20 PREGUNTAS

SEBASTIN WAINRAICH

Por Hernn Panessi | Fotos por Ignacio Snchez

El conductor está estrenando Frágil en el teatro Maipo,un unipersonal donde se cruzan la pasión, la corrección y la muerte. Una comedia trastocada por lo más trágico de la vida, donde uno no sabe cuándo reír y cuándo llorar. Como en los velorios.

 

Amén de las luces que de vez en cuando lo apuntan y con el yo puesto en órbita, Sebastián Wainraich demuestra con paso afable que se puede erigir una carrera en los medios de comunicación sin recurrir a los escándalos, la estridencia o la gilada. Hace más de 10 años que, junto a Julieta Pink y equipo, se despachan con Metro y Medio, en Metro 95.1, el programa de radio que es, también, el espacio donde más puede ser él: un tipo correcto que busca hacer reír.

Husmeando en su ADN es posible encontrar vestigios de Jorge Guinzburg y su estilo veloz sin perder candidez, a quien reemplazó en su momento como conductor de La Biblia y el Calefón. Estilo que se replicó como una de las mitades de TVR y como notero, guionista, actor y escritor. Pero, como dice él mientras engulle un pedacito de bondiola con kétchup, el primer amor es la radio, de la radio a la escritura y de ahí fui abriendo las demás canchas.

Entretanto, tras 5 años de su obra Wainraich y Los Frustrados, con muecas woodyallenescas y bajo la dosis sintética de perdedor con gracia, Wainraich compone Frágil, un unipersonal de reflexión y sensibilidad, en donde los distintos personajes que interpreta (que a veces, también, son él mismo y otras veces fantasmas de proyecciones psicoanalíticas, de metáforas terrenales o de guiños ficcionados a la propia existencia) se debaten en torno a determinados dilemas. Pero mejor, que lo diga él mismo:

 

 

 

1. ¿De qué se trata Frágil, tu nueva obra? 

Es un actor que se sube al escenario a hablar de que ya es hora de que tome una decisión con su vida y, a partir de eso, hace un monólogo que habla de la pasión, de la corrección política, de las relaciones humanas, de la muerte, de lo más doloroso y de lo más lindo de la vida. Y, además, baila, canta y aparecen cuatro personajes. El texto me pide hacer cuatro personajes, me cambio arriba del escenario, se va hilvanando todo.

2. ¿La pasión y la corrección política son cuestiones que te interesan particularmente? 

A todo el mundo, me parece. Y en un punto se unen porque, por ejemplo, me meto con la pasión en el fútbol. Aunque parezca raro, ser un apasionado del fútbol está bien visto, es políticamente correcto. En la obra digo que 300 chicas en la puerta de un hotel esperando ver a Ricky Martin son 300 descerebradas, o son unas boludas, o unas mal cogidas, qué se yo. Y después, a los hinchas de Independiente en Aeroparque, o 300 hinchas esperando a los jugadores de su equipo en la puerta del hotel, lo vemos bien. Lo justificamos con la pasión, la locura del hincha, entonces: ¿por qué esas chicas no pueden estar apasionadas por Ricky Martin? ¿Por qué no las dejamos? Supongo que no las dejamos porque hay un machismo explícito en la sociedad. Recién ahora estamos abriendo los ojos ante eso. No lo podíamos ver o no lo queríamos ver o no nos dábamos cuenta. Obviamente, estoy más cerca de ir a una cancha que de ir a un recital de Ricky Martin, pero eso es una cosa individual, no por eso puedo determinar cómo son las cosas, ni las pasiones, ni nada de eso.

3. ¿Y la muerte? 

Bueno, la muerte siempre aparece. Siempre está ahí, latente, constantemente. En la obra hablo de un episodio de mi vida atravesado por la muerte. Se murió un hermano mío cuando yo tenía 19 y hablo de eso, pero no como en un diario de autoayuda, no doy un ejemplo de vida ni nada. Simplemente, a partir de ese hecho traumático, bisagra, doloroso, trágico, trato de ir hacia la comedia, que es como el desafío más grande.

4. ¿Cuánto tiempo te llevó ablandar todo eso como para hacer comedia? 

