CINE

ME LLAMAN EL GANADOR

Por Hernn Panessi

Aclamado en el Festival de Mar del Plata, Néstor Frenkel filma la felicidad, el reconocimiento y todo eso que necesitamos en su documental Los ganadores.

 

En tiempos donde lo políticamente correcto es norma, bandera y norte, Los ganadores se erige como una película valiente: elige incomodar. Y ahí, escapándole a los flashes de la pacatería y al buenismo exagerado, reposa su ganancia, su plusvalor. Néstor Frenkel juega aquí de igual manera a la provocación y al cine: enfoca, muestra y devela algunas miserias humanas compartidas. Los ganadores es una película sobre un grupo de aficionados en busca de reconocimiento. Amateurs que organizan premios en sociedades de fomento y lugares insólitos para galardonarse entre sí. Uno paga, el otro entrega: todos ganan. Vos, vos y vos, y vos también.

Qué bueno ganar un premio por un disco que todavía no terminé, asoma una señora visiblemente emocionada. La música propone felicidad, la alegría se percibe, el criterio falta, las bebidas vuelan y los premios, también. En su desparpajo, Frenkel no juega al tibio y le pone el cuerpo al asunto: él es uno de estos personajes en busca de premios y validaciones. Se sabe de la misma carne. A su modo, viste y habla como ellos. De hecho, la película compitió en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y se hizo del premio a Mejor Director otorgado por la DAC. Es que, ante todo, es un autor, un gran director: como ellos, es un ganador más.

A la sazón, Néstor Frenkel astuto como pocos- fabrica una película espejo: una historia en la que podemos vernos reflejados en cada uno de sus gestos. La foto minúscula la entrega de premios Estampas de Buenos Aires- sirve para pintar un lienzo mucho más grande lleno de rebusques, ilusiones y límites morales. ¿Hasta qué punto se ríe con y no se ríe de los protagonistas? Cada uno se ríe con lo que se ríe, yo no puedo hacerme cargo de eso. Yo me río de mí mismo, de mi mujer, de mis hijos. Creo que uno de los grandes males de la humanidad es la solemnidad. Y persigo alejarme fuertemente de ella. Si me río de alguien, primero me río de mí. Y tampoco hago películas para reírme de alguien: el humor es un camino, una herramienta para provocar alguna reflexión, comenta.

El realizador conoció al protagonista de esta fábula haciendo Amateur, hace unos cinco años. Se trata de uno de los documentales más cándidos y amorosos de la última década y cuenta la historia de Jorge Mario, un hombre de Concordia, Entre Ríos, fanático de todo: es dentista, cineasta, coleccionista de datos y trivia cinéfila, boy scout, conductor de radio, superochista, basquetbolista y comprometido con cuanta cosa aparezca. De alguna manera, Los ganadores es una película hija de Jorge Mario: es su punto de partida, su útero gestante. Después, incluso, el film termina encontrándose con él, como un integrante más de este universo. Lo quiero, me cae bien, es un fenómeno, bromea Néstor.

Entonces, ¿qué fue lo que pasó hasta que dio con la punta del ovillo? Con Jorge Mario nos seguimos viendo, tenemos una relación. Un día, intercambiando mensajes, me dice: Voy a Buenos Aires, a una entrega de premios. Y el único rato que teníamos para pasar juntos era acompañándolo a esa fiesta. Ahí, Frenkel conoció a otro hombre: un conductor de programas de radio y televisión dedicados al tango, un jubilado que habitaba con soltura entregas de premios tan bizarras y fantásticas como El Ancla Dorada, La Gaviota Federal y el Río de los Pájaros. Y después de mucho pensarlo, lo eligió.

Frenkel, también responsable de la bellísima Construcción de una ciudad, de la mágica El gran simulador (sobre el maestro René Lavand) y de aquella gema de culto llamada Buscando a Reynols, pasó por distintos tipos de emociones, por diversas formas de acercamiento al evento que estaba viviendo. Y encontró que todo recaía en los hombros de este señor, un señor grande con mucha energía. Y que, con recursos mínimos, con los flecos de su hilacha a flor de piel, armaba un evento para un montón de gente donde todos parecían estar muy felices. Una fiesta en la que todos se sentían ganadores, al menos por un rato. Obviamente que todo eso sumó para que elija al personaje y que la película gire alrededor de este evento, agrega.

El largometraje cuenta con un seguimiento de algo más de dos años por esta galaxia de premios, vasos de plástico, servilletas, ceremonias, estatuillas y discursos (Así no vamos a recuperar Las Malvinas, vomita uno al pasar). Los ganadores es una película sobre la felicidad, sobre el éxito y sobre cuánto necesitamos de todo eso para sentirnos válidos e importantes. Por eso, destraba con precisión quirúrgica el fetichismo por aquellos objetos que encierran un valor místico: los premios y su sistema de construcción de prestigio.

¿Qué creés que pasará cuando los protagonistas vean la película? 

Es parte del proceso. Uno de los finales es que los retratados vean la película, el producto de mi trabajo. No tengo mucha expectativa. Ni buena ni mala. Es muy distinto cómo yo puedo mirar a alguien que cómo ese alguien puede mirarse a sí mismo. Son demasiados factores que me exceden. También se le suma la expectativa de esa persona sobre cuál es la película que se estaba haciendo y cuáles son las nociones de esa persona que se deja filmar, cuál será su imagen, su voz, su vida editada, musicalizada y ordenada por otro. Con mis documentales anteriores tuve reacciones de diversos tipos. Pero los que se molestaron, a la larga terminaron contentos, aceptándose y aceptando a la película.