ARCHIVO: FIDEL CASTRO

FIDEL CASTRO: LA REVOLUCIN NUNCA TERMIN

Por Jeffrey Elliot y Mervyn Dymally | Fotos Gianfranco Gorgoni

En 1985, a más de 18 años de haber concedido su primera entrevista a PLAYBOY, el líder cubano volvió a recibir a un equipo de la revista en La Habana. Publicada en agosto de ese año, reproducimos aquí gran parte de la entrevista obtenida durante 8 tensos días y 25 horas de grabación. Un diálogo profundo sobre reagan, la revolución, los dictadores y su vida personal. Lectura imprescindible luego del histórico acercamiento entre Estados Unidos y Cuba anunciado recientemente por ambos gobiernos.

Pocos líderes en el mundo, vivos o muertos, han sido protagonistas de una etapa central de la historia como Fidel Castro, el caudillo cubano, cuyas palabras y actos han irritado y enfurecido a siete presidentes norteamericanos y cuya Revolución, en 1959, electrizó al mundo. La historia política de los años que se sucedieron es conocida, por lo tanto pensamos en utilizar este espacio para contarles a ustedes de qué manera se realizó esta extraordinaria entrevista.
Durante las últimas dos décadas, con raras excepciones, Castro, de 58 años, ha mantenido a la prensa a distancia. (Una excepción fue la primera entrevista de PLAYBOY con él, en 1967, en la que se discutió sobre los primeros días de la Revolución y la crisis de los misiles de 1962).

Pero los tiempos cambian, y Castro cree que ha llegado el momento de impulsar un nuevo diálogo con el público norteamericano. Y aquí está el problema: aunque la locuacidad de Castro es legendaria, después de leer las transcripciones de la entrevista más extensa que Castro ha concedido, es difícil imaginar que alguien pueda embarcarse en un diálogo de ida y vuelta con él. No es que Castro no escuche los otros puntos de vista, lo hace y, aunque es dogmático en cuanto a sus creencias políticas, parece genuinamente curioso acerca de todo, pero sus respuestas son largas y repetitivas, lo cual complica el normal proceso de edición de la palabra oral para la página impresa. Esas grabaciones de sus discursos de cinco horas en estadios llenos de gente no son exageradas: incluso en un lugar menos formal para una entrevista, las respuestas tienen una duración de diez, quince o veinte minutos. Él rechaza con un gesto con la mano las interrupciones mientras sus respuestas se apilan unas sobre otras. Por lo que nosotros queremos que nuestros lectores sepan que, aunque esta entrevista con Castro puede ser reproducida con mayor fidelidad, ha sufrido muchos cortes así como interrupciones.

Los entrevistadores mismos conforman un equipo poco usual, ya que las entrevistas fueron llevadas a cabo por el escritor y profesor de ciencias políticas, Dr. Jeffrey M. Elliot y Mervyn M. Dymally (quien también posee un doctorado), miembro del Comité de Relaciones Exteriores del Congreso y presidente del Instituto de Investigaciones Norteamericano y del Caribe. Debido a estas credenciales, y debido a la tradición que tienen las entrevistas de PLAYBOY, Castro se sentó para lo que él llamó la entrevista más larga y de amplio alcance que alguna vez mantuvo con un periodista norteamericano. Diez días después de que Elliot y Dymally regresaron, Kirby Jones, experto en Cuba y coautor de un libro de 1975 sobre Castro publicado por PLAYBOY Press, planteó muchos temas adicionales con el líder cubano que fueron incorporados. Jones estaba en La Habana para colaborar con la filmación de un documental para Public Broadcasting Corporation/WNET, producido por Carol Polakoff y Suzanne Bauman y dirigido por Jim Burroughs, para ser exhibido por PBS este invierno.
El profundo interés que Castro demostró en el proyecto de PLAYBOY puede resultar inusual, pero los periodistas están de acuerdo en que él no se compromete menos cuando se embarca en otros asuntos, aportando su considerable atractivo y su energía para soportar cualquier cosa en la que se involucre.

()

Todos los encuentros también estaban presentes en las mentes del Dr. Elliot y el Representante Dymally al regresar a los Estados Unidos, cuando escribieron este informe:
Pocas entrevistas podrían haber sido tan complicadas en su preparación como nuestra maratón de ocho días con Fidel Castro. No hay dudas de por qué un documental de la década del 60 sobre la frustración de un equipo de filmación por una entrevista prometida pero no otorgada recibió el título de Esperando a Fidel. La conformidad de Castro a nuestra solicitud para una entrevista fue precedida por dos reuniones con Dymally. En junio de 1984, Dymally, acompañado por el reverendo Jesse Jackson por entonces candidato a la presidencia, viajó a Cuba. Como resultado de esa reunión, Castro ofreció liberar a 27 prisioneros políticos cubanos y 22 norteamericanos que habían sido arrestados por cruzar de manera ilegal aguas cubanas o por estar involucrados en el tráfico de drogas. En diciembre de 1984, Dymally viajó nuevamente a Cuba, esa vez con una misión humanitaria, en nombre de dos electores, con el objetivo de ayudarlos a reunirse con sus familias. Fue en ese viaje que Dymally propuso una entrevista en profundidad, con la que Castro estuvo de acuerdo. Entonces Dymally propuso la fecha del 21 de marzo, con la que Castro estuvo de acuerdo.

Eso fue lo que sucedió. El día designado, Elliot, Dymally, el técnico Kenneth Orduna (jefe de personal del congresista) y el fotógrafo Gianfranco Gorgoni se encontraron en Miami y volaron a La Habana en un Cessna bimotor.Al aterrizar, nos recibieron dos guardias, un oficial de protocolo, Armando Amieba y Alfredo Ramírez, el ministro de Relaciones exteriores. Nos ofrecieron daiquiris de lima mientras se procesaban nuestros papeles. Habíamos recibido instrucciones por parte del personal cubano de no llegar antes de las 10:30 a.m. Después de eso, creímos que iríamos directo al palacio presidencial para realizar la entrevista. Nuestro plan consistía en pasar tres días en Cuba.Al llegar al hotel, se nos dijo que teníamos que esperar en nuestra habitación y que recibiríamos una llamada cuando el presidente estuviese listo. Asumimos, con un optimismo asombroso, que íbamos a recibir la llamada pronto y después comenzaría la entrevista. Diez horas después, sentados en nuestras habitaciones del hotel, no habíamos recibido la llamada.

Finalmente, nos dijeron que la entrevista comenzaría al día siguiente. Este es una especie de diario de lo que sucedió a continuación:

Sábado. Nos despertamos a las siete de la mañana. Después de todo, teníamos programado dejar la Habana el domingo por la tarde. Nos pegamos nuevamente al teléfono esperando con ansias. Estábamos temerosos de dejar el hotel y perdernos la llamada. A las 11 a.m., Amieba nos informa que el encuentro no iba a comenzar hasta después de la una de la tarde y que ellos habían programado para nosotros una visita por la vieja Habana. Después del paseo en compañía del alcalde de La Habana, Oscar Fernández Mell, camarada y amigo cercano del Che Guevara, retornamos al hotel anticipando la llamada. Nuevamente esperamos. A las 7 p.m. se presenta Ramírez. Nos informa que el presidente nos va a ver más tarde esa noche pero no para hacer la entrevista: se trata de un encuentro para conocernos. Ramírez dice que un chofer nos recogerá a las 8 p.m. Somos escépticos y comenzamos una apuesta sobre la hora en la que el chofer realmente vendrá. El teléfono suena a las 11 p.m. ¡Castro está listo!