Todavía no llegué a hacer comedia en realidad. Pero el duelo está cerrado. Está el vacío, está el dolor, pero el duelo se cierra después de más de 20 años. Creo que hay una cosa de egoísmo personal de querer tratar el tema y también hay un desafío artístico de querer meter el tema en una obra de teatro que lleva el tema como bandera. Pero en otros momentos de la obra también me meto ahí, entre la comedia y la tragedia. Me gusta mucho ese formato. Se genera una especie de tensión en la que no se sabe si nos tenemos que reír o llorar. Como en los velorios. En definitiva, la comedia y la tragedia dependen del tono.

5. Vos te metés mucho con los vínculos. 

Es un vicio. Acá, en este momento, soy padre y soy hijo, entonces comparo un poco cómo es una cosa y la otra. En un momento digo que somos la última generación que más o menos respetó a los padres y la primera en ser boludeada por los hijos. Es una exageración, pero yo soy parte de una generación de padres que no tiene estilo. No quiero meter a todos en la misma bolsa, pero creo que tenemos un conflicto con los límites de nuestros hijos. Si le grito a mis hijos no sé si les grito porque realmente quiero o porque necesito gritarles ya que lo dice un supuesto manual de padres. Es un quilombo, y me pregunto un montón de cosas y no sé si nuestros padres, cuando éramos chicos, se preguntaban tantas cosas. Quizás lo hacían todo más intuitivo.

6. ¿Qué cambió en el paso de una generación a otra? ¿El marco teórico? 

Algo de eso debe haber; después hay una evolución general que sucede y me parece que también en mi generación se ensanchó la adolescencia. Una vez en el cumpleaños de un chico, un amigo me dijo: Fijate, hay dos o tres padres que tienen remeras de superhéroes y hay dos o tres chicos con remeras de rock. Entonces, tenés un tipo de 40 con una remera de Batman y un nene de 5 con una remera de los Ramones. No sé qué pero algo nos dice eso. Yo tengo dos, una hija de 10 y uno de 5. Y tengo remeras de bandas y de superhéroes. Es cierto que yo me dedico a lo que me dedico, que tiene que ver con la diversión. Yo tengo un trabajo raro en cuanto a horarios, a veces ni Dalia (Gutmann, su mujer) ni yo estamos a la noche pero estamos todo el día, los llevamos todos los días al colegio. Qué sé yo, son los padres que les tocaron.

7. ¿Cómo te proyectabas vos cuando eras joven? 

No me proyectaba faltar a la noche, pero sí preguntándome estas cosas. En cuanto a la familia, no tenía idea. Tipo, a los 20, si vos me decías si iba a formar una familia, no tenía idea.

8. ¿En qué andabas a los 20? 

A los 20 ya estaba trabajando en una radio trucha, una radio de barrio. Hacía mi programa de radio, pasaba rock. Metro y Medio tiene hoy esa misma pasión, más profesionalizada, con un equipo más grande. Le tengo cariño a esa época pero no le tengo nostalgia. La quiero, igual. Yo me imaginaba haciendo todo esto. El primer amor es la radio, de la radio a la escritura y de ahí fui abriendo las demás canchas.

9. ¿Te imaginás sin esto? 

El otro día vino Hernán Casciari a la radio y le pregunté si él tenía un plan B y me dijo que no, porque escribe desde los 13 años. No tuvo chance de tener plan B. Yo no tenía plan B, supongo que tendría que haber hecho otra cosa si no salía todo esto, pero no tengo idea qué. Me imagino empleado porque no sé hacer muchas cosas. No me hago el artista loco que ay, le dan un cheque y no sabe firmar pero no sé hacer otras cosas. Supongo que si todo esto se cayera o no funcionara para vivir No sé. Con Metro y Medio ya llevo 10 años. Cumplo 11 el 5 de febrero. Me lo imagino mutando en contenido, en discurso, porque los años pasan. Uno está más grande. Tal vez de personas, no porque yo los vaya a rajar, sino porque alguno se querrá ir en algún momento, buscarán otros horizontes, tal vez en algún momento cambie de radio, nunca se sabe, pero bueno, si firmo, que falta solo lo formal, tenemos dos años más acá en Metro.

