POLTICA

THE JOS OTTAVIS SHOW

Por Toms Rodrguez Ansorena | Fotos por Angie Monasterio

José Ottavis jode con su crew: ¿Esto es lo que miran a la tarde?, y señala con el control remoto el informe-debate de Infama sobre el romance entre Laurita Fernández y Fede Bal. Apaga, se sienta y, en el plasma de 72 pulgadas con home-theater que preside el living del piso en Recoleta que alquila hace por lo menos dos años, empieza a sonar El perdón, el feat hitero de Enrique Iglesias con Nicky Jam, la última nueva sensación del reggaetón global. Es viernes, es fin de año; es, ya, tarde. Su entorno va entrando y saliendo. Encargados de prensa, amigos, asistentes. Para todos tiene un chiste. Ottavis anda en medias, pisándose los chupines. Come yogur, fuma Marlboro, tiene una prolijísima biblioteca en su living con una edición para mesa ratona de la obra completa del Arquitecto Bustillo, los tomos sobre el peronismo de José Pablo Feinmann, el título ¿Quién es Lázaro Báez? de la periodista Lucía Salinas, una imagen de Evita de Daniel Santoro. Casi no tiene fotos. Un decorador ha desplegado unas muestras de lo que parece un color tiza para el mantel y las servilletas de la larga mesa central. En la cocina, donde comienza el tour por el resto del departamento, se repite una escena de Los domingos en familia, el capítulo 2 de su reality en Youtube, que ha doblemente titulado Vida no autorizada y Real Politik, y Ottavis dice que acá cocina mucho. Luego mostrará su ex dormitorio, el que ahora ocupa su hijo, el pequeño gigante Fran, plagado de parafernalia adolescente. Luego mostrará su vestidor y su actual dormitorio, con cama individual: Quévacer. Ottavis, dice, está cerrando el mejor año de su vida: Pude hacer un montón de cosas que antes no. Salí de una adicción. Estoy mejor con mi hijo. Pude perder y seguir militando igual. La vida no es todo ganar. Pero se ganó la lotería, también, Ottavis, con el número 333, en julio de 2016, cerrando el ciclo de mala suerte en el amor que habilitó el quiebre de su noviazgo con la estruendosa Vicky Xipolitakis. En 2016, Ottavis salió del ostracismo de la política rosquera, mal visto por los medios de comunicación, rechazado por la mitad más uno del país: los que votaron a Macri en el ballotage. ¿Qué hubiera sido de Ottavis sin esa foto con Vicky, en el estreno de Me casé con un boludo? ¿Qué hubiera sido de Ottavis sin la imitación prime time del Bicho Gómez en el Bailando por un sueño? ¿Y qué hubiera sido de él sin Moria Casán? Ottavis pasó un año diez puntos. Pero por sobre todas esas cosas, de una vez por todas, pudo dormirse solo.

La cruz

Trauma, no, porque no me acuerdo bien qué fue lo que pasó. Lo que sí, toda mi vida se repitió esa sensación de muerte, de tristeza, de angustia, de por qué me hacés esto. Por distintas cosas. Acá fue un abuso, después fue vicio, después peleas, abandonos, violencia. Esa sensación de desesperación tiene un ruido, un gusto, es una sensación que me viene antes de dormir. Hasta los 16 años, mi papá dormía conmigo. Si no, no me dormía.

Ottavis acaba de contar que lo abusaron de chico, cuando tenía alrededor de cuatro años, junto a uno de sus 8 hermanos. Todavía no tiene claro quién fue ni de qué manera, pero sabe que sucedió y que fue un familiar. Yo solamente me podía dormir en contacto con alguien. Es un tema que hasta hoy me persigue. Me dormí con mi viejo durante mucho tiempo y después, bueno, las mujeres. El tema es que la vida se transforma en algo muy complicado: para que una mujer duerma con vos, la tenés que enamorar, pero después vos ya no estás más enamorado y entonces, primero, lastimás, y después, empezás a buscar varias camas calientes por las dudas de que no se enoje esa de la que ya no estás más enamorado. La vida se transforma en un quilombo.

