ENTREVISTA

SCARLETT JOHANSSON

Por Amanda Petrusich | Fotos por Jake Chessum

La mujer de la que nos enamoramos perdidamente en Tokio se enteró en un vuelo rumbo a Hong Kong de que Donald Trump había ganado las elecciones. Fue el fin de un año intenso: fue la actriz más taquillera de 2016, todo mientras filmaba más y más películas, criaba a su bebé y hacía campaña por Hillary Clinton.

 

La escena inicial de Lost In Translation (o Perdidos en Tokio), la película de Sofía Coppola sobre dos pasajeros americanos varados con jet lag en Japón, es una toma sostenida sobre las espaldas de Scarlett Johansson, vestida con una remera y una bombacha rosa transparente, acostada sobre una cama mirando a la ventana y sus cortinas movedizas. El personaje se llama Charlotte, una joven recién graduada de la Universidad que lamenta la isípida trayectoria de su vida desde el interior de un opulento cuarto de hotel en Tokio. Johansson tenía apenas 17 años cuando filmó esa película y si bien ya llevaba más de una década en Hollywood, desde ese papel se convirtió en musa y talismán tanto del cine de autor, como el de Woody Allen o los hermanos Coen, como de la gran industria. Su carrera se ha desarrollado equilibradamente entre pequeñas joyas como Her de Spike Jonze y mega-tanques como Avengers.

Hollywood tiene una extraña relación con ciertas energías libidinales y por eso a Johansson se la ha comparado tanto con Marilyn Monroe: su cuerpo, sus labios, su mirada parecen estar encima de todo. No hay tema que le interese menos que su belleza. Curiosamente, en la última década filmó papeles donde su sexualidad es una especie de arma letal (Under The Skin, Avengers, Lucy): los hombres la subestiman y son castigados por ello. Su última película es una adaptación del manga de culto Ghost in the Shell, del japonés Mamoru Oshii, donde interpreta a una cyborg letal en un futuro distópico.

Semanas antes de esta conversación, el 21 de enero, Johansson habló en la marcha de las mujeres en Washington, donde se refirió directamente a Donald Trump, preocupada porque su hija no tenga los mismos derechos para su cuerpo y su futuro que sí tuvo su hija Ivanka.

 

PLAYBOY: Naciste y te criaste en la ciudad de Nueva York. ¿Cómo fue crecer ahí?

SCARLETT JOHANSSON: Nueva York era diferente en esa época. Sueno como una vieja, pero la ciudad era mucho más accesible. Mi grupo de amigos era realmente diverso. Todos teníamos distintos perfiles socioeconómicos y nuestros padres hacían cosas diferentes. Los padres de algunos eran narcotraficantes, algunos trabajaban en finanzas y todos vivíamos en la misma comunidad. Aunque probablemente todavía sea la mejor ciudad del mundo -no soy imparcial- creo que antes parecía que las cosas eran posibles para más gente. Hay una tienda de cueros genial en West Village que está ahí desde siempre. Estuve ahí hace unos meses y el tipo que hace sandalias desde 1967 estaba peleándose con el propietario para quedarse ahí, porque antes tenía un alquiler estabilizado y ahora eso ya no existe. En los próximos años probablemente se convierta en un negocio corporativo. Es triste, porque es el pulso de Nueva York. Eso es lo que empujaba a la ciudad, lo que hacía que las cosas parecieran posibles.

PLAYBOY: ¿Tuviste una hija en 2015?

JOHANSSON: ¿En qué año estamos? No, 2014#8722; Ni siquiera me acuerdo. [Ríe] Tiene dos años y medio ahora.

PLAYBOY: ¿Creés que la maternidad te cambió?

JOHANSSON: Oh, sí, me cambió. Ya solo el proceso de estar embarazada y dar a luz fue increíblemente profundo. También el entregarme al hecho de que con bebés, y particularmente con niños pequeños, una tiene que abandonar la expectativa y cualquier instinto que tenga de controlar la situación. Claro, siendo madre, todo el tiempo tomás decisiones que afectan a esa persona que depende completamente de vos, pero también hay que entregarse a la experiencia, y eso en sí mismo es muy liberador. Para mí, es lo mejor que me pasó. En la vida. Alguien me lo describió alguna vez como que a tu corazón le crece otra cámara, y creo que eso es profundamente cierto. La capacidad de amar algo, al menos en mi experiencia, profundiza un espacio totalmente distinto. Creo que temí que mi vida cambiara, y lo hizo; cambió dramáticamente. Pero de distintas maneras, me siento mucho más yo misma ahora que antes.

