MANSIN PLAYBOY

LA LTIMA VUELTA

Fotos por Jeff Minton

El fotógrafo californiano Jeff Minton fue uno de los últimos en meterse en el 10236 de la Charing Cross Road de Holmby Hills, en Los Ángeles, para buscar en los rincones y los detalles el atractivo menos obvio de la Mansión Playboy.

 

Es lo que Dios hubiera creado de haber tenido el dinero, dijo alguna vez Peter OToole de la Mansión Playboy, aunque también lo dijo de las casas de Long Island y, probablemente, en alguna otra ocasión para encantar a su auditorio. Es una buena frase. Pero la Mansión Playboy es precisamente eso, el símbolo de todo lo que está bien: el lujo, el sexo, el derroche, la desmesura, el ocio, el placer, un puro, un brandy, una reposera junto a una pileta en un jardín precioso. El fotógrafo Jeff Minton había entrado varias veces antes de que Hefner le permitiera estas fotos. Y su cámara encontró los detalles que se ven aquí, desapercibidos por el ojo convencional. Construida en 1927 por el arquitecto Arthur R. Kelly, su estilo "gótico Tudor" respondía a los gustos grandilocuentes de su dueño, un tal Arthur Letts, heredero de la cadena de tiendas californianas The Broadway. Hefner la compró en 1971, en busca de un clima más amable que el de Chicago, hogar de Playboy y de la primera Mansión, famosa por la piscina de su subsuelo. Hef se mudó definitivamente a Los Ángeles en 1974 y allí se quedó, incluso después de venderla en agosto de 2016. El acuerdo de venta inluyó la cláusula de que Hefner viviría allí hasta su muerte. Pero, ¿alguna vez esas paredes se olvidarán de Playboy? Las fotos de Minton dicen que no.