Y Ottavis tenía que resolver ese quilombo. Durante 10 años tomé un litro y medio de whisky por día, para ver si podía ir generando el sueño. Empezaba a la mañana, entonces, a las 10 de la noche, tenía que caerme. Lo que yo no podía era ejercer la acostada. Y elegía no tomar la pastilla para dormir. Entonces, con el whisky, yo, durante un día entero, capaz al final, me dormía. Los 10 años de gobierno. Desde 2003.

PLAYBOY: ¿Cómo hacías? Lleva tiempo.

OTTAVIS: Lo tomaba con naturalidad y sin desesperación. Y con total libertad: soy mayor de edad, hago lo que quiero. Vos estás tomando agua, ¿qué te metés en lo que yo tomo? Esta costumbre que hay de los argentinos, el ejercicio de subestimar todo el tiempo a la persona que no se da cuenta de que se está lastimando. Es como el que fuma: Che, te hace mal. Sí, ya sé.

PLAYBOY: La discusión con el cigarrillo es distinta porque no dañaría tu raciocinio, tu capacidad para manejar, por ejemplo.

OTTAVIS: Pero no manejo. Cuando yo tomaba whisky, hacía una vida que no me complicara. No manejaba. Evidentemente, hubiera funcionado mejor sin whisky en esa época. Pero el whisky me generaba una sensación de alegría, de placer. Mi abuelo es un tipo que yo quise mucho y todos los domingos a las 11 de la mañana hacía sardina, queso y whisky. Y era un momento de alegría. Esa sensación me la generaba el whisky. Yo nunca me emborraché, por ejemplo. Vos pensá que todo lo que hice en mi vida política es exitoso: armé todas las listas, di todas las peleas. Todo eso fue tomando un litro de whisky por día. Yo tengo ADD (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad), fuerte, tengo uno groso. Y tenía fama de loquito, ¿viste? No, José está re loco, por lo que digo, por lo que hago y por cierto juicio de que no mide las consecuencias: camina en el precipicio. Y todo eso es al revés. Yo no era ningún loco. Yo camino en el precipicio porque puedo caminar y sé que no me voy a caer. Pero, ¿qué hacían los tipos? Para que no pensaran que yo estaba loco de verdad, era mejor no, tomó whisky, por eso dijo esto. De alguna manera, prefería que me dijeran eso y no que pensaran que estaba loco. Kirchner no me daba bola, entonces fui con 5 mil tipos a buscarlo a la casa.

PLAYBOY: ¿Para qué?

OTTAVIS: Porque creíamos que Cristina tenía que ser la presidenta. Le dijimos que éramos peronistas. Que no éramos progres: éramos kirchneristas. Pero dejame seguir. Hace un año y medio vi la cocaína por primera vez en mi vida. Y cuando la vi, dije: Acá está la solución a todos mis problemas. Mi gran problema no era el whisky, era no dormir. Tampoco tenía que buscarme una mina, porque no tenía miedo: no tenía que dormir. Yo no dormía y no era que me iba de joda: leía, estudiaba. Y durante el día, yo no duermo, trabajo. ¿Y cómo hacés para seguir despierto? Seguís tomando. Y entonces, ¿qué pasa? Bueno, hoy a la noche duermo, pero, claro, uy, reunión con Cristina: La concha de mi hermana, hoy no duermo tampoco.

PLAYBOY: ¿No habías visto cocaína antes?

OTTAVIS: No, ¿y sabés por qué? Porque el caretaje que hay en la Argentina es tan grande Ahora me di cuenta de todos los que toman, yo ya sé quiénes son todos los que toman. Y lo avergonzados que están de su vicio. Por más que la cocaína es un acto privado, íntimo -nunca me drogué en comunidad-, yo no lo escondí. A nadie se lo escondía. La cocaína muestra la capacidad de ser caretas de los políticos, de los poderosos, los curas, todos. Y ahora me doy cuenta, ¿no?, de la gente que no duerme, del poder, de periodistas La cantidad de periodistas que toman cocaína. Lamentablemente, es una droga que está metida en todos los estamentos de la sociedad.

PLAYBOY: Pero nadie sale abiertamente a decir: Yo tomo cocaína. ¿Por qué decís que es un acto íntimo y a la vez que el que toma es careta?

OTTAVIS: En general, el que toma, condena. Yo no puedo tener un doble discurso con esto.

PLAYBOY: Si ahora Marcos Peña saliera a decir que toma falopa todos los días, ¿te parecería bien para su función, para tomar decisiones?