PLAYBOY: Es una linda manera de pensarlo.

JOHANSSON: Entiendo la importancia de mi propia felicidad ahora más que antes. Porque ves cómo afecta a alguien más, y te pasa que si no estás feliz, no podés estar en forma para esa otra persona.

PLAYBOY: Esta pregunta se hace sin cesar a las mujeres y muy pocas veces a los padres que trabajan, pero ¿sentís que la maternidad cambió cómo te relacionás con el trabajo?

JOHANSSON: Donde trabajo definitivamente hay algo de eso. Eso es un aspecto práctico, pero afortunadamente estoy en un momento de mi carrera, después de veintitantos años, en el que puedo decidir eso un poco. Probablemente se vuelva más desafiante cuando ella crezca, porque existimos en una extraña industria nómada donde casi todos en el grupo tienen una familia, y es difícil. Es difícil para las relaciones; es difícil para las parejas, los hijos, la familia en general, los amigos.

PLAYBOY: ¿Fue eso un desafío para vos?

JOHANSSON: Cuando hice Ghost in the Shell estuve en Nueva Zelanda con nuestra hija por seis meses. Fue tan difícil: la distancia y el peso del trabajo en sí fueron muy duros para mí. Era una película grande con mucha acción. Pasaba todo el día peleando con gente, literalmente peleándome conmigo misma. Estaba luchando con el personaje. Recuerdo haberle dicho varias veces a Rupert Sanders: ¿No puede pasarle una cosa buena a este personaje? ¿Un solo gran momento? La respuesta fue que no. Alerta de spoiler: es un viaje oscuro el de esta persona, o cyborg o lo que sea.

PLAYBOY: En un nivel más personal, también está el desafío de desaparecer en otra persona, o desaparecer en el mismo proyecto, y tener que desconectarte forzosamente de la gente a tu alrededor. No es una carga que pueda compartirse.

JOHANSSON: Totalmente, porque con frecuencia no sabés realmente de qué parte de tu interior viene. Creo que es parte de la belleza de este trabajo. Lo que me da más y más curiosidad, y mayor confianza de explorar son todos estos espacios raros dentro de nosotros mismos, esos pequeños rincones y recovecos, cosas que alguna vez nos resultó vergonzoso intentar. Cuando te das cuenta de la libertad que sentís al destrabar eso, y cuando podés ponerte rara y ocupar mucho espacio emocional y después retraerte, si podés hacer eso dentro de una sola actuación, es una experiencia transformadora.

PLAYBOY: Hablemos de tu familia. Tu padre es danés y tu madre es del Bronx. ¿Qué tipo de padres son?

JOHANSSON: Después de tener dos hijos e intentar tener uno más y obtener dos tengo un hermano mellizo y fuimos los últimos- creo que abandonaron cualquier libro de reglas que hubieran estado siguiendo, si lo tenían. Probablemente sea normal. Para cuando llegás a tus hijos menores, estás más relajado, te preocupás por menos cosas, estás más cómodo como padre. Creo que mi hermano y yo probablemente nos beneficiamos de algunas maneras y no de otras. Mi mamá se había mudado a California, estaba alejada, y mi papá estaba consumido por la responsabilidad de estar con nosotros en casa y todo lo que significaba proveer para nosotros. Mis padres siempre lucharon económicamente, eso fue una gran carga para él. Desde los 13, mi hermano y yo casi nos criamos solos. Todavía vivía en casa e iba a la escuela y esas cosas, pero estaba trabajando y en Nueva York salía y daba vueltas y me metí en líos desde bastante temprano. No demasiados líos, por suerte. Me autoregulaba, pero probablemente hubiera descendido bastante por el agujero del conejo si no hubiera tenido siempre a alguien guiándome.

PLAYBOY: ¿Por qué pensás que fue eso? ¿El trabajo?

JOHANSSON: Sí. Tenía una buena ética laboral. Tenía mi propio sentido de autopreservación y me gradué y conseguí mi propio departamento cuando tenía 18.

PLAYBOY: ¿Y qué hay de salir a esa edad? ¿Hay algo que sepas ahora que te gustaría haber sabido a tus 20?

