20 PREGUNTAS

IVN NOBLE

Por Nicols Igarzbal | Fotos Ignacio Snchez

El año pasado volvió a tocar con Los Caballeros de la Quema y acaba de escribir un libro de memorias. Tiempo de balance para el músico, que quiere parar un poco la pelota.

 

Dicen que un caballero no tiene memoria y, en el caso de Iván Noble, eso de caballero tiene doble significado, ahora que volvió a cantar con su banda insignia. Y, amigado con el pasado, también se animó a escribir un libro de andanzas rockeras (Como el cangrejo) que define como una bitácora emocional de gira. Detrás de una tapa gris en que se lo ve desempacando su valija en un cuarto de hotel, el cantante de Morón bucea en su biografía, y comparte logros y miserias al por mayor. Hay relatos amorosos, familiares y musicales, momentos de iniciación (cuando grabó el primer disco de Los Caballeros de la Quema y la mamá le cocinó dos ollas de lentejas a todo el staff), momentos de austeridad (la vez que cobró por primera vez en SADAIC: 17 pesos) y momentos de derroche, como cuando alquiló una limusina en Los Ángeles, champagne y ramo de flores incluido, para pasar a buscar a una famosa cantante... que lo rechazó. El amor es el más hermoso de los malentendidos, sentencia.

Llegando a los 50 años, Noble entiende la vida como un partido de fútbol del que ya está jugando el segundo tiempo. Lejos de la imagen del pelilargo que cantaba en shorts desflecados, siente que era hora de parar la pelota y hacer un balance. Los tipos que escribimos canciones somos chantajistas, ventrílocuos medio berretas de emociones ajenas: la mayoría de las cosas que canto ni me acuerdo por qué las escribí, confiesa, sin vueltas, en uno de los capítulos más crudos.

 

 

 

1. Hay momentos del libro en que quedás muy expuesto, ¿tuviste algún tipo de pudor? 

No lo pensé tanto en su momento, me di cuenta cuando me lo marcaron varias personas después. Mientras escribía no era algo que me tenía demasiado alerta. Y me alegro, porque si no, hubiera tenido más cautela y no creo que la cautela sea una buena consejera a la hora de escribir. Al contrario: a mí la literatura que más me gusta leer es la del autor que queda en carne viva, como toda la literatura del yo, como le dicen ahora, desde Henry Miller en adelante. Esa honestidad brutal es lo único que no le puede faltar al texto. No es un valor literario en sí mismo, pero a mí me gusta que el tipo que escribe esté más desguarnecido porque me parece que así es más fácil emocionar.

 

2. También hay pasajes en los que te burlás de los clichés del rock star, ¿siempre te tomaste el asunto con tanto humor? 

Es que a altura de mi vida, que cumplo 50 años, si no aprendí a reírme de mí mismo y de toda la superchería que hay alrededor del rock, sería porque todavía me lo creo demasiado y no me parece muy sano tener esos tics. Cuando uno arranca en esto, empieza a tener sus pequeñas prosperidades y esas cosas te sacuden el kiosco, pero después, por suerte, el tiempo se encarga de hacerte acordar que no es demasiado importante todo eso que pasa. Como dicen las abuelas, al final solo te quedan la salud, los afectos, y tres o cuatro amigos. El rock es un lugar siempre lleno de gente, de situaciones y de anzuelos, y muchos de ellos sirven para escribir relatos. Pero, en definitiva, la situación más real es que el tipo después de tocar se vuelve a su casa. La primera vez que llenamos Cemento, que era un momento cumbre para una banda under, me acuerdo que las dos semanas previas fueron muy agotadoras y había mucha expectativa, porque para nosotros era como tocar en el Madison Square Garden. Brindamos en camarín cuando terminó el recital y me acuerdo la imagen de salir y ver los vasitos de plástico aplastados en el piso, como un campo minado, ya sin la gente. Esa foto siempre me quedó: nunca te olvides que después de los aplausos y las chicas gritando cosas, solo quedan los vasitos aplastados.

 

3. ¿Cuándo fue la última vez que te tomaste un colectivo? 

