PERFIL

MISTER GROOVE

Por Micaela Ortelli | Fotos Ignacio Snchez

Como su padre, la leyenda jazzera Willie Bobo, el percusionista Eric Bobo introdujo sonidos latinos a una música eminentemente afro: el hip-hop. Llegó a la cima del género tocando con los Beastie Boys y luego con Cypress Hill.completó su periplo multicultural radicándose en Villa Urquiza, donde vive con su mujer argentina y su hijo, también nacido acá.

 

A Eric Bobo le parece casi surreal salir en esta revista. En 1986, cuando tenía 18 años, tocó con su banda en la fiesta de nombramiento de la Playmate del año en Los Ángeles. Bobo, que apareció en las fotos de la noche publicadas en la revista, recuerda la Mansión como podría imaginarla alguien que no la pisó nunca: enorme y muy hermosa, con muchas habitaciones y un gran bar, con conejitas como camareras. Pero antes de esa fiesta, desde sus trece años, Bobo ya tenía carnet de socio del Club Playboy, donde retozaban las conejitas y también se ofrecían espectáculos de música, magia y comedia. El vínculo original con la revista comenzó en 1981 con el Playboy Jazz Festival, donde se presentó más de una vez. La edición de 1983 fue uno de los últimos shows importantes de su padre, el reconocido percusionista de latin-jazz Willie Bobo, que murió de cáncer tres meses después. Eric, el menor de sus dos hijos, tocaba en su banda y fue el encargado de encabezar el homenaje que Playboy le rindió a Bobo padre en el festival del año siguiente. Todavía tengo la taza de Playboy y ahora me están entrevistando, dice el percusionista de Cypress Hill, un pionero en los dúos de la fusión entre el DJing y la percusión. Habla desde un café en el barrio porteño de Villa Urquiza, en una esquina siempre candente, solo que desde hace un mes en la ciudad no para de llover.

A los 47 años, instalado en Buenos Aires hace alrededor de tres, Eric Bobo todavía no puede acostumbrarse a nuestro clima. Sobre todo a los veranos húmedos, tan distintos a los de su radiante California. Bobo está casado y tiene un hijo de cuatro años con una argentina, Flor. Se conocieron en 1994 en el viejo boliche La Negra, uno de los pocos que pasaban hip hop en la época. Él estaba en el país como percusionista de los Beastie Boys, el primer grupo de rap cotizado en pisar Sudamérica. El show fue en el estadio Obras con apertura de Illya Kuriaky and the Valderramas. Bobo conoció esa noche al grupo de Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur. Antes de venir, conocía una sola cosa de Argentina y la expectativa que trajo era bastante modesta: comer empanadas como las que vendían en el rincón argentino muy cerca de su casa de la infancia, en Mt. Washington, suburbio del Northeast de Los Ángeles. Hasta que en el after del recital, en La Negra, vio a esa chica de mochila que al darse vuelta exhibió unos simpáticos pocitos en las mejillas. Le dije a Mario [Caldato, el productor de los Beasties, de origen cubano]: Vos sabés español, presentanos.

 

 

 

Eric Bobo pudo haber hablado español perfectamente, pero no aprovechó las oportunidades. Sus abuelos eran portorriqueños y su madre le habló en español desde la cuna, pero él nunca respondía a nada en ese idioma, hasta que el silencio finalmente hizo desistir a la mujer. Gran error dice ahora el hijo, que está tomando clases. Y así es que toco música latina, un instrumento latino. Lo siento, lo como, pero no puedo hablar español. La familia, de apellido Correa, se había mudado de Nueva York a San Francisco a fines de los 60 porque en la Costa Oeste había más posibilidades de desarrollo para Willie Bobo. He was a bombosero, empieza a hablar Eric de su padre, y cuenta que cuando tenía 18 la histórica revista de jazz Down Beat lo declaró el mejor percusionista del año, que tocó con el rey de los timbales Tito Puente, con Miles Davis, Herbie Hancok, todos los famosos, y además tenía su propio grupo. La pianista Mary Lou Williams fue la que lo apodó Bobo por una canción suya; Correa tenía poca gracia, pensaba la diva.

 

Yo me crié entre toda esta música, nunca fui a clases, simplemente me pusieron arriba de un escenario. entonces era un niño de cinco años con pelo afro tomando una Seven-Up en un lugar para mayores de 21.

