ESPECIAL ENTREVISTAS

STEVE JOBS

Por DAVID SHEFF | Fotos por BARON WOLMAN

Todas las épocas necesitan sus propios profetas. El fundador de Apple fue, quizás, el más destacado de los tiempos que nos toca vivir. Pero no por su aspecto ascético o su prédica sobre la inspiración, la innovación, la incorrección y todas esas palabras que empiezan con i. Jobs supo que en el capitalismo cognitivo solo funcionaríamos a partir y a través de nuestros gadgets y que esos gadgets, nuestros imprescindibles dispositivos, necesitarían expresarnos fielmente: ser como nosotros querríamos ser. Entendió eso tan rápidamente que miró fijamente a los incrédulos, descalzo sobre el verde césped del Valle Silicón, y les dijo, en 1985, que todos, pero todos, necesitábamos una computadora personal. Así habló Steve Jobs.

 

Si de alguien pudiera decirse que representa el espíritu de la generación entrepreneur, el hombre a seguir, es el carismático Steve Jobs, cofundador y presidente de Apple Computers. Él transformó un pequeño negocio, que inició en su garaje de Los Altos California, en una revolucionaria y billonaria compañía que se unió a los rankings de la revista Fortune 500 en solo 5 años, más rápido que cualquier compañía en la historia. Y lo más mortificante es que solo tiene 29 años.

La compañía de Jobs introdujo las computadoras personales en los hogares y en los lugares de trabajo. Antes de fundar Apple en 1976, la imagen que la mayoría de la gente tenía de las computadoras era la de esas enormes máquinas en las películas de ciencia ficción, con ruiditos y lucecitas que parpadeaban o silenciosos mainframes (computadoras centrales) que se guardaban secretamente tras puertas cerradas en las grandes coorporaciones y agencias gubernamentales.

Pero con el desarrollo de los transistores y los microprocesadores se hizo posible miniaturizar la tecnología de las computadoras y así hacerlas accesibles al público. A mediados de los 70, ya se podía comprar por USD 375 un kit básico inicial de computadora y diferentes accesorios.

En un valle al sur de San Francisco, ya famoso por su concentración de firmas de electrónicas y jóvenes compañías, dos amigos que compartían una inclinación por las travesuras y la tecnología se unieron para crear ellos mismos una pequeña computadora. Jobs con 21 años en ese entonces, hijo adoptado de un maquinista, luego de haber abandonado sus estudios en la universidad de Reed, había aceptado un trabajo como diseñador de videojuegos en Atari. Mientras que Stephen Wozniak 26 trabajó como ingeniero en Hewlett-Packard, una de las más grandes firmas en el área conocida como Silicon Valley.

En su tiempo libre, estos amigos diseñaron y construyeron una computadora de prueba, una placa de circuitos, a la cual llamaron Apple I. Cuando se dieron cuenta de que habían recibido más de 50 pedidos por su invento, Jobs cayó en cuenta que ese podría ser un mercado en crecimiento en lo que a computadoras personales respecta.

Juntos, le agregaron un teclado y memoria a la Apple I. Wozniak desarrolló el disco y una terminal de video. Jobs contrató expertos para diseñar eficientemente una fuente de alimentación y una carcasa de lujo, así fue como la Apple II nació junto con toda una industria.

El crecimiento de Apple fue astronómico. Tuvo ventas de USD 200.000 en su primer año en el garaje de Jobs y la compañía se transformó en un gigante con ingresos de USD 1,4 millones en 1984. Sus fundadores se convirtieron en multimillonarios y en héroes populares. Wozniak, que se retiró de Apple en 1979 para volver a la universidad y esponsorear festivales de música.

Fue Jobs quien, al ver que un 70% de las computadoras en los hogares y escuelas llevaba la marca Apple, se quedó al mando de la compañía, con el objetivo claro de no ser derrocada y sobre todo para luchar contra el Gigante Azul, IBM. Con la caída del valor de las acciones de Apple en 1983, vinieron tiempos difíciles, perdió alrededor de un cuarto de millón de dólares.