JOHANSSON: Nunca salía con nadie, así que no soy la persona correcta a quien pedirle consejos. Una vez fui a una cita a ciegas, y cuando llegué, mi cita ya se había inyectado tequila en el ojo. Ni siquiera sabía que eso era posible. Qué desilusión. No me gustaría volver a tener 20 otra vez, aunque hice muchas cosas divertidas. Me gustaría haber sabido que todo cambia y que nada dura para siempre salvo la muerte. Probablemente hubiera liberado mucho espacio en mi cerebro.

PLAYBOY: ¿Cómo se ganaba la vida tu padre?

JOHANSSON: Mi papá era arquitecto.

PLAYBOY: ¿Y tu mamá?

JOHANSSON: Mi mamá empezó a ser representante cuando tenía ocho o nueve. Hizo eso hasta que dejé de trabajar con ella alrededor de mis 20. Mi mamá es muy ambiciosa y también es buena haciendo muchas cosas a la vez. Tiene mucha fuerza vital. Definitivamente heredé eso de ella. Mi papa es más no sé, creo que mi papa es más soñador. Es una persona tan creativa, pero a veces creo que puede trabarse a sí mismo. Mientras mi mamá, creo, siempre ve las cosas en grande, y probablemente tengo eso de ella.

PLAYBOY: ¿Cómo se trababa?

JOHANSSON: Creo que no tenía tanta confianza. Tenía una relación complicada con su padre. Aunque podía tener grandes sueños, nunca tuvo confianza para empujar los límites. Y mi mamá, cuando yo estaba creciendo, siempre me decía nos decía, en realidad que si queríamos algo teníamos que ir y tomarlo nosotros mismos y que nadie iba a hacerlo por nosotros. Eso se me pegó. Aunque pienso que soy un poco más tolerante que eso. Probablemente trabajo mejor en equipo que ella, y realmente aprecio el espíritu colaborativo. Creo que parte de eso viene de trabajar en producciones por tanto tiempo y ver cómo una mano toma a la otra y cuán importante es tener una moral sana dentro de un grupo de personas en un ambiente profesional. Soy ambiciosa, supongo. Si veo algo a la distancia y lo quiero, corro hacia eso.

PLAYBOY: Hiciste campaña por Barack Obama dos veces y apoyaste a Hillary Clinton en la última elección. ¿Cómo lidiás con los eventos recientes?

JOHANSSON: Sabés, es gracioso. Cené con Woody Allen justo después de las elecciones, así que fue en noviembre. Los dos dijimos: Bueno, las elecciones. Ese va a ser el tema antes de que nos metamos con el sentido de la vida. Y yo dije, Por favor, no me digas que sos uno de los que dijeron Te lo dije; si es así, no me lo digas. Y él contestó: Honestamente, me sorprendió. Yo pensaba que no ganaría en un solo estado. Y pensé, bueno, bien, si Woody se siente así, me hace sentir mejor por ser tan ignorante como fui, porque literalmente, quiero decir, fue una sorpresa total y completa. Tuve una experiencia muy extraña al votar. Me llevé a mi hija y le dije, Nena, tendremos una presidente mujer, y eso es emocionante. Y es Hillary Clinton; cool, estamos bien. Después me subí a un avión a Hong Kong, que es un viaje de 16 horas. Me tomé dos copas de vino y me dormí. Me desperté 10 horas más tarde y la azafata me preguntó: Disculpe, señora, ¿le gustaría saber los resultados de las elecciones?. La miré y dije, Bueno, ya sé... dame las noticias ¿Quién es? Creo que sé que es Clinton. Y ella me contestó: No, en realidad es Trump. Pensé que era un episodio de La dimesión desconocida.

PLAYBOY: Pensaste que era una broma.

JOHANSSON: Quiero decir, voy por el aire a 10 mil metros de altura. La cabina está oscura, mi hermano está durmiendo, le toco el hombro fue organizador para la campaña de Obama; hace política y le dije: ¡Hunter, despertate, despertate! Me dijo ¿Qué? y yo le dije ganó Trump. Y él respondió: Ah, cortala. Dios, se emborrachó tanto cuando llegamos a Hong Kong. Esta mañana escuchaba NPR y tengo momentos donde todavía me impacta el peso de ello.

PLAYBOY: Contame de tu experiencia en la marcha de las mujeres en Washington.

