POLTICA

YO TE DIGO, TODO VA A ESTAR BIEN

Por Toms Rodrguez Ansorena | Fotos por Ignacio Snchez

Filósofo, medio psicoanalista y rockero, Alejandro Rozitchner está detrás de varios de los pilares discursivos de Cambiemos y del habla entusiasmada del presidente Macri. Convencido de que este es un gobierno revolucionario, ataca las neurosis crónicas de la argentinidad con su concepto talismán: la positividad.

 

Rozitchner usa el contorno de la base de su copa para desplegar semicírculos sobre una servilleta con un lápiz negro, en una serie regular que luego irá uniendo -con un pulso menos prolijo- a través de pares de rectas, como puentes, formando espacios que ya ha empezado a llenar con puntos. Da una sensación de empuje, un impulso permanente y de considerable intensidad que a veces se traduce en locuacidad, otras en irritación, otras en cinismo, otras en una mirada esquiva y nerviosa que bien podría significar ¿impaciencia? La mayoría de las veces, sin embargo, es entusiasmo. Aunque lo acecha un cierto cansancio, Rozitchner tiene ganas. Está convencido de que el gobierno que integra, para el que se desempeña en el área de redacción de discursos pero para el que además cumple una serie de funciones que resumiremos bajo la figura del asesor, es revolucionario. Llegó a la política preocupado por esa serie de acontecimientos que todos recordamos como 2001. Nunca antes, según él mismo dice, se había interesado por la política. Aún siendo filósofo, aún siendo el hijo de León Rozitchner, aquel intelectual de la izquierda argentina que estudió en París con Maurice Merleau Ponty y Claude Levi Strauss, que codirigió la revista Contorno junto a David e Ismael Viñas en los 50, que en el 76 se tuvo que ir exiliado a Venezuela, y que en la década ganada fue uno de los fundadores del grupo Carta Abierta. No, a Rozitchner hijo le interesaban otras cosas. El rock, por ejemplo.

Alejandro era el típico adolescente spinetteano cuando le tocó el exilio familiar. Había llegado al rock a través de los Beatles y la revista Pelo que recibía su mamá. Había empezado a tocar la guitarra, tenía un grupo de rock en el colegio Manuel Belgrano. Como Lanata, Tinelli y Maradona, nació en el año 60 y tenía apenas 16 cuando ocurrió el golpe y tuvo que irse a Venezuela. Volvió recién 6 años después, de paseo, y mientras caminaba por vaya a saber dónde se encontró con Leo Sujatovich, un compañero de colegio que, si bien siempre había sido talentosísimo, no se había imaginado que terminaría tocando en Spinetta Jade, la banda de su Dios: Leo hablaba de Luis esto, Luis lo otro y a mí me parecía increíble que alguien pudiera aludir a Spinetta de esa manera tan familiar. Leo le dijo que estaban por tocar en Mar del Plata y cuando Alejandro le dijo que quería ir, tuvo el gesto de sacarle un pasaje con toda la banda para viajar a La Feliz. Esa noche me hice amigo de Luis, así, increíble. Todo el mundo se iba durmiendo y nosotros nos quedamos en la oscuridad hablando. Yo era estudiante de Filosofía, a él siempre le gustó eso, el delirio, pensar, la especulación, como se dice; él me contaba de sus lecturas, yo de las mías, y nos enganchamos hablando, nos pasamos la noche hablando mientras los demás dormían. Estuvimos tres días en Mar del Plata en esa mini gira de un solo concierto, juntos, en el hotel, boludeando en la playa.

PLAYBOY: ¿Y en esas conversaciones con Luis tampoco aparecía la política?

ROZITCHNER: A Luis no le interesaba la política y a mí tampoco en esa época. No, el rock es apolítico. En general, el artista popular, el artista rockero, se pone en plan demagógico, no entiende mucho nada y suele decir cualquier cosa. Por origen familiar él era medio radical, después fue seducido por Néstor, que lo recibió en la Casa Rosada. Antes de morir, los últimos años en los que hablábamos, sabía que yo trabajaba con Mauricio y yo le decía: Es todo mentira eso. Pero no hablábamos mucho de eso. Todo nuestro contacto, nuestra diversión, pasaba por otro lado.