 

UNA NOCHE, GRABAMOS DESDE LAS 10 P.M. HASTA LAS 4 A.M., CON UN CASTRO CANSADO QUE REVIVÍA A MEDIDA QUE PASABAN LAS HORAS. PROVISTO DE UN COHÍBA Y UN VASO DE CHIVAS REGAL, ÉL HABLA DE MANERA PRECISA Y DIDÁCTICA.

 

Nos apuramos hacia el palacio presidencial. Al entrar, nos recibe un guardia armado. Nos pide que esperemos y después nos hace pasar. La puerta se abre y allí está Fidel Castro.Es un hombre alto, flaco y en forma, vestido con su habitual traje militar y botas bien lustradas. Sus ojos son penetrantes. Nos saluda calurosamente y nos invita a tomar asiento. Con la ayuda de un intérprete (este encuentro y toda la entrevista es en español), nos hace una serie de preguntas acerca del proyecto. Nosotros respondemos. Él escucha atentamente. Después de las presentaciones personales, Castro se levanta, vuelve a sentarse y procede a hablar durante casi una hora sobre las limitaciones de los medios de comunicación, reprendiendo a los periodistas norteamericanos con nombre y apellido por su falta de conocimiento e integridad. Cuando se calma, nos pide que le expliquemos nuevamente el proyecto. Lo hacemos. Media hora después, Castro se levanta, saluda con la mano y nos dice que hará la entrevista, pero el domingo, el día siguiente. Dejamos el palacio presidencial a las cuatro de la mañana, optimistas y confiados.

Domingo. Después de algunas horas de sueño, nos levantamos, desayunamos y nos viene a buscar Amieba. Nos informa que la entrevista no tendrá comienzo hasta la tarde; nos pregunta si nos gustaría explorar La Habana un poco más. Sí. Una hora después, nos llevan de nuevo al hotel. Nos dicen que a Ramírez le gustaría que nos reuniéramos con él en la piscina. Llegamos un poco antes que él. Ramírez nos dice entonces que Castro ha estado despierto la mayor parte de la noche, que está extremadamente cansado pero que espera vernos por la tarde o a la nochecita. Con amabilidad, nosotros le remarcamos que el tiempo nos apremia: Dymally debe estar en Washington el martes para votar sobre el misil MX. Regresamos a nuestras habitaciones y nuevamente nos disponemos a esperar. La apuesta aumenta. Pasan las horas y no suena el teléfono. Comenzamos a preocuparnos. Dymally tiene que volar el martes por la mañana.

Lunes. Desayunamos temprano. La comida se vuelve monótona, comemos cada día en uno de los dos restaurantes del hotel, para no alejarnos de nuestros teléfonos. Estamos ansiosos y nerviosos. Así permanecemos todo el día. Este es el momento pesimista del viaje. A las 7 p.m. llega el Dr. José Miyar (al que se hará referencia con el nombre de Chomy), el consejero más cercano de Castro. Lo acompaña Ramírez y la intérprete Juanita Ortega. Ellos ofrecen disculpas en nombre del presidente, y nos informan que este ha estado extremadamente ocupado, que trabajó toda la mañana. Sin embargo, aseguran que nos verá más tarde esa noche, pero sólo para una sesión de fotos. Está demasiado cansado como para hacer la entrevista.

Finalmente, la llamada se produce a las 11 p.m. y nos llevan al palacio presidencial. Nos escoltan hasta la oficina de Castro. Él habla mucho y nuevamente comienza un largo discurso, en el cual relata el origen de su barba. Nos dice que mientras estaban en las montañas de Sierra Maestra, él y sus camaradas se dejaron crecer las barbas porque había poca necesidad o poco tiempo para afeitarse, y después las conservaron como símbolos: si las fuerzas de (Fulgencio) Batista hubieran intentado infiltrarse, no habrían tenido tiempo de dejar crecer sus barbas y habrían sido descubiertos. Castro entonces calcula, en ese momento, con lapicera y papel, cuánto tiempo se ahorró al no afeitarse.

La entrevista formal comienza y nosotros nos sentimos mejor. Pero después del primer encuentro, Dymally toma su vuelo a Washington y llega para emitir su voto contra el MX justo a tiempo, y regresa al día siguiente para encontrarse con más demoras. A esta altura, la apuesta de un dólar ha aumentado tanto que probablemente haría que nos expulsen de Cuba.

Jueves. Se reanuda la entrevista, y esta vez tenemos nuestro momento. Una noche, grabamos desde las 10 p.m. hasta las 4 a.m., con un Castro cansado que revivía a medida que pasaban las horas. Provisto de su cigarro cubano favorito, un Cohíba, y un vaso de Chivas Regal, él habla de manera precisa y didáctica, tratando cada pregunta como si fuera única. Se esfuerza para no ser mal interpretado y construye sus respuestas ladrillo por ladrillo. Cuando el encuentro termina, Castro está exhausto, y nosotros también.

Viernes. Dormimos hasta las 10 a.m. Aunque hemos tenido un progreso hercúleo, no hemos terminado. Castro quiere responder todas nuestras preguntas, sin importar el tiempo que esto lleve. Han pasado ocho días. Esperamos la llamada. Apenas 11 horas después, el teléfono suena. Castro está atento, efervescente. Grabamos hasta las 4 a.m., otras siete horas. Finalmente terminamos. Veinticinco horas de grabación. Expresamos nuestro agradecimiento, él expresa el suyo. Cuando nos vamos, él extiende su mano, la retira y nos dice que tiene en mente un punto más que le gustaría comentar, así que regresa a la mesa, en donde Castro agrega más información a una pregunta anterior. A pesar de la hora, parece enérgico y tranquilo. Nosotros estamos destrozados. Nuestro vuelo chárter está programado para salir en una hora. Esta vez nos despedimos, ahora sí, y regresamos a nuestros mundos distintos.

 

PLAYBOY: La gente conoce a Fidel Castro, la figura pública, pero pocos conocen al hombre. Vamos a hablar de muchos temas, pero comencemos, Sr. Presidente, con algunas preguntas personales. Después de 26 años de estar en el centro de la controversia y la historia, ¿qué es lo que aún motiva a Fidel Castro? 

CASTRO: Esa es una pregunta muy difícil. Déjenme comenzar enunciando las cosas que no me motivan: el dinero no me motiva; las cosas materiales no me motivan. Así como el hambre de gloria, la fama y el prestigio tampoco me motivan. Realmente creo que me motivan las ideas. Las ideas, las convicciones, son lo que mueven al hombre a luchar en un primer lugar. Cuando uno está verdaderamente dedicado a una idea, se siente más convencido y más comprometido cada año que pasa. Creo que el conocimiento personal aumenta; el espíritu de sacrificio crece; gradualmente uno deja de lado el orgullo personal, la vanidad. Todos esos elementos que de una manera u otra existen en todos los hombres. Si uno no se protege de esas vanidades, si uno se permite ser engreído o piensa que es irremplazable o indispensable, uno se puede sentir maravillado con las riquezas, la gloria. Yo he estado atento contra todas esas cosas; quizás yo haya desarrollado una filosofía de la importancia relativa del hombre, del valor relativo de los individuos, de la convicción de que no es el individuo sino el pueblo el que hace historia, de la idea de que no se pueden reclamar los méritos de un pueblo entero. Una frase de José Martí me dejó una profunda e inolvidable impresión: Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.

