CROSSFIT

MS RPIDO, MS ALTO, MS FUERTE

Por Micaela Ortelli | Fotos por Pancho Monti

En menos de diez años, CrossFit pasó de ser una forma alternativa de hacer gimnasia a un modo de vida. Pero, además, es un deporte de alto rendimiento. Tiene su copa del mundo, los CrossFit Games; en Argentina ya se destacan varios semiprofesionales que compiten con los mejores. Y, sobre todo, contra sí mismos.

 

Como toda religión, esta es una historia de redención, dice Greg Glassman sobre las suyas: la historia de un niño pobre, enfermo de lupus, con padres complicados; la religión que fundó a los 44 años y hoy convoca el evento deportivo con mayor participación del mundo. Se estima que unas 400 mil personas se inscribieron este año en los CrossFit Games, en desarrollo este mes en Madison, Wisconsin, televisados por la CBS para todo el mundo. Los 640 atletas que pasan los regionales y llegan al mundial, lo hacen en categoría equipo o individual, como Mathew Fraser, un americano de 27 años, metro setenta y 86 kilos, que el año pasado se convirtió en the fittest man on Earth o el hombre más en forma del planeta. Su contraparte femenina, premiada de igual manera con 275 mil dólares, es Katrín Davísdóttir, ex velocista y gimnasta islandesa, de 24 años, metro sesenta y nueve y el mismo número de kilos. The fittest woman on Earth mantiene el título desde 2015, tras recuperarse de una performance devastadora según su biografía en la web oficial en 2014. Siempre digo que CrossFit es una religión conducida por una pandilla de motociclistas. Yo no recluto; si te querés ir, yo ya quiero que te vayas, dijo el creador en la revista Maxim.

 

 

 

Todo depende de vos. Es lo que siempre me dijeron a mí acá. El techo te lo ponés vos. Depende de tus ganas, esfuerzo, dedicación, paciencia y compromiso, dice Cata Guimarey, atleta de 25 años, embajadora de GNC, una marca de suplementos dietarios que se acaba de instalar en el país, y Reebok, el sponsor oficial de Crossfit y sus Games desde 2011 y hasta 2021, en principio. En 2012 Cata llegó a Tuluka, en Palermo, siguiendo una búsqueda laboral de recepcionista en un gimnasio no convencional. Fue la exacta impresión que tuvo al ver a un grupo de chicos entrenando sin remera y sin mirarse en espejos, con la música tan fuerte como en una disco. Ella había jugado al hockey de adolescente y estudiaba Administración de Empresas. Una vez adentro, pensó: Estoy en un gimnasio, voy a usar las instalaciones y, sin ambiciones, empezó a entrenar. De aquella iniciación recuerda los front squats sentadillas con la barra por delante y el dolor que le quedó durante días. Las primeras semanas cuesta un montón, reconoce: Pero la mayoría quiere más.

Aprendió que a ese tipo de locales se les dice box porque emulan un garage, ahí donde los fanáticos suelen armar sus gimnasios personales. En el suyo, Greg Glassman ideó este plan de entrenamiento combinado, que incluye movimientos gimnásticos, levantamiento olímpico y ejercicios de atletismo. Era por entonces un chico de 16 años con tendencia a agarrarse a trompadas. Limitado por el lupus para los deportes de contacto y la natación competitiva, se concentró en trabajar el torso, tanto como para convertirse en anillista. A la vez, por su incapacidad de adaptación al colegio y a los gimnasios ortodoxos donde llegó a trabajar, se hizo personal trainer. Construyó su fama en Santa Cruz, California, principalmente entre ex militares y empleados de Silicon Valley, por sus inusuales consignas y discurso exigente y alentador. No pain, no gain (sin dolor no hay ganancia), dicen algunas remeras.