 

Yo me crié entre toda esta música, nunca fui a clases, simplemente me pusieron arriba de un escenario, dice Eric, que entonces era un niño de cinco años con pelo afro tomando una Seven Up en un lugar para mayores de 21. No estaban ni su madre ni su hermano mayor y se sentía aterrorizado, recuerda. Lo pararon sobre un escalón y tocó lo que le salió por instinto de tanto mirar a su padre. Yo era muy tímido, pero de pronto empezó la música y empecé a tocar y supe que eso era lo que quería hacer, ser músico, dice. Cuando Eric creció lo suficiente y pasó a ser miembro estable de la banda, Willie Bobo estaba orgulloso: Siempre me presentaba como el que iba a seguir sus pasos, el que lo iba a relevar. Todo el mundo se habría sorprendido de no haber sido así. Cuando Eric cumplió 13, su hermano mayor y su padre le convidaron marihuana por primera vez: Si vas a estar en este ambiente, esto te lo vas a encontrar. Si vas a fumar antes de tocar, controlá la cantidad, no te arrebates, aconsejaba Willie.

Eric Bobo tenía la vida disociada entre su trabajo de noche en los círculos del jazz y sus amigos, que lejos estaban de escuchar la misma música que sus padres. Con ellos, Eric escuchaba rap, el género que nació en Nueva York de la cruza de actividades del DJ y el MC, el maestro de ceremonias, que animaba con sus rimas aquellas fiestas barriales de los años 70. Una música armada sobre samples de funk, soul y disco que podía hacerse sin instrumentos en vivo de ahí su desarrollo en contextos pobres. Bobo y su crew eran fanáticos de las neoyorquinas Beastie Boys y Run-D.M.C y mataban el tiempo intentando aprenderse sus raps. Tardaron en saber que Mike D, Adam Yauch y Adam Horovitz, los afamados Beasties, eran blancos, y cuando se enteraron fue una sorpresa pero no una desilusión: Para mí el color nunca fue un tema. Si sos negro y sos malo, sos malo. Pero ellos eran geniales.

 

 

 

Cuando murió su padre, Eric Bobo formó su propia banda, un trío instrumental de guitarra, bajo y batería residente en uno de los tantos bares de la ciudad. Un día recibió una llamada del dueño; decía que tenía un nuevo show para ellos, pero no en el bar sino en un campo en Santa Bárbara donde se iba a casar Adam Horovitz. El mismo Adam Horovitz de los Beasties. Bobo no le creyó y cortó. A los pocos minutos, el teléfono volvió a sonar. Era el novio, y no pedía solamente que el grupo fuera el espectáculo de la tarde; también quería que tocaran la marcha nupcial. Junto al vidrio mojado del café de Villa Urquiza, Bobo recuerda que fue un día espléndido y que su banda entretuvo a los Red Hot Chilli Peppers, River Phoenix y muchas otras celebrities. Dos semanas después lo llamó otro Beastie Mike D, MC y baterista. Preguntaba si los acompañaría en el último mes de la gira Check Your Head (1992) el tercer disco de la banda, el primero en el que tocan instrumentos. Los Beasties no daban con un percusionista a la altura y estaban evaluando la idea de salir sin uno, pero si él estaba interesado, lo esperaban en el estudio para una audición. Era un estudio con cancha de básquet y escenario para jams. Bobo dice: Yo odio las audiciones, no me gusta esa presión, no me parece que pueda disfrutarse la música con dos críticos con cara de piedra enfrente, pero igual la suya fue un éxito. Tenía estudiados todos los temas que había grabado la banda, podía seguir el ritmo de cada track que ponían, sus estribillos, sus pausas, todo. Hes got it, escuchó que le decía Mario C a Mike D a la tercera canción. Al final de la prueba le dieron el itinerario del tour: Mi primer tour, mi primer todo, dice Bobo.