 

PLAYBOY: Entonces, ¿usted no cree que ciertos hombres estén destinados a la grandeza personal? ¿Es una cuestión de tiempo y circunstancia? 

CASTRO: Sí. En gran parte. Déjenme darles algunos ejemplos. Si Lincoln viviera hoy en día, él sería un simple granjero en los Estados Unidos, y nadie habría escuchado hablar de él. Fue el tiempo en el que él vivió el que hizo que Lincoln fuera posible. Si George Washington hubiera nacido 50 años después de la independencia, no habría sido conocido, y lo mismo es verdad si hubiera vivido 50 años antes. Lenin, con todas sus extraordinarias habilidades, habría sido desconocido también, si él hubiera nacido en otra época. Tomen mi caso, por ejemplo. Si yo no hubiera podido aprender a leer y escribir, ¿qué papel habría desempeñado en la historia de mi país, en la Revolución? En el lugar en el que nací, de cientos de niños, mis hermanos y hermanas y yo fuimos los únicos que tuvimos una oportunidad de estudiar más allá de los primeros grados. ¿Cuántas personas más había allí, entre esos cientos de niños, con las mismas o mejores cualidades para hacer lo que yo hice si se les hubiera dado la oportunidad de estudiar? Uno de los 100 mejores poemas de la lengua española dice cuán a menudo un genio yace dormido en nuestra alma, esperando una voz que lo llame: ¡Levántate y camina!. Es verdad; yo creo en esto profundamente. Es por eso que creo que las cualidades que se requieren para ser líder no son excepcionales; se encuentran entre las personas.

¿Por qué digo esto? Porque he notado, especialmente en Occidente, una gran tendencia a asociar los hechos históricos con los individuos; es la vieja teoría de que los hombres hacen la historia. También existe una tendencia en Occidente de ver al líder de cualquier país del Tercer Mundo como un cacique; existe un cierto estereotipo: el líder es igual a un cacique. A partir de ahí, hay una tendencia a magnificar el rol del individuo. Lo puedo ver por mí mismo en lo que dicen ustedes sobre nosotros: la Cuba de Castro, Castro hizo esto, Castro deshizo aquello. Casi todo en este país es atribuido a Castro: las rutas de Castro, las perversidades de Castro. Ese tipo de mentalidad abunda en Occidente; desafortunadamente, está muy divulgada. Me parece que es una aproximación equivocada a hechos históricos y políticos.

 

LA NUESTRA HA SIDO UNA REVOLUCIÓN HONESTA. LA GENTE SABE QUE RESPETAMOS NUESTRA PALABRA. (...) SABEN DESDE LA REVOLUCIÓN QUE NO HABRÁ TRUCOS, NI TRAICIONES O CACERÍAS.

 

PLAYBOY: Quizás usted siente que Occidente magnifica el rol del individuo, pero ¿no se encuentra usted bajo un intenso escrutinio aquí en Cuba? ¿No vive usted en una especie de pecera? 

CASTRO: En realidad, nunca soy consciente de eso. Puede haber algo que lo explique: mis actividades casi nunca son informadas a la prensa. He hecho muchas cosas durante 15 años, aún así nada de eso sale en los periódicos. Sabrán ustedes que en líneas generales, todos los países tienen lo que se denomina una oficina de prensa. Todo lo que un líder hace en el día se publica en los periódicos y se informa en la televisión y en la radio. De alguna manera, las torres de marfil y las peceras se construyen alrededor de estas personas. Yo no he creado una pecera para mí mismo. Yo salgo y visito fábricas, escuelas y las muchas provincias y pueblos. Es verdad que los visité con más frecuencia en el pasado, porque entonces tenía más tiempo. Pero nunca ha existido un protocolo o ceremonias de bienvenida para mí, como se acostumbra con los líderes de muchos otros países. Aún así se junta una multitud en donde voy. ¿Cuánto hace desde la última vez que fui a un restaurante? ¿Por qué? Recientemente se abrió un restaurante chino en la vieja Habana, que está siendo restaurada. Es pequeño y confortable, en un viejo edificio. He querido ir durante un tiempo; pero si lo hago, eso significaría comer mientras la gente espera para verme en la calle. Bueno, estos son los inconvenientes de mi trabajo. Tengo maneras de esquivarlos. Si quiero descansar, si me quiero relajar, voy al mar. Voy a un pequeño cayo para hacer buceo. Hay fondos maravillosos, peces y arrecifes de coral, y he crecido acostumbrado a esos lugares. Cuando era estudiante, nunca nadie pensó en el buceo en el océano como deporte. Había muchas historias sobre tiburones

 

PLAYBOY: Teniendo en cuenta todo lo que ha viajado alrededor de Cuba, ¿cómo describiría usted la relación entre el pueblo y Fidel Castro? 

CASTRO: Creo que el sentimiento de la gente es de familiaridad, confianza y respeto; es una relación muy cercana. Creo que es una relación familiar. La gente me considera un vecino, una persona más. No se sienten superados por los puestos, por las figuras públicas. Nadie me llama Castro, sólo Fidel. Creo que esa familiaridad se basa, entre otras cosas, en el hecho de que nosotros nunca le hemos mentido a la gente. La nuestra ha sido una Revolución honesta. La gente sabe que respetamos nuestra palabra, y no sólo los cubanos en Cuba sino también aquellos que están en Miami; es decir, gente que no tiene ningún sentimiento de afecto pero confían en nuestra palabra. Saben desde la Revolución que no habrá trucos, ni traiciones o cacerías: cuando les dijimos que podían irse de Mariel, podían, incluso si eran nuestros peores enemigos, incluso si eran terroristas. Somos como los árabes del desierto que le dan la bienvenida a su enemigo en su tienda y ni siquiera miran para ver qué dirección toma este cuando se va. Por supuesto, esto se basa en el hecho de que la Revolución nunca mintió. ¡Nunca! Esta es una tradición que data de la época de la guerra. Durante toda la guerra, toda la información que nosotros dábamos sobre la lucha, el número de muertos, las municiones capturadas, era absolutamente precisa. No agregamos una sola bala o rifle. Ni siquiera la guerra justifica una mentira o la exageración de una victoria. Este ha sido un elemento importante de nuestra Revolución.

 

PLAYBOY: ¿Tiene usted muchos amigos cercanos? ¿Puede un hombre en su posición tener amigos? 

CASTRO: Bueno, tengo muchos amigos que no son cubanos, a quienes he conocido a través de diferentes actividades, algunos de ellos son personalidades destacadas: por ejemplo, médicos, escritores, cineastas, científicos, amigos del exterior. Pero mis amigos en la Revolución son todos mis camaradas revolucionarios, todos aquellos que tienen responsabilidades importantes en el Estado. Tenemos una relación amistosa. En realidad, no tengo lo que ustedes llaman un círculo de amigos, porque para mí un círculo de amigos es un concepto más amplio. No tengo el hábito de reunirme siempre con el mismo grupo de ocho o diez amigos. Visito a un amigo un día, a otro otro día; con algunos hablo más debido a las relaciones laborales, eso es lógico. Sin embargo, he intentado evitar, porque no es una buena práctica desde el punto de vista de mi responsabilidad, cultivar sólo un grupo de amigos que vea todos los domingos.

