JUEGOS

THE LAST GUARDIAN

Por Hernn Panessi

Un amigo fiel adentro de una Playstation 4.

Antes que uno entienda de qué va la mano, ya se encuentra ayudando: está tratando de curar al otro. En la imagen, un animal herido sangrante, lastimado, con signos de alguna batalla a cuestas- y un pequeño niño con visibles rasgos de bondad- da vueltas y vueltas, y solo ellos dos ocupan el territorio. Una voz en off pone un poco en órbita y la acción comienza. Así, el sucesor natural del Shadow of the Colossus navega en un universo plagado de simbolismos en el que un pequeño niño oriental y un monstruo emplumado invitan a fábulas minimalistas y trascendentales.

La lectura más concreta de The Last Guardian es que se trata de un videojuego sobre el compañerismo. De hecho, su corazón late al compás de la relación que mantienen el niño y Trico, un híbrido entre gato y pájaro, una especie de Falcor de La historia sin fin, un bicho que posiblemente no olvidemos tan fácil. ¿Y dónde radica su valor? En ser uno de los personajes de fichines con inteligencia artificial más desarrollada en la historia. Sin exagerar, a pesar de tratarse de un compacto de bytes, ceros y unos, la amistad verdaderamente se siente.

Trico va convirtiéndose de una bestia asustada a un protector inmensamente leal. Y como a toda mascota, hay que mimarla: a la manera de The Sims o de un Tamagotchi gigante, debemos alimentar, acariciar y cuidar a nuestro peludo amigo. En criterios de jugabilidad, el player no tiene control total de Trico pero puede inducirlo a una serie de comandos básicos. Esto conserva la sensación de ser una criatura independiente e inteligente: Trico hace medio lo que le pinta. Incluso, en más de una ocasión, la criatura decide por sí misma y toma la iniciativa. Aquí, entrar en un entorno y averiguar cómo superarlo, escalarlo, destruirlo o interactuar con él requiere de observación y de muchísima paciencia.

La compañía desarrolladora de Fumito Ueda, Team ICO, tardó unos diez años en lanzarlo convirtiéndolo en objeto de deseo y también de impaciencia. El proyecto, que inicialmente iba a estar producido para PlayStation 3, resultó demasiado ambicioso y tuvo que recibir ayuda de genDESING y de Sony Japon Studio. Sin embargo, pese al esfuerzo de las tres productoras, algunos de sus escenarios y un puñado de detalles visuales parecen del acabado de esa generación de consolas. No obstante, The Last Guardian tiene la capacidad de tocar fibras sensibles, de provocar empatía y de conmover a niveles insospechados aún a pesar de estos vaivenes visuales. ¿Uno puede emocionarse con videojuegos? Sí, esta es la prueba.

Todos los puzzles y desafíos se resuelven en colaboración entre el niño y Trico. Allí, en favor de lo que importa, ambos van acostumbrándose el uno al otro hasta forjar una relación de dimensiones siderales. De fondo, resta patear y patear por lugares inmensos y vacíos. Y, al igual que en Ico, el primer gran éxito de Ueda, genera una sensación de soledad que iremos llenando a fuerza de apego, entendimiento y paulatina confianza.

Envuelto de una personalidad sólida y de rasgos singulares, The Last Guardian se acomoda -introspectivo y liviano- entre un animé al estilo Hayao Miyazaki y una aventura de plataformas ATP. ¿Eso es todo? No, al hueso: por la precisión de su inteligencia artificial, por el cariño que genera con los personajes y, fundamentalmente, por la historia de amistad a la cine clásico nipón, The Last Guardian se erige como uno de los juegos más conmovedores del tándem 2016/2017. Y, con el viento a favor de la prensa especializada, está llamado a ser el juego del año.