Pero al escuchar a Jobs contarlo, notás que el dinero no es ni la mitad de la historia, en especial porque no lo malgasta y hasta declara que tiene muy poco tiempo para hacer vida social.

Su misión es predicar el Evangelio de la salvación a través de una computadora personal, preferiblemente una creada por Apple. Él es un vendedor apasionado y comprometido que nunca pierde una oportunidad de vender sus productos, elocuentemente describe una época en la que las computadoras serán tan comunes como un electrodoméstico y tan revolucionarias en su impacto como el teléfono o el motor de combustión interna. Sin mencionar que ya hay más de 2 millones de computadoras Apple, un estimado de 16.000 programas en aulas escolares, hogares de los suburbios, granjas, estaciones de seguimiento de misiles, y en oficinas de pequeñas y grandes empresas a lo largo de los Estados Unidos.

Mientras abría el gran mercado de computadoras, Apple también creó un lugar para la competencia y estas empresas entraron a la batalla para capturar el mercado dominado por Apple de 1977 a 1982. Pero ningún otro producto había sido tan exitoso como la PC de IBM, la cual enseguida tomó un 28 % del mercado. Con la caída de las acciones del mercado, Apple introdujo dos nuevas computadoras, Lisa y la Apple III, las cuales no tuvieron una gran aceptación. Para mediados de 1983, los analistas se preguntaban a viva voz si Apple iba a sobrevivir.

A pesar de la lucha interna de la compañía, Jobs tomó las riendas de la división de Apple que estaba a cargo de construir una computadora completamente nueva, a la cual veía como la última y única esperanza para Apple.

Tres años más tarde, la Macintosh fue lanzada con una campaña publicitaria de USD 20 millones. Con una pantalla blanca como el papel, pequeñas imágenes representando diferentes programas y un mouse para hacer selecciones en la pantalla, la Mac fue, sin duda, la computadora menos atemorizante que se había hecho. Incluso fue criticada por parecer un juguete.

Dependiendo con quién hablás, Jobs es un visionario que cambió el mundo o un oportunista que logró un increíble suceso comercial. En jeans y zapatillas, al mando de una compañía que se vanagloria de ser una mezcla del idealismo de los 60 y la visión astuta para los negocios de los 80, Jobs es tan admirado como temido. Él es la razón por la que trabajaría 20 horas al día, dijo un ingeniero. Para explorar la vida y la tecnología con el joven que va a cumplir 30 el próximo mes padre de la revolución de las computadoras, PLAYBOY envió a David Sheff, al corazón de Silicon Valley. Aquí, su reporte:

Había escuchado de la informalidad de Apple, pero no olvidemos que estaba entrevistando a la cabeza de una compañía billonaria, por lo que usé corbata para la entrevista. Cuando entré a la oficina de Jobs en Cupertino, California, él tenía puesto una remera y jeans. A esas alturas, no me sentía fuera de lugar, hasta que me presentaron al nuevo presidente de Apple, John Sculley, que también llevaba una remera. Sin dudas, las oficinas de Apple no se parecen a otros lugares de trabajo. Sobran los videojuegos, mesas de ping-pong en uso, parlantes a todo volumen con música que va desde los Rolling Stones hasta Windham Hill Jazz. Las salas de conferencia llevan nombres como Da Vinci y Picasso, y las heladeras están llenas con jugos frescos de zanahorias, manzanas y naranjas (sólo el equipo Mac gasta USD 100.000 en jugo fresco por año).

Hablé largo con Jobs en su trabajo y en sus únicas dos vacaciones del año, una en Aspen y la otra, en el Sonoma Health Spa, donde se suponía que se estaba relajando. La entrevista estaba más que completa cuando me lo encontré a Jobs en un cumpleaños lleno de celebridades, en Nueva York. A medida que pasaba la tarde, di algunas vueltas hasta que me encontré a Jobs que se había alejado con un niño de 9 años para darle el regalo que le había traído desde California: una computadora Macintosh. Él le mostró al chico cómo dibujar con el programa de gráficos de la computadora. Otros dos invitados entraron a la habitación y miraron sobre el hombro de Jobs. Mmmm, dijo el primero, que era Andy Warhol. ¿Qué es esto? Mirá esto Keith. ¡Es increíble!. El segundo invitado era Keith Haring, el artista de graffitis cuyo trabajo está cotizado en valores altísimos. Warhol y Haring pidieron para poder probar la Mac y mientras me retiraba, Warhol se acababa de sentar para manipular el mouse. Mi Dios - dijo-, acabo de dibujar un círculo.

