CINE

SOY UNO CON LA FUERZA Y LA FUERZA EST CONMIGO

Por Fiorella Sargenti

La Guerra de las Galaxias cumple cuarenta años y los festejos de su pasado, presente y futuro se dieron en la Star Wars Celebration, la convención oficial que este año se realizó en Orlando. Se presentó el tráiler de Episodio VIII: Los Últimos Jedi, hubo show de John Williams y despedida para la grandiosa Carrie Fisher, pero lo más importante es que apareció el mismísimo George Lucas, cinco años después de haberle vendido su creación a Disney.

 

Lucas, Lucas, Lucas gritaron, cual cancha, más de tres mil personas cuando entró él, con la camisa desacomodada, el jopo intacto (ahora canoso), sus clásicos lentes y esa misma actitud retraída con la que desafió a Hollywood a mediados de los setenta. Son décadas de amor y odio expresadas en un recibimiento. Sin él no estarían ahí, pero como a un padre, todo lo que se le debe también es todo lo que se le puede criticar y reprochar. Y como en toda familia, cada tanto llega un manto de piedad, una tregua. Esta vez en forma de convención masiva, de ceremonia de consumo y homenaje, bajo carteles negros con letras rojas que dicen Star Wars Celebration 2017, en Orlando, Florida. La Guerra de las Galaxias cumple cuarenta años y George Lucas, aunque sea por un ratito, volvió a abrazar la franquicia con la que cambió el mundo.

Es una historia para chicos de 12 años; no debía decirlo en aquel momento y probablemente no deba decirlo ahora, pero lo es, dijo el director, guionista y mil cosas más apenas fue presentado como el genio que nos unió a todos por Kathleen Kennedy, la mujer que hoy está manejando su criatura. Siempre levemente nervioso, siempre con una relación complicada con las palabras, tal como lo describe Carrie Fisher en su último libro, The Princess Diarist. Lo suyo nunca fue hablar, ni aún cuando trataba de vender sus proyectos, predicar el Nuevo Hollywood y revolucionar el negocio, allá por fines de los sesenta con Brian De Palma, Martin Scorsese, Steven Spielberg y Francis Ford Coppola.

La historia de George Lucas con la industria no es la venganza del nerd, sino más bien un romance condenado, con un protagonista melancólico. Su visión de joven artista venía cargada de avant garde, cinema verité y vanguardia europea. En 1969 creó la productora American Zoetrope en San Francisco junto a Coppola, con el sueño de generar un ambiente distinto al de Los Ángeles, menos opresivo.

Su primer largometraje fue THX 1138, una historia similar a 1984 o Un Mundo Feliz, que resultó ser un fracaso plagado de drama. Fue su primer gran golpe, en 1971. Poco después llegó American Graffiti, un poema a la juventud, los autos, el rock and roll y la algarabía estadounidense de posguerra. La idea apareció porque Coppola le pidió que pensara algo que pudiera gustarle al público mainstream. Tras varias peleas con Universal, se estrenó, pero la empresa prefirió rescindir el contrato para un segundo proyecto. Aquella oda americana terminó convirtiéndose en un pequeño hit, pero en aquel entonces para los señores de traje era poco más que un desorden, como todavía recuerda: Si tenés dos películas que no son exitosas, a nadie le interesa hablar con vos.

Hoy George Lucas lo cuenta sentado en un sillón frente a una audiencia enorme -sin contar los cientos de miles que lo vieron online- que lo escucha fascinada durante la charla por los cuarenta años de Star Wars, ese guión que nadie le aceptaba y que lo volvió historia. Pero para él no es revancha, este no es el cuento que él hubiera escrito. Su relación con la franquicia es engorrosa y el vínculo con los fanáticos tiene la estabilidad de aquello construido sobre la pasión. Cierta alquimia hizo que encontrara la fórmula para interpelar no solo a aquella generación sino también a las que vendrían, en un mundo que para sus ojos se presentaba cada vez más distópico, en un ambiente en el que el arte y la codicia viven a duelo.

Mientras él está despatarrado en el escenario, abajo hay nenes y grandes de todas partes del mundo. Algo les contó él, algo les vendió, que hoy están ahí. De alguna manera los convenció de que Luke, Leia y Yoda no son solo un producto, sino un estilo de vida. Y no fue un camino fácil.

Todo empezó con un libreto que resultó demasiado complicado (The Journal of the Whills) y terminó reconstruyéndose en The Star Wars, trece páginas que marcan el viaje del héroe de Joseph Campbell y que suenan bastante a La Fortaleza Escondida de Akira Kurosawa. Pero en aquel entonces nadie estaba interesado en una space opera con tintes clase B ofrecida por un nerdito de mala oratoria.

Para principios de los sesenta, la vida de una película fuera del cine era muy distinta: la distribución y venta en TV recién empezó a cambiar con Tiburón (1975) y El Padrino (1972). No había mega multi merchandise, apps, golosinas con la cara de los héroes, nada. Ah, y Disney, hoy dueña de Lucasfilm, pasaba por una de sus etapas más oscuras. Esa fue la carta que salvó a La Guerra de las Galaxias de la inexistencia y que hizo de George Lucas un millonario. Alan Ladd Jr., un ejecutivo de 20th Century Fox, había visto American Grafitti y quería financiar y distribuir el nuevo film. Juntos hicieron un arreglo que dejaba al director con un monto ínfimo ($ 150.000 dólares, en lugar de los $ 500.000 que podían corresponderle), pero una carta clave: los derechos de licencia para secuelas y precuelas y merchandising. De esta forma no solo se garantizaba poder contar su cuento espacial, sino también tener el control total de todo lo que pudiera salir de él. Por su parte, Fox no perdía casi nada, ya que nadie le tenía fe al concepto de un western en el espacio.