Las dos primeras semanas los acompañaron en la gira el rapero Ice Cube y el rockero Henry Rollis, ex frontman de Black Flag. Fueron días memorables pero no tanto como cuando llegó el relevo de los soportes, Cypress Hill, la primera gran banda de hip hop latina. Bobo también era fan de ellos: Me acuerdo de la primera vez que escuché Cypress, estaba sonando en un local de comida, y escuché que hablaban sobre la marihuana. En esa época no había bandas cantando I wanna get high, estos sí eran gangstas, dice. Y cuando se cruzó a Sen Dog en el hotel, Bobo tuvo la misma sensación: Con este tipo no te querés meter. Pero el MC de Cypress era agradable y además admiraba a Willie Bobo; no tardó en invitarlo a subir al micro en el que estaba girando Cypress. Ahí estaba B-Real con su enorme afro, y había chicas y olor a weed, un micro muy distinto al de los Beasties. Los días locos de los Beasties ya habían pasado; los de Cypress estaban recién empezando, se ríe Bobo, que también dijo sí cuando Sen Dog lo invitó a tocar un tema en una jam, y sin ensayo lograron una versión de Latin Lingo impecable y caliente. Entonces, los Cypress lo invitaron a sumarse a la gira del año siguiente, de la que también participaban House of Pain, Funkdoobiest y otras bombas de la crew de Cypress Hill Soul Assassins. Era una locura, todos iban a estar ahí, dice Bobo. Cypress además iba a presentar su segundo disco; con Black Sunday (1993) y su hit Insane in the Membrane, la banda despegó y Eric Bobo estaba allí porque una vez más había dicho que sí.

 

Había chicas y olor a weed, un micro muy distinto al de los Beastie BOYS. Los días locos de los Beasties ya habían pasado; los de Cypress HILL, estaban recién empezando.

 

La gira con Cypress Hill fueron seis semanas de locura, de todo lo que puedas imaginarte. Armas también. Las llevaban en el micro, solo por protección, pero si se armaba, iba a ser el wild west, cree Beastie Bo, como lo habían apodado sus nuevos compañeros. Lejos estaban los años mansos y refinados en los clubs de jazz con el público sentado. Ahora, Bobo subía a tocar con su copa de vino y una pipa como la de Sherlock Holmes y veía pogos descontrolados y más de una vez se animó a un stage diving (lanzarse del escenario al público). Concluida la gira, se fue a Nueva York a trabajar de vuelta con los Beasties. Cuando empecé con ellos, yo era bastante tímido dice Bobo, pero cuando volví, estaba corrompido. La postal de esa maduración es de octubre de 1993. Cypress Hill se presentó en el late show más famoso del mundo, Saturday Night Live para hacer Insane in the Membrane y I Aint Going Out, presentados por la joven estrella de Beverly Hills 90210, Shannen Doherty. Al comenzar el segundo set, DJ Muggs prendió un porro, lo que puso a la banda en la lista negra vitalicia del programa junto a Sinead O Connor, que el año anterior había roto la foto del Papa en cámara. Al final de la canción, Muggs le vuela de un manotazo el set a Bobo, que venía tocando enceguecido, hasta con los codos, y termina la canción con una sola conga. Rock n roll, lo hacíamos todo el tiempo. 

Durante casi cinco años Bobo tocó en las dos bandas, amontonando episodios como el que sigue, del año 1994. Coincidieron los festivales Woodstock y Lollapalooza (la cuarta edición de ambos). Bobo tocaba el sábado con los Beasties en el escenario principal del Lolla, y el domingo con Cypress en Woodstock. Pero por alguna razón, este show se pasó al sábado, y aún con una buena logística, llegar a los dos shows podía complicarse. Bobo dudaba: Should I stay or should I go?. No lo habló con los Beasties pero sí con el resto de los músicos que se cruzaba en camarines; todos le decían que tenía que ir a Woodstock excepto Kim Deal, la bajista de los Pixies, que le parecía demasiado arriesgado. No sabía qué hacer así que llamé a mi madre dice Bobo. Me dijo: Es Woodstock, es historia, no sabés cuándo te va a volver a pasar algo así, you better go. Bobo tomó un avión, un helicóptero y una van y llegó al escenario de Woodstock: Era un mar de gente y de pronto empezó a llover. Los aviones y helicópteros se suspendieron y el percusionista no pudo volver a tocar en el Lollapalooza. Al menos, los Cypress valoraron que fui a Woodstock y me hicieron miembro oficial de la banda.

 

Al comenzar el segundo set, DJ Muggs prendió un porro, lo que puso a la banda en la lista negra vitalicia del programa (SATURDAY NIGHT LIVE) junto a Sinead O Connor, que el año anterior había roto la foto del Papa en cámara.