 

PLAYBOY: Lo que nosotros tratamos de entender es si la gente se siente intimidada o no, si ellos pueden discutir con usted o no. 

CASTRO: Como regla, cualquiera de mis camaradas que trabaje conmigo en el Estado o en el partido puede venir con total familiaridad y plantear cualquier preocupación o problema que tuviera. En general, mis relaciones con los camaradas son excelentes. Pero como ustedes me preguntan, hay dos o tres personas con quienes yo trabajo de manera muy cercana que les dirán que soy un gran dolor de cabeza para ellos. El camarada Chomy, que se encuentra sentado aquí con nosotros, es un buen ejemplo. Él tiene la ingrata tarea de mostrarme la lista de personas que yo debo ver, que piden reuniones Él es con quien me quejo y a quien le protesto.

[Castro y Chomy ríen. Momentos más tarde, Chomy sale de la habitación y mientras Castro está explicando algo, el grabador que los asistentes de Castro están usando para su propia comprobación se detiene. Enojado, Castro le grita a Chomy y este regresa inmediatamente.]
Como regla, no me permito obsesionarme con los problemas. Si no tuviera sentido del humor, si no pudiera hacer chistes con otros e incluso acerca de mí mismo, si no fuera capaz de dejar pasar cosas, no podría hacer el trabajo. Porque también me hago las mismas preguntas que otros hacen: ¿Cómo está mi presión arterial? ¿Cómo está mi corazón? ¿Cómo he podido soportar todo durante tantos años? Conozco personas e inmediatamente me doy cuenta de que se van a morir jóvenes. Las veo agotadas, amargadas, tensas, pero ese no es mi caso. El ejercicio y hábitos de alimentación moderados me han ayudado. ¿Y por qué no? La naturaleza y la suerte también me han ayudado.
()

 

PLAYBOY: ¿Alguna vez pensó en casarse, tener una familia, establecerse y jubilarse? 

CASTRO: Siempre he sido alérgico a la publicidad de las columnas de chisme sobre la vida privada de los hombres públicos. Creo que eso forma parte de las pocas intimidades que uno tiene. Es por eso que yo mantengo discreción, hasta algún día. Algún día, lo que están preguntando se sabrá, pero no por mí. Les puedo decir que todo está perfectamente bien en mi vida privada, sin problemas. [Sonríe]
()

 

PLAYBOY: Lo que los soviéticos sienten por usted es una cosa, pero no es un secreto que las actitudes en Washington se han endurecido en estos últimos años. El Presidente Reagan lo ha descripto a usted como un dictador militar impiadoso, que dirige Cuba con mano de hierro. Hay muchos norteamericanos que están de acuerdo con él. ¿Cómo responde usted? 

CASTRO: Pensemos en su pregunta. Un dictador es alguien que toma decisiones de manera arbitraria, por su cuenta, alguien que se encuentra por encima de todas las instituciones, por encima de la ley, y es sujeto a ningún otro control más que su propia voluntad o capricho. Si ser un dictador significa gobernar por decreto, entonces se debería utilizar ese argumento para acusar al Papa de dictador. Sus amplias prerrogativas para gobernar el Vaticano y la Iglesia Católica son bien conocidas. Yo no tengo esas prerrogativas. Aún así, a nadie se le ocurriría decir que el Papa es un dictador. ¡El Presidente Reagan puede tomar decisiones terribles sin consultarle a nadie! A veces él puede que tenga que hacer las mociones puramente formales para asegurar la aprobación del senado cuando nombra un embajador, pero Reagan puede ordenar una invasión, como la de Granada, o una guerra sucia, como la que tiene en contra de Nicaragua. Él puede incluso usar los códigos en ese portafolio que siempre carga con él para desatar una guerra termo nuclear, que podría significar el fin de la raza humana. Si no es así, ¿por qué tiene el portafolio? ¿Por qué tiene los códigos? ¿Y por qué tiene un ayudante con el portafolio? Se supone que Reagan tomaría la decisión de desatar una guerra termonuclear sin consultar con el senado o la Cámara de Representantes, sin consultar con el gabinete. Y eso es algo que podría significar el fin de la raza humana. Ni siquiera los emperadores romanos tenían esa clase de poder.

 

PLAYBOY: Pero, Sr. Presidente, ¿de hecho no gobierna usted por decreto personal? ¿No toma usted todas las decisiones importantes del Estado? 

CASTRO: No. No tomo decisiones totalmente solo. Ejerzo mi rol de líder junto con un equipo. En nuestro país, nosotros no tenemos ninguna institución similar a la Presidencia de los Estados Unidos. Acá, todas las decisiones básicas, todas las decisiones importantes, son analizadas, discutidas y adoptadas colectivamente. Yo no nombro ministros o embajadores; yo no nombro ni al empleado público de rango más bajo en el país, porque existe un sistema de selección, análisis, nominación y designación de esos oficiales. De hecho, tengo alguna autoridad; tengo influencia. Pero mi única prerrogativa real es la de hablar antes del Comité Central, antes de la Asamblea Nacional, antes de la opinión pública. Ese es el principal poder que yo tengo, y no aspiro a tener ningún otro. No quiero ni necesito otro. Esas son las condiciones con las que un líder político debe trabajar en nuestro país. No creo que algo de esto encaje con la idea de lo que es un dictador, que proviene del verbo dictar, alguien que está siempre dictando órdenes de todo tipo. Yo no actúo de esa manera, ni tengo el poder de hacerlo. Yo no doy órdenes; yo razono. No gobierno por decreto, ni puedo hacerlo. Durante la guerra, dirigí un ejército; en una guerra, debe hacerse de esa manera. Debe haber esa clase de responsabilidad. Durante la Segunda Guerra Mundial, (Dwight) Eisenhower tenía la responsabilidad y el poder para tomar decisiones, pero tan pronto como se organizó nuestro movimiento, mucho tiempo antes del ataque al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, nosotros teníamos un liderazgo colectivo; durante la guerra, nuestro movimiento tenía un liderazgo colectivo, y cuando la guerra terminó, inmediatamente organizamos un liderazgo colectivo para el país. Estos principios han permanecido inalterables a través de los años. Honestamente, creo que el presidente de los Estados Unidos tiene un poder mucho mayor y más capacidad para dar órdenes directas y unilaterales. Si este poder incluye algo tan monstruosamente antidemocrático como la habilidad de ordenar una guerra termonuclear, les pregunto yo a ustedes, entonces ¿es más dictador: el presidente de los Estados Unidos o yo?

 

PLAYBOY: No obstante, lo que los norteamericanos ven es que hay una marcada diferencia entre las libertades personales en un país occidental y aquellas que son permitidas en Cuba. 

