INFORME

SEGUNDOS AFUERA

Por Diego Mancusi | Fotos por Nicols Aboaf

Pese a destacarse en todo el mundo, el deporte argentino ha tenido un histórico déficit: su institucionalidad. En 1995, un grupo de dirigentes díscolos crearon en Ecuador una federación paralela de boxeo con nombre y ansias internacionales: World Pugilism Commission. Desde entonces organizan peleas acusadas de estar flojas de papeles. Pero peleas al fin.

 

Nunca falla el fútbol como ejemplo, así que ahí va: en el boxeo hay algo parecido a una AFA paralela. Casi cien años lleva la Federación Argentina de Box (FAB) regulando el pugilismo en el país desde su sede de Castro Barros 75 en el barrio de Almagro. Cualquiera que no conozca bien el mundillo no dudaría en señalarla como el único organismo con autoridad en el deporte de los puños en esta, la lona argentina. Y sin embargo, entre el 60 y el 70 por ciento de las peleas que se organizan hoy en territorio nacional son regidas por la World Pugilism Commission (WPC), una entidad atravesada por la polémica que se defiende con argumentos clasistas y antimonopólicos.

No hay ningún deporte que hegemónicamente sea practicado por los sectores de bajos recursos como el boxeo, dice Daniel Gómez, quien fundó la Comisión el 1 de diciembre de 1995 en la ciudad ecuatoriana de Latacunga y la preside desde ese momento (tan importante es dentro de la organización que el domicilio legal de la WPC es su propia casa, en el barrio de Flores). Alguna vez hombre del riñon de la FAB, su escisión de la misma es una historia con ribetes casi bíblicos. José González era el presidente de la Federación y falleció en el año 90. Había dos personas que un poco lo manejaban. Entre ellos eran amigos, pero uno era de derecha y el otro, de izquierda. El de derecha era Osvaldo Bisbal y el de izquierda, Daniel Gómez, cuenta Gustavo Nigrelli, prensa de la FAB y periodista especializado. En la puja de poder, Bisbal reunió más voluntades y alcanzó la presidencia, cargo que ocupó hasta 2015. Y el trotskista Gómez se cortó solo.

Ya en aquel entonces el directivo tenía una guerra personal contra el poder centralizado. El boxeo siempre se manejó con conceptos feudales, porque había solamente un promotor que era absolutamente dictatorial: la empresa Luna Park, personalizada en Tito Lectoure. La persona que escapaba a eso se tenía que ir de la Argentina. Tradicionalmente, en el boxeo la libertad de trabajo estuvo conculcada. Hoy, la FAB le suspende la licencia al boxeador que decida pelear bajo la órbita de la WPC, actitud que Gómez critica: Tienen una actitud totalmente negativa hacia la actividad, queriéndole cortar la libertad de trabajo a las personas más humildes: los trabajadores del ring. Si los boxeadores quieren salir al exterior -que salen en proporción 6 o 7 a 1 con relación a la FAB- lo pueden hacer motu proprio. Pueden arreglar sus propias peleas. No tienen que depender de los tres promotores a los que se le otorga el derecho de pernada de la televisión. Nosotros hemos hecho un rol social impresionante. Los demás sólo tienen negocios para los grandes promotores.

En la Argentina, los combates que se organicen sin la intervención de una entidad deportiva autorizada son castigados por el Código Penal bajo la figura de riña. Para evitar esto, la Comisión pidió una personería jurídica que le fue otorgada en octubre de 2007 (la resolución N 844 de la Inspección General de Justicia así lo establece), pero con una salvedad: esta personería no está a nombre de la World Pugilism Commision sino de la World Boxing Commission. Gómez siempre quiso hacer algo con una sigla parecida a la del Consejo Mundial de Boxeo [fue dirigente de esta organización internacional entre el 86 y el 91], pero CMB ya estaba, así que esa sigla se la rebotaron porque se prestaba a confusión. El cambio a pugilismo no está registrado, dice Nigrelli. Técnicamente, no existe ninguna entidad llamada World Pugilism Commission con autorización de la IGJ para funcionar como persona jurídica.

 

 

 

El plantel de boxeadores que suele pelear por la WPC está integrado en gran parte por veteranos que vuelven al ring tras larga inactividad, muchos de ellos con récord negativo (es decir: más derrotas que victorias). A muchos de ellos la Federación les canceló la licencia por baja performance hace años y no se las renueva. A diferencia de la FAB, esta entidad no exige tres años de experiencia en el amateurismo (lo que nosotros solicitamos es una aptitud técnica, que ya la conocemos porque estamos muy vinculados al boxeo, sabemos quién es cada boxeador y quién es su técnico, dice Gómez). Basándose en que las equivalencias en el pugilismo las dan el peso y la capacidad, tampoco hay restricción etaria en los combates: un debutante de 20 años y un experimentado obrero del cuadrilátero de 45 se pueden enfrentar sin problemas, siempre que estén en la misma categoría.

Esto, sumado a la precariedad evidente de varias de las veladas organizadas por la WPC (se han visto rings de tres cuerdas ubicados junto a paredes, cosa que Gómez reconoce y dice haber ajustado), podría hacer pensar que la integridad de los boxeadores que protagonizan estos combates está en riesgo. Desde la Comisión lo niegan rotundamente: Nuestra filosofía es siempre el golpe de menos. Puede ser que las peleas sean menos atractivas, pero no nos importa. Y desde la FAB... también, aunque por motivos muy diferentes.