Pero lo más revelador fue lo que vi después de la fiesta. Cuando todos los invitados se habían ido, Jobs se quedó para enseñarle al chico los detalles de cómo usar la Mac. Le pregunté luego por qué parecía más feliz con el niño que con los famosos artistas en la fiesta. Su respuesta me pareció sincera: La gente grande se sienta y te pregunta ¿Qué es esto?, mientras que los chicos preguntan ¿Qué puedo hacer con ella?.

 

PLAYBOY: Obviamente creés que las computadoras van a cambiar nuestras vidas, pero ¿cómo vas a persuadir a los que no lo creen?

Jobs: Una computadora es la herramienta más increíble que hayas visto. Puede ser una herramienta para escribir, una central de comunicaciones, una supercalculadora, usarse para planificar, un archivo y un instrumento artístico todo en uno, sólo con darle nuevas indicaciones o programas para trabajar. No hay nada que tenga el poder ni la versatilidad de una computadora. No tenemos idea de cuán lejos va a llegar.

PLAYBOY: ¿Qué tal si me das algunas razones concretas para comprar una computadora? Un ejecutivo de tu industria dijo recientemente: Le dimos computadoras a la gente, pero no le hemos mostrado qué hacer con ellas. Puedo hacer el balance de mi chequera más rápido a mano que con mi computadora. ¿Por qué una persona debería comprar una?

Jobs: Hay diferentes respuestas para diferentes personas. En lo laboral, esa respuesta es fácil: podés hacer documentos mucho más rápido y de una calidad muy superior, y podés hacer muchas cosas para incrementar la productividad. Una computadora libera a la gente de mucho del trabajo de esclavo. Además, le estás dando una herramienta que la inspira a ser más creativa. Las computadoras tienen el potencial de ser un gran progreso en el proceso educacional si se lo combina con grandes maestros. Ya estamos en muchas escuelas.

PLAYBOY: Esos son argumentos para el uso de computadoras en el trabajo y las escuelas. ¿Y en los hogares?

Jobs: Por ahora, es más un mercado conceptual que real. La razón principal para comprar una computadora para el hogar es si querés hacer negocios desde tu casa o si querés usar un programa educativo para vos o tus hijos. Si no podés justificar comprar una para ninguna de estas razones, la única razón posible es que simplemente querés ser un entendido en computadoras. Sabés que sucede algo, no sabés exactamente qué es, pero querés aprender. Esto va a cambiar: las computadoras serán esenciales en casi todos los hogares.

PLAYBOY: ¿Qué va a cambiar?

Jobs: La razón de mayor peso para que una persona compre una computadora para su hogar va a ser la unión de redes comunicacionales a nivel nacional. Estamos en los primeros escalones de lo que va a ser un extraordinario progreso para casi todos, tan extraordinario como el teléfono.

PLAYBOY: ¿Cuánto llevó desarrollar la Macintosh?

Jobs: Fueron más de dos años sólo en la computadora. Hemos estado trabajando en la tecnología detrás de esta computadora por años, antes de llegar a la computadora. Creo que nunca trabajé tanto en algo, pero fue la mayor experiencia de mi vida. Casi todos los que trabajaron en ella dirán lo mismo. Al final, ninguno de nosotros quería lanzarla. Era como que sabíamos que una vez que estuviera fuera de nuestras manos ya no sería más nuestra. Cuando, finalmente, la presentamos en la reunión de accionistas, los presentes en el auditorio se pusieron de pie y nos ovacionaron durante cinco minutos. Lo que me resultó increíble es que pude ver al equipo Mac en las primeras filas. Fue como que ninguno de nosotros podía creer que la habíamos terminado. Todos comenzaron a llorar.