CASTRO: Yo creo que las concepciones norteamericanas y cubanas de la libertad son muy diferentes. Por ejemplo, más de 1.000.000 de niños han desaparecido en los Estados Unidos. Al lado de sus millonarios, ustedes tienen mendigos. Nosotros no tenemos ni niños abandonados, ni mendigos sin hogar. Ustedes siempre hablan de libertades. Desde su Declaración de Independencia, ustedes han hablado de libertades. Nosotros también consideramos evidente que todos los hombres nacen iguales. Pero cuando George Washington y los otros crearon la independencia norteamericana, no liberaron a los esclavos; no hace mucho tiempo atrás, un atleta norteamericano negro no podía jugar al béisbol en las grandes ligas. Y aún así, ustedes llaman a su país el más libre del mundo. El país más libre del mundo también exterminó a los indios. Ustedes asesinaron más indios que Buffalo Bill, búfalos. Desde entonces, han hecho alianzas con los peores tiranos en la Argentina y Chile, han protegido a Sudáfrica, han utilizado a los peores asesinos en el mundo para organizar la contrarrevolución, ¿y el suyo es el país de la libertad? ¿Cuál es el estandarte de la libertad que los Estados Unidos realmente defiende? Si usted es comunista en los Estados Unidos, ¿dónde están sus libertades? ¿Puede usted trabajar en el Departamento de Estado, en cualquier empleo gubernamental? ¿Puede hablar abiertamente en televisión? ¿En qué medio de comunicación puede escribir? Podremos ser criticados en Cuba, pero al menos estamos más limpios que ustedes. Nuestro sistema es más limpio, porque no simulamos ser los mejores en cuanto a la libertad.

 

PLAYBOY: De hecho, un comunista puede hablar abiertamente en los Estados Unidos, la gente tiene la libertad de decir lo que le plazca. 

CASTRO: Ustedes pueden decir lo que quieran, pero no tienen dónde decirlo, a menos que lo puedan pagar. Si no poseen un periódico o un imperio mediático, son ignorados. He leído que un Senador de derecha ha intentado comprar la CBS para echar a Dan Rather, y Rather no es comunista. Pero quieren cerrarle la boca. Yo admito que hay algunos escritores y periodistas brillantes que escriben tanto a favor como en contra del capitalismo y pueden hablar en televisión, pero un comunista que quiera pregonar el comunismo, que quiera cambiar el sistema de ustedes, no aparece en ningún periódico grande o en ningún canal de televisión importante.

 

 

 

PLAYBOY: ¿Qué sucede en Cuba? ¿Podría alguien escribir en contra de su sistema en los diarios? 

CASTRO: No, un contrarrevolucionario no puede escribir en nuestros diarios. En contra de nuestro sistema, no puede escribir. Pero eso es exactamente lo que sucede en los Estados Unidos, sólo que nosotros somos honestos; lo decimos. Ustedes dicen ser el mejor modelo de libertad que ha existido jamás. Cuando yo vea a un comunista escribir en The New York Times o The Washington Post, o hablar en la CBS, les prometo que voy a abrir las puertas para que todos los contrarrevolucionarios puedan escribir en nuestros diarios. Pero ustedes den el ejemplo primero.

 

PLAYBOY: Seguramente, usted sabe que hay candidatos políticos comunistas en los Estados Unidos que hablan libremente. 

CASTRO: Sí, se les permite repartir sus panfletos y dar discursos. Pero no los cubre la prensa, no se les permite participar en debates, el texto de sus discursos no se publica.

 

PLAYBOY: ¿Podríamos ir ahora a la plaza principal de La Habana y hablar críticamente de Cuba? 

CASTRO: Cuba es uno de esos lugares en los que la gente es muy crítica. Cualquiera que viene de visita sabe que los cubanos hablan abiertamente. Desde la mañana hasta la noche, critican todo. No se arresta a nadie aquí por expresarse. Si fuera así, todos estarían arrestados. Las cosas no son como ustedes se las imaginan. Además, la gente no quiere otro partido. Este país ha tenido una educación política, una educación revolucionaria. Las personas pueden decir lo que piensan, pero no si comienzan a conspirar u organizar planes terroristas.

 

PLAYBOY: Entonces si saliéramos y comenzáramos a hablar en contra del partido

CASTRO: Háganlo, inténtenlo, pruébenlo. ¡Se pueden meter en problemas! [Risas].

 

PLAYBOY: La historia de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos es bastante mala; ¿en qué medida han empeorado desde que asumió Reagan? 

CASTRO: Bastante. Por supuesto, él ha endurecido el bloqueo en nuestra contra. Después le puso fin al viaje de ciudadanos a Cuba, algo que había sido restablecido durante algunos años. También aplicó la práctica incesante y tenaz de colocar obstáculos en el camino de todas nuestras operaciones económicas y comerciales. Yo no sé cuántas personas en los Estados Unidos están abocadas a la compilación de información sobre todas nuestras operaciones económicas y comerciales con occidente para intentar evitar que nosotros vendamos nuestros productos, para bloquear las ventas de níquel de Cuba a cualquier país de occidente y para intentar bloquear créditos a Cuba e incluso la reestructuración de la deuda. Cada vez que nosotros reestructuramos la deuda con diferentes banqueros, Estados Unidos redacta documentos y se los envía a todos los gobiernos y bancos. Estados Unidos no limita su bloqueo al comercio entre los Estados Unidos y Cuba, incluso prohíbe la compra de medicamentos, una cosa vergonzosa. Ni una aspirina puede entrar desde los Estados Unidos, está legalmente prohibido; los fármacos que pueden salvar una vida están prohibidos; no se puede exportar ningún equipo médico desde los Estados Unidos a Cuba; y el comercio está prohibido en ambas direcciones. Estados Unidos también extiende su bloqueo a través del mundo como parte de su política de acoso incesante, vergonzoso e infame a todas las operaciones económicas de Cuba. El único motivo por el que no interfiere en nuestro comercio con otros países socialistas es porque no puede. Esa es la verdad.

 

PLAYBOY: Para aliviar estas tensiones, ¿estaría usted dispuesto a reunirse con el presidente Reagan, sin una agenda prearreglada? 

CASTRO: [Con mucho cuidado, después de varios comienzos fallidos] En primer lugar, ustedes deberían preguntarle al Presidente de los Estados Unidos. No quiero que se diga que yo estoy proponiendo una reunión con Reagan. Sin embargo, si ustedes quieren saber mi opinión, no creo que sea probable; pero si el gobierno de los Estados Unidos propusiera una reunión de esa naturaleza, un contacto de ese tipo, nosotros no opondríamos ningún obstáculo.

 

PLAYBOY: ¿Y si la invitación la extendiera el Congreso de los Estado Unidos o, específicamente, Black Caucus (N. de la R.: el bloque legislativo integrado por congresistas de raza negra)? ¿Aceptaría usted dicha invitación? 

CASTRO: Bueno, tengo muy buena relación con el Black Caucus. Conozco a muchos de sus miembros, y cualquier invitación de parte de ellos o cualquier oportunidad de encontrarme con ellos, en Cuba o en los Estados Unidos, sería un honor para mí. De todas maneras, primero yo necesitaría saber la posición del Gobierno de los Estados Unidos, porque una visita a los Estados Unidos requiere de una visa del Gobierno de los Estados Unidos. Si eso fuera posible, de hecho, si eso pudiera conducir a una reunión más amplia con legisladores de los Estados Unidos, yo creo que tengo argumentos con los que hablar, discutir cosas y debatir con un grupo o con los congresistas. Es decir, creo que sí, podría ir. Hay muchas cosas de las que hablar que serían de mucha utilidad que oyeran los miembros del Congreso de los Estados Unidos, y yo podría responder todas sus preguntas. Pero todo esto es en un plano especulativo, hipotético; no creo que pueda realizarse al menos que el presidente de los Estados Unidos esté de acuerdo.
()

 

PLAYBOY: Los críticos en el gobierno de Reagan argumentan que usted necesita utilizar medidas punitivas crueles para imponer su sistema socialista en Cuba. 

