FTBOL

LA LEY Y EL ORDEN

Por Lautaro Androszczuk

El reglamento los considera aire si la pelota los toca, pero son indispensables para el juego. De esa dualidad están hechos los árbitros, los tipos más puteados de los domingos argentinos, los que hacen cumplir las reglas. Aquí están, estos son.

 

A fines de 1926, el conflicto que se había entablado siete años antes entre los clubes respecto del camino hacia la profesionalización se había prácticamente saldado y finalmente se fusionaron las dos asociaciones en pugna: la Argentina de Football y la Amateurs de Football. En 1927, la Asociación Argentina Amateurs de Football ya disputaba su competencia y en ese mismo año hacía su debut como árbitro Bartolomé Macías en el triunfo de Tigre sobre Atlanta por 3 a 1. Macías había llegado a ser un respetable defensor central en la Primera del Club Adrogué y sus partidos más memorables los jugó para el Argentino de Banfield, en el año 1925. Una lesión le cortó su esmerada carrera como futbolista pero aquello no le impidió quedar ajeno al balón. De hecho llegó más lejos que muchos de sus contemporáneos. Fue el primer argentino en dirigir en un Mundial, precisamente, en el de 1930, organizado y ganado por Uruguay. Ostenta el récord de partidos dirigidos en Copas América (25) y es el árbitro argentino que más penales cobró en un partido de Primera División: 3 para Racing y 3 para Estudiantes de La Plata fue la salomónica administración del hombre para la victoria de los de Avellaneda por 6 a 4 el 18 de noviembre de 1944. La carrera de Macías continuó luego con una triste temporada como entrenador de Atlanta, consiguiendo el descenso del club por primera vez aunque no la última.

El reglamento ya no es el mismo. Incluso los árbitros cuentan hoy con un recurso que en la época de Macías hubiera resuelto varios problemas: los números en las camisetas, que fueron obligarorios por primera vez en 1949, por pedido expreso de los áribitros ingleses que habían llegado a la Argentina un año antes. Sucede que los jueces locales estaban muy mal reputados. Casos de soborno y mala fe llevaron a la Asociación a tomar la decisión de importar árbitros ingleses, que modernizaron el juego. Ni la cantidad de cambios, ni la ley del offside ni los metros de distancia para la barrera en un tiro libre son los mismos que en las décadas fundacionales del fútbol. Lo que no parece haber cambiado, sin embargo, es ese deseo, esa voluntad: como jugador o como referí, estar cerca de la pelota.

Mi sueño, como el de un montón de argentinos, era ser jugador de fútbol. Así habla Ignacio Lupani, árbitro de AFA y número puesto para dirigir partidos importantes en Primera B, la tercera categoría de nuestro fútbol.La particularidad de Ignacio es que supo ser jugador de Ferrocarril Uquiza en la Primera D: Un día, un conocido nos avisó a mi hermano y a mí que buscaban jugadores en el club y fuimos. Quedamos y luego de un previo paso por reserva pude integrar el plantel de Primera. Si bien es una categoría amateur, formar parte de un equipo de AFA fue muy lindo. La preparación, el juntarse con mis compañeros antes de los partidos, todo. Mientras se desempeñaba como mediocampista del club que actualmente lleva por nombre UAI Urquiza, Lupani se metió a estudiar en la carrera de árbitro por el consejo de un tío: Él había dirigido y me insistía. Además, mi DT era Juan Carlos Biscay, que también había sido futbolista antes de ser árbitro. Yo accedí y arranqué la carrera. Me empezó a ir bien y en un momento, cuando se me presentó la oportunidad de entrar a AFA, tuve que elegir. Me quedé con el arbitraje porque sentía que tenía más futuro y creo que no me equivoqué.

Las ganas de seguir relacionado al mundo de la pelota pudieron más e Ignacio pasó, en poco más de dos años, de ser jugador a dirigir en las mismas canchas y hasta a ex compañeros y rivales. Fue bastante natural. No tuve problemas con ninguno. Tampoco fui un jugador conflictivo. Jugaba a muerte pero no buscaba sacar ventaja fuera del reglamento. Nunca me expulsaron, solo recibí un par de amarillas. Tal vez la única ventaja que tuve fue que a varias de las canchas de la D ya había entrado, pero vestido de jugador. Igualmente es todo diferente. Vos te equivocás como jugador y hay 10 compañeros que te pueden salvar. Cuando sos árbitro, por más que estén los jueces de línea a los costados, adentro del campo de juego estás vos solo contra todos y toda equivocación te la van a reclamar. Por suerte es algo que uno va trabajando y superando. Hoy estoy muy contento. Ojalá pueda llegar a dirigir en Primera División A, cierra Lupani.