Hace muchísimo. Dejé de tomarlos cuando me compré mi primer auto, en el 99. No tengo ni siquiera SUBE: soy un burgués hecho y derecho. Pero puedo recordar todos los bondis que me tomaba: el 115, el 132, el 28 a Ciudad Universitaria, el 269 para ir al colegio en Morón, el 238 para ir a la casa de mi abuela, el 80 cuando tenía una novia en Mataderos, y La Lujanera, que ya no existe más. Hoy no sé ni cuánto sale el boleto (¿10 pesos?).

4. Tocaste de telonero de Rod Stewart, ¿le regalaste algo? 

Sí, le llevé la camiseta de Boca alternativa, con mi nombre en la espalda. Si algún día se la pone, me muero. No soy muy cholulo, pero hay dos o tres tipos que para mí fueron mojones en la preadolescencia y uno es él. Le llevé el disco de Los rubios se divierten más, que fue de los primeros que compré en mi vida. Tenía 12 años, lo habré comprado en el 78 o 79. Fue una especie de iniciación, porque pasé de escuchar ABBA y los Bee Gees en los primeros asaltos, cuando recién empezaba a mirar chicas, a eso. Y además, ¿viste lo que era la tapa? Él abrazado con una morocha y una rubia, y las dos con animal print. ¿Sabés lo que era para un chico de 12 años? Me encerraba en mi cuarto a jugar a ser él con la imaginación. Probablemente, las primeras masturbaciones de mi vida hayan sido con la tapa de ese disco.

5. También abriste shows para Tom Jones y Bryan Adams, ¿a quién más te falta telonear? 

Me gustaría a Billy Joel o a Jeff Lynne de la Electric Light Orchestra. Y me hubiera encantado a Tom Petty. Ser telonero siempre es una circunstancia muy kelper. Con Los Caballeros fuimos soporte de Aerosmith, Slash, The Cult, Sabina Es un gusto personal que te das. Después los saludás y te sacás una foto con ellos, nada más. El año pasado abrí tres shows de Bryan Adams en el Gran Rex y el tipo fue muy cálido. La segunda noche que terminé de cantar, me saludó y me dijo: ¿Te puedo dar un consejo con mucho respeto? Te escuché ayer, ¿pero por qué no cantás parado?. Y tuvo razón. Entonces la tercera noche canté parado.

6. El año pasado volviste con Los Caballeros de la Quema en el Estadio Único y definiste el show como un polvazo, ¿fue tan así? 

Y terminaron siendo dos, con seis meses de diferencia. Se planteó como un reencuentro puntual, solo lo del Estadio Único de La Plata, y nos colmó las expectativas. A raíz de eso, nos quedó la sensación de que había sido algo más grande de lo que esperábamos. Nos llamaron de varios lugares y dijimos que no. Hasta que salió lo de tocar gratis en Mar del Plata, en enero pasado, y nos gustó la idea porque iba a haber gente de todo el país. La banda no tiene una continuidad hoy, quizás sigamos el modelo de los Fabulosos Cadillacs, que se juntan cada tanto. Lo nuestro va a ser un polvazo cuando lo amerite: nada de cita a ciegas, ni encuentros de Tinder.

 

7. ¿Levantás por redes sociales? 

Las últimas mujeres que conocí, que tuve algo medianamente memorable, fueron por redes sociales. La verdad que cada vez salgo menos y la cacería nocturna no va más, necesito de esos anteojos infrarrojos que usan los del FBI. La noche me dio mucho y estoy muy agradecido, pero ahora, básicamente, lo que me da es Netflix. Igual ya no estoy tan metido en las redes. Twitter es divertido un rato, cuando pasás la etapa de discutir con la gente. Hay unas contiendas insoportables y no se puede discutir en 140 caracteres. Estar en contra de las redes sociales hoy en día me parece algo pueril, como estar en contra de que llueva, y hay algo de pose. Ese snobismo de no tengo redes sociales, no tengo celular: es el nuevo cabopolonismo del siglo XXI. Yo tengo redes, las uso, pero no las tomo muy en serio. Trato de comunicar mis cosas, aunque no sé si a la gente le interesan realmente. Pongo el aviso de un disco o un show y la repercusión es mediana. Y pongo qué misterio el de las mandarinas amargas y eso tiene mucha más repercusión. La gente en las redes no quiere informarse, quiere espiar, quiere verte en pantuflas, ver que estás desayunando y qué estás leyendo.