CASTRO: En lo que respecta al cargo de crueldad, yo creo que las personas más crueles sobre la tierra son aquellas que son indiferentes a la injusticia social, a la discriminación, a la desigualdad, a la explotación de los otros, personas que no reaccionan cuando ven a un niño sin zapatos, un mendigo en la calle o millones de personas hambrientas. Realmente creo que las personas que han pasado sus vidas luchando en contra de la injusticia y la opresión, sirviendo a otros, luchando por los demás y practicando y pregonando la solidaridad no pueden ser crueles. Yo diría que lo que es verdaderamente cruel es una sociedad, una capitalista, por ejemplo, que no es sólo cruel en sí misma sino que fuerza al hombre a ser cruel. El socialismo es justo lo contrario. Por definición, expresa confianza y fe en el hombre, en la solidaridad entre los hombres y en la hermandad del hombre, no en el egoísmo, la ambición, la competencia o la lucha. Creo que la crueldad nace del egoísmo, la ambición, la desigualdad, la injusticia, la competencia y la lucha entre los hombres.

 

SI UN DÍA ESTADOS UNIDOS CAMBIA SU IMAGEN DE CUBA Y LA OPINIÓN PÚBLICA PUEDE APRENDER LA VERDAD, TENDRÁ QUE SER SOBRE LA BASE DE SU HABILIDAD PARA DARSE CUENTA DE QUE NI CASTRO NI EL PUEBLO CUBANO SON PERSONAS QUE PUEDEN SER COMPRADAS.

 

PLAYBOY: Volviendo a la manera en la que los Estados Unidos han retratado a Cuba específicamente 

CASTRO: Realmente, podría realizarse un estudio sobre cuánto espacio, cuánto papel, cuántos medios de comunicación han sido utilizados en contra de Cuba. Pero a pesar de sus enormes recursos tecnológicos y de medios, y digo esto con pena, los norteamericanos están entre los menos educados políticamente y entre los pueblos menos informados sobre las realidades del tercer mundo, Asia, África y América Latina. Todo esto es la raíz de esos sentimientos anticubanos, anti Castro, la parte anti Castro. Ahora, también me gustaría decir que hay una amplia minoría en los Estados Unidos que piensa, que tiene un nivel cultural y político elevado, que sí sabe lo que está sucediendo en el mundo, pero no representa al ciudadano promedio. Además, sé concretamente que hay muchos ciudadanos norteamericanos que no se dejan llevar por esta fobia, por esos prejuicios y por esos sentimientos anticubanos. Por otro lado, quiero recordarles lo siguiente: hace veinte años, las cosas más terribles, cosas terribles, se dijeron sobre China, sobre Mao Tse-Tung, sobre el comunismo chino, sobre la amenaza Roja y todas las amenazas más inconcebibles que China representaba. La prensa solía decir las peores cosas sobre China todos los días. Sin embargo, esto ya no sucede. La prensa ya no insulta al gobierno chino y a la República de China. Todo lo contrario, hay relaciones diplomáticas excelentes, inversiones y un comercio en auge. Y aún así ese proceso no comenzó con la China de hoy en día sino con la China de Mao Tse-Tung, en tiempos de la Revolución Cultural, en tiempos en los que se predicaba y aplicaba una forma extrema de comunismo en China. Ni siquiera Reagan ha visitado la Gran Muralla, y miren cómo todo ha cambiado. ¿Y por qué? ¿Podrían decirme ustedes por qué? Hay dos tipos de comunistas: un comunista malo y un comunista bueno. Sin lugar a dudas, nosotros hemos sido clasificados entre los comunistas malos, y yo soy el prototipo. Bueno, Mao Tse-Tung también había sido incluido en esa categoría durante mucho tiempo.

 

PLAYBOY: ¿Qué hace falta para cambiar la imagen de comunista malo a comunista bueno? 

CASTRO: Desafortunadamente, si el cambio de concepto de un comunista malo a un comunista bueno implica que nosotros dejemos de denunciar las cosas que consideramos incorrectas, que dejemos de ayudar en las causas que consideramos justas, que rompamos nuestros lazos de amistad con los soviéticos, que nos volvamos antisoviéticos para poder ser comunistas buenos, aceptables y aplaudidos por los Estados Unidos, entonces eso nunca sucederá. Si un día Estados Unidos cambia su imagen de Cuba y la opinión pública tiene la oportunidad de aprender la verdad, tendrá que ser sobre la base de su habilidad para darse cuenta de que ni Castro ni el pueblo cubano son oportunistas, tránsfugas, personas que pueden ser compradas.

 

PLAYBOY: ¿Y usted siente que Estados Unidos trata al resto de América latina como si pudiera ser comprada? 

CASTRO: Estoy convencido de que esta política norteamericana hacia América Latina, la idea de actuar como si fuera propietario de los pueblos de este hemisferio, con desprecio por los pueblos de este hemisferio, es evidente en todas partes, en las cosas simples, en los discursos, anécdotas e historias, en los brindis que se hacen, en los contactos con los líderes latinoamericanos. Tengo la impresión de que cuando Colón, Cortés, Pizarro y los conquistadores europeos llegaron a este continente, estos trataron a los indios casi de la misma manera y con la misma filosofía, la cual incluía trocar espejos y otras baratijas por oro. Creo que esa es la actitud norteamericana. Lo noto, lo siento. No cuando hablan conmigo, porque conmigo, ninguno de esos visitantes puede hablar de esa manera, además, los visitantes que yo recibo por lo general son un tipo de persona diferente, ¿no es cierto? Pero cuando observo a los presidentes de los Estados Unidos en sus relaciones con América Latina, es imposible no percibir su menosprecio, su subestimación de esos pueblos latinoamericanos, esta extraña mezcla de orgullo español, negros africanos e indios ingenuos; una poco común y extraña mezcla de personas que no merecen consideración alguna ni respeto de ningún tipo. Creo que algún día, esa política, la política de intervenir en todos los países de América latina, establecer las pautas, decir qué tipo de gobierno debe elegirse, los cambios sociales que pueden o no pueden realizarse, fallará y desembocará en una crisis, y de verdad creo que ese momento se está acercando. Estados Unidos ha tenido suerte en que hasta ahora, estos problemas han surgido en países pequeños y aislados como Cuba o Granada o Nicaragua, en América Central; todavía puede darse el lujo de hablar de invasiones, actos de intervención y soluciones basadas en el uso de la fuerza, ya utilizada en 1965 contra otro pequeño país caribeño, República Dominicana. Pero cuando se enfrente con estos problemas en todas partes en el Hemisferio Sur, en cada uno de los grandes o medianos países de Sudamérica, no podrá resolverlos a través de la intervención, las guerras sucias o las invasiones; eso sería catastrófico. Como yo puedo ver claramente lo que sucederá, he insistido en la discusión de estos problemas con todos los norteamericanos con los que me reúno, y quizás mi esfuerzo sea útil hasta cierto punto y haga que al menos algunos norteamericanos reflexionen sobre estas cosas.