10. Revista Pronto dijo que Matías Martin, Andy Kusnetzoff y vos iban a armar su propia radio. ¿Es cierto? 

Cualquier cosa. No, no, cualquier cosa. Me llegó, me enteré, mucha gente me lo comentó ofendida. ¡Cómo no me avisaron nada!, la mayoría estaban sorprendidos. No, no, muy lejos, por lo menos yo, muy lejos. Cuando era chico soñaba con dirigir una radio, un canal, pero me parece que no estoy capacitado para hacerlo. Tal vez en 5 años estoy dirigiendo una radio pero hoy te digo que no, todo eso que excede lo artístico, cerrar un presupuesto y demás No. Me gusta más esto. Y me parece que el puesto de director de radio va a ir variando necesariamente. La radio siempre va a existir pero hay que ver hacia dónde va.

 

Somos la última generación que más o menos respetó a los padres y la primera en ser boludeada por los hijos 

 

 

 

11. ¿Qué opinás vos? ¿Hacia dónde va la radio? 

Para mí la radio suma a lo digital, no es un problema, son complementarios. Está la idea de que los chicos de 15 años no escuchan radio. Y, la verdad, yo escuchaba radio porque me encantaba, no sé si la mayoría de los pibes de mi edad escuchaba radio, habría que buscar ahí. Pero la realidad es que hay un montón de estímulos además de la radio. En lo que respecta a Metro y Medio, creo que vamos a ir creciendo con nuestra audiencia. No voy torciendo el discurso para capturar a los pibes de 20.

12. Y hoy, ¿cómo hacés para interpelar a un pibe de 20 teniendo vos más de 40 años? 

A mí me parece muy loco que un pibe de 20 se identifique conmigo. Le puede gustar el programa, se puede divertir, puede imaginar su futuro, no sé. La otra vez vino el novio de Flor Vigna, Nico Occhiato y hablamos de las palabras, de los millennials y a mí me divierte eso. Es cierto también que la audiencia de Metro es bastante ancha ahora: arranca a los 15, 16 y termina a los 65. Es un discurso muy abarcativo, pero es un discurso honesto. A mí me gusta que la radio la escuche mucha gente, que tenga mucha audiencia, que venga mucha gente al teatro, pero haciendo lo que me gusta hacer. Ese es el desafío más lindo.

13. Haciendo radio todos los días, ¿sentís la necesidad de opinar sobre todo lo que pasa? 

Te diría que ese es el gran peligro de esta época. Primero parto de la base de que nada lo sé un 100%. Yo no me siento periodista y sí hay un montón de comunicadores que están mucho más preparados que yo para hablar de la actualidad (aunque tampoco saben al 100% y hablan como si supieran). Me parece que a veces priorizamos más la postura, lo que pensamos, que lo que queremos decir. Trato de pensar siempre algo más, ¿quién puede estar de acuerdo con recortarle la guita a los jubilados? Eso primero y, después, me parece que los dirigentes políticos que alternan en el poder, alternan la posición también. Cuando vos gobernás, yo puteo, y viceversa. No creo que todo sea lo mismo, pero sí en algunas situaciones. Me parece que estar radicalizado en una posición te saca espíritu crítico y de reflexión, por eso trato en cada caso puntual de reflexionar. Hasta ahora la mayoría de las medidas de este gobierno cuesta que te caigan simpáticas. Y veo que cometen algunos atropellos parecidos a los del kirchnerismo, que también cometía atropellos contralas instituciones. Y me sorprende, los que atacaban, defendían. Y viceversa.

14. Volvamos a Frágil. ¿Vos te considerás alguien frágil o tenés tus momentos de fragilidad? 

Sí, pero la obra no se llama así por eso. Es por lo que es la obra, por los temas que habla. Frágiles somos todos.

15. ¿Por qué el formato unipersonal? 