 

8. Cumplís 50 años, ¿cómo te pega eso, vos que sos tan melancólico? 

Algunas balas entran. El paso del tiempo es el tema. Te empezás a preguntar: ¿Habrá pasado lo mejor? ¿Cuánto falta para que llegue lo peor? Y también te planteás cómo vas a envejecer, si con cierta elegancia o estrepitosamente. Y más para un tipo que se sube a un escenario, eso es bravo para los músicos, porque gran parte del asunto tiene que ver con ¿Viste la canción de Lou Reed Growing Up in Public? Bueno, el tema es que después envejecés en público y es una gran encrucijada. Y no lo digo solamente a nivel estético: hay que ver cómo envejecen tus canciones, tu performance en vivo, y no caer en ciertas trampas para no terminar siendo una caricatura, pensando que seguís teniendo 20 cuando tenés 50.

 

9. ¿La edad tuvo que ver con la decisión de rearmar el grupo? ¿Por qué ahora sí y antes no? 

Esta vez me calentó más la idea, por cierta sensación de que si no lo hacíamos ahora, no lo hacíamos más. Nos habíamos separado hace 15 años y tenía la idea de que la gente no se iba a acordar de la banda. Y lo que pasó fue asombroso, porque vino mucho padre e hijo juntos, mucho vaso comunicante generacional. Eso fue lo que más me emocionó, lejos, porque quiere decir que las canciones perduraron. Había por lo menos dos generaciones entre el público. Para los que hacemos canciones, eso es lo más lindo que nos puede pasar, que haya un tipo de 20 y uno de 50. Que el tipo que estaba en Cemento todo transpirado ahora esté con su hijo en andas.

 

10. Con una mano en el corazón, ¿cuánto influyó lo económico para este regreso? 

Poco. Yo gano más plata como solista y acá tuvimos que dividir todo en seis partes iguales para cada integrante. No lo hice como un gran negocio, no me movió la aguja por ese lado y, de hecho, no lo necesitaba, por suerte. Me lo habían ofrecido dos veces. En una justo había sacado un disco solista y no era el mejor momento. Y esta fue la tercera. Y fue la vencida.

 

 

 

11. Se cumplen 20 años de Avanti Morocha, ¿fantaseás con tener alguna vez otro hit así o es algo que pasa una sola vez en la vida? 

Sospecho que no. Me parece muy raro que vuelva a escribir una canción tan popular. Aparte de ser popular, tiene un componente emocional muy fuerte y que la convirtió en eso que algunos llaman himno, como Solo le pido a Dios o Y dale alegría a mi corazón. Igual nunca se sabe, porque cada vez que escribís una canción, es tirar una botella al mar. Pero hoy en día no creo que las canciones conmuevan a tanta gente por tanto tiempo. Hoy es todo más urgente, más veloz. Las canciones que se escriben ahora difícilmente tengan destino de clásico que trascienda una época. Así que, sí, quizás haya sido la canción más popular que tuve en mi vida y está muy bien, lo agradeceré siempre. Cuando tenga 70 años y entre a SADAIC, los pibes van a decir: Ese me parece que es el de Avanti Morocha.

 

12. ¿La compusiste como un tema más o sentiste que tenía algo especial? 

No, era un tema más del disco, para una de las tantas chicas a las que les dedicaba canciones. La escribí para una novia llamada Romina, que ahora vive en España y está casada con un guardaparques. En esa época salía conmigo, y ella supo que era para ella, y hoy sus hijos lo saben. La canción tenía una cosa medio sanadora y se nos acercaba gente con problemas grandes de salud, que estaba con quimioterapia, o había perdido una pierna en un accidente, o se le había muerto un familiar, o había estado internada, y me empezaban a contar su historia con la canción, que los había ayudado en algún momento adverso de la vida, cuando yo en realidad la había pensado como una especie de dale, loca, no te vayas.