OTTAVIS: En la toma de decisiones no te modifica en nada.

PLAYBOY: Si vengo de una gira de 72 horas, capaz la cabeza no me funciona bien.

OTTAVIS: Te falta un día más. No pasa nada, absolutamente nada. Si vas a manejar a Mar del Plata, sos un pelotudo. Pero si tu función es trabajar

PLAYBOY: Si después de una gira de 96 horas tenés que cerrar las listas de la Provincia de Buenos Aires

OTTAVIS: No te modifica en nada. Decime vos: ¿cómo es cerrar una lista?

PLAYBOY: Supongo que hay una rosca, una negociación.

OTTAVIS: Eso es chamuyo, todo mentira eso. No existe.

PLAYBOY: ¿No hay una negociación? Un llamado diciéndote: Che, tal va en ese lugar, no en otro.

OTTAVIS: ¿Y eso cansa?

PLAYBOY: No, pero es una decisión donde, supongo, hay varios factores para contemplar.

OTTAVIS: Pero ni la cocaína ni el whisky ni nada te modifica lo que vos tenés que decidir.

PLAYBOY: Bueno, está la película de Denzel Washington, el piloto que aterriza el avión después de una gira de alcohol y cocaína.

OTTAVIS: Ahí tenés un ejemplo Menem tomaba también.

PLAYBOY: ¿Ah, sí?

OTTAVIS: Lo contó Chiche Gelblung.

PLAYBOY: ¿Máximo tomaba?

OTTAVIS: A Máximo nunca lo vi drogarse. De La Cámpora nunca vi drogarse a nadie. Me imagino que se drogarán, o capaz yo soy el único. Yo soy de La Cámpora Recuperación. ¿Viste que está La Cámpora gay, La Cámpora tal? Bueno, yo soy La Cámpora Recuperación.

PLAYBOY: ¿Cuánto duró el frenesí de cocaína?

OTTAVIS: Yo probé el año pasado, fines de 2015, después del cierre de listas. Yo tuve el pico de consumo en enero y febrero.

- Cuando te pusiste de novio con Vicky.

 

Jesús

Ottavis nunca la pasó del todo bien en su casa. Sus padres, Marcelo Ottavis y Julia Arias Pelerano, se casaron para escaparse: ella, del mandato de una familia de ricos; él, de la nada. Se casaron demasiado rápido y sin pensarlo demasiado, pero tuvieron 7 hijos, porque eran católicos y no se cuidaban, según la versión de José, el mayor. Pasó su niñez en San Isidro y luego vivió unos años en Arroyo y Carlos Pellegrini, en la casa de su abuelo, Francisco Arias Pelerano, escribano y cientista político, discípulo de Arturo Sampay, el ideólogo de la Constitución peronista del año 49. Su abuelo, de gran incidencia en su formación personal y política, fue el fundador de la carrera de Ciencias Políticas de la Universidad Católica y luego acompañó a Emilio Eduardo Massera en la creación del olvidable Partido para la Democracia Social, por el cual el Almirante se presentó como candidato a presidente en las elecciones de 1983.

Los Ottavis vivieron después por un tiempo en Corrientes, pero volvieron rápidamente a San Isidro, el verdadero territorio de Ottavis: A mí me marcó la vida la historia de Jesús. Un tipo que dio la vida con un discurso de amor. Como algunos son de Boca, yo era del equipo de Dios y quería jugar en primera. Era mi vocación. Siempre razoné que la política en su máxima expresión es Cristo en la cruz. Fue una decisión natural, de chiquito quise hacer política o ser cura. Fui monaguillo mucho tiempo y estaba mucho en la Iglesia. Entonces, ¿viste?, para ser político tenías pocas opciones: o tener mucha guita, tipo Macri; o ser el delfín de alguien (Duhalde le dio la oportunidad a Sergio Massa de ser el Director Ejecutivo de Anses), o ser famoso, como Scioli o Palito Ortega. Entonces, yo traté de ser famoso por medio del teatro y el arte. Así que quise ser cantante de tangos, y lo intenté en un lugar que era una Unidad Básica. Y en la primera clase de tango, en 1993, a mis 13 años, conocí al que hoy es todavía mi formador político, que se llama Marcelo Caspar. Y ahí, inmediatamente, conocí a los pobres. Y la vida de los pobres me hizo feliz a mí. Mi casa era un quilombo, mi viejo era un tipo al que le iba mal, la Argentina estaba mal. No era lindo estar en mi casa y no se comía bien, no se cocinaba. Cuando comí por primera vez en la villa, en La Cava, comí mucho mejor que en cualquier lado. Y nunca más me fui. Con el tiempo, rápido, no me fue fácil hacerme famoso En Grande Pá era el extra, no era el novio de la Chancle (N. Del E.: sí, Ottavis fue extra en Grande Pá). Entonces fue más fácil hacer política. Así que descarté mi sueño de ser un líder popular y me transformé en lo que la gran mayoría de los políticos hacen hoy, que es trabajar para el político que está en el poder: un lobbysta, un gran rosquero, todas esas cosas que dicen ustedes los periodistas, que son grandes mentiras.

