TECH

UNA VIDA 5G

Por Ricardo Sametband

Las grandes compañías de tecnología móvil están coordinando decisiones e innovaciones para llegar a un nuevo estándar de conectividad.

 

En algún momento entre el Mundial de Rusia 2018 y los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, el viejo chiste de no puedo vivir 5G tomará otro sentido. En algún momento de ese futuro cercano (aunque tardará varios años en ser masivo) comenzarán a operar en forma comercial las nuevas redes de conectividad móvil.

5G es sí, adivinaron- la fase superior de 4G, la quinta generación en el estándar de comunicaciones móviles globales. Esto significa una mejora sustancial en la conexión a internet de nuestros dispositivos móviles. Aunque la cosa es un poco más compleja.

4G LTE (Long Term Evolution) fue ideado durante la primera década de este milenio para reemplazar a 3G y conseguir, en tu teléfono, una conexión a internet similar a la que tenés en tu casa, tanto por velocidad (el ancho de banda) como por estabilidad y, de paso, haciendo un uso más eficiente del espectro (las radiofrecuencias que usan el celular y las antenas para transmitir los datos). Es la razón por la que podés ver videos y escuchar música, o hacer videoconferencias sin interrupciones (o, al menos, idealmente).

Mientras que una conexión de banda ancha fija en la Argentina ronda los 12 Megabits por segundo, el promedio de velocidad móvil a mediados de este año era de 11. Nada mal en comparación si no fuera porque en el resto del mundo es bastante más veloz: en Singapur, como ejemplo de máxima, 4G llega a andar en 45 Mbps, y eso sin contar algunos trucos que están usando las operadoras y los fabricantes para que todo vaya más rápido.

¿Y el 5G? Si todo va bien, y tu operadora lo permite, unos 400 Mbps. Claro, eso es más (mucho más) de lo que la mayoría de nosotros tiene en su casa. ¿Pero cuánto más rápido quiero yo que bajen los videítos que me llegan a los grupos de WhatsApp? ¿Y cuánto va a aguantar mi celular semejante velocidad? Nadie piensa en eso como argumento de venta del 5G: es el primer estándar de conectividad móvil que no está pensado para darle un beneficio directo a los usuarios convencionales.

Pero el 5G trae dos cosas interesantes a la mesa: la primera, que es más eficiente en el uso de espectro, es decir, en cómo aprovecha las ondas de radio para dar conectividad. Lo cual es un arma de doble filo. Las conexiones 4G no pasan los 5 GHz de frecuencia, lo que permite un amplio alcance y una respetable transmisión de datos. Las estimaciones de 5G (sobre lo que se discutió mucho en el último Congreso de Telefonía Móvil de Barcelona) están entre los 30 y los 300 GHz. ¿Y eso qué significa? Aunque diferente, algo análogo a la diferencia entre las radios FM y AM: cuantos más herz, menos alcance y más calidad. Y viceversa. Entonces, las nuevas antenas de 5G darán mejor servicio a más celulares, pero con un rango de distancia menor. El futuro nos promete un paisaje veloz, pero plagado de antenas.

Lo que sucede es que la humanidad no solo crece en número de teléfonos celulares sino en objetos con conectividad, desde los relojes hasta los autos, pasando por el aire acondicionado, los tachos de basura y la heladera. Es lo que se llama la Internet de las Cosas. Hoy hay unos 7000 millones de dispositivos conectados a internet, y en pocos años serán más de 20.000. La idea es que las antenas de las ciudades puedan darles servicio a todos. Y también que reemplacen a las conexiones cableadas, que son más caras. Algo con lo que soñó a mediados de siglo pasado el ingeniero Nikola Tesla y que es la realidad de los niños que están naciendo hoy: ya no se reirán del teléfono a disco y ni siquiera de los casettes; se preguntarán para qué servían esas líneas negras que llamamos cables.

La segunda cosa interesante del 5G es que baja al mínimo la latencia, que es el tiempo que tarda un pedido de datos (cualquiera; el mínimo) en ir de un dispositivo a otro dentro de la red. No está afectado por el ancho de banda, sino por la red en sí misma. Bajar la latencia (en el caso del 5G, a unos pocos milisegundos) es clave para el otro gran argumento de venta del 5G: el manejo de cosas a distancia. Un auto en movimiento, un robot en una operación si los estás manejando en forma remota, no puede haber un retraso entre lo que está pasando en el lugar (el auto está tomando una curva), lo que ves (un catéter intravenoso que debe insertar un stent) y lo que vos ordenás (que el dron tire su carga ahora mismo sobre una torre petrolera). Parece una receta para el desastre. Pero con una latencia mínima, eso se neutraliza: todo lo que ves en cualquier parte del planeta está pasando en ese momento, sea un recital en vivo o una obra de ingeniería premium.

Quizás el 5G acabe de una vez por todas con uno de los más graves flagelos que acechan a la humanidad: que ningún gol gritado en lo del vecino se adelante a lo que vos estás viendo en tu pantalla.