ENTREVISTA

MARTIN SCORSESE

Por Ulrich Lssl

Preparó Silence, su nueva película, durante 30 años. Le hicimos la misma cantidad de preguntas a este director magistral. Una charla sobre la fe, la mafia y el cine, los grandes temas de su vida.

 

Lisboa, mediados del siglo XVII: a Sebastio Rodrigues (Andew Garfield) y Francisco Garrpe (Adam Driver), sacerdotes portugueses, les dicen que su mentor espiritual, Cristóvo Ferreira (Liam Neeson), radicado hace años en Japón, debió renunciar a su fe luego de verse sometido a intensas torturas en un país opresor de la religión cristiana: Ferreira ahora está recluido como budista. Incrédulos, sus discípulos se proponen viajar a territorio nipón, encontrarlo y descubrir la mentira en estas acusaciones. La historia de Silence -película que estrenó en los cines argentinos el pasado 16 de marzo, basada en el libro homónimo del escritor japonés Shusaku Endo- es un nuevo lienzo en el que Martin Scorsese pinta algunas de sus obsesiones: las convulsiones y las contradicciones de la fe, el martirio, la potencia emocional, la oscuridad y la violencia.

PLAYBOY: Sr. Scorsese, ¿ya recibió hoy algún correo electrónico lleno de odio de cristianos furiosos?

SCORSESE: (Ríe) No, por Silence todavía no me acusaron de blasfemo.

PLAYBOY: No fue igual con La última pasión de Cristo. Hace casi 30 años los católicos más extremos casi le hacen un atentado.

SCORSESE: No, no fue tan malo tampoco. Es solo que a algunos les costó tragar la película. Les costó digerir que Jesús bajara de la cruz para criar un hijo con María Magdalena. Pero no quise con eso vulnerar la fe de nadie.

PLAYBOY: ¿Es verdad que un cardenal de Nueva York le recomendó la novela Silence después de una proyección de La última pasión de Cristo?

SCORSESE: Sí. Dios trabaja de maneras misteriosas. Ese libro, que trata sobre acontecimientos históricos, me atrapó de inmediato. Trata sobre dos monjes jesuitas que viajan a Japón en el siglo XVII para buscar a su mentor espiritual. De él se dice que había abandonado la fe cristiana bajo una tortura terrible.

PLAYBOY: ¿Entonces trata una vez más sobre la fe?

SCORSESE: Y sobre la duda, la esperanza, la desesperación y quizás también sobre la salvación. Y así también es el plano proyectual de mi vida religiosa. Es probable que por eso la historia no me dejara durante estos 30 años.

PLAYBOY: ¿Por qué tardó tanto en realizarla?

SCORSESE: Siempre se interponía algo. A veces no cerraba el financiamiento, después estallaba el estudio o yo tenía problemas personales que me impedían hacerla. Honestamente, me sorprende que haya salido.

PLAYBOY: Para el papel protagónico se buscó al ex Spider-Man Andrew Garfield. ¿Su actor favorito, Leonardo DiCaprio, no quiso participar en la película?

SCORSESE: A esta altura ya es demasiado mayor para eso. Con Andrew Garfield me saqué la lotería. Es simplemente espectacular.

PLAYBOY: ¿Por qué no fue nominada Silence para mejor película en los premios Oscar de este año?

SCORSESE: ¿Y por qué me lo pregunta a mí? No tengo la más pálida idea de qué criterios siguen para las nominaciones. Estoy muy contento de haber recibido finalmente hace diez años un Oscar por Departed. Desde entonces, puedo ir a comer a restaurantes sin que nadie me pregunte por qué todavía no recibí un Oscar. Desde Taxi Driver esa era la regla.

PLAYBOY: ¿Es verdad que usted originalmente quería ser cura?

SCORSESE: Sí, de joven fui un buen católico que iba todos los domingos a misa. Hasta fui monaguillo. En aquella época la fe me daba fuerza. Pero no me aceptaron en el seminario para cura.

PLAYBOY: ¿Por qué?

SCORSESE: Porque no sentía con tanta fuerza la vocación de ser cura.

PLAYBOY: Una suerte para nosotros. ¿Alguna vez se arrepintió de haberse dedicado a la cinematografía?

SCORSESE: No, para nada. Desde los 20 años, mi vocación está volcada al cine. A veces tengo la impresión de que la diferencia entre esas dos profesiones no es tan grande.

PLAYBOY: ¿Todavía es religioso?

SCORSESE: Sí. Películas y religión, en mi vida nunca hubo otra cosa.

PLAYBOY: ¿De dónde viene ese arraigo a la fe?

SCORSESE: Eso tiene que ver con mi asma, que padecí mucho de chico. Y con el hecho de haber crecido en Little Italy.

PLAYBOY: ¿Cómo es eso?

SCORSESE: Mis padres no eran muy religiosos. Todavía tenían la impresión de que sus padres y la iglesia en Sicilia los habían dejado, habían tenido malas experiencias. A mí, por el contrario, la fe siempre me dio fuerza para lidiar con mi enfermedad. Y tuve la suerte de haber conocido a un cura en Little Italy que me llevó bajo su ala como mentor. El párroco Francis era profundamente creyente pero a la vez tenía un espíritu libre.