JOHANSSON: Como sabés, no soy alguien que cuente mucho, pero me sentí muy impulsada a decir lo que tenía que decir. Fue a la vez una experiencia fundante y fuera del cuerpo. Es paradójico, supongo. Siempre di por sentado a Planned Parenthood (ONG tradicional de los Estados Unidos que provee servicios de salud reproductiva, desde preservativos hasta abortos). Así es como debería ser, ¿no? Estamos hablando de normalizar lo que por definición es algo normal: accesibilidad a la atención de salud femenina. Cualquiera que tenga una vagina lo necesita. ¿Por qué tenemos todavía estas conversaciones después de tantos años de que las mujeres fueran supuestamente liberadas? Yo lo superé.

PLAYBOY: ¿Qué hacés para manejar los sentimientos de desesperanza o temor?

JOHANSSON: Bueno, uno no puede ser complaciente. Creo que es difícil porque la gente estuvo inactiva durante tanto tiempo, y no tenemos servicio militar. No es que lo apoye, pero si hubiera algún tipo de servicio obligatorio, creo que tendríamos un clima político completamente distinto. La gente sería mucho más proactiva, no solo tendría opiniones al respecto. Es difícil movilizar a la gente cuando no se sienten quiero decir, mirá las últimas elecciones: nadie votó. La cantidad de votantes nunca fue tan baja. Culpo a los medios por mucho de eso. El boca de urna debería estar prohibido. Creo que la gente solamente fue complaciente. Dijeron: ¿A quién le importa?

 

PLAYBOY: Eso me lleva a una tangente sobre la música. Sos cantante además de actriz, e hiciste dos discos. En 2008 presentaste Anywhere I Lay My Head, una colección de covers de canciones de Tom Waits. Como hablamos de Estados Unidos en mayúsculas, se me ocurre que Waits es una de nuestras voces más representativas: en sus discos se convierte en una encarnación vital, excitante y entrañable. Contame de tu relación con su trabajo.

JOHANSSON: Él es un verdadero poeta. Y es un artista de la forma más deliciosa, su expresión propia nos da lugar para reflexionar. (El sello discográfico) Rhino se me acercó para hacer un disco. Quiero decir, ¿a quién se le presenta tal oportunidad? Fue increíble. Estaba abrumada. Pensé que quizás haría clásicos, quizás canciones de Cole Porter. Después pensé que tenía muchas ganas de hacer ese dúo que hace Tom Waits con Bette Midler que se llama I Never Talk to Strangers. Y después pensé: quizás solo voy a reimaginar canciones de Tom Waits para ver a dónde me llevan. Intenté hacerlo con varios productores y simplemente no funcionaba. Entonces di, como por un acto del destino, con Dave Sitek de TV on the Radio. Encontrarme con Dave fue un cambio porque se convirtió en una figura realmente importante en mi vida y un querido, querido amigo. E ir a Louisiana a grabar fue una experiencia absolutamente épica. Estaba enamorándome de mi primer marido en ese momento. Fue una época muy romántica y liberadora. Fue genial.

PLAYBOY: Eso suena increíble.

JOHANSSON: Fue maravilloso.

PLAYBOY: Otra cosa interesante del trabajo de Waits es que se trata en buena parte de una ejecución particular, única, de esas canciones. Por eso, siento que queda mucha carne en los huesos, de algún modo, para que otro cantante venga y las reinvente completamente.

JOHANSSON: Sí, eso es verdad. Es gracioso porque si tratás de recrear una canción como la hizo Waits, te das cuenta de que su método es muy clásico. No hablo de las cosas realmente experimentales que hace, sino de que las partes instrumentales de sus canciones pueden ser muy sentimentales. Es su voz la que les da profundidad.

PLAYBOY: Vos y Dave fueron en auto de California hasta Louisiana.

JOHANSSON: Sí, fue loco porque no nos conocíamos para nada, y nos propusimos conocernos en ese viaje. Creo que yo manejé.

PLAYBOY: ¡Qué apuesta fuerte!

JOHANSSON: Recuerdo buscarlo en Silver Lake o algo así, y él tenía siete cigarrillos en cada mano, una taza de café negro y un montón de instrumentos raros de los que nunca había escuchado hablar, y solo cargamos el baúl y salimos. Manejamos por el desierto y fumamos mucha marihuana y nos pusimos raros. Nos sentamos en el capó y miramos el atardecer.