PLAYBOY: Sos adoptado, ¿verdad? ¿Cómo ha afectado tu vida?

Jobs: Realmente nunca lo sabés.

PLAYBOY: ¿Has tratado de encontrar a tus padres biológicos?

Jobs: Creo que hay una curiosidad natural en la gente adoptada por tratar de entender de dónde vienen ciertos rasgos. Pero yo creo que la forma en que sos criado, tus valores y tu visión de la vida viene de las experiencias que tenés a medida que vas creciendo. Pero algunas cosas no cuentan para eso. Es natural tener curiosidad. Y yo la tuve.

PLAYBOY: ¿Tuviste éxito tratando de encontrar a tus padres?

Jobs: Eso es algo de lo que realmente no quiero hablar.

PLAYBOY: El valle al que tus padres se mudaron es el que ahora se conoce como Silicon Valley. ¿Cómo fue crecer ahí?

Jobs: Era como cualquier suburbio de los Estados Unidos. Crecí en una cuadra llena de chicos. Mi mamá me enseñó a leer antes de comenzar la escuela, por lo que me aburría bastante y me convertí en un diablito. Deberías habernos visto en tercer grado. Básicamente destruimos a nuestra maestra. Soltábamos serpientes en el aula y explotábamos bombas. Las cosas cambiaron al entrar en cuarto.

PLAYBOY: ¿Cómo fue tu introducción a las computadoras?

Jobs: Un vecino de mi cuadra, Larry Lang, era ingeniero en Hewlett-Packard. Pasaba mucho tiempo conmigo enseñándome cosas. La primera computadora que vi era HP. Solían invitarnos los jueves por la noche a grupos, de al menos diez, para mostrarnos cómo funcionaban las computadoras. Tenía cerca de 12 años la primera vez que fui. Recuerdo esa noche, nos mostraron una de sus nuevas computadoras y nos dejaron que jugáramos. Moría por tener una.

PLAYBOY: Trabajaste para Hewlett-Packard. ¿Cómo fue?

Jobs: Cuando tenía 12 ó 13 quería construir algo, pero necesitaba las partes. Entonces llamé a Bill Hewlett, estaba en la guía telefónica. Él atendió y fue muy simpático. Charló conmigo como 20 minutos. No me conocía, pero terminó dándome las partes y me consiguió un trabajo de verano en Hewlett-Packard en la línea de montaje de contadores de frecuencia. Tocaba el cielo con las manos.

PLAYBOY: ¿Cuándo conociste a Steve Wozniak?

Jobs: Conocí a Woz cuando tenía 13, en el garaje de un amigo. Él fue la primera persona que conocí que sabía más de electrónica que yo. Nos hicimos buenos amigos, ya que compartíamos el mismo interés por las computadoras y teníamos sentido del humor. Hacíamos todo tipo de bromas juntos.

PLAYBOY: ¿Eras en ese entonces o fuiste alguna vez un nerd?

Jobs: No por completo. Estaban pasando tantas cosas. Entre finalizar el segundo año, fumé marihuana por primera vez, descubrí a Shakespeare, Dylan Thomas y todos esos clásicos. Leí Moby Dick y volví a tomar clases de escritura creativa. Para ese entonces, estaba por terminar el secundario y me había conseguido un permiso para tomar clases y pasar la mitad de mi tiempo en Stanford.

PLAYBOY: ¿Se obsesionaba a veces Wozniak?

Jobs: [Risas]. Sí, pero no sólo con computadoras. Creó que él estaba en un mundo que nadie entendía. Era un adelantado a su época. Era muy solitaria esa vida para él. Woz y yo somos diferentes en un montón de cosas, pero en muchas somos iguales y en otras somos muy unidos. Somos como dos planetas en sus órbitas que de vez en cuando intersectan. No eran sólo las computadoras. Nos gustaba mucho la poesía de Bob Dylan y pasábamos mucho tiempo pensando en esas cosas. Era California. Podías conseguir LSD fresco hecho en Stanford. Podías dormir en la playa con tu novia. California tiene ese experimentación y esa sensación de apertura, apertura a muchas posibilidades.