Cuando Una Nueva Esperanza se convirtió en la película más taquillera, Lucas logró libertad total. Star Wars era suya y nunca más iba a tener que volver a trabajar bajo las garras de un gran estudio. Pero, a pesar de la lección que él mismo puso en boca de Yoda para Episodio V, esta vez el tamaño sí importó, y lo que en algún momento fue un sueño imposible, terminó convirtiéndose en su hazaña más grande y un peso a cargar para siempre.

El culebrón de las galaxias

Otra de las sorpresas de la Star Wars Celebration 2017 fue la presencia de Hayden Christensen, el Anakin Darth Vader Skywalker de los episodios II y III, uno de los actores que mejor representan el tira y afloje emocional entre George y su gente. La marca nunca dejó de generar ganancias titánicas, y esas tres precuelas con las que volvió a la pantalla grande entre 1999 y 2005 sumaron muchísimos más, pero ensancharon una grieta que se había abierto años atrás, cuando su creador empezó a meter mano, cambiando constantemente sus films. Tanto las tocó que hoy es muy difícil ver las versiones originales de los años 1977, 1980 y 1983 -sin escenas, diálogos o personajes modificados- en buena calidad, con audio y video a tono. Hizo que el cazarrecompensas Greedo disparara primero en lugar de Han Solo, lo metió a Jabba the Hutt en donde no estaba, lo hizo gritar a Darth Vader donde no lo había hecho. Del otro lado, cada modificación fue tomada como un sacrilegio. Los seguidores se creen con un derecho superior y título de posesión, como si él hubiera creado algo que ahora no entiende y el deber de velar por esa mitología cayera ahora en ellos, el fandom. Para más pruebas, ver el documental/comedia The People vs. George Lucas, de 2010.

En enero de 2012, Lucas anunció su retiro de la producción de tanques cinematográficos y meses después Disney oficializó la compra de Lucasfilm. Actualmente, su figura aparece como consultor y cada director que se suma a la saga charla con él, pero la realidad es que no tiene verdadera injerencia. Por eso es que hasta criticó públicamente Episodio VII: El Despertar de la Fuerza por verse demasiado similar a sus criaturas previas. Todo eso quedó a un lado, por lo menos por unas horas, esa mañana de abril, a semanas del aniversario número cuarenta del estreno de una película que transformó la cultura pop, que marcó el camino de todas las grandes ficciones de fantasía, aventura y ciencia ficción que hoy consumimos.

En este novelón de nerdeadas, ambición, mitología y pasiones, George Lucas marcó a Hollywood y Hollywood lo marcó a él, en una relación de necesidad y hostilidad que casi refleja la que mantiene con los fanáticos. Es un círculo vicioso impulsado por la nostalgia y la contradicción: creó un nuevo universo buscando ser independiente, el público lo compró y se obsesionó, la industria le dio su lugar, que hoy repite ese modelo hasta el hartazgo, incluso con su ex franquicia, impulsado por el pedido de la gente, que a la vez consume y se queja. Los críticos, algunos fans no son muy amables, pero cuando ves las caras de esos nenes, esas miradas, eso es todo, dijo en la Celebration. Terminado el panel fue al hall central junto a Harrison Ford (otro que trató de escapar de La Fuerza durante décadas) para dar una nota. Fue recibido por unos miles de fanáticos más. Ahí estaba de nuevo, entre sables láser, wookiees y droides. Lucas, Lucas, Lucas, gritaban. Felices cuarenta años, Star Wars. Felices cuarenta años, George Lucas.

El valor de la fuerza

11 millones. Fue el presupuesto de lo que ahora conocemos como Episodio IV: Una Nueva Esperanza (originalmente iba a ser de 8.25 millones).

798 millones. Es lo que recaudó Episodio IV en todo el mundo. Antes de su estreno, 20th Century Fox nunca había hecho más de 40 millones.

40 millones. Fue la cantidad de juguetes de Star Wars vendidos por la empresa Kenner para 1978. En la Navidad de 1977, la demanda fue tal que tuvieron que entregar cajas vacías con vales adentro.

25 mil. Se llegó a pagar por un muñeco de Luke Skywalker en su empaque original, con un lightsaber que fue sacado de circulación porque se rompía fácilmente.

4.050 millones. Es lo que pagó Disney por Lucasfilm en 2012, poco después de que el director anunciara su retiro de la industria del blockbuster.

Más de 3.000 millones. Es lo que recaudaron Episodio VII: El Despertar de la Fuerza y Rogue One: Una Historia de Star Wars (las únicas dos películas sin Lucas) solo en los cines.

5.300 millones. Es la fortuna estimada de George Lucas para marzo de 2017, según la revista Forbes.

14. De las 28 películas que cruzaron los mil millones en taquilla tendrá Disney si Episodio VIII: Los Últimos Jedi (a estrenarse en diciembre) logra seguir los pasos de Episodio VII y Rogue One.