PLAYBOY: Mencionaste que Waits era uno de nuestros grandes poetas. ¿Te gustó que Bob Dylan ganara el premio Nobel de literatura?

JOHANSSON: Sí, eso fue cool. Me encantó que no fuera también. Es muy dylanesco. Dylan es alguien a quien podés volver en diferentes momentos de tu vida y sus canciones quieren decir algo distinto en cada etapa. Es un artista maravilloso y un poeta y un mago misterioso.

PLAYBOY: Actuaste en uno de sus videos musicales.

JOHANSSON: A mi amigo Bennett Miller le pidieron dirigir un video para él. Íbamos a hacerlo con él pero después no quiso estar en el video e hicimos algo nosotros. Como dos años después, fui a ver a Dylan por primera vez. Lo vi en los camarines y me dijo algo como Oh, muchas gracias por el video que hiciste. Cuando hicimos el video, esperaba que él viniera, esperaba escuchar de él y no, para nada. Solo se acordó al pasar, como "Oh, sí, hiciste aquel video para mí". Fue un placer, Sr. Dylan. Un amigo me contó una historia hilarante de cuando un amigo suyo, un productor musical, dijo Llevo un amigo para la cena, y era Dylan, que es una locura. Dylan tenía puesto un buzo con capucha y había tirado tanto del cordón que solo se le veían los ojos y la nariz. Y estuvo toda la cena así. Tenía que bajar la capucha para poder llevarse el tenedor a la boca.

PLAYBOY: Dios lo bendiga. Tu segundo disco, Break Up, fue una colaboración con Pete Yorn, que dijo que se había inspirado en las grabaciones de Serge Gainsbourg con Brigitte Bardot. ¿Los dúos son algo que te atrae?

JOHANSSON: Sí, los dúos son geniales. Cuando era chica escuchaba a Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, Dean Martin con distintos cantantes, las Andrews Sisters. Creo que me gusta particularmente escuchar una voz masculina y una femenina juntas. Pete dijo: Hey, ¿querés hacer un disco? Creo que él estaba en un lugar oscuro, o de transición, en su vida y que soñó que hacíamos un disco juntos, me escribió un mensaje de texto cuando se despertó de ese sueño afiebrado y así es que decidimos hacerlo.

PLAYBOY: El disco tiene una cualidad de ensueño, tiene una afección. ¿Recordás tus sueños?

JOHANSSON: Los recuerdo, sí.

PLAYBOY: ¿Algún sueño recurrente de ansiedad?

JOHANSSON: ¡Solo tengo sueños de ansiedad! Una vez le conté a mi madre eso y se largó a llorar. Tengo muchos sueños sobre casas; casas hermosas y antiguas llenas de jardines y vides colgantes en las que tuve la oportunidad de vivir pero vendí. Como sea. Estoy segura de que calefaccionarlas hubiera salido una fortuna.

PLAYBOY: Cada tanto alguien te hace un gran favor al decirte algo revelador sobre vos #8722; y claro que uno responde Andate a cagar, no me conocés. Después te vas a tu casa y lo pensás y te das cuenta de que, Dios, tenían toda la razón.

JOHANSSON: Estaba escuchando una charla TED sobre las relaciones y la persona que daba la charla decía que en momentos cuando estás empezando una relación nueva y tus amigos y familia dicen: No, esa es una señal. Esta persona no es para vos. ¿Por qué ignoramos a esas personas que nos conocen tan bien en momentos cuando nosotros no? Y después nos distanciamos de ellos porque estamos avergonzados o lo que sea. Es interesante cómo a veces todo lo que necesitás es un buen amigo que te diga que no estás actuando como vos misma. O que ven algo frente a vos que no va a ser beneficioso o verdadero para quien realmente sos. No sé. Es tan fácil solo decir: No, no quiero escuchar eso.

PLAYBOY: Bueno, el amor es profundamente intoxicante al principio. Uno está simplemente fuera de sí.

JOHANSSON: Claro.

PLAYBOY: Nadie puede decirte nada.

JOHANSSON: Y la parte de tu cerebro que funciona es la parte disfuncional, no es la parte racional. Es la parte adictiva de tu cerebro que se enciende cuando tenés esas primeras sensaciones de amor, y se sienten tan bien.

PLAYBOY: Dijiste que no estás segura de que los humanos estén diseñados para ser monogámicos.