PLAYBOY: Pero, ¿cómo mentira? La rosca es una negociación. Hay rosca en la Universidad, en la Municipalidad de Brandsen.

OTTAVIS: ¿Sabés cuándo entra la rosca? Cuando no representás a nadie. La clase dirigente es mucho más que los 10 líderes que sí representan. Yo, cuando armaba una lista, ¿la armaba con dirigentes que representaban bien los intereses del pueblo o con los que representaban bien los intereses del jefe? Los del jefe. Cuando el jefe es bueno, como en mi caso con Néstor y Cristina, que tienen intereses que son los del pueblo, buenísimo. Pero yo ponía lo que garantizaba que mis jefes estuvieran felices, no que mi pueblo estuviera feliz. Cuando llega Néstor, me saca de ser un dirigente juvenil de un intendente y se pone a militar más que yo: nos obliga a militar mucho más y a que la calle sea una variable. Nos obliga a moverla, a ser representativos. La muerte de Néstor te lleva mucho más a eso porque incorpora a jóvenes que dicen yo quiero estar, que hay que contener, que hay que orientar. Y el noviazgo con Vicky me lleva a un lugar que yo había descartado, que era representar directamente, porque me conoce, al que quiera ser representado por mí.

PLAYBOY: Sería la misma lógica aspiracional según la cual a Menem en su momento le interesó que Scioli estuviera con él sumándole votos, o, si querés, capacidad de representación.

OTTAVIS: Pero ahí hay que diferenciar lo que es conocimiento e imagen positiva de lo que es representación. Yo creo que Scioli no tiene capacidad de representación: Scioli, como muchos famosos, son famosos y punto. Pero no sabés cómo es su vida, la gente no termina de creer. Yo de chico pensaba que uno podía ser famoso a secas o que podía ser famoso por el amor. Yo pensaba que me iba a encontrar con Cameron Díaz y se iba a enamorar de mí. Que le iba a mandar un mail y que iba a ser mi novia. Unos meses antes de conocerla a Vicky, la vi en la tele y dije: Yo me voy a poner de novio con esta mina. Cuando la conocí, de pura casualidad, y me puse de novio, no había tomado conciencia del grado de conocimiento que tenía ella, de que de verdad no podía caminar por la calle. Y la primera salida que hicimos juntos, me di cuenta de que eso me iba a poner en el foco público. Eso me hizo Vicky. Yo antes interpretaba lo que algún político me decía o me pasaba haciendo las roscas estas de café. Hoy, vos agarrás mi teléfono, mi Facebook, mi Instagram, lo que sea, y lo único que vas a encontrar son charlas, pedidos de consejo de la gente. Que no me conoce pero que confía en mí. En la calle a mí me dicen: Eh, qué hacé Ottavi o eh, Xipolitaki, y al toque me preguntan: Y, loco, ¿va a haber laburo o no va a haber laburo?. Eso me dicen. Y soy conocido por un hecho de mi vida, sí, farandulero, de suerte, de petiso, de que bailo, pero ninguno me pregunta: ¿Cuándo estrenás obra?; me preguntan: ¿Y? ¿Cuándo vuelve Cristina? o ¿por qué no lo dejan laburar a Macri?. Estoy claramente identificado con mi laburo y eso es un valor para hacer mejor mi laburo, que es ser diputado. Mirá: se aprobó el presupuesto de la Provincia de Buenos Aires y, la verdad, es calamitoso. La gobernadora, que es una gran candidata a presidenta pero una pésima gobernadora, hizo un presupuesto como el de Scioli: el de un candidato a presidente. Scioli y Vidal se pelean para ver quién es peor. Así de fácil. Arman presupuestos para tener plata para las campañas, para tener publicidades. Cuando vos gobernás mal pero tenés que ser querido, ¿cuál es la opción? Mentir. Disfrazar. En vez de dedicarte al canal que hay que hacer en Pergamino para que no se inunde nada, te dedicás a ser la gobernadora Heidi. Ella decidió gastar la plata en ministerios políticos, desarmando la guita de los lugares donde hay que poner guita, endeudándose a lo loco, pidiéndole a Macri 40 mil millones de pesos. Todo lo que hace Vidal es para pagar sueldos.