 

13. 1998 fue un año clave para el rock argentino, con Los Redondos, La Renga, Los Piojos, Bersuit Vergarabat y Los Caballeros de la Quema en un pico de popularidad, ¿cómo recordás esos años de finales del menemismo? 

Evidentemente, fue una época donde las bandas fuimos portavoces de un malestar creciente, de una sensación de país que se caía a pedazos y que se venía un momento bravo. Se avecinaba una época muy desértica y fuimos la banda de sonido de eso, y acompañamos en el sentimiento. Eso fue lo más importante. Musicalmente, soy muy crítico de los 90. Comparados con las bandas de los 70 y 80, fue un retroceso. Es muy difícil que cualquier disco de una banda argentina de los 90 le arrime el bochín a un disco de Serú Girán. Con esto no subestimo a las bandas, tuvieron un componente emocional muy fuerte, más de cobijo. Pero esa popularidad que empezó a haber, y esa cosa de estadio, atentó contra la calidad artística.

 

14. ¿Escuchás bandas nuevas? 

No. No tengo mucha idea de las bandas de ahora. Cada vez escucho más rock nacional clásico, como Manal y Serú Girán. Soy bastante conservador. Escucho los discos que ya me hicieron feliz y que estoy seguro que me van a seguir haciendo, como los de Sinatra, Beatles y Pink Floyd. Difícil que me ponga a escuchar un disco nuevo de pé a pá. Mi hijo me hace escuchar bandas nuevas y conozco algunas por él, pero tampoco tengo una cosa de mucha emoción.

 

15. ¿Qué hacés cuando te gusta una chica? 

Me convierto en un imbécil. Ser cantante me ha dado mucho hándicap en el sentido de que en general las chicas más interesantes y más hermosas con las que estuve, se acercaron ellas. Pero después hay que hacer el trabajo de mantenimiento. Mis rituales de seducción son absolutamente puertas adentro: vino, velas, Sinatra, cocinar

 

16. Fito Páez puso en la tapa del disco Mi vida con ellas a las mujeres que más lo marcaron, ¿a quiénes pondrías vos? 

No tuve tantas. La más importante es la mamá de mi hijo, Julieta (Ortega). Y pondría a mi primera novia. Si me apurás, esas son las más importantes. Y en el medio, un montón de mujeres, algunas hermosas, otras demasiado, algunas divertidas, otras no tanto. Pero con todas soy un tipo muy agradecido.

 

17. ¿Qué lugar ocupa el sexo en tu vida? 

Uno fundamental. Sigue estando en el tope de la agenda, por encima de tocar y componer. Yo pensé que a esta altura de la vida no iba a ser tan importante, pero me equivoqué. Ahora se disfruta de otra forma.

 

18. ¿Quién te hizo hincha de Boca? 

Un vecino del barrio. La casa de mi vieja es una casa al fondo de otra, con un pasillo gigante. Y, entre los que vivían adelante, estaba Eduardito, que era mi vecino más grande, él tenía 9 años y yo, 5. Él me hizo de Boca. Y, después, amigotes de la primaria. El gol que más grité en la vida fue el de Palermo a River en la Copa Libertadores 2000. Me acuerdo que estábamos de gira con los Caballeros y lo vi en Mendoza.

 

19. ¿Qué hubiera sido de tu vida si no hubieras dejado la carrera de Sociología para dedicarte a la música? 

No tengo idea. Sería un docente más o menos bien intencionado o le estaría escribiendo los discursos a algún diputado, con un poco de imprudencia de mi parte. La verdad que es algo que quedó muy lejos. A veces paso por la puerta de la facultad de Sociales y pienso uy, las veces que yo venía acá. Fue en otra vida.

 

20. ¿Hoy podrías escribir una canción tan política como Rajá rata o Argentinamente? 

Podría, pero no me interesa. Después de cierta edad, me pareció que lo que más me interesaba cantar eran cuestiones de piel para adentro, cosas más confesionales. Ya no salgo tanto y el diagnóstico de la calle se lo dejo a los pibes que la patean, a los que están todavía husmeando el asunto. Yo ya fui cronista de una época. Hoy soy cronista de mi intimidad.