JOHANSSON: Bueno, con cada ganancia hay una pérdida, ¿no? Esa es una pérdida. Tenés que elegir un camino. Creo que la idea del matrimonio es muy romántica; es una bella idea, y en la práctica puede ser algo muy bello. No creo que sea natural ser una persona monogámica. Puede que me empalen por decirlo, pero es trabajo. Es mucho trabajo. Y el hecho de que sea tan trabajoso para tanta gente #8722;para todos#8722; ese hecho comprueba que no es algo natural. Es algo que respeto mucho y de lo cual he participado, pero creo que definitivamente va en contra del instinto de ver más allá.

PLAYBOY: Y claro que muchos matrimonios no funcionan.

JOHANSSON: Creo que el matrimonio inicialmente involucra a mucha gente que no tiene nada que ver con tu relación porque es un contrato legalmente vinculante y eso tiene un peso. Estar casado es diferente a no estar casado y si alguien te dice que es lo mismo, te están mintiendo. Cambia las cosas. Tengo amigos que estuvieron juntos por 10 años y luego decidieron casarse y les pregunto el día de la boda o el día después si es distinto, y siempre lo es. Lo es. Es una bella responsabilidad, pero es una responsabilidad.

PLAYBOY: Te casaste por segunda vez en 2014 (con el periodista francés Romain Dauriac). ¿Te despertaste la mañana siguiente sintiéndote diferente?

JOHANSSON: Sí, definitivamente. Me sentí diferente. Y tenía una beba muy chiquita entonces, también está eso: nuestra dinámica familiar era distinta. No sé. Lo que sea que es, eso a lo que no podés ponerle palabras del todo, eso cambió.

PLAYBOY: ¿Y se sintió distinto a tu primer matrimonio también?

JOHANSSON: Sí, claro. Tenía un bebé y mi marido venía de otro país y se hacía ciudadano de este. Fue una transición enorme para los dos, y para él, ciertamente lo fue: mudarse acá, comprometerse con los Estados Unidos. Pero creo que mi marido se abrazó a Estados Unidos, y particularmente a Nueva York, de una manera muy entrañable. El otro día estaba haciendo albóndigas. No era en casa. Era en otro lugar y me mandó una foto. Dijo algo como: ¡Soy un verdadero neoyorquino y me encantan The Sopranos! Y yo le dije: Así se dice, bebé.

PLAYBOY: ¿Estás quedándote en Nueva York ahora, o todavía van y vienen entre acá y París?

JOHANSSON: Todavía mezclamos. Mi trabajo me lleva a todas partes, así que ni siquiera sé dónde vivo, pero creo que ahora estamos comprometidos a vivir acá porque con nuestra hija tenemos que quedarnos en algún lado. En poco tiempo tiene que ir a la escuela. El tiempo pasa como loco.

PLAYBOY: ¿Qué creés que estarías haciendo si no actuaras?

JOHANSSON: Oh, Dios, no lo sé. Probablemente habría seguido una carrera en medicina. ¡Estaría inspeccionando el interior de otro! Me interesa la gente.

PLAYBOY: Son disciplinas tan diferentes, pero ambas recurren a un cierto tipo de intuición.

JOHANSSON: Podría haber sido dermatóloga. Me hubiera encantado ser una dermatóloga, en realidad. Ese es mi trabajo soñado. Todos mis amigos me preguntan: ¿Qué es esta cosa rara que tengo? Y yo les contesto: ¡Dejame ver! Pero no creo que pudiera con los siete años de estudio.

PLAYBOY: Tampoco estoy segura de que Hollywood te dejara ir tan fácilmente.

JOHANSSON: Oh, no lo sé. Siempre hay alguien para llenar el vacío.

PLAYBOY: Leí recientemente que sos la actriz más taquillera de 2016.

JOHANSSON: Hago muchas películas que tienen un público propio, y eso conduce a la mayoría. Pero los últimos fueron años muy productivos.

PLAYBOY: Repasando tu obra, hay una mezcla interesante de películas independientes e idiosincráticas y películas intensamente comerciales de franquicia. ¿Intentás mantener esas cosas balanceadas?

