CINE

LA SECUELA MS INESPERADA DEL AO

Por Steve Palopoli

Irvine Welsh, autor de la novela Trainspotting, habla de la segunda parte de la película ícono de fines de los 90 y del largo y enroscado camino que condujo a su realización.

 

Irvine Welsh sabe qué vas a decir de T2: Trainspotting: si la iban a hacer, ¿por qué no la hicieron antes? El escritor escocés es el autor de la novela en la que se basó la celebérrima película de 1996 y en 2002 terminó una secuela, llamada Porno. En ese momento, Trainspotting estaba todavía muy asentada en el zeitgeist de la cultura pop, una antinovela de iniciación oscura y estruendosa, llena de personajes cuyos fans amaron tanto como para seguirlos al baño más hediondo de Escocia.

John Hodge, quien adaptó la novela de Welsh para aquella primera parte, ya tenía listo el segundo guión. Idealmente, la hubiéramos hecho entonces, admite Welsh. Pero, parafraseando a Renton (el personaje de Ewan McGregor), el equipo de Trainspotting eligió cualquier otra cosa. ¿Y las razones?

Todo tipo de razones, dice Welsh. Algunos haciendo otros proyectos, unos decepcionando a otros. Fue simplemente difícil poner otra vez a todos en la misma página.

El director, Danny Boyle, y la estrella, Ewan McGregor, construyeron sus carreras en base a Trainspotting, pero ambos parecieron evitar la secuela. Boyle fichó a McGregor para su película del año 2000, La Playa, pero básicamente se deshizo de él a la mitad de la producción para reemplazarlo por Leo DiCaprio, creando una grieta que resistiría una década. McGregor, mientras tanto, llamó una vergenza terrible a la sola idea de hacer T2.

En los últimos años, Boyle se disculpó y McGregor se amigó con la idea y firmó para subirse al barco de Trainspotting 2, que tendrá su estreno mundial el 2 de marzo. El resto del elenco también está de vuelta, igual que Boyle. La trama, que transcurre 20 años después de la primera parte, reúne a Renton, Sick Boy, Begbie y Spud para algunas desventuras en una región fronteriza de la industria del entretenimiento para adultos.

Así que este retraso quizás no sea tan malo después de todo especialmente dado el poco entusiasmo inicial de Boyle con Porno. Welsh no se sintió herido por el escepticismo de Boyle respecto de su novela, ni sorprendido por su cambio de parecer. Algo similar había sucedido con la primera parte desde el primer día.

En su origen, no quise que fuera una secuela, dice Welsh. Fue como que el tema de Sick Boy aterrizó en el libro, así que tuve que escribir sobre el resto de la pandilla. Lo sentí como que había dos libros: uno sobre esta gente que trabajaba en la industria del porno gonzo y otro sobre los personajes de Trainspotting y en qué andaban.

Respecto de la heroína que corre rampante en la primera entrega, Welsh insiste en que aquel nunca fue el objetivo. No era un libro sobre las drogas; era sobre la transformación de un tipo de sociedad en otro: de una sociedad industrial, donde la vida estaba regulada por el trabajo, a una donde el trabajo asalariado no está garantizado.

Y aunque el escenario es otro, la alienación que yace detrás es tan contemporánea como siempre. La gente busca qué hacer, dice Welsh. Están desesperados por tener algo para hacer.