 

Rozitchner debe interrumpir la conversación cada tanto por los llamados que recibe de periodistas y producciones, vaya a saber de qué radio. Lo buscan para que aclare por qué dijo que le preocupaba que el país en general no estuviera a la altura de sus decisiones. Y la discusión ronda en torno a si esas decisiones a las que aludía eran las del propio país o las de su primer mandatario, el Presidente Macri. Dos días antes, el Presidente había cenado con Mirtha Legrand, un duro round de argumentación política, proselitismo emocional y lagunas un tanto preocupantes, todo frente a vaya saber uno cuántos puntos de rating del pueblo de la Nación Argentina, crispado por el conflicto docente, las pocas señales de recuperación de la economía, las derivaciones del recital en Olavarría del Indio Solari y los magros resultados de la Selección del Patón Bauza. Gobernar un país es difícil, lo supieron Néstor y Cristina, lo saben Mauricio y Juliana y también lo sabe -¿lo sufre?- Alejandro Rozitchner. La crítica le produce una cierta ofuscación. Son todas boludeces, todos inventos, dice, sobre los famosos conflictos de interés que aquejan a Cambiemos: Panamá Papers; la condonación de la deuda del Correo Argentino; la adquisición de rutas aéreas por parte de Avianca, que meses antes había comprado la empresa de aviación de los Macri, MacAir. A Rozitchner le molesta que sean tan injustos con un equipo tan sano.

Antes de los llamados, Rozitchner era preguntado por el rock:

Me gusta decirlo, soy un filósofo formado más por los Beatles y Led Zeppelin que por Kant y Hume, pensando en una visión como nietzscheana de la filosofía: más una experiencia de vida que la aplicación de una racionalidad. El rock promueve la experiencia de vivir: en vez de recurrir a saberes ya establecidos, buscar en la propia vida cómo es, cuál es el sentido, cuál es la forma. Y el rock, con toda la cosa de las drogas, tiene que ver con la refundación del ser humano, tiene que ver con decir nosotros, cada uno, qué es ser una persona. Podemos decir que la revolución la hizo más el rock que la izquierda, ¿no? Me parece que es una formulación que tiene sentido, siendo la izquierda tan reaccionaria y conservadora. Pero hay un intento de hacer una lectura política del rock, y es el pensamiento político el que no puede desprenderse de sus torpezas para leer todo de manera muy acotada. Me parece que el rock es un fenómeno más cultural y humano que político.

PLAYBOY: ¿Y en qué sentido el rock influye en tu actividad política?

ROZITCHNER: En la informalidad, en las ganas de vivir, en la rebeldía. Formo parte de un proyecto político que es básicamente rebelde. Aunque se lo quiera describir como lo contrario, no hay mayor rebeldía que la de un grupo de gente que dice: basta de joder con la política y robarles a todos, vamos a hacer que los ciudadanos normales nos hagamos cargo de las cosas.

PLAYBOY: ¿Cómo serían esos ciudadanos normales?

ROZITCHNER: Gente que no tiene tradición política y que hace cosas con su vida y que quiere meterse en la cosa pública para llevarla por el buen camino.

PLAYBOY: ¿Cómo empezó tu relación con Mauricio?

ROZITCHNER: No me acuerdo muy bien quién nos presentó. Siempre fue muy fácil, nos llevamos muy bien desde el principio, yo empecé a participar en unas reuniones que se hacían en la casa con el grupo original, estaban Gabriela (Michetti), Horacio (Rodríguez Larreta), no me acuerdo quién más. Yo llevaba algunos textos, leíamos, charlábamos, todo muy informal. Y muy fácil. Para mi sorpresa, pese a que venimos de mundos muy distintos (yo, de la intelectualidad, la filosofía, el rock; él, del deporte, la empresa y la ingeniería), fue muy fácil. Supongo que teníamos algunos presupuestos básicos o Es también el misterio de las relaciones en general y las relaciones amorosas en particular: ¿por qué te encontraste con esta chica con la que no tenés nada que ver aparentemente? Me gusta más eso que cuando hay una explicación demasiado sensata.