JOHANSSON: Siempre esperé tener un balance y finalmente lo logré. Me encantó lo que Jon Favreau hizo en Iron Man, cómo trabajó con actores como Robert Downey, que me gusta hace mucho tiempo. Normalmente no soy una fanática de los cómics. Me gustaron las películas de Batman de Tim Burton, pero no es mi género. Sin embargo, Favreau parece haber encontrado ese balance del que hablás #8722;un espíritu creativo independiente con el presupuesto de algo así de ambicioso. No tenía precedentes. Fue una nueva manera de contar esa historia. Y obviamente sonaba verdadera, porque después DC y estudios como Warner Bros. empezaron a hacerlo también. Mirá el elenco de Suicide Squad #8722; ya vimos a Will Smith en este tipo de bombas de taquilla, ¿pero poner a Jared Leto a hacer de el Guasón? Es una tendencia muy bienvenida.

PLAYBOY: ¿Leés las reseñas de tus películas o las entrevistas que te hacen en las revistas?

JOHANSSON: Sí, lo hago. Leo reseñas y entrevistas. No es que las busque por todos lados, pero The New York Times, las de la industria, esas cosas me dan curiosidad. Ayudan y me gusta participar en el proceso de esa forma. Siempre tengo mi propia opinión sobre lo que estoy haciendo, no necesariamente de mi propia actuación, sino de la película en general. ¡Y es probablemente similar a la respuesta que provoca! Buena o mala. Digo: Sí, yo tampoco esperaba que fuera tan mala. Muy pocas veces hice algo que amé y a nadie más le gustó. La mayoría de las veces digo, sí...

PLAYBOY: El cine es tan colaborativo. Hay tantas partes en movimiento, y vos sos solo una de ellas. Me imagino que es descorazonador ver algo que hiciste

JOHANSSON: Que no salió como querías.

PLAYBOY: ¿Y de quién es la culpa?

JOHANSSON: ¡Yo sé de quién es la culpa! Claro, por Dios. Otras veces, hice películas que fueron realmente exitosas y no tenía idea por qué. Hay algunas lindas sorpresas. Por ejemplo, cuando hicimos Lost in Translation, nadie podía ver cuál era la visión de Sofia Coppola. La hicimos en un estado de jet lag afiebrado, en un ambiente nuevo, y la rodamos en 27 días. Lance Acord, nuestro director de fotografía, debe haber sido uno de los pocos que podía ver lo que estábamos captando. Cuando leí el guión, no lo supe. Yo hacía lo mío con Bill Murray, experimentaba lo que el personaje experimentaba. Y después salió y resonó con tanta gente. Nunca podría haberlo predicho.

PLAYBOY: Tenías 17 cuando te eligieron para hacer esa película. ¿Cómo es la experiencia de mirarla ahora?

JOHANSSON: Hace mucho que no la miro. Probablemente piense "Oh, era tan joven".

PLAYBOY: Tu personaje, Charlotte, tiene 25 en la película y está en una búsqueda.

JOHANSSON: Llevaba trabajando una década en ese momento. Tenía un grupo de amigos y de colegas mucho mayor que yo. Esa búsqueda de un propósito quizás hizo que haya tenido mayor comprensión de cómo se sentía eso que otros a mi edad.

PLAYBOY: Robert Redford, que te dirigió en The Horse Whisperer, te describió como tiene 13 y va a cumplir 30. ¿Siempre tuviste un alma madura?

JOHANSSON: No lo sé. Como dije, desde chiquita me cuidé a mí misma. En muchos sentidos, tuve que ser responsable por mí misma.

PLAYBOY: La gente a veces escribe sobre vos como si hubieras bajado deslizándote por un haz de luz.

JOHANSSON: ¡Qué lindo!

PLAYBOY: Debe ser difícil aguantar el peso de esas proyecciones.

JOHANSSON: Creo que es realmente ridículo. Es absurdo. También tengo muchas experiencias donde digo: No puedo creer que esto me esté pasando a mí. Todavía me sorprende mi trabajo y los lugares a los que me lleva. Pero mi vida de día a día es una rutina normal.

PLAYBOY: Contame un poco sobre el proceso de preparar un nuevo papel.

JOHANSSON: Empiezo intentando encontrar algo físico en el personaje de lo cual agarrarme y a lo cual poder volver. Ya sea algo de la autopercepción, como una persona que se preocupa por envejecer, o alguien como Major (el cyborg de Ghost in the Shell), que no tiene ningún tipo de autopercepción. Tiene un cuerpo físico, pero no tiene una percepción o un cuidado de sí.

PLAYBOY: Eso también es verdad respecto de las mujeres que personificaste en Under the Skin y Her: son esencialmente consciencias sin cuerpo.