Quizás si, cuando Estados Unidos estaba a punto de embarcar hacia la guerra de Vietnam, como lo hizo con todo entusiasmo, alguien hubiera persuadido al pueblo de lo que estaba por suceder allí, esa persona habría brindado un gran servicio al pueblo norteamericano. Por ejemplo, se dice que si The New York Times hubiera publicado la historia que tenía referida a la invasión a Playa Girón [Bahía de Cochinos], le habría brindado a (John Fitzgerald) Kennedy un gran servicio y habría evitado el error. Ahora estamos haciendo exactamente eso en lo que se refiere a América Central: mientras vemos que Estados Unidos, o el gobierno norteamericano, no puedo decir el pueblo norteamericano porque el 72% de ellos están en contra de la intervención en América Central, se mueve con similar entusiasmo hacia la intervención en América Central, no le estamos haciendo ningún daño al pueblo de los Estados Unidos cuando insistimos en advertirles sobre las consecuencias para ellos, para todos nosotros.
()

 

PLAYBOY: Recientemente se informó que Cuba ha aumentado dramáticamente sus propias defensas. Después de todos estos años, ¿usted todavía teme un ataque o una invasión por parte de los Estados Unidos? ¿Cree usted que esto es una posibilidad real? 

CASTRO: [Muy intensamente] No es un secreto que nosotros hemos aumentado nuestra capacidad de defensa en los últimos cuatro años. No sólo eso, de hecho hemos revolucionado nuestra manera de pensar la defensa. En estos últimos cuatro años, hemos incorporado a más de 1.500.000 hombres y mujeres a las defensas del país, además del ejército y sus reservas; hemos entrenado a decenas de miles de cuadros militares; nos hemos preparado para todos los tipos de escenario de agresión contra Cuba, incluso en las circunstancias más adversas; la población está organizada, incluso en las esquinas más remotas de Cuba, para pelear bajo cualquier circunstancia, incluso bajo ocupación. ¿Por qué hemos hecho esto? Obviamente, no por deporte, ni por diversión o por amor a las armas. Yo hubiera preferido decir, como (Ernest) Hemingway: Adiós a las armas. Se trata de la respuesta a una política abierta, declarada de fuerza y amenazas contra Cuba implementada por el gobierno norteamericano.

 

PLAYBOY: Usted dice que esto ha sucedido en los últimos cuatro años, entonces obviamente usted se siente amenazado por las políticas del gobierno de Reagan. 

CASTRO: Comenzamos con este esfuerzo antes de la actual administración, cuando nos dimos cuenta de que la ola de conservadurismo y las grandes dificultades económicas podían llevar al electorado norteamericano a estar a favor de una política de exacerbado patriotismo, cuando vimos que existía una posibilidad de que el Partido Republicano ganara las elecciones. Estábamos familiarizados con su programa, sus ideas y su filosofía con respecto a todos los temas del Caribe y América Latina; el Partido Republicano no ocultó nada. En realidad, proclamó sus ideas en su plataforma. Nosotros percibimos un componente ideológico fuerte en su gobierno: con las ideas y la mentalidad de los cruzados, virtualmente proclamaban su objetivo de borrar el socialismo de la faz de la tierra. En otro momento, hubo personas que tuvieron el mismo objetivo, y sabemos lo que sucedió entonces. Nuestro esfuerzo se intensificó después de la invasión norteamericana a Granada. Lo que hicimos es perfectamente lógico. No podíamos esperar hasta que el gobierno norteamericano decidiera invadir Cuba para empezar a prepararnos. Ese es un error que no podíamos darnos el lujo de cometer; aquellos que lo cometieron no sobrevivieron.
()

 

PLAYBOY: En el pasado usted ha hablado con cierta amargura sobre los 26 años de bloqueo comercial de los Estados Unidos. Debido a sus efectos, y sus propios problemas internos, ¿no ha tenido usted que reducir muchos programas y servicios necesarios, que su revolución prometió en sus comienzos? 

CASTRO: No, para nada. Ya sabemos lo que vamos a hacer en los próximos 15 años en todos los campos del desarrollo económico y social, en los programas industriales, agrícolas, de la vivienda, educativos, culturales, deportivos y médicos. Y a pesar del bloqueo, hay algunas áreas, tales como salud pública y educación, en las que esperamos superar a los Estados Unidos en un futuro no muy lejano. Es decir, nosotros usamos nuestros recursos racionalmente para alcanzar un desarrollo económico sostenible según los intereses de la gente. Ciertamente, no adoptaremos ninguna medida como recortar la ayuda a los ancianos, reducir las jubilaciones a los mayores, recortar los medicamentos para los enfermos, reducir las asignaciones para los hospitales y las escuelas. No sacrificamos programas sociales, como lo hacen en Estados Unidos, para construir portaaviones, misiles MX y otras máquinas de guerra que el mundo aborrece.

 

PLAYBOY: ¿Está usted sugiriendo que Cuba puede ostentar un récord más alto de logros en el plano social que Estados Unidos? 

CASTRO: Lo que estoy sugiriendo es lo siguiente: mientras los Estados Unidos ha adoptado recientemente una política de recorte y congelamiento de sus programas de asistencia social, en nuestro país estos son puntos de máxima prioridad. En vez de ser recortados, como se ha sugerido en los Estados Unidos, están aumentando cada año, a medida que mejora nuestro desempeño económico.

 

PLAYBOY: También está diciendo que, a pesar de los problemas que mencionó antes, Cuba realmente no está enfrentando una crisis económica, como otros países del tercer mundo. 

CASTRO: Exactamente. Debido a los factores mencionados, somos el único país latinoamericano o caribeño que no ha sufrido la actual crisis económica. No nos hemos expuesto a la crisis, excepto en cuanto afecta el 15% de nuestro comercio que es llevado a cabo con los países occidentales, los cuales, por supuesto, nos cobran altos precios por sus productos, pagan bajos precios por los nuestros y nos obligan a pagar altas tasas de interés sobre nuestra deuda externa.

 

PLAYBOY: Y, por supuesto, su economía se encuentra atada a la del bloque soviético. 

CASTRO: El ochenta y cinco por ciento de nuestro comercio es dentro de la comunidad socialista, y esto es lo que nos da un fundamento sólido para el crecimiento sostenido de nuestra economía. Es por eso que estamos moralmente obligados a hablar de la crisis económica y la deuda latinoamericana; no tenemos que mantenernos en silencio. Es precisamente ese el motivo por el cual nosotros lo estamos denunciando enérgicamente. Pero nos podemos sentir seguros, porque, afortunadamente, nosotros dependemos muy poco del mundo occidental, y no dependemos para nada de las relaciones económicas con los Estados Unidos. Me pregunto cuántos otros países pueden decir lo mismo.

 

PLAYBOY: Algunos dirían que usted simplemente ha cambiado una dependencia de los Estados Unidos por otra dependencia, de la unión Soviética. 

CASTRO: Esa pregunta es más vieja que la lluvia. En realidad, nos consideramos a nosotros mismos la nación más privilegiada de todas, porque en un mundo en el que todos dependen de los Estados Unidos, hay un país, Cuba, que no lo hace. Es un privilegio único.
()

 

PLAYBOY: Especulemos: ¿qué pasaría si Estados Unidos retomara las relaciones comerciales con Cuba? 