PLAYBOY: Parece el mismo discurso de la oposición en su momento sobre los gastos políticos del kirchnerismo: la publicidad oficial, los actos, los cargos a militantes, el Fútbol Para Todos.

OTTAVIS: Sí, con Scioli

PLAYBOY: No, pero más allá de Scioli: ¿no le correspondería la misma objeción a Fútbol Para Todos?

OTTAVIS: Te hablaría de algo que no conozco. Yo fui cuatro años presidente de la cámara de diputados de la Provincia de Buenos Aires. Y voté todo en contra, porque el tipo hacía eso. A nivel nacional yo creo que está demostrado que nuestros fondos públicos para la publicidad, no sé adónde fueron pero no fueron buenos. Si hay algo que el kirchnerismo no tiene bien es la comunicación y el marketing. No funcionó bien eso. En Scioli sí, el gasto tenía resultado comunicacional. Como lo tiene Vidal ahora. Y no se trata de buenas publicidades. Es por buenos sobres, eh.

PLAYBOY: ¿A quién?

OTTAVIS: ¡A los periodistas! María Eugenia Vidal es como Scioli: nadie decía que la Provincia estaba mal gobernada. Nadie contaba lo que decíamos nosotros en la Cámara de Diputados. ¿Por qué? Porque había un sistema periodístico a cuenta de sobres para no putearlo. Vidal, lo mismo.

PLAYBOY: Pero más allá del blindaje periodístico, Scioli fue el candidato a presidente del Frente para la Victoria.

OTTAVIS: Pero cuando él tenía buena imagen positiva, era durante su mala gestión provincial. Ningún periodista se encargaba de decir: Che, qué mal está la Provincia. Y fijate ahora cómo con dos boludeces por temas personales, se le terminó la imagen positiva: lo destruyeron. Y con María Eugenia Vidal, hay una sobrevaloración de cuestiones personales tremenda: Che, qué buena que es.

PLAYBOY: Como dirigente de La Cámpora tenías una imagen mala para ese sistema periodístico del que hablás y ahora parece que no.

OTTAVIS: Y yo, peor: a mí me acusaron de golpear a mi mujer. Conmigo fueron bravos de verdad. Pensá esto: nosotros veníamos perdiendo en la Provincia desde 2009. Primero, De Narváez. Después, Massa nos rompe el orto en 2013, a Scioli y Martín Insaurralde juntos. ¿Y nosotros ponemos de candidato al gobernador de la Provincia donde ya habíamos perdido dos veces? Nos iban a romper el orto.

PLAYBOY: Vos hiciste el epílogo de esa relación siempre conflictiva entre Scioli y el kirchnerismo zona núcleo. El famoso acto de Moreno con el intendente Walter Festa, donde dijiste: Por algo pierde el PJ y gana el peronismo kirchnerista Si Scioli quiere los votos, que los venga a buscar a Moreno.

OTTAVIS: Claro, pero es distinta la interpretación. ¿Qué decían? Que nosotros no militábamos. Y nosotros, que le ganamos la interna a (el ex intendente de Moreno) Mariano West y no nos dio bola nadie, le dijimos: Flaco, en vez de andar no sé dónde, vení acá que somos nosotros los que te militamos de verdad, que te conseguimos los votos de verdad. Eso significaba: Escuchanos, estemos juntos. Yo fui el tipo que más en contra estuvo de que Scioli fuera candidato. Pero una vez que fue, fui el más militante.