 

Con los Beasties participó de la grabación de Ill Communication (1994), que trae el hit Sabotage, y de su abstracción, el EP Root Down (1995), donde aparece en tapa con su pipa. Al mismo tiempo grabó III: Temples of Boom (1995), el tercero de Cypress, un disco quiebre, más tranquilo, con Sen Dog temporalmente afuera de la banda. En 1996 apareció el compilado instrumental de los Beasties The In Sound from Way Out!, para los estudiosos, una obra formidable donde Bobo es protagonista. Y en 1997 trabajó a la par en Hello Nasty de los Beasties el del hit Body Movin y IV de Cypress, con el regreso de Sen Dog y los beats duros, y el agregado de guitarras metaleras. Eventualmente, Bobo tuvo que elegir y se quedó con Cypress: Era más divertido, la diferencia entre estar entre hermanos o primos. Los Beasties siempre iban a ser ellos tres.

Eric Bobo aparece en los créditos de todos los discos que vinieron de Cypress Hill, que ya inició una gira de celebración de sus 25 años de historia. Bobo volvió a Argentina con ellos en el 96 y el 98 y esas visitas encendieron las velas de la historia de amor con Pocitos, como había apodado a la chica de mochila de La Negra. Después, ella se convirtió en azafata y durante diez años perdieron contacto. En ese tiempo, Bobo grabó en Arizona un disco solista, Meeting of the Minds, una obra de ritmos mestizos, caótica por momentos, con participación de varios MCs reconocidos. El disco tardó años en encontrar sello y se editó finalmente por National Records en 2008, el mismo año en que Bobo vino otra vez a Buenos Aires para tocar en el Personal Fest con B-Real (la edición en que se presentó Snoop Dogg y acuchillaron a un chico). Esa vez volvió a salir de noche pero no se cruzó a Pocitos y no fue lo mismo, dice. Tiempo después, desde Madrid, ella le escribió por Twitter. Quiso la vida que Bobo tocara con Cypress Hill en la misma ciudad dos semanas después, y así sucedió el reencuentro: El abrazo lo dijo todo, resume él.

 

 

 

Bobo y Pocitos probaron vivir en Los Ángeles y Nueva York pero terminaron instalándose en Villa Urquiza, donde está creciendo William, el primogénito, que ya debutó detrás del set de percusión. Con mucha más actitud que Bobo a la misma edad, William apareció en el escenario durante un show con el MC local Guapo, y le pidió al padre que lo dejara tocar. Guapo es un viejo amigo de Pocitos, y con su banda de hardcore rap Insane, fue uno de los primeros personajes de la escena hip hop del país. El año pasado Bobo y Guapo lanzaron un disco juntos, L.A. Conecta B.A, con instrumentales producidas por Bobo, bajos por el talentosísimo chileno Ra Díaz, samples originales de Goyeneche a Psycho Realm y scratching de DJ Rolex, otro clásico local. Fue un disco que armaron prácticamente sin hablar porque el inglés de Guapo es trastabillado como el español de Bobo: Trabajamos por amor a la música, la música es un idioma universal así que puede lograrse, dice Bobo, que ahora lleva en paralelo a su trabajo en Cypress Hill el dúo Ritmo Machine, con el DJ y productor chileno Latin Bitman. No es el primer experimento del tipo para Bobo, que hace cinco años grabó un mixtape y salió de gira con su amigo DJ Rhettmatic, de la banda Beat Junkies. Se hacían llamar Cypress Junkies e improvisaban un magnético ida y vuelta de scratinchg y percusión. Ritmo Machine es un proyecto más amplio, con sonidos más reconocibles y bailables, al menos para sudamericanos. A Bobo y el chileno los presentó el sello National Records y trabajaron vía email antes de conocerse en persona y tocar en vivo por primera vez en un side show del Lollapalooza en Chile. Ahora trabajan en la continuación del disco debut Welcome to the Ritmo Machine, lanzado en 2011.

Es un condimento que te hace mover dice Bobo sobre el aporte de la percusión a una banda, a una canción. La batería te puede hacer golpear el piso con el pie, pero un set de percusión, en especial si tenés algo de sangre latina en las venas, te va a hacer mover. Si no, tenés un problema. En el nuevo disco de Ritmo Machine colabora Fidel Nadal; Bobo también tiene un proyecto abierto con Andrés Dussel, ex bajista de Santos Inocentes, y menciona otra idea que incluye a Flavio Cianciarulo de los Fabulosos Cadillacs. De a poco, los artistas locales se enteran de que Eric Bobo, uno de los grandes percusionistas del mundo, hijo de la leyenda Willie Bobo, está radicado en Buenos Aires, donde sobra música para condimentar.

 

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