PLAYBOY: ¿Enseguida te sedujo la idea de trabajar con ellos?

ROZITCHNER: Yo ya venía interesado en la política desde el 2001, que me asusté muchísimo como todo el mundo. Escribí algunas cosas sobre el tema que tuvieron, para mi sorpresa, alguna trascendencia. La idea del pobrismo que publiqué en La Nación o en Clarín, una visión medio psicoanalítica vinculada al análisis político sobre la presunción de que hay una especie de interés patológico en el fracaso, una especie de goce o de satisfacción en la catástrofe. Por eso había que buscar por otro lado: pensar más psicoanalíticamente o más rockeramente, tener ideas distintas. Ahora que pienso bien, me acerqué primero a Patricia Bullrich porque me gustaba, establecimos un lazo y nos encontramos años después en el proyecto. Ella siempre me gustó también por su informalidad, su atrevimiento, etcétera. Y a partir de ahí, bueno, conocí a Mauricio y se fue dando todo muy naturalmente.

PLAYBOY: Hay algo atípico para alguien vinculado a la política que son tus planteos sobre la marihuana como experiencia formadora.

ROZITCHNER: Yo tengo la sensación de que aprendí muchas cosas al fumar. Como que cierto enojo neurótico, progresista, político, se me fue gracias a la marihuana. La marihuana te permite entrar en otras sensibilidades, ampliar tu captación del mundo. Y le encontrás la vuelta a un montón de cosas en las que estás atascado. Por supuesto que hay usos de la marihuana y hay a quien le sirve para profundizar su neurosis, su insatisfacción o su paranoia. Creo que las drogas siempre entran en relación con una personalidad.

PLAYBOY:Sí, eso pasa.

ROZITCHNER: Claro, bueno, yo fumo cuando estoy bien. Fumo y bebo cuando estoy bien, si no, no me dan ganas.

PLAYBOY:¿Para trabajar?

ROZITCHNER: Sí, a veces, no siempre, es muy irregular. Ahora fumo mucho menos. Eso de la paranoia lo conozco, que te vuelve muy sensible a la mirada externa, ¿no? Después aprendés que no Sentís que tenés cosas pendientes y la marihuana no te hace avanzar en ellas, te traba, te suma el peso de la inhibición. Bueno, lo bueno es cuando en lugar de pasarte eso, te desinhibe, te permite cumplir. Pero son momentos. Para mí, no hay nada como un buen psicoanálisis, la verdad.

PLAYBOY: ¿Te parece que la marihuana debería ser legal?

ROZITCHNER: Me parece que el mundo va avanzando hacia eso. Sé que la posición del Gobierno, de Mauricio, es: vamos a estudiar cómo funcionó eso en otros países para ver qué hacemos. En este grupo político no hay ningún prejuicio con la marihuana. Hay mucha gente joven que, no te digo que consumen habitualmente, pero muchos saben de qué se trata. Por un lado uno piensa que si la marihuana fuera legal, el combate contra el narcotráfico sería más efectivo porque despejás una variable que ocupa muchos recursos sin merecerlo tanto: sobre todo, dejar de perseguir al consumidor.

PLAYBOY: Tu posición respecto del resto de las drogas, ¿cuál es?

ROZITCHNER: Básicamente estoy de acuerdo con la premisa de que hay que luchar contra el narcotráfico, que es una máquina de muerte, corrupción y destrucción. Estamos hablando del paco, la coca, las pastillas, cosas que son más peligrosas y nocivas, y estamos hablando de una comercialización muy extrema en cuanto a violencia y consumo de vidas. En ese sentido, me parece que la premisa de luchar en contra del narcotráfico es válida.

PLAYBOY: Se habla mucho del descontento, no solo de la gente en general, sino del votante prototípico de Cambiemos, con algunas políticas del Gobierno después de un año y pico de mandato. Y, especialmente, demandas por derecha: la más escuchada es que el Gobierno tiene que reprimir.