Nigrelli es terminante a la hora de definir la supuesta fuente de lucro de la WPC: El negocio fundamental es inflar récords. Se dedican a llevar boxeadores al exterior. Tienen contacto con agentes internacionales que les dicen: ¿Tenés un welter para pelear con Menganito?. Ponele que tenés un tipo que tiene 15-0 con 15 KO, todas victorias en el primer round porque no peleó con nadie. Ese tipo va a ir a pelear afuera, le pagan suponete que 30 mil dólares y de la nada ellos sacan un dinero. Vos decís: Y, pero lo matan. No, él va y hace lo mismo que hicieron con él: se tira a la primera piña. Te tirás o hacés teatro o hacés una infracción cuando te la ves perdida y te hacés descalificar. No corrés riesgo físico. Parte de ese potencial engaño, dice Nigrelli, es no anunciar en la previa sus peleas; de esa manera se ahorrarían la atención y la impunidad sería mayor. Gómez asegura que eso se hace en la página de Facebook del organismo, pero -salvo por algún evento esporádico de mayor relevancia- lo cierto es que se da cuenta de los combates con posterioridad, casi nunca se anuncian. Los videos de las peleas -todos de factura llamativamente rústica- se suben a YouTube con los comentarios cerrados.

El robo de identidad en el boxeo no es nuevo ni exclusivo de la WPC. Sin embargo, el año pasado esta entidad estuvo involucrada en una fuerte polémica por organizar en Entre Ríos varios combates de alguien que se presentaba como Jorge Daniel Medina, un boxeador que en realidad no sólo se había retirado once años atrás, sino que además había fallecido en 2012. Su hija Daniela confirma que hizo una denuncia en la justicia de Concordia que no prosperó, y que tiene intención de repetirla en Buenos Aires pero no cuenta con los recursos. Gómez adjudica el hecho a un malentendido con un boxeador homónimo y asegura que la Comisión pide y guarda copia de los DNI de cada uno de sus contendientes. A pesar de reiteradospedidos de Playboy, esa documentación no fue enviada. Un periodista allegado a la entidad nos contactó por Facebook y, entre otras cosas, nos sugirió no mencionar a Medina porque hay un tema legal de por medio.

 

 

 

Clave tanto en el affaire Medina como en la supuesta exportación de peleadores de la WPC es BoxRec, el sitio que recopila las estadísticas del boxeo en todo el mundo. Cada boxeador profesional tiene su perfil y el récord que en él aparece se considera oficial. En el de Medina aparecieron sus peleas post mortem, que ante la denuncia fueron borradas.

Marcelo Mendoza supo pelear por la WPC y ganar los títulos Mercosur e Intercontinental de la categoría welter jr. de esa entidad, pero el año pasado denunció a Gómez y otros miembros de la Comisión ante la UFI N3 de San Isidro por estafa. Mendoza sostiene que entre la WPC y BoxRechabía un nexo, un editor llamado Germán Yufin que, hasta hace un tiempo, subía sin hacer demasiadas preguntas los combates que esta entidad organizaba y que en realidad no existía, sino que era un alias de un periodista cercano a la Comisión. Eso trascendió en Inglaterra [país sede del site estadístico] y se le exigió al profesor Germán Yufin que adjunte su pasaporte. No podía adjuntarlo porque no existe. Ahí fueron suspendidos. Nigrelli agrega que el editor actual, Nicolás Samuilov, sigue subiendo algunas peleas de la WPC, no sabemos con qué criterio.

La denuncia de Mendoza llega a partir de un combate de 2014 contra un pugilista llamado Marcelo Colque que pierde en circunstancias llamativas: el manager de su rival era Juan Manuel Witt, campeón sudamericano súper ligero por la Comisión y allegado a la misma; el árbitro fue Gustavo Morillas, reconocido por la WPC en 2016 como Personalidad destacada del boxeo aficionado; y uno de los jurados era el mismo Daniel Gómez. Llegaron y se fueron todos juntos, dice. Pero además, la demanda incluye el reclamo de la homologación de los títulos internacionales que la WPC le otorgó en coordinación con un organismo holandés llamado World Boxing Fighter. Esa personería jurídica no existe en los Países Bajos, pedimos informe al consulado holandés, asegura Mendoza. El sitio oficial de la WBF (no confundir con la World Boxing Federation de Estados Unidos) es un blog de Wordpress con una estética muy similar a la del de la Comisión, escrito en un inglés por demás precario. La presidenta del organismo se llama Andrea Verdugo y es neuquina. Su antecesor en el cargo era un directivo holandés llamado Van Der White, cuya foto todavía figura en el site. Búsqueda de Google mediante, resulta que la supuesta foto de Van Der White es en realidad de un doctor puertorriqueño que nada tiene que ver con el box.

La Comisión otorga títulos nacionales y mundiales a la vez, pero no tiene rankings. Su última actividad de renombre fue la contienda del 8 de abril en Neuquén entre la Locomotora Alejandra Oliveras y una púgil mexicana llamada Lesly Morales, que venía con un récord de 7 victorias e igual cantidad de caídas (frente a Oliveras, sumóotra derrotamás). Nuestros boxeadores pelean en todo el mundo. Por ejemplo, mandamos boxeadores con permiso de la WPC prácticamente todos los meses a Oceanía. Hoy mismo están saliendo tres campeones nuestros a pelear a Canadá, dice Daniel Gómez. Para unos, oportunidades que el poder coarta. Para otros, curro organizado. Y en el medio, en el clinch, un boxeador.