JOHANSSON: En Her en realidad tuve hiperconsciencia de mí misma porque estaba encerrada en una caja negra. Era solo mi voz, y una se vuelve hiperconsciente de ciertos hábitos. La escena sexual con Joaquín fue un ejercicio de dejarme ir.

PLAYBOY: ¿Te dio vergenza?

JOHANSSON: Creo que al comienzo fue muy incómoda. Él estaba muy agitado, y fue muy interesante verlo. Probablemente fue más fácil para mí porque había estado metida en una caja negra por tanto tiempo que dije: Vamos. Ya entré en calor. Dale, pongámonos raros. En una caja negra, tenés la sensación de que nadie puede verte, entonces podés ser quien quieras ser. Podés ser vos misma. Pero fue interesante ver cómo él reaccionaba a eso. Pero se tranquilizó y lo hicimos: literalmente, lo hicimos. Pero lo físico es de donde parto, solo estar atenta de cómo esta historia, estas líneas, cómo se sienten en mí, cómo se siente en mi cuerpo, y después por qué tengo este instinto físico de acercarme a alguien o alejarme o preocuparme por esto o aquello. En el caso de Under the Skin, ¿cómo puedo liberarme de todo eso y ser puramente instintiva y animal? O en Ghost in the Shell, no tengo los tics físicos, esas cosas que nos hacen humanos. Estoy vacía de esas cosas, ¿qué me deja eso? ¿Qué siente este cuerpo que no es mío? Había una separación entre su mente y su cuerpo, entonces tenía que pensar y luego actuar. Ese tipo de cosas son las que me hacen arrancar. Y después también está la investigación. Aún cuando hago de Janet Leigh en Hitchcock, pienso en cómo se para y qué dice eso de su fuerza, de esta persona fogosa y motivada. Lo físico es donde empieza, y crece desde ahí.

PLAYBOY: Para mí, la razón por la cual es tan satisfactorio verlos a vos y a Bill Murray en Lost in Translation es que comparten el acercamiento sutil al material. Creo que la expresión que se usa es que son poco reactivos. No parecen temer al silencio o una mirada vacía.

JOHANSSON: Creo que es realmente importante para mí tomarme mi tiempo. El público te acompaña. Te siguen en esa ola. Eso es lo mejor de hacer teatro en vivo#8722; tener la reacción, la respuesta del público, porque tiene mucha información. Es absolutamente mágico cuando el público y vos están en la misma ola.

PLAYBOY: Hiciste tantos personajes que empiezan de una forma #8722;sin sentir, sin saber#8722; y crecen para convertirse en otra cosa a través de sus interacciones con otros o sus observaciones del mundo. Estoy segura de que estás viendo el desarrollo de alguna versión de esto en tu hija ahora también #8722; una expansión. ¿Creés que todos estamos mutando siempre en nuevas iteraciones de nosotros mismos?

JOHANSSON: No lo sé. Sería interesante actuar de alguien que está estancado. No sé si sería interesante verlo. Quizás lo sea. Hay algo realmente poderoso en alguien que no puede cambiar o no quiere cambiar. Si ves algo como Barry Lyndon o pensás en un personaje como Dorian Gray, hay algo realmente asombroso en esos personajes. Ver el fin de alguien que no quiere o es incapaz de cambiar. Me gustaría llegar a eso, porque probablemente me ayudaría a entender a mucha gente en mi vida. Quizás eso sea lo próximo para mí. Pero hasta este punto, creo que estuve intentando comprender las metamorfosis. Quizás ahora llegué a una etapa donde finalmente puedo actuar como una persona que no puede cambiar.

PLAYBOY: Parece que hay muchas posibilidades en eso para un actor.

JOHANSSON: Es delicioso porque soy alguien innatamente curiosa de mí misma e intento entenderme. Mi analista diría: Bueno, cometés los mismos errores, no los cometas más. ¡No quiero cometerlos más! Pero siempre cometemos los mismos errores en la vida, una y otra vez

PLAYBOY: ¿Hasta que un día ya no?

JOHANSSON: Hasta que un día ya no. Esa es la esperanza. Pero es tan interesante cuando una persona comete una y otra vez los mismos errores o no tiene la voluntad de cambiar.

PLAYBOY: Creo que conozco íntimamente a personas así.

JOHANSSON: ¡Creí que había salido con todos! ¿Te dejé algunos a vos?