Hay una cuestión pragmática que es la independencia burocrática de decir: Bueno, hago tres meses, hago cinco meses. Si estás en una compañía teatral, no podés. Obviamente tengo productores acá y charlo con ellos pero hay otra independencia. Después, le tomé el gustito al unipersonal, artísticamente me gusta mucho y para lo que quiero hacer ahora, para lo que deseo, para contar estas historias y hacer estos ersonajes, para hacer esta comedia, es el formato que mejor me va. Podría hacerlo con otros actores seguramente, pero lo lindo del unipersonal es transformarme, hacer otros, otra voz, otra postura física, otro discurso. Después, con el ego debe haber un tema seguramente: tiene que haber autoestima para subirse a un escenario solo y, por otro lado, también una autoestima baja que está reclamando cariño y que te valoren, que te mimen. Yo creo que es algo de ciclotimia quilombera. Por un lado digo: Acá estoy, quiero demostrar lo importante que soy; y por el otro: Quiéranme, miren todo lo que estoy haciendo par que me quieran.

16. ¿Cuál es tu estado más normal? 

En la vida, más relajado, más tranquilo. En el escenario dejo todo. Dejo 100% porque amo lo que hago y no concibo hacerlo de otra manera. Soy feliz haciéndolo así, me gusta hacerlo así. Y cuando termina una función estoy con el autoestima... bueno, depende de cómo haya salido la función. Una vez me había olvidado dos chistes, dos textitos. Y me odié. Me odio a mí cuando me pasa eso.

17. ¿En la radio también te recriminás cosas? 

A veces pasa que viene alguien y siento que no estuvo tan buena la charla, que no estuvo interesante, que no le pude entrar, y me voy pensando por qué no: ¿Cómo no le pregunté esto? Me la dejó picando, acá faltó una repregunta o ¿cómo no fui por acá?. A veces, en una época, creo que los respetaba demasiado, era del estilo: No, con este tema no me voy a meter porque le resulta doloroso. Y, bueno, tal vez hay que meterse ahí, hasta donde el otro te deje, porque puede resultar rico para la entrevista o para el oyente. A veces, al querer ser tan correcto, la terminás pifiando.

18. ¿Por qué querés ser correcto? 

No, no sé. Ponele, vino una invitada que tiene un novio joven. Ella me parece excelente, una gran actriz, divina, simpatiquísima Y no se lo pregunté. Un poco estoy de acuerdo con no haberle preguntado. Pero ni intenté, porque, por un lado, digo: Es la vida privada de ella, hace lo que quiere. Y el límite, bueno, es difuso, ¿qué es la vida privada y la vida pública? No me gusta incomodar al otro porque sí.

19. ¿A qué Dios le hablás cuando le hablás a Dios en tu programa? 

En Frágil hay un momento también en que le hablo, como que interpelo la figura de Dios, pero es comedia. Es el Dios judeo-cristiano, ponele. Ese Todopoderoso. En la Iglesia católica se dice Todopoderoso. Bueno, en la sinagoga también: el Eterno, el Altísimo, un poco le hablo a eso. Pensé que alguno se iba a enojar, pero es más un momento tierno y humorístico, casi infantil que otra cosa. Me río de la literalidad de esas cosas. Pero sí, un temita tengo ahí porque vuelve una y otra vez.

20. ¿Cómo hacés para no repetirte, para ser gracioso y ocurrente todos los días, con el mismo grupo de gente a la misma hora, en el mismo lugar hace once años? ¿Dónde está ahí el secreto de la Coca para por lo menos seguir entusiasmado? 

Primero hay algo natural, por suerte, que es que el amor está, eso es tremendo, es como una pareja. Si vos tenés que laburar mucho me parece que no sirve. Yo el amor lo tengo y pienso en radio y vamos chateando con los chicos durante todo el día qué hacemos, abrimos con esto, vamos con lo otro, parece tal vez que nos sentamos a ver qué pasa pero no es así, hay un montón de improvisación, me divierten mucho mis compañeros, me gusta trabajar con ellos, hay profesionalismo también y buscamos siempre tener una sección nueva, un columnista nuevo, no se, vienen Lauriente y Mellera para abrir y eso ya me predispone distinto. No dejar que llegue el aburrimiento, ¿viste? Pero me parece que la base es la alegría para eso o el amor. Si todo es laburo, cagaste.

 

 

Frágil estrena este jueves 18 de enero en el Teatro Maipo. Funciones: jueves, viernes y sábado a las 21.30.