ROZITCHNER: Hay una situación muy complicada y muy difícil. No se puede pensar ingenuamente como que hay que ir y reprimir. La represión no forma parte del vocabulario del Gobierno. Que las calles tendrían que ser liberadas es un deseo compartido. Lo que pasa es que no es tan sencillo. Realmente, creo que el gradualismo no es solo en el plano económico sino en la adecuación de una Argentina intolerante, convulsionada y con malos modales, a una Argentina más regulada, más vivible. Hay una vocación de generar despelote en las calles y de que haya alguna reacción para poder subir la apuesta, así que por más de que sea muy molesto, creo que el Gobierno no hace mal en no intervenir. Yo creo que la calle está ocupada por los reaccionarios, los populistas, los que están perdiendo el poder. No digo que no haya gente que la esté pasando mal, pero me parece que, básicamente, la movilización en las calles y los piquetes tienen que ver con un uso político. Si es un uso político, no podés actuar ingenuamente, tenés que ser cuidadoso.

 

PLAYBOY: El periodista Martín Rodríguez tuiteó hace poco que la palabra destituyente es un mueble de la Casa Rosada: la usa el que esté adentro. ¿Qué opinás de esa idea?

ROZITCHNER: Yo siempre trato de huir de las palabras demasiado usadas porque el sentido se pierde, las palabras tienen que ser frescas. Me parece que es innegable que los kirchneristas nunca aceptaron que perdieron las elecciones, no aceptan la voluntad popular. Como es constumbre en el populismo, se llenan la boca hablando de pueblo en la medida en que puedan manipularlo y robarlo. Una vez que ese pueblo decide ir para otro lado, ya no les gusta.

PLAYBOY: A mí me daba la sensación de que esa apelación constante del kirchnerismo a la palabra destituyente no permitía hablar de los problemas concretos. Y me parece que con Cambiemos en muchos casos pasa lo mismo, sobre todo en el último tiempo. Por ejemplo, los docentes.

ROZITCHNER: Me parece que es distinto. La realidad existe y entonces, una cosa es que haya, por ejemplo, un sindicalismo que no acepta ni siquiera sentarse a conversar y no acepta propuestas porque su objetivo fundamental es decir que no y hacer paro, y otra cosa es que haya un gobierno que realmente no se siente a dialogar, que no ofrezca alternativas. Yo creo que hay una voluntad de extremar la tensión en cierto sector, lo que no creo es que vayan a tener éxito.

PLAYBOY: Otra de las fórmulas de moda es la de la oposición de la oposición. Un gobierno que se opone a los que se le oponen: ¿dónde está el poder en Argentina?

ROZITCHNER: El poder está en el voto, es el magma emocional de un país que, de alguna manera, marca un camino, para un lado o para otro. Y supongo que todo el quilombo del debate, las calles y las comunicaciones del Gobierno y la oposición van, de alguna manera, sedimentando en ese magma que después se expresa en el voto. El poder es una cosa difusa; de ninguna manera me parece, como sostenía el Gobierno anterior, que hay unos dueños del poder. Todo es un quilombo, no existe eso de que los grandes popes de la economía se sientan y deciden. Las empresas están en competencia unas con otras, distintos sectores quieren distintas cosas. La realidad es una cosa extremadamente compleja de fuerzas que chocan y a veces hacen alianzas, pero no puede establecerse con tanta claridad que haya una voluntad unívoca en el poder. En ningún caso y ni siquiera correspondería pensarlo en Bueno, en ningún plano.

PLAYBOY: ¿En el plano sindical, por ejemplo?

ROZITCHNER: Bueno, el sindicalismo también es un pequeño despelote. Hay muchos sindicalistas, un debate interno

PLAYBOY: Siguiendo tu postura, hablar de clima destituyente supone una asombrosa capacidad de coordinación.

