero esto no siempre fue así.

 

Sirvientes, espadas y sexo triste fue el título de la crítica que publicó The Wall Street Journal previo al estreno de Game of Thrones, allá por abril de 2011. Hay aspectos sexuales metidos para que el público femenino tenga algo, por el miedo justificado de que probablemente ninguna mujer viva miraría la serie de otro modo, ya que es ficción para varones que trata de seducir a la otra mitad de la población de manera condescendiente, dijo el New York Times. Y no eran la excepción, sino la regla. Dragones, zombies de hielo, sangre y piel no parecían la combinación ideal para la TV de la época. Hoy, tras seis temporadas y frente a la esperadísima séptima y anteúltima -quedan solo 13 episodios-, ¿cambió el show o cambió la forma en la que se lo ve? ¿Cómo fue que una temática considerada de nicho conquistó el mundo?

Actualmente bate récords, es favorita de los críticos y se la señala como una de las ficciones más feministas -gracias a un amplio abanico de mujeres bien escritas-, en una coyuntura en la que se analiza con lupa cada diálogo y acción. En los medios especializados y no tanto ya está instalada la idea de que Game of Thrones es la serie más popular de todos los tiempos: obtuvo el récord Guiness por haber sido transmitida en 173 países de forma simultánea, tiene el tráiler más visto de la televisión (61 millones de vistas en 24 horas), es la más premiada en la historia de los Emmy (lleva 35 estatuillas obtenidas) y desde 2012 también es la más pirateada (según el blog TorrentFreak). De alguna manera, una historia de sirvientes, espadas y sexo triste logró conquistar a una demográfica enorme y variada, la meta dorada de casi todo producto en el show business. 

Pero para entender el fenómeno que hizo que Jon Snow, Tyrion Lannister y la khaleesi se convirtieran en nombres globalizados y vedettes de los medios y las redes, hay que poner en contexto su aparición en pantalla. Canción de hielo y fuego es la saga literaria de George R. R. Martin en la que se basa el programa. Actualmente tiene cinco libros editados, con un muy demorado sexto tomo (Vientos de invierno), que debería salir en cualquier momento. Su camino hacia el Trono de Hierro de la cultura pop, desde la primera publicación en 1996 hasta el hype que protagoniza ahora, habla de una gran transformación en cuanto a consumos culturales masivos: cambiaron el qué, el cómo y el cuándo.

Para 2010 ya se debatía sobre la segunda era dorada de la televisión y los shows más prestigiosos estaban lejos de la ciencia ficción y la fantasía, con Mad Men, Breaking Bad y Boardwalk Empire a la cabeza. La gran sorpresa la había dado The Walking Dead, que tras el boom de Crepúsculo logró que se creyera que los zombies eran los nuevos vampiros. Parecía difícil que otro contenido tan clase b, reservado para nerds se colara dentro del mainstream. Hasta ese momento los productos de género fantasy eran considerados entretenimiento inferior en la pantalla chica. Solo El señor de los anillos, en cine, había conseguido conquistar a las grandes masas de forma internacional. Al mismo tiempo, desde lo técnico se iba instalando el on demand y empezaba a surgir la idea del streaming, mientras el DVD empezaba a despedirse.

HBO estuvo a la cabeza de este renacer televisivo, considerado factoría de prestigio y buena calidad, gracias a series como Oz, The Wire, Six Feet Under, In Treatment, Big Love y, por sobre todas las otras, Los Soprano. Desde un primer momento su estilo quedó asociado con productos maduros, oscuros, de gran exploración sobre la moral y la psiquis, con la capacidad de poner escenas de sexo y violencia sin perder nada, por ser contenido premium. Por eso es que sonaba tan arriesgado que decidieran adaptar una historia sobre una tierra medieval inventada, con magia y una extensa y compleja mitología. Ahí aparecen las figuras de David Benioff y D.B. Weiss, showrunners de GoT, quienes desde un primer momento se plantearon evitar el tono kitsch de títulos televisivos previos como Xena: La princesa guerrera. La clave estuvo en darle forma y profundidad a los personajes (Martin es muy cuidadoso con las motivaciones que, después de todo, son la columna sobre la que se construye todo), generar un ritmo atrapante y claro, tomarse cada escena tan en serio como si fuera un drama clásico y sí, en un primer momento atraer público con erotismo cuasi softcore.