PLAYBOY: ¿Cómo es eso?

SCORSESE: Él me mostró que también hay otro mundo, distinto del mundo pequeño, herméticamente cerrado y atemorizante en el que crecí. Y odiaba las películas religiosas sentimentales y kitsch, como por ejemplo El manto sagrado. Iba seguido con nosotros, los monaguillos, al cine.

PLAYBOY: ¿Fue por él que descubrió el amor al cine?

SCORSESE: También iba al cine solo. El cine y la iglesia tenían un efecto tranquilizador para mí, me hacían muy bien. Por el asma me daban medicamentos fuertes que me ponían muy nervioso.

PLAYBOY: ¿Fue su enfermedad la que ya de joven lo convirtió en un observador silencioso?

SCORSESE: No me quedaba otra alternativa. No podía participar de las actividades deportivas. Ni siquiera correr por la calle con otros chicos. Mi médico llegó a prohibirme reírme demasiado fuerte.

PLAYBOY: ¿Reírse demasiado fuerte?

SCORSESE: Sí, por un supuesto riesgo de asfixia. De vez en cuando, cuando me daba un ataque de asma normal, tenía verdadero miedo de morir. Entonces me recluía en mi caparazón y solía quedarme solo.

PLAYBOY: ¿Cómo se manifestaba esto en su psique?

SCORSESE: Desarrollé antenas muy perceptivas para lo que ocurría alrededor. Para la vida que llevaban los adultos. Para las dificultades, las preocupaciones que ellos tenían. En esa época, Little Italy todavía estaba dominada por la mafia. Y manejaban las cuerdas no solo detrás de escena. Con bastante frecuencia presencié estallidos brutales de violencia en plena calle.

PLAYBOY: ¿Estuvo personalmente en riesgo?

SCORSESE: La verdad, no. Pero todos caminábamos como sobre cáscaras de huevo. Había que estar atento de no decir nunca una palabra equivocada. O estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Mi padre nos maniobraba con destreza por ahí.

PLAYBOY: ¿De ahí viene su afinidad por la violencia?

SCORSESE: ¿Qué quiere decir con eso?

PLAYBOY: ¿No le reprochan con frecuencia que sus películas glorifican la violencia?

SCORSESE: Ese es un gran malentendido. Yo no glorifico la violencia. No lo hice en ninguna de mis películas. Pero quiero rodar películas realistas y auténticas. Y si transcurren en el contexto de la mafia, de vez en cuando hay un par de muertos. Me tomo la libertad de representar esos asesinatos de la manera más precisa que sea posible. Por ejemplo, en Good Fellas y Casino tenía a un ex sicario como asesor en el set.

PLAYBOY: En Silence también hay representaciones explícitas de violencia. ¿Tenía que ser así?

SCORSESE: Crucificción, decapitación, ahogamiento, tortura... ¿Cómo podrían representarse de otra forma? Ya sean misioneros en Japón o bandas rivales en Nueva York: la violencia es un elemento esencial de la vida. Mis películas muestran a personas en crisis, en conflicto con sí mismos y con Dios y el mundo, como en un dilema moral.

PLAYBOY: ¿Puede leerse en sus películas su estado mental al momento de rodarlas?

SCORSESE: Totalmente. También mi estado anímico. Pero eso no es sorprendente. Desde siempre hago películas sobre la condición humana. Y todavía estoy buscando.

PLAYBOY: ¿De vez en cuando encuentra algo?

SCORSESE: Naturalmente. Sería terrible si no lo hiciera. Silence me dejó en claro una vez más lo importante que es vivir la vida con toda la conciencia y responsabilidad posible.

PLAYBOY: ¿Siente haber cambiado mucho con el correr de la vida?

SCORSESE: El tiempo nos cambia a todos. Nada le da forma a uno como la vida. Lo bueno de envejecer es que me di cuenta de que hay mucho que ya no necesito.

PLAYBOY: ¿Qué cosa no dejaría nunca?

SCORSESE: A mi mujer. Hace casi 20 años que estoy felizmente casado. Tenemos una hija maravillosa.

PLAYBOY: ¿Tiene una estrategia de supervivencia?

SCORSESE: Me gusta reír. Sé que la gente suele creer que soy pensativo y malhumorado. También soy eso, pero no solo eso. Si no tuviera humor, hace rato que ya no estaría acá.

PLAYBOY: A propósito de los amigos: no hay nada que Robert De Niro desee más que hacer una película más con usted. ¿Le dio ya una respuesta?

SCORSESE: Sí, de hecho ya estamos haciendo otra película juntos. Se llama The Irishman.

PLAYBOY: ¿Es verdad que hubo una proyección especial de Silence para el Papa Francisco?

SCORSESE: Sí, la película le gustó.

PLAYBOY: ¿Aprovechó la oportunidad para darle un DVD de La última pasión de Cristo?

SCORSESE: (Ríe) No, para eso no hubo un momento apropiado.