ROZITCHNER: Vos tenés consciencia de que la palabra destituyente la estás usando vos, ¿no? Es tema tuyo. Yo creo que hay un montón de gente a la cual no le conviene que el cambio avance porque estaba muy cómoda con el usufructo del fracaso nacional. Léase: la mayor parte de la dirigencia política, el club de los mismos; un montón de empresas que estaban haciendo su juego con el proteccionismo; el poder sindical que tenía acuerdos con ese poder político. Al único al que le conviene el cambio es al ciudadano normal que quiere vivir su vida, que no tiene tantos canales de expresión, que no aparece tanto en los medios de comunicación pero que finalmente aparece con el voto. Yo creo que hay un apoyo mayoritario. Somos conscientes de que hubo una baja en los números del Gobierno que creo que va a ser revertida, pero aún con esa baja, el Gobierno tiene un apoyo considerable.

PLAYBOY: ¿Cómo resumirías tu pensamiento económico?

ROZITCHNER: Básicamente, se trata del reconocimiento de la verdad: se trata de mirar las cosas como son, no mentirnos. Se trata de no usufructuar la cosa pública en beneficio personal. En el último libro que saqué, yo hago una distinción entre la política de lucha y la política de desarrollo. La política de lucha es una política basada en el enemigo, uno que es malo y que todo se estructura en torno de enfrentarlo. La política de desarrollo, en cambio, quiere ganar la puja con el adversario político para obtener el poder y una vez que no tiene ya no quiere luchar más: quiere hacer cosas. Este es un gobierno para hacer cosas. La idea es que este gobierno termine con el doble de kilómetros de autopistas que había en el país cuando asumió, o sea Eso es nunca visto en la Argentina, la lucha contra la corrupción, el esmero en la productividad, la expansión del crédito, la estabilización de la moneda, la baja de la inflación. Lo que pasa es que veníamos muy mal, hay que darle tiempo, recién estamos en el segundo año.

PLAYBOY: Hay algo recurrente en los discursos de Cambiemos, que apela a la vida de las personas: Lo más importante que tenemos son los afectos dijo Macri en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso. Pero esta decisión de aceptar el crecimiento de la pobreza en función de la normalización de la economía, ¿no contradice un poco esa idea?

ROZITCHNER: No, para nada, ¿por qué?

PLAYBOY: Hay mucha gente cuya vida probablemente sea difícil de recuperar luego de haber descendido en la escala social. Hay teorías al respecto: no se vuelve de la pobreza o la indigencia de un día para el otro.

ROZITCHNER: Yo creo que la pobreza es reversible. No tengo dudas de que después de 4 años de gobierno de Mauricio, el índice de pobreza va a ser unos cuantos puntos inferior al 32% con el que empezamos, no tengo dudas. Es un proceso largo, el Presidente mismo lo dice. Pero me parece que lo importante es ir avanzando en el buen camino, y en la medida en que se vaya mejorando, por más que la pobreza siga existiendo, es casi seguro que el nivel de cloacas de la población va a haber aumentado inmensamente, con lo cual va a haber una mejora notable en la salud pública. Entonces, podés ser pobre pero con buena educación pública o mejor, podés tener agua en tu casa, las calles afaltadas Hay un montón de mejoras que se pueden hacer y están todas en curso. Yo dije alguna vez que el Gobierno era como Batman y me tomaron el pelo, pero es de un dinamismo nunca visto. Así como nunca vi un gobierno que avance con tanta claridad y dedicación en contra de las mafias, las Policías Federal y Bonaerense, el juego, Gendarmería, puertos. Ahí donde hay una mafia, este gobierno está avanzando. ¿Alguna vez lo viste en la Argentina eso? No me digas que sí porque me estarías mintiendo. Seamos sinceros, no se vio. Si querés vamos al punto de la positividad: hay un enamoramiento de la inteligencia argentina con la idea de que la crítica es la característica principal de la inteligencia, que a mí me parece que es la expresión de la profunda patología del argentino, la incapacidad de conocer y entender los fenómenos y la profunda incapacidad de perder el miedo y generar lo que dice querer. Entonces, claro, será un reflejo neurótico personal, una postura defensiva comprensible, pero siempre uno tiene que estar marcando lo que no. Te conseguiste una novia nueva, es linda, te adora, hay amor, pero No te gusta una de sus amigas y le rompés las bolas con la amiga. Sos un pelotudo. Una vez que una chica linda te quiere, dejate de joder, no existe la perfección. Es mucho mejor que la otra que era una gorda y te rompía las pelotas todo el día.

