SELECCIONES

TODOS UNIDOS TRIUNFAREMOS

Por Romn Iutch| Fotos AFP

 

Como siempre daremos, un grito de corazón ¡Dale campeón, dale campeón!

La lógica musical de la tradicional canción se reescribe a partir de lo que el deporte argentino de conjunto fue capaz de conseguir en este año que comienza a arrancar las últimas hojas del almanaque, e independientemente de ideologías, la marchita se adapta a la perfección a un 2015 en el que el todo fue mucho más que la suma de las partes.

Las lágrimas Pumas de Agustín Creevy bien podrían encontrar contención en un fundido abrazo con Luis Scola, como estandarte notable de la Generación Dorada. A ellos podría sumarse Facundo Conte como el mejor representante de la nueva camada de los pibes del vóley y a los tres se le agregaría Leonardo Mayer, cara visible de un grupo de tenistas que en la Copa Davis llevaron a la Argentina bastante más lejos de lo que incluso los especialistas podían predecir. No podría faltar Gonzalo Peillat representando a los varones del hockey sobre césped y, a la hora de sumar caras nuevas, pedirán un lugarcito los hombres y mujeres del handball que lograron su plaza para Río 2016 y la dupla de las chicas del beach-voley que también nos arrancaron una lágrima de emoción en el Panamericano de Toronto.

El recuerdo del mundial de Rugby es lo más fresco y por ende la alegría más cercana. Un equipo que mantuvo su esencia, que respetó la fiereza histórica del tackle y la tradición del scrum como marca registrada, pero que adosó un estilo de juego en el que la audacia y el protagonismo tuvieron su premio, se dio el gran gusto de jugar los siete partidos y meterse en la mesa chica del rugby mundial por derecho de conquista. El mundo de la ovalada se deshizo en elogios a la hora de hablar de Los Pumas y ese proyecto que comenzó hace cuatro años. Las becas para los jóvenes, la inclusión en el Rugby Championship, la preparación a conciencia y el futuro equipo en el Super Rugby a partir del año próximo trajeron este resultado sensacional como consecuencia.

Inolvidable fue también lo del básquet en el Preolímpico de México. Con Scola y Nocioni como próceres de la mejor expresión de un deporte colectivo de todos los tiempos, los pibes tiraron del carro y demostraron que tienen personalidad para tomar la posta. Nombres como Campazzo o Laprovítola asumieron su rol y la transición, aun sabiendo que pelear por medallas será casi imposible, está garantizada.

Si el tenis es un mundo solitario, repleto de egoísmos inherentes a su status quo, la Copa Davis es un soplo de aire fresco para aquellos que gustan del trabajo en equipo. Sin extraterrestres, la Argentina edificó un grupo a escala humana, capaz de sostenerse en el la elite y de acceder a la instancia de semifinales. En tiempos en los que no sobra nada, ese objetivo cumplido ya es un gran éxito.

Vale sumar al vóley con su enorme performance, en cuanto el torneo tuvo como protagonista a un grupo de jóvenes liderados sabiamente desde afuera. La vuelta de Julio Velasco al país es un privilegio que eleva al deporte argentino y lo dota del conocimiento de un fuera de serie, que ha decidido según sus propias palabras, volver como una manera de agradecer todo lo que este país me dio en mi formación.

Por supuesto que el fútbol es un deporte colectivo y naturalmente que la actuación del seleccionado bien merece un comentario, pero para la hora del balance y el repaso general vale tener paciencia y aguardar lo que resulte de la última doble fecha de eliminatorias ante Brasil y Colombia. En todo caso y más allá de los resultados, la carencia de una dirigencia vital, pujante, creativa y sobre todas las cosas capaz de armar buenos proyectos y elegir gente idónea, ha sido un contrapeso reflejado no en el seleccionado mayor, sub campeón mundial y continental, pero sí en las estructuras de las selecciones juveniles. Sus pésimos resultados de los últimos años son reveladores de la improvisación y la falta de un plan que contenga a esos chicos, que son la base de la pirámide y el futuro del fútbol argentino.

El año se nos empieza a esfumar y la idea del colectivo aplicada al deporte resultó verdaderamente superadora. Aún con debilidades, incluso con limitaciones, la materia prima existe y si unifica sus fuerzas es capaz de rendir a pleno.

El talento argentino existe y puesto al servicio de una causa común, brilla todavía más. Ojalá en tiempos de crispación y antagonismo, el deporte pueda volver a servir como ejemplo.