CASTRO: Con franqueza, los Estados Unidos cada vez tienen menos cosas para ofrecerle a Cuba. Si nosotros pudiéramos exportar nuestros productos a los Estados Unidos, tendríamos que comenzar nuevas líneas de producción para ser exportadas a los Estados Unidos, porque todo lo que estamos produciendo ahora y todo lo que vamos a producir en los próximos cinco años ya ha sido vendido a otros mercados. Tendríamos que sacárselo a otros países socialistas para poder venderlo a los Estados Unidos, y los países socialistas nos pagan mejores precios y tienen mejores relaciones con nosotros. Hay un dicho que dice: No intercambies una vaca por una cabra.

 

PLAYBOY: Hablar de economía a una audiencia extensa puede ser difícil, pero algo de lo que todos han oído hablar es de la deuda impactante que los países latinoamericanos tienen con los países occidentales, en especial con los Estados Unidos. Recientemente usted habló contra los intentos por presionar a estos países para pagar la deuda. ¿No cree usted que esos países tienen la responsabilidad moral de pagar a sus acreedores? 

CASTRO: Hace 20 o 25 años, América Latina prácticamente no tenía deuda; ahora ésta suma 360 mil millones de dólares. ¿A dónde fue ese dinero? Una parte se gastó en armamento. En la Argentina, por ejemplo, decenas de miles de millones de dólares fueron destinados a gastos militares, y lo mismo sucedió en Chile y otros países. Otra parte de ese dinero fue malversado, robado y terminó en bancos de Suiza y en los Estados Unidos. Otra parte regresó a los Estados Unidos y a Europa como fuga de capitales. Cada vez que había una charla sobre devaluación, la gente más acaudalada, por falta de confianza, cambiaba su dinero por dólares y lo depositaba en los bancos de los Estados Unidos. Otra parte de ese dinero fue despilfarrado. Otra parte fue utilizada por algunos países para pagar los altos precios del petróleo. Y, finalmente, otra parte se gastó en varios programas económicos.

 

PLAYBOY: Pero, con respeto, usted está evitando la pregunta. ¿No tienen estas naciones la responsabilidad moral de pagar la deuda? 

CASTRO: Ustedes dicen que tienen una responsabilidad moral. Cuando ustedes hablan de naciones, están hablando de personas, trabajadores, campesinos, estudiantes, la clase media, médicos, ingenieros, maestros, los otros profesionales, y los otros sectores sociales. ¿Cómo se benefició la gente por los miles de millones que se gastaron en armas, que se depositó en los bancos norteamericanos, se malgastó o malversó? ¿Qué beneficio sacó la gente de la sobrevaluación del dólar o del interés? Ellos no se beneficiaron en nada. ¿Y quién tiene que pagar por esa deuda? La gente: los trabajadores, los profesionales y los campesinos; todos se tienen que arreglar con salarios reducidos y menos ingresos y hacer grandes sacrificios. ¿Cuál es la moralidad de imponer medidas que resultan en un baño de sangre, en un esfuerzo por hacer que la gente pague la deuda, como sucedió en República Dominicana, donde las medidas del Fondo Monetario Internacional resultaron en decenas de personas asesinadas y cientos más que recibieron disparos? La gente tiene que protestar, porque los están forzando a pagar una deuda que ellos no contrajeron y que les trajo prácticamente ningún beneficio.

 

PLAYBOY: Sr. Presidente, ¿está usted diciendo que los países del tercer mundo simplemente deberían cancelar sus deudas? 

CASTRO: Incluso si ellos quisieran pagarlas, sería una imposibilidad económica, una imposibilidad política, una imposibilidad moral. Uno prácticamente tendría que asesinar a la gente para forzarlos a hacer los sacrificios que se requieren para pagar esa deuda. Cualquier proceso democrático que intente imponer esas restricciones y sacrificios por la fuerza estará arruinado. La deuda simplemente no puede pagarse. Dame libertad o dame muerte. La decisión para aquellos que gobiernan América Latina en este momento oscila entre la cancelación de la deuda y la muerte política.
()

 

PLAYBOY: ¿Alguna vez usted tuvo alguna duda? 

CASTRO: Déjenme decir, con toda franqueza, que yo nunca he albergado dudas personales o sufrido falta de confianza. Eso puede ser bueno o malo. Pero si uno ve sus acciones como objetivamente correctas, entonces no tener dudas es bueno. Admito que el orgullo puede haber influenciado mis actitudes a veces. Pero una vez que llegué a la conclusión de lo que era correcto, tuve una gran confianza personal en esas ideas. Esto no significa que yo no sea crítico de mi persona. Todo lo contrario: constantemente cuestiono la exactitud de mis creencias y acciones. En ese sentido, soy bastante duro conmigo mismo. Nunca fui víctima de la trampa de la autocomplacencia. Pero siempre he perseverado.

 

PLAYBOY: Claramente, usted no vivirá por siempre. ¿Qué planes tiene, si es que tiene alguno, para su sucesión en el poder? ¿Existe algún heredero? 

CASTRO: Bueno, claro que no tengo ninguna intención de morir. Les diré esto: desde el comienzo de la Revolución, desde el primer año, y en especial cuando comenzamos a darnos cuenta de que la CIA tenía planes para acortar mi vida, sugerimos la nominación de otro camarada, Raúl Castro, hoy el segundo secretario del partido, quien inmediatamente asumiría el liderazgo. En mi opinión, el camarada elegido es el más capaz, no exactamente porque es mi hermano sino debido a su experiencia y méritos revolucionarios.

 

PLAYBOY: Si usted diera un paso al costado mañana, ¿qué sucedería en Cuba? 

CASTRO: En esta pregunta, ¿no estoy ya muerto, verdad? [Risas] Déjenme decirles una cosa. Si mañana yo renunciara a todas mis funciones, primero, debería haber una razón realmente convincente para que la población lo entendiera, debería ser lógica, natural, justificable. Yo no podría decir: Voy a dejar estas actividades porque estoy aburrido o porque quiero tener una vida privada. Sería difícil explicar y difícil para la gente entenderlo. Se le ha inculcado a la gente la idea de que uno debe hacer todo lo posible, que uno debe darle primera prioridad a todas las obligaciones revolucionarias. No tengo ni la más mínima duda de que aunque yo todavía puedo ser útil y hacer contribuciones a la Revolución, hay todavía algunas cosas que necesitan más tiempo para madurar, creo que la opinión y el reconocimiento de la gente con respecto al papel que he desempeñado y mis esfuerzos en la Revolución sería realmente importante si yo fuera a renunciar mañana. Esto de ninguna manera significa que ha sido todo perfecto, sin errores o algo por el estilo. Pero estoy bastante seguro de que la gente está muy satisfecha con mis servicios. No tengo la menor duda.
()

 

PLAYBOY: Al comienzo de esta entrevista le preguntamos si usted se consideraba a sí mismo un dictador o no. ¿Nuevamente niega usted el cargo? 

CASTRO: Yo diría que soy un tipo de dictador sui generis, uno que ha sido sujeto a la opresión, la tortura, demandas e imposiciones de un periodista y un legislador de los Estados Unidos de Norteamérica y que ha demostrado su voluntad de discutir cada tema abiertamente, con franqueza y seriedad.

 


-- fin --