Greg Glassman fundó la compañía CrossFit, Inc. en el año 2000. Pero no lo hizo solo. Junto con su segunda esposa, una ex alumna llamada Lauren Jenai, se promocionaban a través de una web bitácora con videos de los entrenamientos, y organizaban charlas informativas, tradición que explica por qué un entrenador de CrossFit es un coach y no un profe. De entrada, CrossFit se planteó como una filosofía en oposición a la cultura de la mala alimentación y la medicina tradicional, que mantiene girando la rueda de las enfermedades crónicas, la principal causa de muerte en Estados Unidos. Y no tardaron en aparecer inversores. En 2005, ya existían 50 boxes en cinco países. En 2007 se hicieron los primeros CrossFit Games en Monterey. En 2011, cuando se involucró Reebok, ya hubo 29 mil participantes en los Open, la primera etapa de la competencia. En 2012, Glassman y Jenai se divorciaron y él le compró la parte por 16 millones de dólares; CrossFit, Inc. contaba con cinco mil gimnasios alrededor del mundo, incluyendo India y China.

 

 

 

Argentina participaba de esa ola expansiva y hoy el nivel de atletas es internacional. El Team Rad-60, de tres mujeres, o Crossfit Q21, de seis mixto, compitieron en Brasil y Estados Unidos. El gimnasio BIGG Crossfit dio el primer equipo argentino en llegar a los Games, en 2014. BIGG Friends quedó tercero en los Regionales 2017 en San Antonio, y al cierre de esta edición se preparaban para medirse con los mejores en Madison, viaje financiado en parte por crowdfunding. Entre ellos, Jennifer Reyes es una crossfitter full time, atleta de Reebok, con título de fittest de Argentina en su cuenta de Instagram. Muchos atletas, además de competir, se convierten en coachs. Cata es un ejemplo. El despertar para ella fue una competencia interna con participación de otros boxes: A partir de ahí dije: 'Quiero más. Quiero que me salga esto, quiero levantar tanto peso, quiero estar mejor'. Siempre es difícil explicar una obsesión: Hasta no probarlo no lo vas a entender. Puede aparecer el ejercicio imposible que despierte una inesperada obstinación: doble saltos de soga, por ejemplo. O colgarse de la barra y elevarse hasta pasar la pera por encima. O caminar con las manos, lo que está haciendo un equipo mixto en hilera mientras Cata habla: Te caés todos los días, una y otra vez, hasta que te sale. Pero esto no es algo que se mida por ejercicios. Se trata de terminar un WOD y decir no doy más, pero la próxima quiero sentirme bien. Entonces se arma un círculo virtuoso en el que uno quiere dormir bien, comer bien, para rendir más.

El WOD es el work out of the day, la combinación de ejercicios del día, que puede ser infinita. Lo tienen de igual modo atletas y público en general. Una clase común empieza con pase de lista (hay que anotarse en el día), y dura una hora programada en un reloj como los de las canchas de básquet. Después de la entrada en calor, el coach llama a reunión para comunicar el entrenamiento del día. Se arma una rutina de movimientos variados y funcionales que miden fuerza, potencia y flexibilidad. Las consignas pueden ser completar algo en el menor tiempo posible, o hacer la mayor cantidad de repeticiones en tantos minutos, o levantar la mayor cantidad de peso en tal movimiento explica Cata, con grupos a cargo desde hace un año y medio. Siempre el entrenamiento es de alta intensidad. Pero mi máxima intensidad va a diferir de la tuya, entonces se te enseña de acuerdo a tus capacidades, no te dicen: 'Esto no lo hagas'. Lesionados y embarazadas pueden seguir haciendo porque los movimientos se adaptan. Acá tenemos un alumno de 90 años.

