TECH

VAMOS, DAME, DMELO

Por Ricardo Sametband

Los dispositivos tecnológicos sexuales han comenzado una carrera aceleradísima por brindar más y mejores servicios. Aquí, un breve recorrido por las novedades en el mercado del placer.

 

La tecnología siempre ha tenido una buena relación con el sexo: para facilitar un encuentro o para hacerlo más placentro. Pero aunque por lo general el nicho de la tecnología sexual estuvo más cerca de lo artesanal, en los últimos años, la evolución y miniaturización de las computadoras y la difusión de Internet cambiaron el panorama. La sociedad ya no es la misma y el sexo, por supuesto, tampoco, cortesía de la pornografía a toda hora y en cualquier lugar (y gratis), el sexting de una punta a la otra del planeta, las aplicaciones de levante como Tinder y cientos de otros ejemplos.

El último lustro, además, sirvió para que varias compañías combinaran la omnipresencia de Internet, de los smartphones y la incipiente realidad virtual para ponerles un poco de picante a las relaciones carnales pero, sobre todo -signo de los tiempos-, al sexo solitario.

El primer paso lo dieron los estudios de porno, a la vanguardia a la hora de adoptar estándares de video como el DVD o el 4K. Nuevos actores ingresaron luego al mercado (ver Pornocratie de la documentalista francesa Ovidie, presentado en el BAFICI) e internet se comió al mercado físico siguiendo el modelo de YouTube. Los días que corren y las inversiones de distintos jugadores dicen que el negocio estará inclinado hacia la realidad virtual. En un futuro próximo e ideal, ya no estarás viendo a dos (o más) personas teniendo sexo a través de una ventana (la pantalla de la tele, el celular o la notebook); vas a ser el protagonista de esa fantasía, vas a sentir que estás ahí.

Hoy ya se graban múltiples películas pensadas para realidad virtual, en las que alguien queda en el medio de un encuentro sexual y puede cambiar el punto de vista. Pero no es mucho más que un video en estéreo, porque no hay libre movilidad; la promesa la están encarnando los juegos de sexo, donde todo el entorno y los partenaires sexuales están creados como objetos 3D. Son irreales, pero estás en control: elegís qué y cuándo hacerle qué cosa a tu ¿pareja?.

Aún así están del otro lado de un vidrio: falta que sientas en el cuerpo lo que estás haciendo. Ya están, no obstante, las primeras pruebas. Algunas, muy inocentes: un dispositivo como el Kissenger, que reproduce frente a vos los labios de tu pareja, que está besando el dispositivo a distancia. Otros, más de ciencia ficción: un traje sensorial que genera, en cualquier zona de la piel, la simulación del contacto del otro (sea real o virtual), como Teslasuit. En el medio, VirtuaDolls, un dispositivo vinculado a un juego de realidad virtual: un orificio para simular una vagina o un ano, con contracciones y movimientos, de tal manera que haya un correlato entre lo que muestra el juego o la película de realidad virtual y lo que estás haciendo ahí donde importa. Pero VirtuaDolls y Teslasuit son, por ahora, propuestas que buscan financiamiento: falta mucho para que sean realidad.

Más terrenales son otros dispositivos, que van por dos caminos. Para ellas, un vibrador unido por Bluetooth a un smartphone: con una aplicación se puede definir el ritmo y los patrones de vibración, la intensidad, etcétera, como los Bluemotion Nex, entre mil otros. O Lovesense Hush, un tapón anal con conexión Bluetooth (se activa con un smartphone o a distancia). Para ellos, un simulador de vagina, como Fleshlight: un tubo en el que meter el pene. La acción viene de tu mano, pero la sensación es más placentera que la masturbación convencional. Podés elegir, incluso, el aspecto de los labios y el clítoris, para que se parezcan a tu actriz porno favorita. O Autoblow 2, un simulador de sexo oral, que tiene su propio motor y bomba de vacío, para que no tengas que hacer ningún esfuerzo. Para los dos: Kiiroo Onyx y Pearl, un combo de masturbador femenino y masculino que están vinculados, ya que uno intenta reproducir los movimientos que recibe el otro; funciona con conexión a Internet, así que no importa en qué parte del mundo está cada uno.

Pero quizás el sueño sea la muñeca (ya no) inflable, como proponía la película Lars and the Real Doll, en 2007: una pareja que parezca real, que sea ideal, que podamos controlar en forma total. Y que no necesite intermediarios: ni anteojos, ni aparatos; algo que esté ahí, al lado tuyo en la cama. Lo más cercano que tenemos son las Real Dolls, las muñecas más avanzadas hasta ahora en términos de aspecto, piel, pelo, etcétera. Pero siguen siendo muñecas; no tienen volición, y ni siquiera son robots sexuales, ya que no hay movimiento. El objetivo de máxima es el propuesto por la serie Westworld, autómatas inteligentes que se comporten como humanos. Pero están muy lejos: los expertos indican que integrar motores que le den movimientos creíbles y naturales a una muñeca, y que encima no zumben cuando funcionan, es un desafío que todavía no está resuelto.