PLAYBOY: ¿Cómo te influenció en lo que estás haciendo ahora?

Jobs: Todo ese período fue una gran influencia. Mientras terminaban los 60 también quedaba bien claro que un montón de gente que había pasado los 60 no lograba sus metas. Muchos de mis amigos terminaron llenos de ideales de la época, pero con poco lugar donde aplicarlo más que tras un mostrador de un local de comidas naturistas. No es que esté mal, pero está mal si no es lo que realmente deseabas hacer.

PLAYBOY: Después de Reed volviste a Silicon Valley y respondiste a un ahora famoso aviso clasificado que decía: Divertite y hacé dinero.

Jobs: Verdad. Decidí que quería viajar, pero no tenía el dinero necesario, así que llegué y me busqué un trabajo. Busqué en el diario y encontré este aviso que decía: Divertite y hacé dinero; llamé. Era Atari. Me llamaron al otro día y me contrataron.

PLAYBOY: Nunca perdiste de vista tu meta, ganar dinero y viajar.

Jobs: Atari había enviado un montón de juegos a Europa, pero tenían un desperfecto y yo descubrí cómo arreglarlo. Necesitaban a alguien que fuera e hiciera los arreglos. Me ofrecí como voluntario y luego, una vez allá, me tomé una licencia. Terminé en Suiza, me mudé a Zurich y luego, a Nueva Delhi. Pasé un tiempo en la India.

PLAYBOY: Donde te pelaste la cabeza.

Jobs: No fue tan así. Estaba caminando por los Himalayas y me choqué con lo que terminó siendo un festival religioso. Había un baba, el gurú de este festival, con un gran grupo de seguidores. Podía oler buena comida. No había tenido la suerte de oler buena comida por mucho tiempo, entonces me acerqué a rendir mis respetos y a comer algo. Por alguna razón, este baba, al verme ahí sentado comiendo, inmediatamente caminó hacia mí, se sentó y estalló de risa. No hablaba mucho inglés y yo hablaba poco hindú, pero intentó conversar y se revolcaba de la risa. Después me agarraron del brazo y me llevaron al sendero de montaña. Fue gracioso porque había cientos de hindúes que habían viajado miles de kilómetros para estar con él por diez segundos y yo caí a comer algo y él me llevó a este sendero. Llegamos a la cima de montaña después de media hora y nos encontramos con un pequeño pozo de agua y un estanque. Me hundió la cabeza en el agua, sacó una navaja de su bolsillo y empezó a afeitar mi cabeza. Me quedé aturdido. Tenía 19 años, estaba en un país del extranjero, con este baba bizarro que me afeitó mi cabeza en la cima de una montaña. Todavía no sé por qué lo hizo.

PLAYBOY: ¿Qué hiciste al volver?

Jobs: Volver fue más choque cultural que ir. Bueno, Atari me llamó porque me querían de vuelta en el trabajo. Yo no quería volver, pero me convencieron de volver como asesor. Wozniak y yo salíamos. Me llevó a unas reuniones en el Homebrew Computer Club, donde fánaticos de las computadoras tenían un lugar en el cual comparar notas y cosas. No me pareció muy atrapante, pero algunas eran divertidas. Wozniak iba religiosamente.

 

PLAYBOY: ¿Qué se pensaba de las computadoras en esa época?

Jobs: Los clubes se basaban en torno a un kit de computación llamado Altair. Era increíble para nosotros que a alguien se le hubiera ocurrido la manera de construir una computadora que podías comprar. Nunca había sido posible. Acordate de que cuando estábamos en la secundaria, ninguno de nosotros tenía acceso a una computadora. Teníamos que manejar a algún lado, a alguna compañía grande que con una actitud benevolente nos dejase usar su computadora. Pero ahora, por primera vez podés comprar una computadora. La Altair era un kit que apareció en 1975 y se vendía por menos de USD 400. Aunque era relativamente barata, no todos la podían comprar. Fue así como empezaron los clubes.

PLAYBOY: Y decidiste que podías hacer una Altair mejorada.