Por eso los practicantes aseguran que el CrossFit apunta a la salud, porque no se acostumbra el cuerpo a un movimiento particular, y porque la exigencia se regula de acuerdo a la persona. Ahora, cuando empieza a ser deporte, cuando te empezás a dedicar porque querés competir, deja de ser salud, admite Cata, que empezó con los snatchs llevar la barra del piso hasta arriba de la cabeza en un movimiento en 25 kilos, y ahora levanta 70. Los profesionales le dicen sesión a sus clases; entrenan todos los días en períodos de dos horas y hay quienes llegan a las tres sesiones diarias: Si no estás obsesionado al hacer alto rendimiento, no vas a llegar a ningún lado, dice. ¿Y los cambios físicos? Se ven rápido, pero también tenés que tener paciencia y no dejarte llevar por el espejo. Sabés que si te ves más grandota es porque creciste en músculo. A la estética de los cuerpos trabajados en CrossFit, y mayormente librados de harinas, azúcares y procesados, Greg Glassman la llama la mejor belleza.

 

 

 

Quién da más

Este año en Wisconsin compite una atleta de 57 años que el año pasado tuvo que hacerse una vasectomía. Poco antes le habían extirpado el útero. Tal vez su WOD incluya correr picadas, hacer saltos de cajón, trepar la dificilísima peg board (la pared con agujeros) o empujar una especie de cilindro gigante llamado snail. No abandonar es el mensaje, dice ella, integrante de la categoría Masters, de mujeres entre 55 y 59 años. El primer paso para llegar a los Games es el Open, abierto a cualquiera mayor de 14 años con acceso al equipamiento que comúnmente puede encontrarse dentro de un box, y un pago de inscripción, que se hace a través de la web. Esta etapa dura cinco semanas y cada jueves se anuncia el WOD, a completarse en los cuatro días siguientes. Las performances se hagan en boxes afiliados o garages personales se filman y cargan en la web: así se verifican los puntajes.

Los mejores pasan a los Regionales, 17 divisiones en competencia durante tres fines de semana. En esta instancia ya hay control antidoping, y este año hubo tres atletas positivos, suspendidos para competir por dos años. Los clasificados se encuentran en los Games, que duran tres días, con WOD anunciado recién en la víspera: es decir, todos los atletas deben rendir en todas las categorías. En 2017, el mundo recibirá las notificaciones de Facebook cuando comiencen las transmisiones en vivo en la web oficial, un magazine total y al día del deporte que más rápido creció en el último tiempo según Forbes.

Se fue fomentando la competencia y eso ayudó a todos a superarnos, dice Cata Guimarey, que este año llegó a los Regionales de San Antonio con el Team Tuluka. Entre otras cosas, al equipo le tocó correr con el worm, un gusano de fibra de casi 200 kilos. 30 vueltas pasando el gusano de hombro a hombro y después seis subidas individuales de soga. No clasificaron, pero lo volverán a intentar el año que viene, mientras se foguean en otros eventos que tampoco paran de crecer Wodapalooza, Southfit, y en las sesiones diarias en el box. Competir con un compañero es una motivación, porque yo sé que lo ayudo si me esfuerzo más y él me ayuda si se esfuerza más. Para mí, CrossFit se basa mucho en eso, en que cada uno quiere avanzar y crecer por uno mismo, no para ganarle a tal, dice. Por eso, porque la competencia empieza con uno, hay que saber escuchar al cuerpo cuando dice basta. Hay una especie de mascota de CrossFit, un payaso que vomita. Este personaje puede ser más o menos simpático: dicen que el entrenamiento excesivo produce vómitos, pero también estaría representando el daño renal que puede ocurrir con la sobrecarga de músculos. Para otros crossfitters, sin embargo, el payaso es simplemente una burla al de Mc Donald's. ¿Será el ocaso de la cultura chatarra? ¿El cambio de un tipo de disciplinamiento por otro? Lo cierto es que cada vez hay más gente con un grupo de amigos que son los de CrossFit. Dice Greg Glassman: Siempre me preguntan cuántos crossfitters hay. No tengo la más puta idea. Varios millones es la respuesta con la que me siento más cómodo. Es como querer estimar el tamaño del universo.