ENSAYO

LIBERTAD SEXUAL: UNA SERIE DE EVENTOS AFORTUNADOS

Por Dr. Drew Pinsky | Playboy USA

En este momento histórico, disfrutamos de una libertad en nuestra vida sexual sin precedentes, aunque incompleta. En este ensayo, el reconocido doctor estadounidense Drew Pinsky examina los límites biológicos ocultos que determinannuestras decisiones más íntimas.

 

A lo largo de los últimos 50 años, en la cultura occidental experimentamos un progreso sin precedentes respecto a la percepción que tenemos de nosotros mismos como seres sexuales. La llamada revolución sexual, con su rechazo a los valores puritanos y su reivindicación del amor libre, enriqueció nuestra capacidad de apertura hacia las orientaciones sexuales, la identidad de género y las prácticas eróticas, dejando de lado la vergenza y los prejuicios. Pero las consecuencias no planeadas de esta revolución continúan apareciendo en una deslumbrante variedad de manifestaciones, como el embarazo adolescente, la pornografía online, Tinder, la adicción al sexo, las epidemias de enfermedades de transmisión sexual y un panorama con frecuencia empobrecido de relaciones interpersonales.

Como médico, siempre estoy atento al contexto biológico de cualquier cambio cultural. Al menos algunas de las posiciones que tomamos respecto a la sexualidad y transmitimos a través de las generaciones tienen una base biológica. Una gran cantidad de tinta fue derramada para sugerir que el advenimiento de los anticonceptivos hormonales (la famosa píldora) fue lo que permitió a las mujeres dominar su potencial reproductivo. Es importante recordar, además, que a través de la historia de la humanidad un porcentaje significativo de mujeres perdieron la vida mientras daban a luz. Gracias a ciertos avances médicos y, especialmente, obstétricos que disminuyeron el riesgo de embarazo y de muerte, por primera vez el sexo logró ser separado de la reproducción. Y esto definitivamente contribuyó a la libertad que experimentamos desde entonces.

Pero otros fenómenos poco discutidos también influenciaron nuestra liberación de la opresión sexual. Más que nada, en mi opinión, fue la invención de los antibióticos. Históricamente, las consecuencias médicas del contacto sexual eran diversas y graves. Antes de los tratamientos antibióticos, incluso algo tan simple como una infección urinaria venía acompañada de serias complicaciones de salud y hasta, a veces, la muerte. La gonorrea, la clamidia y la sífilis eran virtualmente intratables. Conociendo la intensidad de los deseos lujuriosos, podés imaginarte que, si fueras el padre de un adulto joven en la era pre-antibiótica, seguramente intentarías infundirle un saludable miedo al contacto sexual. De otro modo, correría riesgo su vida.

Ahora disfrutamos de una amplia libertad en relación a las complicaciones de estas infecciones -cuando son debidamente tratadas- y nuestra moral sexual evolucionó en un nuevo contexto biológico. No estoy sugiriendo que las concepciones culturales no nos limiten también; estoy diciendo que esas concepciones, probablemente, tengan una raíz biológica que la medicina moderna puso patas para arriba, abriendo el juego a un nuevo rango de posibilidades de libertad de expresión.

Otra consideración importante es la naturaleza de la libertad en sí misma. Cada vez más, algunos puntos de vista neurobiológicos están cuestionando qué queremos decir, concretamente, cuando hablamos de libre albedrío. La libertad, tal como la concibieron nuestros antepasados históricos, cobraba significado respecto a la opresión exterior, a la tiranía; era una búsqueda para lograr que la vida se desarrollara sin ninguna restricción arbitraria. Gradualmente, expandimos esa idea de libertad, incluyendo la igualdad y la oportunidad de elección. Estos son tópicos complejos, y no pretendo reducirlos a meros leitmotivs. Pero sí quiero mencionar que nuestro libre albedrío es, cuanto menos, influenciado, si es que no está completamente determinado, por fuerzas neurobiológicas independientes de la conciencia. Imágenes de resonancias magnéticas muestran que nuestro cerebro toma decisiones y controla el comportamiento en una etapa muy anterior a la toma de conciencia. Aún así, a pesar de que sin lugar a dudas actuamos bajo la influencia de diferentes fuerzas biológicas, tenemos momentos de elección relativa; en otras palabras, tenemos algo de poder a la hora de elegir, pero los deseos detrás de esas elecciones no están bajo nuestro control. Podés elegir comer pizza todos los días, pero no podés obligarte a amar la pizza.

En mis décadas de experiencia clínica, aprendí que muchos procesos pueden dar forma o adulterar nuestra sexualidad y, por consiguiente, nuestra genuina libertad de expresión. Los traumas de la infancia tienen un profundo efecto en nuestros deseos y comportamientos sexuales durante la adultez. Somos reacios a admitirlo, pero el hecho deque las experiencias infantiles se transformen en traumas en la vida adulta es una característica humana básica. Terminamos sintiéndonos atraídos a individuos y circunstancias que recapitulan esas experiencias de la niñez. Esto está bien atrincherado en nuestra biología. Reducir las posibilidades de embarazo y eliminando muchas de las complicaciones de las enfermedades de transmisión sexual hizo que fuera mucho más fácil detectar esta compulsión a la repetición, al patrón.

Como suele suceder con la mayoría de las realidades de la experiencia humana, la ley de las consecuencias imprevistas siempre está emparejada al cambio. Nuestra libertad sexual, indudablemente, mejoró muchos aspectos de la intimidad. No quiero disminuir los beneficios de ser capaz de hacer valer las preferencias sexuales de cada uno. Tampoco soy tan naive como para pensar que todavía no hay trabajo que hacer para ayudar a quienes contnúan sufriendo algún tipo de opresión sexual. Sí creo, sin embargo, que debemos hacer un inventario honesto de las fuerzas que nos trajeron hasta este punto y seguir investigando el fenómeno en el que se apoyan nuestras libertades. La experiencia humana es rica en revelaciones, y muchas de ellas aún están ocultas detrás del velo de una vida sin cuestionamientos.