El protagonismo de un réferi en el fútbol es extraño. Seguramente si su partido estuvo lleno de aciertos y supo llevar correctamente el trámite del encuentro, pasará desapercibido. Su nombre no se volverá a repetir en los días siguientes. Solo el error hará que su nombre se destaque y se recuerde. Guillermo Nimo fue tal vez de los árbitros más histriónicos de la historia. Su forma de llevar los partidos, de hablar, su look y hasta su carrera como comentarista deportivo lo hicieron famoso. Su perla blanca y perla negra con el por lo menos así lo veo yo incluido lo ubicaron en el imaginario popular. Sin embargo, una de las veces que su nombre más estuvo en boca de todos fue por un error arbitral. En 1968, River buscaba cortar con 11 años de sequía sin títulos locales y en un partido definitorio frente a Vélez, Nimo no sancionó una clara mano dentro del área de Luis Gallo, defensor del Fortín. El equipo de la V fue campeón y en River nunca le perdonaron no haber visto ese penal.

Es difícil convivir con el error. Durante un partido vos te podés equivocar y lo importante es no quedarte en eso, porque vas a terminar compensando y lo único que vas a lograr es un compendio de fallos erróneos. Uno es un protagonista más dentro de un deporte en el que cualquiera se puede equivocar. Lo importante es estar siempre atento y lograr una credibilidad que haga que los jugadores y la gente sepan que si no cobraste algo, es por una equivocación y no por otra cosa. Pero eso es algo que se logra con los años, explica Héctor Baldassi. El ex réferi, actualmente Diputado Nacional de Cambiemos por la provincia de Córdoba, cuenta con el récord de River- Boca dirigidos, llevó las riendas de todos los clásicos de Primera División de nuestro país, estuvo en mundiales juveniles, juegos olímpicos y hasta la Copa del Mundo Sudáfrica 2010. Todo esto, con un estilo bien marcado. Siempre quise bajar a tierra la imagen del árbitro. ¿Por qué no me puedo reír dentro de una cancha? Yo también disfrutaba en un partido importante como los jugadores y mi forma de ser era esa. Siempre respetaba el reglamento pero era elástico. Toda mi carrera me manejé igual. Desde el ascenso hasta en primera. El jugador te escucha, te entiende y el hincha también se da cuenta de que lo que buscás es bajar un poco los decibeles y dejar que el juego fluya, aporta Héctor.

El representante máximo de aquella elasticidad con el reglamento se llamó Francisco siga, siga Lamolina, activo durante la década de los 80 y los 90. En la vereda de enfrente, no hace falta ni decirlo, está Javier Castrilli. Son los ejemplos más marcados de las diferentes formas de llevar adelante un partido. Tal vez el único acercamiento entre el Sheriff Castrilli y la Coneja Baldassi es que ambos incursionaron en política luego de dirigir. El encuentro más recordado de Castrilli dentro de un campo de juego fue Vélez 5 Boca 1. Castrilli convalidó un gol en el que parecía que la pelota no había ingresado, sancionó un polémico penal, ambos fallos a favor de Vélez y expulsó tres jugadores xeneizes. Uno de los que vio la roja fue nada más y nada menos que Diego Armando Maradona. El mejor jugador de todos los tiempos no soportó las sanciones del Sheriff y lo increpó: Explíqueme maestro, ¿usted está muerto? Explíqueme, por favor se lo pido. Estamos hablando como hombres. Sus compañeros querían separar y le repetían: No te va a contestar, a lo que Diego respondió: Entonces es un botón. Todo esto con una popular visitante con el alambrado roto, miles de hinchas de Boca tirando de todo al campo de juego y los gases lacrimógenos de la policía que decoraban una escena histórica de nuestro fútbol.

Lamentablemente, el árbitro parece que tiene que acostumbrarse a correr el riesgo de ser agredido. No importa que sea en un partido por la punta del torneo de Primera o en un campeonato barrial por plata entre desconocidos. Joel Pogge se recibió de árbitro hace solo unos meses y, en su camino para terminar la carrera, ya vivió algunas experiencias no tan agradables en esos torneos en los que no existen los alambrados y abundan las cervezas y el vino en la previa de cada equipo. Cuando me metí a estudiar, le dije a mi vieja: Má, te voy a hacer famosa. Uno sabe que te van a insultar aunque dirijas bien, te vas preparando para eso, pero no para que te quieran pegar. Una tarde, en un torneo amateur, me estaba yendo bastante bien, era un partido tranquilo. Pero cobré un penal, iban 1 a 1 y podía definir el partido. El que hizo el foul se me vino al humo, me empezó a amenazar, me quiso pegar, me gritaba de todo. Cuando lo separan y se calma un poco, obviamente le dije que estaba expulsado y fue peor, él y su capitán se me vinieron encima de nuevo. Sus propios compañeros querían separarnos. Se metió todo el mundo. Organizadores, amigos, allegados. Tuve que suspender el partido. Por suerte me pude ir de la cancha sin que me agredieran, pero sabiendo que hay veces en las que es preferible evitar algunos torneos. Aunque me encante dirigir, hay veces que por tu seguridad tenés que cuidarte, relata Joel.