Jobs: Fue como que sucedió. Estaba trabajando un montón en Atari por las noches y solía dejarlo pasar a Woz. Atari sacó un juego llamado Gran Track, que fue el primer juego de manejo con volante. Woz era un adicto al Gran Track. Gastaba una gran cantidad en monedas para jugarlo, entonces yo lo dejaba pasar al piso de producción para que pudiera jugar Gran Track toda la noche. En medio del proyecto, me encontré con un problema y le pedí a Woz que se tomara un recreo de diez minutos de su rally de autos para que me ayudara. Entonces diseñó una terminal de computadora con video. Más tarde, terminó comprando un microprocesador, y lo enchufó a la terminal y creó lo que después fue la Apple I. Woz y yo pusimos el circuito de la placa. Fue básicamente eso.

PLAYBOY: ¿Qué disparó el próximo paso: vender para hacer plata?

Jobs: Woz y yo juntamos USD 1.300 por vender mi camioneta VW y su calculadora Hewlett-Packard para financiarla. Un tipo que comenzó uno de los primeros negocios de computadoras nos dijo que si podíamos construirla, él la podía vender.

PLAYBOY: ¿Pensaban vos y Wozniak en cómo las computadoras iban a poder cambiar el mundo?

Jobs: No, no en particular. Ninguno de nosotros tenía idea de que esto iba a llegar a algún lado. Woz se motiva imaginando las cosas. Se concentró más en la ingeniería y creó una de sus más brillantes trabajos, que fue la unidad de disco, otra pieza clave que hizo posible la Apple II. Yo estaba intentando construir la compañía, tratando de descubrir qué era una compañía. No creo que hubiera sido posible sin Woz y no creo que hubiera sido posible sin mí.

PLAYBOY: ¿Qué sucedió con la sociedad cuando pasó el tiempo?

Jobs: Lo principal es que Woz nunca estuvo interesado en Apple como compañía. Él estaba más interesado en hacer una Apple II con una placa de circuitos impresos para poder tener una y llevarla a su club de computadoras sin esos cables interrumpiendo en el camino. Ya había hecho eso, entonces decidió ir por más. Tenía otras ideas.

PLAYBOY: Ustedes dos crearon la Apple II, la cual comenzó la revolución de computadoras. ¿Cómo ocurrió eso?

Jobs: No fuimos sólo nosotros. Trajimos más gente. Wozniak hizo la lógica de la Apple II que por cierto fue una gran parte, pero hubo otras partes importantes. La fuente de energía fue una parte importante. La carcasa, otra. El gran salto con la Apple II fue que era un producto terminado. Fue la primera computadora que podías comprar sin que fuera un kit. Estaba completamente armada, con su carcasa y su teclado. Podés sentarte y empezar a usarla, ese fue el gran logro de la Apple II, que se veía como un producto terminado. Vendimos sólo 3.000 ó 4.000.

PLAYBOY: Aun eso suena como un montón para un par de tipos que apenas sabían que estaban haciendo.

Jobs: ¡Fue enorme! Hicimos casi USD 200.000 cuando nuestro negocio era en el garaje, en 1976. En 1977, cerca de USD 7 millones. ¡Fue fenomenal!

PLAYBOY: No olvidás esos números.

Jobs: Bueno, son sólo parámetros. Lo mejor fue que en 1979 tuve la oportunidad de entrar a aulas que tenían 15 computadoras Apple y ver a los niños usándolas. Ese tipo de cosas son realmente hitos.

PLAYBOY: Antes de la época de las computadoras, cuando estabas en la universidad, ¿qué hacían con tus compañeros para sentir que contribuían? ¿Política?

Jobs: Ninguna de las personas inteligentes que conocí en la universidad estaba vinculada con la política. A fines de los 60, todos sentían que la política no era la forma de cambiar el mundo. Ahora son todos empresarios, lo cual es gracioso porque son los mismos con los que fui a la India o los que de alguna manera intentaron encontrar la verdad acerca de la vida.

PLAYBOY: ¿Todas las generaciones dicen eso?