Pero no solo fue modificándose el modo en el que se accedía a este tipo de programas, sino también el vínculo que se generaba con ellos. Las redes sociales fueron creciendo a la par de Game of Thrones y lo que en décadas pasadas se hablaba en foros especializados en la web profunda ahora es la carne que da forma a Internet: reacciones, teorías, debates, memes y spoilers. Esta exposición online fue vital para que año a año se sumaran cada vez más espectadores. De 2.52 millones en la primera temporada pasó a 7.69 en la sexta, y eso es solo en Estados Unidos. Según el canal, en 2016 tuvo un promedio de 25.1 millones global por capítulo (sumando cable tradicional, grabación digital, HBO On Demand, HBO GO y HBO Now).

Desde USA algunos se aventuran a decir que el éxito de tramas como las de The Walking Dead y Game of Thrones está relacionado con una necesidad de escapismo en un mundo poscrisis financiera internacional, pero como contraargumento uno podría decir que estos shows demuestran lo que el terror, la fantasía y la ciencia ficción vienen haciendo desde siempre, solo que antes con públicos segmentados: servir como metáfora para entender y atender la realidad. Benioff y Weiss supieron ver que Martin había usado las herramientas del género para desarrollar problemáticas modernas y eternas, como la religión, el sexismo, la discriminación, filosofía y política. En cada temporada hay momentos y diálogos que tocan dilemas tan actuales que parecen salidos directamente de nuestro zeitgeist colectivo (alcanza con leer las grandes frases de Tyrion, el enano) y quedan resonando en quien puede maratonear episodios con algo de atención.

Pasaron seis años del lanzamiento de Game of Thrones y nuestro mundo no es el mismo. Queremos ver lo que se nos cante, cuándo se nos cante y cómo se nos cante. Mirar programas de televisión en los que hay hechiceros y criaturas mitológicas ya no carga ningún estigma, y los consumos culturales pop se llevan en la camiseta, el celular y la piel. En una realidad en la que estamos a un click de distancia de cualquier historia, el nicho es todo y nada. Llegamos a Game of Thrones por los desnudos y la sangre, pero nos quedamos por los personajes, los diálogos y las historias. Cambió la serie, se perfeccionó, evolucionó, se sofisticó, pero más cambiamos nosotros. Solo era cuestión de tiempo.

Juego de frases

El culto a Game of Thrones llegó a rincones a priori inimaginables. Y la política no podía quedarse afuera. No solo Cristina Kirchner se declaró fan de la serie en plena cadena nacional sino que Pablo Iglesias, líder del PODEMOS, el joven partido español, coordinó y prologó el libro de análisis Ganar o morir. Lecciones políticas en Juego de tronos, de 2014. Un año después, le regaló los DVDs de la serie al Rey Felipe IV, en una salida de protocolo comentadísima en la península ibérica. Trátese de un gesto rebelde o una gambeta marketinera, lo cierto es que las intrigas de Game of Thrones te ponen a pensar. Y a lo largo de estas siete temporadas dejó frases de antología:

Cersei Lannister
Los dioses no tienen misericordia, por eso son dioses.

Daario Naharis
Todos los soberanos son carniceros o carne.

Littlefinger
El caos no es un pozo, es una escalera.

Ned Stark
Cuando cae la nieve y sopla el viento blanco, el lobo solitario muere, pero la manada sobrevive.

Tyrion Lannister
¿Con qué derecho juzga el lobo al león?.

Lord Varys
El poder reside donde los hombres creen que reside. Es un truco, una sombra en la pared, y un hombre muy pequeño puede generar una sombra muy grande.

Tywin Lannister
Un hombre que necesita decir yo soy el rey no es un verdadero rey.