Los comienzos no son algo fácil para ningún árbitro. María Stefani Pinto dirige en inferiores, en primera de futsal y es jueza de línea de forma habitual en el torneo de reserva de AFA. Yo empecé a estudiar mientas hacía el profesorado de educación física. Desde chica soy una enferma del fútbol. Miro todos los torneos, copas, todo. Y el arbitraje surgió como una excusa para acercarme al mundo que tanto me gustaba. No tenía vocación en un comienzo, pero ahora me encanta. Todavía recuerdo mi primer partido. Fui jueza de línea. Aunque me fue bien, me decían de todo, me insultaban de afuera, los jugadores protestaban por todo, se te venían encima. No me imaginaba que era para tanto, y más en un partido amateur. Cuando me fui a mi casa, lloré. Era mi primera vez dirigiendo y lo sufrí, pero me repuse. Ni loca iba a abandonar. Para las mujeres es todo un poco más difícil, todavía hay prejuicio con nosotras, como que no vamos a saber las reglas, pero nos preparamos como todos. Actualmente ya no me afecta nada. Trabajé mucho y lo logré. Eso sí, a mi familia le cuesta más. Ellos prefieren no ir a verme dirigir. No se bancarían escuchar que alguien me insulte en la cancha. Para mí es mejor que no vengan, porque sería feo que me griten algo, alguno reaccione y se genere un mal momento. No están preparados para eso. Yo, hoy por hoy, creo que hasta me motiva que me insulten. Me obliga a concéntrame aún más.

Las ganas de estar en el mundo del fútbol son una generalidad para la mayoría de los argentinos y, aunque varios tomarían al arbitraje como un camino más, no es nada fácil. Si bien estamos dentro de la misma cancha y siendo protagonistas del mismo deporte, ser árbitro es totalmente diferente a ser jugador. No es para cualquiera. Tenés que convivir con que podés tener un partido excelente pero un error en el final y chau, nadie se va a acordar de los aciertos anteriores. Es similar a lo de un arquero pero nosotros estamos solos, no tenemos una hinchada a favor, cuenta Ariel Penel, árbitro de la Primera División. Las simulaciones, las protestas, el juego brusco y las cargadas hacen que los jugadores argentinos sean para muchos los más complicados. No te podés distraer un segundo nunca, pero en nuestro fútbol menos. El futbolista argentino es de los más difíciles de todos, aporta Penel.

Los árbitros tampoco son fáciles, hay que decirlo. Ni los dirigentes: Eran épocas de crisis en el país, y llevar una marca en nuestra ropa nos significaba un ingreso que a los árbitros nos sumaba y mucho. Fue difícil conseguir que nos dejen usarlo. Los sindicatos casi ni se metieron: tuve que ir yo personalmente a hablar con Don Julio para que nos deje. Él era bravísimo y eso que yo tenía una excelente relación, pero no quería hablar de plata y precisamente en ese momento necesitábamos hacerlo. Quien habla de esta forma sobre el expresidente de AFA es Pablo Lunati, el extrovertido árbitro que hoy no duda en mostrar su fanatismo por River y que analiza el fútbol en televisión. La imagen de Grondona siempre dejaba para muchos un manto de dudas sobre la claridad en el arbitraje, aunque no para Pablo: Julio fue el mejor dirigente argentino, por lejos. Muchas cosas que se dicen de él no son ciertas. Y sigue, con sus definiciones: Yo no desconfío de la honestidad de ningún árbitro, sí reconozco que hay muchos que no pueden dirigir en la élite, pero porque no son capaces o porque directamente no entienden el juego. No sienten el fútbol y por más que te sepas el reglamento si no lo sentís, si no comprendes el fútbol, no podés dirigir, afirma Lunati. Hoy vive las mieles de la fama. Su carisma frente a una cámara lo hace ser reconocido en las calles y su fanatismo por River logró lo imposible: ser saludado con afecto en una cancha y que le pidan fotos como a un ídolo. Los insultos por ser árbitro ya son parte del pasado. Hoy, en el Monumental, Lunati disfruta. Sin embargo, en ese mismo escenario sufrió uno de los momentos más incomodos y más recordados por los futboleros. En 2007, River perdía por 3 a 2 con Central y pudo empatarlo 8 minutos y algunos segundos después. Lunati había adicionado 6, que extendió a 8 por las protestas del banco de Central: no les había permitido realizar el último cambio sin nunguna excusa razonable. Me arrepiento, pero no lo hice para favorecer a River. Me enojé porque Central no paraba de hacer tiempo. Sentí que me boludeaban. El carrito de los lesionados entró 7 veces. Fue de calentón. Me dejé llevar por la situación. Pero no tuvo nada que ver mi amor por River. Yo, cuando dirigía, dejaba de ser hincha durante esos 90 minutos. Antes y después lo vivía como ahora, pero me lo guardaba. No les creo a los que dicen que cuando se meten en el fútbol pierden el fanatismo. No los entiendo. Hoy disfruto mucho yendo a la cancha con mis hijos, cuenta Lunati, quien no descarta un futuro como dirigente. Eso sí, en River; nada de meterse en el arbitraje de nuevo, eso ya quedó atrás. La justicia y la pasión rara vez van de la mano.