PLAYBOY: ¿Ustedes a quién bancaban?

OTTAVIS: Yo, personalmente, quería una fórmula Capitanich-Kiciloff o Randazzo-Kiciloff.

PLAYBOY: ¿Capitanich después de su gestión como Jefe de Gabinete?

OTTAVIS: Mirá que el tipo era buen Jefe de Gabinete para Cristina. No necesitábamos sacarlo. Se fue a Chaco a juntar votos. El chabón era una máquina de laburo, eh.

PLAYBOY: Sí, seguro. Pero no era un candidato, José

OTTAVIS: Pasa que, para mí Yo evaluaba que íbamos a perder. Y lo que yo creía era que la mejor manera de dar esa batalla era con algo que represente realmente lo que No ser careta.

PLAYBOY: ¿Pero no era peor que ganara Macri para ustedes?

OTTAVIS: Y si ganó Macri.

PLAYBOY: La Cámpora entonces pensaba que iban a perder.

OTTAVIS: Yo planteaba un proceso como el de Lula. Cuando Dilma se convierte en la candidata a presidenta, no la conocía nadie. Y Lula hace un traslado de votos en función de la continuidad del proyecto. Y yo creo que Cristina tendría que haber hecho lo mismo con un tipo con perfil propio, como Coqui (Capitanich), como Randazzo, con Axel, y podía llegar a Era mucho más real eso.

PLAYBOY: ¿Y qué pasó entonces?

OTTAVIS: Yo creo que fue un error de Cristina poner a alguien que no nos había representado muchas veces, que no queríamos; y también fue un error de Daniel ser candidato de alguien que muchas veces no quiso. Porque no nos quiere.

PLAYBOY: El kirchnerismo siempre fue un movimiento heterogéneo, desde la famosa transversalidad.

OTTAVIS: Es el peronismo, somos chamuyeros.

PLAYBOY: ¿La Cámpora militó menos a Scioli de lo que hubiera militado a Randazzo?

OTTAVIS: No. Y el mejor ejemplo somos nosotros. Una vez que se decidió, me rompí el lomo.

PLAYBOY: ¿Cómo te sentiste con la primera vuelta y con la derrota en la segunda?

OTTAVIS: Y, en la primera, sentí miedo. Pero me sentí bien después.

PLAYBOY: ¿No sentís que el país perdió?

OTTAVIS: No, el pueblo eligió. El pueblo no se equivoca cuando elige.

PLAYBOY: Vos eras un dirigente importante de una organización política que, al menos desde el discurso, se planteaba transformar la Argentina con un proyecto colectivo

OTTAVIS: No, nosotros defendíamos las medidas de un gobierno para que siga gobernando. Ahora somos una organización política que tiene que ver la manera de encontrar nuevas banderas para representar una nueva realidad. Yo por eso estoy en contra del Volveremos. Ningún Volveremos. El conjunto existe cuando las partes son buenas. Los Montoneros, una organización política fuerte y qué se yo, fue fuerte porque cada uno fue fuerte. Cristina tiene una cosa muy linda donde dice: Cada uno saque el bastón de mando y construya su vida primero y después la vida del pueblo. Un buen político tiene que ser un buen tipo primero. Un buen militante es un buen vecino. Porque esto del colectivo y la horizontalidad y qué se yo es un chamuyo muy jipón que se usó mucho en el kirchnerismo que en realidad es: Eee, vamos los pibes. No, primero voy yo: yo estudio, yo laburo, soy buen padre. Y yo, con mi capacidad, junto con la tuya, vamos juntos para adelante.

PLAYBOY: Pero, ¿alcanza con ser bueno?

OTTAVIS: ¿Quién dijo que no? Mirame a mí. Soy mucho más poderoso hoy, que digo la verdad, que trato de que el tipo que tengo en frente, que sos vos, que sos periodista -y me chupa un huevo el periodismo, me chupa un huevo cómo queda la nota- aprendas algo, te lleves algo bueno de esta charla. Yo no puedo ser un político honesto si soy un ser humano corrupto. Menem no era bueno en su casa y garca en las políticas públicas: era garca en todos lados. Cristina no es maestra Siruela en las políticas públicas y Dulcinea en su casa. Es igual. Se traslada. Macri es egoísta en su vida y en el Estado.