Jobs: Eran otros tiempos. La revolución tecnológica está cada vez más entrelazada con nuestra economía y nuestra sociedad. Más del 50% del bruto de los productos nacionales estadounidenses viene de las industrias basadas en información y muchos de los líderes políticos no tienen conocimientos en esta área. Va a ser fundamental que muchas de las grandes decisiones que tomemos, cómo adjudicar nuestros recursos, cómo educar a nuestros niños. Eso todavía no comenzó. En la educación, por ejemplo, hemos llegado a una vergenza nacional. En una sociedad, la información y la educación son los temas centrales. Hay una gran posibilidad de que los Estados Unidos se puedan convertir en una industria nacional de segunda mano si llegamos a perder el liderazgo y el excelente momento tecnológico que estamos viviendo.

PLAYBOY: ¿Creés que las computadoras van a ayudar a este proceso?

Jobs: Te voy a contar una historia. Vi un video que no se suponía podía ver. Estaba hecho para el Joint Chiefs of Staff (principal grupo de asesores de las Fuerzas Armadas estadounidense). Al ver el video, descubrimos que, al menos hace unos años, cada arma nuclear manejada por el personal de los Estados Unidos en Europa era disparada por una Apple II. Nunca le vendimos computadoras a los militares, así que supongo las compraron a un revendedor. Pero no nos hizo sentir bien saber que usaban nuestras computadoras para disparar armas nucleares en Europa. La cuestión es que las herramientas siempre van a ser usadas para fines que no nos complacen. Y en definitiva es la sabiduría de la gente, y no las herramientas en sí, lo que va a determinar si van a ser usadas en forma positiva.

PLAYBOY: ¿En qué dirección se dirigen las computadoras y los programas en el futuro cercano?

Jobs: Hasta ahora estamos usando nuestras computadoras como buenas esclavas. Les pedimos que hagan algo, como una hoja de cálculos, les pedimos que conviertan nuestros tipeos en una carta, y lo hacen bastante bien. Cada vez, el servicio se perfecciona más. Pero lo último es usar a las computadoras como un agente o un guía. Vamos a poder pedirles a nuestras computadoras que monitoreen cosas para nosotros y que si hay algún problema, se dispare un aviso y la computadora reaccione al problema.

PLAYBOY: ¿Por ejemplo?

Jobs: Cosas sencillas como chequear tus acciones de la bolsa cada hora o cada día. Cuando una acción pase de cierto límite determinado, la computadora llamará a mi corredor y la venderá electrónicamente, y luego me informará. Otro ejemplo sería que al final de cada mes, la computadora entre en la base de datos y encuentre a los vendedores que han excedido su cuota de venta en más de un 20% para luego enviarles una carta personalizada de mi parte a su sistema de correo electrónico notificándome a quiénes les envió las cartas. Va a llegar el día en el que nuestras computadoras tendrán alrededor de 100 de estas tareas, serán como una especie de agente para nosotros. Esto comenzará en el transcurso del próximo año, pero se establecerá en tres años.

PLAYBOY: Podremos hacer todas esas cosas con las computadoras que tenemos ahora ¿o tendremos que comprar nuevas?

Jobs: ¿Todas? Esa sería una declaración muy peligrosa, usar la palabra todas. No lo sé. Macintosh fue diseñada pensando en todos esos conceptos.

PLAYBOY: Te enorgullecés de que Apple esté a la cabeza. ¿Cómo te sentís acerca de las compañías viejas que tuvieron que adaptarse o incluso, desaparecer?

Jobs: Es inevitable que eso pase. Es por eso que creo que la muerte es el mejor invento de la vida. Purga el sistema de modelos viejos que ya quedan obsoletos. Realmente creo que ese es uno de los mayores desafíos de Apple. Cuando dos jóvenes entran con la última tecnología, ¿vamos a aceptarlos y decirles que es fantástico? ¿Vamos a dejar que desechen nuestros modelos o les vamos a explicar cómo usarlo? Creo que haremos más que eso, porque somos totalmente conscientes de ello y es nuestra prioridad.