PLAYBOY: ¿Y no se podría decir lo mismo del kirchernismo? ¿De Menem?

ROZITCHNER: No, porque eran dos movimientos corruptos e ineficaces que hicieron mierda el país. Ese es el principal punto. Este es un gobierno que no es corrupto, que tiene un nivel de gestión increíblemente superior.

PLAYBOY: Yo asocio la idea de positividad al voluntarismo. Me parece que intercambiar pensamiento crítico por entusiasmo, termina siendo voluntarismo. Por decir vamos a estar bien, no vamos a estar bien necesariamente.

ROZITCHNER: Te lo explico. Yo doy una conferencia que se llama positividad inteligente. ¿Cuándo es inteligente la positividad? Cuando no niega el mal, no niega el problema. La idea no es que vamos a estar bien porque decimos que vamos a estar bien; vamos a estar bien porque sabemos que somos personas capaces, enfrentamos los problemas y hacemos cosas para solucionarlos. La positividad está en el punto en que se entiende que eso se puede hacer, que somos capaces y que no hay un destino que nos condene al fracaso. El destino es la neurosis en el nivel personal. Es la idea de que yo no puedo hacer nada porque mi papá mi mamá mi país me determinan así y cagué. El neurótico ve que su amigo neurótico empieza a curarse, que va al gimnasio y tiene novia, y entonces le dice: Eh, qué voluntarista, ¿no te das cuenta de que la verdad de la vida es la soledad, la gordura y el fracaso?. Es decir, hay una visión escéptica, miedosa, complaciente y reaccionaria que tiene que ver con la filosofía profunda y tanguera del argentino que sostiene que la verdad de la vida es la soledad y el fracaso, que la Argentina es una mierda y no va a poder. Esa visión para mí es ignorante y débil. No hay una determinación insalvable, hay gente chota y hay gente no chota; minas que te cagan y minas que no te cagan. Y si vos te enganchaste con una que te caga, no es el destino, es que vos tenés un temita que es que deseás donde no hay respuesta. Entonces, positividad no quiere decir que la crítica desaparece; quiere decir que dejamos de considerar la crítica la clave de la inteligencia. Para el pensamiento intelectual progresista, la inteligencia se caracteriza como pensamiento crítico, yo quiero que mi alumno desarrolle pensamiento crítico, como si eso lo fuese a salvar de todo mal. Yo prefiero docentes que digan que quieren desarrollar entusiasmo en sus alumnos, es decir, que avancen con ese querer, con la crítica como una parte, una de las funciones del pensamiento, legítima pero secundaria. Es como que siempre la razón queda del lado del que ejerce la objeción, el que tiene un pero, el que puede marcar una falta, una falla. ¿Por qué? ¿La realidad, en el fondo, es una mierda? La vida tiene un montón de dificultades, pero es una cosa extraordinaria. Y es muy plástica, responde a lo que vos hagas. Si vos te enganchás en la victimización y la queja constante, te va a ir para el orto. Lo mismo pasa a nivel país. Si el país tiene una masa de votantes que se victimiza y piensa que le va mal porque otros países son malos o porque grandes poderes imaginarios, las corporaciones y no sé qué, le hacen la vida imposible, va a perder. Si el país, en cambio, asume la responsabilidad de hacer su vida y toma decisiones activas en función de lo que tiene que hacer, va a poder hacer otras cosas. La idea de la positividad tiene que ver con que los problemas tienen solución. Este no es un Gobierno que esconda los problemas. Todo lo contrario. Lo primero que dice Mauricio es que tenemos 32% de pobreza. ¿Eso es voluntarismo? No, eso es voluntad: vamos a hacer algo. No hay tanta ingenuidad, la positividad es el punto en el que el deseo se expresa. Si vos asumís tus deseos vas a volcar tu entusiasmo en el mundo y te vas a animar a enfrentar los problemas. No es que los problemas desaparecen. El entusiasmo no es una cosa ingenua a través de la cual vas a vivir en un pum para arriba permanente; es más bien la fuerza que te falta para concretar algo.