PLAYBOY: ¿Y Néstor?

OTTAVIS: El pícaro, el pillo, Néstor era un buen tipo. Después, los quilombos de matrimonio, yo te la regalo, eh. Es difícil lo que hicieron estos muchachos. Hay que reconocerle a Néstor y a Cristina, aguantarse, ser padres al mismo tiempo. La cuestión es que si somos todos menos egoístas, vamos a ser mejores entre nosotros. Cuando hay mucha gente buena, los malos se asustan. Esto (señala el televisor) es un gran instrumento. Nosotros vivimos en una democracia mediática.

PLAYBOY: ¿Tu lugar en la política es construir mediáticamente?

OTTAVIS: El lugar de la política es construir mediáticamente. Loco, ponete a estudiar más, vos estás para algo mejor. El político comunica ideas: con la televisión tenés la posibilidad de hablarle a un montón de personas y decirles lo que pensás. Nosotros necesitamos políticos que hablen en términos de valores. Lo que pasa es que esto tiene dueños, que no te dejan decir lo que quieras. El reality a mí me permite entrar por el agujero del sistema y decir, con mi forma de ser y vivir, lo que yo pienso y cómo lo hago en términos colectivos. Los problemas se solucionan de una sola manera: teniendo el poder. Ahora, te tienen que votar para eso. El tema es que yo no vivo pensando en ser presidente. Yo vivo pensando en ser un diputado muy representativo. El objetivo es que la gente me crea y me quiera. Si a los iluminados de la Argentina les parece que soy un ridículo, que son pocos, frente a los ignorantes de la Argentina, que somos pocos, no tengo ningún problema.

PLAYBOY: ¿Con quién construís esa alternativa de poder?

OTTAVIS: Con Cristina, que es la representante más fuerte de la oposición. Ahora, para ganar, necesitamos a todos de este lado. Sergio Massa tiene que decidir si es un sucesor de lo que ya ganó, que es Macri, o un opositor a eso. Si opta por la segunda, alguien va a tener que ceder. O él, porque se da cuenta de que Cristina representa más; y si no, va a tener que ceder Cristina.

PLAYBOY: ¿Por qué renunciaste a ser jefe de bancada en la Cámara de Diputados de la Provincia?

OTTAVIS: Me echaron. Mi error fue ser jefe de bloque. Yo no me di cuenta: la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires terminó siendo espacio institucional, político y económico más importante del peronismo que quedaba. Y yo no me di cuenta. No la podía tener Ottavis. No me di cuenta de que eso significaba una relación con la gobernadora y con Sergio Massa, y que eso podía significar cagar un montón de negocios. No me di cuenta de que una buena parte del peronismo se iba a convertir en Vandores de ocasión. Y encima no me di cuenta que de ese bloque de 36 había muchos que no la quieren a Cristina. Ni a Néstor. Ni a nosotros. Me puse de novio con Vicky y esa fue la excusa para deshacerse de Ottavis.

PLAYBOY: Dijiste que de político no vive nadie que es honesto, ¿qué quisiste decir?

OTTAVIS: Dije que no está bien que un político viva de una carrera política. Los cargos no hacen a un oficio. No puede ser que la vida tuya se transforme en una sucesión de cargos. Lo bueno es tener tu oficio, vivir de eso, y después sí tener un cargo. Yo, con esto de la producción y la actuación, por ahora, elegí donar todo lo que me pagan.

PLAYBOY: ¿Y cómo se paga el reality?

OTTAVIS: Se hace con dos mangos con cincuenta. Es una cámara que ya teníamos en el equipo de Diputados.

PLAYBOY: ¿La vida de la farándula con Vicky era cara?

OTTAVIS: No, si no pagan nada. No pagan restaurantes, ni la ropa Ni los dientes.

PLAYBOY: ¿Cuál fue el peor error de Cristina en la derrota?

OTTAVIS: Yo creo que la derrota fue nuestra. Erramos nosotros, los que asesoramos al poder central. Y no lo hicimos bien. Yo por eso me corrí de la conducción. Hace un año y medio lo dije: Cristina necesita nuevos entornos. ¿A cuántos tiró Perón por la ventana? ¿Y Néstor? ¿Por qué no nos iba a tirar Cristina? Yo me tiré solo.