PLAYBOY: Al repasar tu exitosa carrera, ¿alguna vez te sorprendiste preguntándote cómo fue que sucedió? Después de todo, fue prácticamente de un día para el otro.

Jobs: Solía pensar que estaba bien vender 1 millón de computadoras al año, pero eso era sólo una idea. Pero cuando sucede, es algo completamente diferente. Entonces me dije: A la mierda, se está cumpliendo. Pero lo que es díficil de explicar es que no se siente que es de un día para el otro, nunca hice nada por más de un año. El próximo será mi décimo. Cuando comencé con Apple, seis meses era mucho tiempo. Así ha sido mi vida desde que me convertí en una especie de adulto con decisión propia. Cada año ha estado cargado de dificultades, éxitos, experiencias humanas y de aprendizaje. Cada año es una vida en Apple y yo ya viví diez.

PLAYBOY: ¿Sabés qué hacer con el resto de esta vida?

Jobs: Hay un antiguo proverbio hindú: Los primeros 30 años de su vida uno hace sus hábitos y en los últimos 30, los hábitos lo hacen a uno. Estoy por cumplir 30 y he pensado mucho en esto.

PLAYBOY: ¿Y?

Jobs: No estoy seguro. Siempre voy a estar conectado con Apple. Puede que haya unos años en los que esté ausente, pero siempre volveré. Eso es lo que intentaré hacer. Lo importante es no olvidarse de que aún soy un estudiante. Aún sigo en entrenamiento. Si alguien se interesa en mis pensamientos, le recomiendo que recuerde eso. No te tomés todo muy en serio. Si querés vivir una vida creativa, no tenés que vivir en el pasado. Tenés que estar dispuesto a dejar atrás todo lo que sos y todo lo que hiciste. ¿Qué somos después de todo? La mayor parte de lo que pensamos que somos es una mera colección de cosas que nos gustan (otras, no tanto), hábitos y patrones de conducta. La esencia de lo que somos son nuestros valores y la forma en la que los trasladamos a nuestras decisiones y acciones. Es por eso que es difícil dar entrevistas. A medida que vas creciendo y cambiando, se hace más difícil despegarse de la imagen que los demás intentan establecer de uno. Se hace difícil ser una artista en estas condiciones y es por eso que muchos escapan, dicen: Adiós, me voy. Me están enloqueciendo. Luego, se van a hibernar en algún lugar. Quizá luego reaparecen levemente cambiados.

PLAYBOY: Hablemos de dinero. Eras millonario a los 23.

Jobs: Y a los 24, mi valor neto era USD 10 millones; a los 25 era de más de USD 100 millones.

PLAYBOY: ¿Cuál es la principal diferencia entre tener USD 1 millón y unos cuantos cientos de millones?

Jobs: Exposición. En este país, hay decenas de miles de personas que poseen un valor neto de más de u$s 1 millón. Si se trata de más de u$s 10 millones, baja a miles de personas. Y los que tienen un valor neto de u$s 100 millones, son sólo unos cientos.

PLAYBOY: ¿Qué significa el dinero para vos?

Jobs: Todavía no lo entiendo. Es una gran responsabilidad poseer más de lo que podés gastar en una vida y siento como que tengo que gastarlo. Si morís, no querés tener un montón de plata para dejarle a tus hijos. Les arruinaría la vida. Y si morís sin tener hijos, iría todo para el Gobierno. Casi todos pensamos que podemos invertir de manera más astuta el dinero en la humanidad de lo que podría hacerlo el Gobierno. El desafío es descubrir cómo vivir con él y cómo reinvertirlo, ya sea donándolo o usándolo para expresar tus valores y preocupaciones.

PLAYBOY: Con tu riqueza y tus logros tenés la capacidad de seguir tus sueños como pocos otros pueden hacerlo. ¿Te asusta?

Jobs: La vida se hace más difícil en el momento que tenés los medios como para embarcarte en tus sueños y ser responsable para que se hagan realidad o no. Es muy fácil soñar a lo grande cuando las posibilidades de concretarlos es remota. Cuando llegás al punto donde hay una posibilidad de que sean reales, la responsabilidad es mayor.